Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por iseult el Vie Ago 29, 2014 11:46 am

Mil gracias. 


P.d.: Dessandra es toda una sorpresa.
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por lulila el Vie Ago 29, 2014 6:55 pm

Muchas gracias!!!!
Iseult seria un puntazo lo del sartenazo, jajaja
Espero que no sea Desandra la traidora porque me cae de pm no tiene pelos en la lengua la chica
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por iseult el Sáb Ago 30, 2014 12:07 pm

No, no creo que sea la traidora, La Manada es su refugio y no tiene a donde ir, eso quedó claro en el libro anterior, y la fuente de Hugh ya existía, eso se lo dijo el mismo Hugh al citarle a Kate sus propias palabras ante el consejo cuando Curran estaba en coma. Tiene que ser uno de los lobos de Jennifer (estúpida descerebrada).
 Incluso es posible que sea Dessandra, que a mí me cae de miedo, la que dé el golpe desenmascarando o ejecutando en un parpadeo al traidor y así haciéndose con los lobos ante el descrédito de Jennifer (estúpida descerebrada) la cual, si lo que pienso es cierto, además abrirá la bocaza para mejorar la situación, porque en realidad es una niñata animadora que se cree quaterback.

Además, estoy esperando las próximas ocurrencias de Dessandra. Todas ellas. Twisted Evil
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por Eli25 el Sáb Ago 30, 2014 12:15 pm

Hola chicas, paso para avisarlas que los siguientes capítulos estarán para finales de la semana que viene.
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por Malu_12 el Sáb Ago 30, 2014 4:55 pm

Pues yo no veo la hora de que saquen a Jennifer. Osea, que no la maten por su bebé, pero que salga de una vez del medio!! Yo creo que Desandra será muy buena para el clan y una ayuda a Kate con las políticas de la Manada.
Y ya quiero que vuelva Curran, lo extraño!
Gracias Eli 

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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por koka el Lun Sep 01, 2014 8:25 am

cual de todos es el mas hot?
 curran rafael  derek   el jefe se seguridad
el  chico  nuevo de  de tia b  no se
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por lulila el Lun Sep 01, 2014 9:59 am

Curran es el Nº 1, despues sintiendome una asaltacunas Derek tiene mucho morbo, Barabas a sido todo un puntazo con el diario y Rafael es el bombon por antonomasia, pero Curran essss.... babassss
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por Eli25 el Lun Sep 01, 2014 10:04 am

Chicas porque os molestáis. Soñar con todos cada uno por turnos y punto. Hay demasiados donde escoger.
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por Malu_12 el Lun Sep 01, 2014 3:16 pm

Jajajaja, Eli siempre tiene la solución 

Para mí el principal es Curran. A él no hay que darle. Pero Dereck tampoco me disgusta, por decirlo de algún modo jajajaja

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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por Eli25 el Mar Sep 02, 2014 6:03 am

Para que veas, hay que buscar solución para todo.
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por lulila el Mar Sep 02, 2014 11:50 am

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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por koka el Miér Sep 03, 2014 12:43 pm

uno  para cada dia  aaaaahhhh
exelente solucion  eli jajajaja
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por estherfonte el Sáb Sep 06, 2014 10:23 am

Me estoy volviendo loquita con la emocióooooooooon
Quiero más. AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por Selene el Sáb Sep 06, 2014 10:49 am

Más más más más
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por Eli25 el Sáb Sep 06, 2014 10:57 am

La traductora está avisada otra vez, en cuanto pueda posteo los capítulos.
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por Ebekah el Sáb Sep 06, 2014 11:48 am

Bien!!! muchas gracias por la info Eli25 Very Happy
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por Malu_12 el Dom Sep 07, 2014 5:21 pm

Capítulo 6
Traducido por Mausi
Antes del Cambio, el Parque Centennial ocupaba ocho hectáreas y media dentro de Atlanta, un espacio alegre lleno de caminos de ladrillos grabados, césped y fuentes hermosas. Después del golpe mágico, los edificios alrededor del parque cayeron en picada y quedó abandonado durante unos años. Con el tiempo, los aquelarres de brujas de Atlanta se unieron y se lo compraron a la ciudad junto con las ruinas lindantes. Poco después de que ellos se hicieron cargo del lugar, la vegetación dentro del parque se amotinó. Los árboles crecieron lanzando raíces gruesas por el barrio y diseminándose por los enormes pabellones, como si hubieran estado creciendo allí durante cientos de años. El parque se triplicó en tamaño. Ahora estaba rodeado de una densa pared de vegetación, una barrera impenetrable de robles, arbustos de hojas perennes, zarzamoras que de alguna manera resistían las heladas y espinas. En lo atinente al departamento de defensa, las brujas harían llorar de celos a la malvada bruja de la “Bella Durmiente”.
Giré en Cuddles junto a esa barrera verde y bajé por la avenida Centennial hacia el Casino.
Los cambiaformas iban a mi lado. Mantuve un ojo en la vegetación. Las brujas proclamaban ser amables conmigo. Evdokia, una de las tres brujas del Oráculo, incluso afirmó que éramos parientes lejanas. Sin embargo, su ayuda fue siempre condicional y en este momento no me fiaba de nadie.
Los arbustos delante de nosotros crujieron.
Me detuve en Cuddles y fui hacia Slayer.
Un conejito marrón saltó a la acera y me miró.
-Bocadillo,- dijo Desandra.
El conejito me estudió con sus  pequeños ojos y se volvió hacia los arbustos. Bien.
-Es un conejito sólo parte del tiempo,- le dije. -A veces es un pato. También, puede ser un gatito.-
Robert me miró con las cejas alzadas.
-Estamos siendo invitados a visitar a las Brujas del Oráculo.-  Me bajé y  seguí al conejito.
-No, otra vez,- gruñó Derek.
-¿Por qué, qué hay de malo en las brujas?,- preguntó Ascanio.
Las cejas de Derek se fruncieron. -Ya lo verás.-
El conejito se metió en los arbustos. La vegetación se dividió y se apartó a costado, revelando un estrecho sendero.
-¿Tenemos elección?,- dijo Robert.
-En realidad no.-
Di un paso hacia el camino. Teníamos poco tiempo, pero hacer enojar a las brujas clasificaba justo entre meter la mano en un nido de avispas y decirle a  Curran que había hecho brócoli para la cena. Para este momento ellas tenían que saber que Hugh estaba en la ciudad. Si querían verme, tenía que ser algo importante.
Atravesamos la espesa barrera verde y salimos a un bosque de pinos. La nieve cubría el suelo con un manto denso. Los altos troncos de los pinos se alzaban a cada uno de nuestros lados, como si una armada española navegara bajo la nieve y sólo sus mástiles fueran visibles. Más allá de los pinos, un claro plateado se extendía a la luz de luna. Detrás de las paredes translúcidas de un invernadero emergían en la noche las hileras de hierbas albergadas en su interior. El Parque Centennial servía como centro de la mayoría de los aquelarres de Atlanta y les gustaba tener lista una provisión de hierbas.

El conejito saltó entre los árboles. Lo seguimos. La nieve crujía bajo mis pies. Realmente no teníamos tiempo para esto. Por desgracia, necesitaba al Oráculo. Si Hugh y Roland pretendían atacar Atlanta, iba a necesitar de su ayuda y de su magia. Y no podía permitirme el lujo de ignorar sus consejos. Si me negaba a verlas y resultaba que ellas tenían un proyectil teledirigido mágico que podría acabar con Hugh, me lo estaría recriminando por años.

Derek frunció la nariz. -Ahí lo tienes.-  
Saqué una tira de gasa de mi bolsillo y se la pasé.
-¿Qué es ese olor?.- Desandra arrugó la nariz.
Derek arrancó gasa del medio y le entregó un trozo.
Los árboles cayeron hacia atrás y llegamos a una colina asentada en medio de un gran claro. Perfectamente esférica y lisa, sobresalía de la nieve como la cúpula de una catedral sumergida. La recordaba gris oscura con motas doradas y remolinos verdes, pero la luz de la luna la convertía en un brillante añil.
El conejito se detuvo.
El suelo bajo nuestros pies retumbó. Derek estornudó. Desandra sujetó la gasa para su nariz. La colina se estremeció y se deslizó hacia arriba, la nieve se deslizó de la parte superior.
Robert retrocedió de un salto unos tres metros. Ascanio se quedó mirando con los ojos abiertos.
Una cabeza gigante se liberó de la nieve, su cuello era una masa marrón de pliegues arrugados. Hey, niña bonita. Cuánto tiempo sin verte. La tortuga colosal se quedó mirándome con los iris del tamaño de un plato de cena y abrió su boca gigantesca.
Bien. El tratamiento completo. Sólo por una vez, ¿las mataría encontrarse conmigo en un rincón de una glorieta o en negocio de pollo frito?.
Los ataques de estornudos de Derek y Desandra se reanudaron.
La piel del conejito se arrastró, burbujeó y se estiró tomando la forma de un pequeño gato negro. El gato saltó a la boca de la tortuga.
-Wow,- dijo Ascanio. -Eso es brutal.-
Tomé nota del nuevo elemento de la jerga adolescente para futuras referencias.
Desandra señaló hacia la boca abierta, tapándose con la otra mano su nariz.     -¿Es allí?.-
-Mm..hm,- le dije.
-¡Mierda!. Yo me quedo aquí.-
-Soy una rata,- dijo Robert. No voy a entrar en la boca de un reptil.-
Oh, chico, qué buen momento para fobias. -Está bien,- les dije. –De todos modos, ellos probablemente los van a apartar de la conversación.-
-Yo voy,- declaró Ascanio.
Derek asintió sosteniendo el trapo sobre su nariz y se paró junto a mí. Me metí en la boca de la tortuga.
La lengua gruesa y esponjosa cedió un poco bajo mis pies. Avancé hasta pasar el paladar, hacia la garganta cubierta con guirnaldas de algas y carámbanos congelados. Frente a mí, el hielo oscuro se deslizaba hacia el suelo del túnel de la garganta. La última vez que vine por aquí, había tomado un baño de lo que yo sospechaba fuertemente que era la flema de la tortuga. Di un paso hacia el hielo. Se  sostuvo. Un punto para mí.
-Esto es increíble,-  dijo Ascanio a mis espaldas. Alguien estaba demasiado divertido.
El túnel de la garganta terminó y salí sobre un estanque helado en el medio de una cúpula colosal.
Las paredes que eran oscuras a la altura de los ojos, se curvaban hacia arriba y se  aligeraban hasta que se tornaban transparentes en la parte superior. El cielo nocturno estaba tachonado de estrellas y la luna se derramaba por los racimos de carámbanos azules suspendidos desde el techo. Los carámbanos brillaban con la suave luz azul, iluminando el contorno de criptas rectangulares dentro de las paredes, cada una marcada por un glifo de oro que brillaba intensamente.
Frente a mí,  tres mujeres  esperaban sobre una plataforma rectangular. La primera había pasado los setenta. La vida había dejado su paso sobre ella, convirtiendo su cuerpo esquelético y su rostro en algo afilado y depredador. Se sentó en una gran silla negra como un ave de presa. María, la Bruja. A su lado, una mujer joven se sentó en una silla cómoda. Esbelta, con el cabello rubio claro hasta los hombros, parecía joven, recién salida de la adolescencia, y delicada. Su poder era todo lo contrario a eso. Sienna, la Doncella. Me había salvado la vida durante el último brote. A la derecha, en una mecedora, estaba sentada Evdokia, la Madre. Regordeta, con una trenza  de cabello gruesa de color marrón rojizo, se balanceaba hacia atrás y hacia delante tejiendo un suéter de lana gris. Parecía estar casi listo.
El gato negro corrió hacia ella y se frotó contra sus pies.
Detrás de ellas, un gran mural mostraba a su diosa, una mujer de altura  majestuosa parada detrás de un caldero que estaba asentado en la intersección de tres caminos. Los tres brazos de la mujer sostenían un cuchillo, un farol y un cáliz.
Un gato negro, un sapo, una escoba y una llave completaban la pintura. Ella tenía muchos nombres: la Reina de la Noche, la Madre de Todas las Brujas, Hekate. Su poder era inmenso y terrible y estaba poco dispuesta a  tolerar la falta de respeto hacia ella.
Evdokia señaló a Derek y Ascanio. -¡Ustedes!.Esperen allí.-
Un muro de hielo surgió en torno a las dos cambiaformas, encerrándolos en un anillo de hielo.
Sienna se volvió hacia mí. -Tu padre está en camino.-

El universo continuaba vertiendo cubos de agua helada en mi cabeza.                     -¿Cuándo?.-
-Pronto,- dijo Evdokia, sus agujas hacían clic.
-Él viene a reclamar la ciudad,- dijo Sienna. – Lo hemos visto.-
María levantó su mano huesuda y señaló a Sienna. -Muéstrale.-
Sienna se puso de pie. El mural detrás de ella se desvaneció, disolviéndose en una imagen de una calle de la ciudad. A la izquierda, los  típicos edificios antiguos bordeaban una calle, de un lado tenían ladrillos oscuros y las ventanas tapiadas, y del otro,  estaban cubiertos de un estuco de color beige y en mejores condiciones. A la derecha un edificio grande de color arena, con ladrillos romanos y granito ocupaba la mayor parte de la manzana. La parte inferior era una típica estructura rectangular de cuatro plantas. Por encima de eso, una torre de cincuenta metros se extendía hasta el cielo. Podía ver toda la extensión de la calle hasta más allá de las farolas, hacia el campanario lejano de alguna iglesia.
El cielo de la ciudad se revolvía con nubes de tormenta, furiosas y oscuras. El viento volaba la basura por la calle con poderosas ráfagas cortas. El aire vibraba por la tensión y la magia, como si se estuviera cargado y esperando un ataque de los rayos. El vello de la parte de atrás de mi cuello se levantó. Algo peligroso iba en esa tormenta. Algo poderoso y aterrador.
Un hombre dio vuelta en la esquina. Vestía una túnica blanca. El viento arrojaba sus  largos cabellos rubios sobre su rostro.
-Uther Stone,- dijo María.
-El nombre me resulta familiar,- les dije.
-La masacre gitana,- me respondió Evdokia me dijo, levantando la vista de su labor de punto. –Estás viendo Ciudad Sioux.-
Ah, ahora lo recordaba. Uther Stone era un zapper realmente poderoso, un mago elemental que manipulaba la electricidad. Él se destacó al  defender la ciudad de un monstruoso búfalo gigante. Lo eligieron alcalde y comenzó a dictar  leyes sobre la clase de personas que no eran bienvenidas en Ciudad Sioux.
Entonces un grupo de Romanies desapareció. Sus cuerpos fueron encontrados en una fosa común y Uther Stone tenía que responder algunas preguntas pero nunca lo hizo.
En la visión, otras personas seguían a Stone, algunos con ropa moderna, otros vestidos con túnicas. En total eran ocho.
Stone abrió la puerta del edificio y se precipitó en el interior. Su pandilla lo siguió.
El ángulo de visión de la imagen se deslizó hacia arriba, mostrando el edificio con mayor detalle. Una talla de un hombre barbudo musculoso flanqueado a ambos lados por seis figuras más pequeñas decoraba el espacio por encima de las puertas. Arriba de eso, unas palabras escritas en mayúsculas decían, LA JUSTICIA Y LA PAZ  TIENEN QUE ENCONTRARSE; LA  VERDAD TIENE QUE BROTAR DE LA TIERRA.
La imagen continuó ascendiendo más y más hasta la cima de la torre, hasta que vimos el techo plano y una pequeña entrada con una puerta de metal verde. La puerta se abrió y  Stone salió, el viento tiraba de su túnica. Su gente lo siguió y formaron un círculo. Una mujer con el cabello morado sacó una jarra de líquido rojo de su mochila y comenzó a lanzar el líquido con su mano de un lado a otro, moviendo los labios en un cántico.
-Un aquelarre local,- dijo Evdokia. -Todo lo que pudo reunir. Están a punto de alimentarlo con su magia-
La nube de tormenta sobre el edificio se volvió negra. El cielo bullía. La magia sujetó a la ciudad en un puño invisible y apretó. La presión aumentó contra mi pecho. De repente era difícil respirar.
Dentro de mí, mi magia se irguió en respuesta. Si hubiera sido un animal, hubiera gruñido. Eso era un desafío.
La mujer de cabello púrpura vació el jarro en los pies de Stone. Stone extendió sus brazos empuñando un bastón en su mano derecha. Las personas que lo rodeaban se sacudieron y se quedaron rígidas, sus cuerpos permanecían quietos en una posición que no era natural.
Las nubes de tormenta se separaron y la magia crujió. Una lanza, brillando como si estuviera hecha de oro fundido, se dirigió hacia Stone. Él levantó su  bastón y la bloqueó, y casi me moví con él. Él no lo lograría.
La punta de la lanza tocó el báculo. El poder tronó a través del aire, sacudiendo la ciudad. La respiración se atascó en mi garganta. Mi corazón martilleaba en mi pecho demasiado rápido. Tanto poder. . .
La madera se desintegró.
Durante un segundo Stone se quedó quieto, el contorno de su cuerpo brilló con un violento color rojo, y luego se desplomó como un hombre hecho de cenizas. La lanza se clavó en el techo. Su punta brillaba con una luz brillante y una onda expansiva rodó por la ciudad en un gran círculo, barriendo de la azotea las cenizas de lo que había sido el aquelarre.
Me preparé, esperando el impacto, pero la magia no llegó hasta mí. La lanza se apagó.  Un hombre aterrizó en el techo, fundiéndose del aire. Estaba envuelto en una sencilla y desgastada capa gris, con un dobladillo irregular y una capucha profunda que ocultaba su rostro. Si lo hubiera visto en la calle, no le habría dado un segundo vistazo.
-Quiero ver su cara.- Necesitaba verlo. Yo quería ver a mi padre.
-No puedo,- susurró la voz de Sienna. -Él no me lo permite.-
El hombre agarró la lanza y la sacó. Miró por encima de la ciudad, se volvió y lentamente se dirigió sin prisa hacia  la puerta.
La visión se desvaneció y tragué el aire. Sienna se hundió de nuevo en su asiento. Las gotas de sudor cubrían su  rostro.
-El pulso de magia, ¿qué fue eso?,- le pregunté.
-El reclamo,- dijo María. -El que él hizo de la tierra reclamándola como suya.-

-Cada tierra tiene un pueblo,- dijo Sienna. -Los que se asientan en ella, los que nacen y mueren en ella, sus líneas de sangre se unen a ella por generaciones. Sus cuerpos están enterrados en el suelo, alimentándola.
Su magia se arraiga en ella y crece de la tierra como un bosque.-
-Piensa en ello como en la agricultura,- dijo Evdokia. -Antes de que un agricultor pueda utilizar la tierra, debe erradicar los árboles, sacar sus raíces, desenterrar las piedras y sacar las malas hierbas. Eso es algo muy difícil de hacer si el bosque es viejo y fuerte y los árboles han estado creciendo durante miles de años.-
Maria se agitó. -Pero aquí, hemos hecho el trabajo del agricultor por él. Matamos a los pueblos nativos de esta tierra. No hay más bosques. Sólo hay retoños, familias de colonos e inmigrantes, los más antiguos son del siglo XVII, pero la mayoría es aún más joven. Su vínculo con la tierra es débil. Lo que haces a los demás siempre vuelve a ti y el equilibrio siempre se restablece. Nosotros cometimos un genocidio. Hemos destruido un pueblo y ahora tenemos que pagar el precio por los terribles crímenes que perpetramos. La tierra yace en barbecho e indefensa. Todo lo que tu padre tiene que hacer es reclamarla.-
Así que era por eso que él vino aquí. Siempre me pregunté por qué había dejado el Medio Oriente y viajó a Norteamérica. Ahora lo sabía. Él vino aquí porque no había un poder nativo que se le opusiera. La tierra estaba en barbecho y estaba lista para ser tomada. -¿Qué sucede cuando reclama algo?.-
-Él recoge una cosecha,- dijo Evdokia. -La magia de la tierra lo nutre y lo hace más fuerte.-
-Y lo protege,- interrumpió María. -Es mucho más difícil de combatir en su territorio. Cuanto más tiempo se mantenga, más fuerte es su vínculo y es más difícil sacarlo.- Ella se volvió hacia mí y me atravesó con su mirada penetrante. -Él viene. ¿Qué piensas hacer al respecto?.-
-Si viene, voy a tratar de matarlo.- ¿Qué otra cosa podía hacer?.

María giró en su silla para enfrentar a Evdokia y apuntó hacia  mí con un dedo huesudo. -¡Ella es un idiota!. ¡Te lo dije!. Te lo dije, pero no, tú dijiste…-
-¿Quieres dejar de acosarla por un momento?, espetó Evdokia. Se inclinó hacia delante, mirándome.
-Si tú luchas contra tu padre directamente, morirás. No eres lo suficientemente grande, lo suficientemente fuerte, o estás lo suficientemente instruida.-

-Gracias por el voto de confianza.-
Evdokia hizo una mueca. -Si todos los aquelarres,  todos los paganos y todos los usuarios de la magia de Atlanta se reunieran y canalizaran su poder, probablemente podríamos bloquear a tu padre, pero no podemos lograr hacerlo todos juntos al mismo tiempo. No sabemos cómo juntar todo nuestro poder. No sabemos cuándo sucede el reclamo. No sabemos dónde.-
Sería en alguna torre. Eso era lo que hacía mi padre. Construía torres. Ellas eran el nexo con su poder y ahora sabía por qué. Cuanto más alta era la torre, más podía reclamar con un pulso.
-Tú eres nuestra mejor oportunidad,- dijo Evdokia. -Hay cosas que podemos enseñarte, pero eso va a llevar tiempo. Tienes que conseguirnos ese tiempo. Tienes que evitar el reclamo.-

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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por Malu_12 el Dom Sep 07, 2014 5:23 pm

-¿Cómo?.-
-No lo sabemos,- dijo Sienna.
-Nosotras te apoyamos,- dijo María. -Nosotros te ayudamos y te suministramos sangre de no-muerto. No hicimos todo eso para que puedas ir a sacrificarte como una imbécil.-
Siempre supe que las brujas no me ayudaron por la bondad de sus corazones. Ellas querían una retribución por su inversión. -Él mató a mi madre.-
-Obnyat e pluhkuht,- suspiró Evdokia.
Abrazarse y llorar. Eso era lo que los Rusos decían en forma exasperante cuando no había nada más que hacer.
-Tu madre dio su vida para que pudieras vivir,- dijo Evdokia. –Si mueres dramáticamente eso no va a ayudarle a nadie. No vas a honrar su memoria y no vas a protegernos a ninguno de nosotros. Hay gente en esta ciudad que depende de ti. Haz lo que tengas que hacer, pero debes evitar el reclamo.-
Abrí mis brazos. -¿Qué quieres que haga?. ¿Debo ir a ver a Roland y pedirle amablemente que por favor no reclame la ciudad como un favor hacia mí?.-
-Si eso es lo que se necesita, ¡sí!, -me espetó María.
Esta era una conversación ridícula. -¿Te das cuenta de que va a tratar de matarme en cuanto me vea?.-
-Eso no es cierto,- dijo Sienna. -Durante casi seis meses no he hecho otra cosa más que mirar en tu futuro. Te he visto morir en docenas de maneras diferentes y te he visto sobrevivir. Pero yo nunca lo he visto a él morir.-
Increíble. Simplemente impresionante. -Gracias. Eso es realmente útil. ¿Hay algo más?.-
Evdokia cortó de un mordisco un hilo de su labor de punto y me arrojó el suéter. Lo cogí.
-Es de lana pura,- me dijo. -Va a mantenerte caliente incluso cuando esté  mojado. Póntelo y no te lo saques durante las próximas veinticuatro horas.-
Me quité mi chaqueta y el  jersey y me puse el suéter de lana. -¿Saben algo que yo no sepa?.-
Evdokia suspiró. -Cariño, no podemos decirte lo nosotras sabemos y tú no sabes.-
Había hecho una pregunta estúpida. -Si puedo encontrar una manera de resolver este dilema con Hugh d'Ambray, puede que  necesite testigos para mis negociaciones con la Nación. ¿Los aquelarres actúan como testigos?.-
-Sí,- dijo Sienna. -Vamos a enviar representantes a la Fortaleza.-
Me di la vuelta y salí. Detrás de mí se quebró el hielo, liberando a Ascanio y Derek. Afuera  nos esperaban Robert y Desandra.
-¿Cómo te fue?,- preguntó Robert.
-Roland viene a reclamar la ciudad. Ellas quieren que yo evite que eso  suceda.-
-¿Cómo?,- preguntó Desandra.
-Ellas no lo saben. No me dieron instrucciones. Su sugerencia útil fue "sólo hazlo”,-  dije gruñendo y me dirigí fuera del bosque. Hasta ahora, este había sido un día infernal.

Me puse de cuclillas a la sombra de un edificio de apartamentos. Desandra, Derek y Ascanio se inclinaron junto a mí, mientras que Robert se lanzó a correr y subió por una pared aparentemente enorme. Habíamos dejado a Cuddles atada a un roble en el Parque Centennial. Nadie en su sano juicio podría robar un animal perteneciente a las brujas. Si los vampiros la veían la dejarían tranquila.
Estábamos en el borde del Recinto de los Esclavos, una urbanización al lado del Casino reservada para los empleados del casino y jornaleros, que le habían dado su nombre. El plan original para bajar por la  avenida Centennial pero había demasiados vampiros. Tuvimos que dar la vuelta, girar al norte y al oeste, y acercarnos al Casino desde el Recinto de los Esclavos. Eso nos costó una media hora preciosa y pensar en ello más de un segundo, me hacía rechinar los dientes.
Desde mi punto de vista pude ver el Callejón de los No Muertos, una calle de cuatro carriles que ahora yacía abandonada. Más allá de eso se extendía una vasta zona pavimentada, lo suficientemente grande como para dar cabida a cientos de coches. En su centro, el Casino emergía brillante como un espejismo nacido del aire frío y el asfalto del desierto. El enorme domo de la cúpula principal brillaba con el resplandor azulado pálido de las linternas fey, rodeado de minaretes delgados y paredes altas con la textura de la piedra blanca. En un buen día, la imagen te quitaría el aliento, y luego te darías cuenta de los vampiros arrastrándose por todo eso como pulgas en un gato blanco.
La entrada principal a la zona de aparcamiento que rodeaba el Casino se encontraba al oeste. Estábamos en la esquina suroeste.
Un par de vampiros trotó a lo largo del borde de la playa de estacionamiento. Yo contuve la respiración. Pasaron y se perdieron de vista. Ellos fueron el tercer par que había visto en los últimos cinco minutos. La Nación estaba en alerta máxima. Podía sentir a ocho vampiros que patrullaban la zona de aparcamiento y a tres más ubicados en sitios al azar, uno al norte y los otros dos al oeste y al sur de nosotros.
Robert se deslizó y cayó a mi lado sin hacer ruido.
-¿Dónde está el puesto de observación?,- le susurré.
-Allí.- Él señaló hacia el este, en los restos ruinosos del paso elevado sobre la avenida Centennial que sobresalían contra el cielo nocturno. En algún momento, tres pasos elevados habían cruzado por allí, uno encima del otro, pero ahora los dos primeros se habían derrumbado sobre el más bajo. La escarcha se había extendido sobre el concreto, partes del paso elevado parecían esmaltadas por luz de la luna plateada y casi brillaban. Todo el sitio no parecía muy estable.
-Hay dos entradas,- susurró Robert en mi oído. -Una al este y otra al sur. La entrada sur está ahí.- Señaló una pila de escombros en la calle a nuestra izquierda. Un vampiro estaba ubicado en la parte superior de la misma.

-¿A qué distancia está la del este?.-
-En Marietta.-
Un kilómetro y medio, y la mitad del trayecto estaba a la vista del Casino. Si dábamos la vuelta para hacer un rodeo más amplio alrededor del edificio, tendríamos que rodear los restos del Estadio Phillips, lo que nos demandaría otra media hora o más. Llegar hasta aquí sin ser vistos fue un milagro. Tratar de rodear el Casino con esa cantidad de patrullas afuera sería imposible.
Me volví hacia el vampiro que se alzaba sobre los escombros. Incluso si nos las arreglábamos para tomarlo por sorpresa, estar cerca del casino no nos haría ningún bien. Cuando un vampiro moría repentinamente, su navegante solía ponerse catatónico o en pánico, porque su mente, todavía conectada a los no-muertos, se convencía de que era el navegante el que había muerto. Los Maestros de los Muertos más experimentados perfeccionaban sus reflejos lo suficiente como para desengancharse a tiempo y algunos navegantes sobrevivían a la muerte súbita, pero la mayoría terminaban como vegetales.
En el momento en que matáramos a ese vampiro, uno de los navegantes en el interior del Casino gritaría de pánico o comenzaría a babear, y el Casino vomitaría suficientes vampiros para convertirnos en carne seca.

-Necesitamos una distracción,- murmuró Robert.
Si nosotros retrocedíamos, podríamos hacer algo de fuego, pero eso no garantizaría que los vampiros se movieran de sus puestos. Lo más probable era que enviaran un equipo de reconocimiento. Estábamos atrapados.
Piensa. Piensa, piensa, piensa. . .
Desandra agachó la cabeza. -¿Adónde vamos después de esto?.-

-Centennial,- le susurré. -Si lo logramos, tendremos que ir a recoger a mi burra.-

-Nos vemos allí.-
-¡No lo hagas!- Me estiré hacia ella. Mis dedos la perdieron por un pelo. Ella salió corriendo y se echó a correr por la calle. Maldita sea.

Desandra salió a la mitad de la carretera. El vampiro se dio la vuelta para mirarla. Ella lanzó su maza y se la clavó en el cerebro. El vampiro cayó en el pavimento, dando sacudidas, la mitad de su cráneo estaba hundido. Desandra lo pateó. -¡Come mierda y muere!.-
Ella estaba oficialmente loca y ella había decidido hacerle un favor a Jennifer y suicidarse.
Cuatro sombras magras salieron disparadas a través del estacionamiento en dirección a ella, dos desde el norte y dos desde el paso elevado. Desandra giró y se alejó corriendo hacia el este, sus piernas largas se movían rápido y los  pies golpeaban el pavimento.
Mi tiré al suelo, junto a la pared. Robert se aplastó contra el suelo junto a mí. Detrás nuestro, Ascanio y Derek se quedaron inmóviles, tratando de mezclarse con las rocas.
Cuatro vampiros arrancaron por delante de nosotros, con los ojos brillantes y las garras raspando el pavimento. Teníamos unos pocos segundos antes de que llegaran los refuerzos. A lo lejos la risa gutural de Desandra resonaba en las ruinas. Al parecer, se estaba divirtiendo.
Me puse de pie y corrí como si mi vida dependiera de ello. Robert y los chicos corrían junto a mí como si fueran tres balas disparadas por un arma de fuego. El edificio de apartamentos pasó fugazmente. Acera. . . calle. . . Sólo tenía que lograr llegar detrás del montón de escombros. Los círculos nadaban delante de mis ojos.
La puerta más cercana del minarete se abrió y los vampiros se derramaron sobre la pared, gateando por sobre ella como lagartos pálidos. Me tiré detrás de los escombros, me deslicé sobre el hielo sucio y casi choqué contra Robert que estaba apoyado en un enorme trozo de concreto. Un agujero negro se abrió por debajo. Robert ensanchó el agujero con la mano. Salté  dentro del agujero y caí cerca de unos cuatro metros y aterricé en el suelo duro, en un hueco de aproximadamente dos metros de ancho. El impacto sacudió mis pies.
En mi cabeza pude sentir a seis no muertos moviéndose hacia nosotros, sus mentes se extendieron y separaron mientras se desplegaban por el estacionamiento en nuestra dirección. Ascanio saltó al agujero. Pegué mi espalda contra la pared y sus pies casi me golpearon. Derek fue el siguiente.
Uno de los vampiros se dirigía directamente hacia nosotros.
Robert saltó al agujero y tiró de una palanca de metal en la pared. Por encima de nosotros se movió una plataforma de metal, llevando a la piedra de concreto con ella. La plataforma se colocó en su lugar, hundiéndonos en la completa oscuridad.
Nos quedamos completamente inmóviles. La mente del vampiro estaba justo por encima de nosotros. Mi cuerpo gritaba en busca de aire debido a la falta de oxígeno después de la carrera. Abrí la boca y me concentré en respirar lenta y tranquilamente. Inhalé. Exhalé. Tranquila. Un roce ligero provino de arriba, las garras se deslizaban por el concreto. El no-muerto estaba sentado justo en la roca.
Mis pulmones estaban ardiendo. Vete de aquí.
Los minutos se arrastraban lentamente uno tras otro.
- Líder de Equipo Dos a Madre,- dijo arriba una voz ahogada de mujer.           - Envoltura de casa sellada, ni pulso, ni duende, repito ningún duende, ¿instrucciones?.-
Vete a casa. Deseé en silencio. Vete a casa.
-Entendido Equipo Dos, barrida completa, bingo a Madre.-
La mente vampírica giró y huyó en dirección al Casino. Todo quedó en silencio. Me acordé de cómo respirar correctamente.
-Avancemos,-me dijo Robert al oído. Extendí las manos a mi alrededor. Mis dedos encontraron muros de piedra a ambos lados. La abertura entre ellas era apenas lo suficientemente amplia como para pasar a través de ellas. Oscuro, estrecho y atemorizante. Mi favorito.
Me estrujé en el pasillo estrecho y avancé a los tumbos. Las paredes se estrecharon aún más. Mis hombros rasparon contra la roca. Tienen que estar bromeando. Cuando saliera de aquí, mataría a Hugh por esto. Lentamente y con algo pesado.
El pasillo tenía que terminar. Las paredes se acercaban a mí.
¿Qué pasa si el techo se derrumbaba?. Yo ni siquiera sabía qué diablos estaba por encima de mí. Iba a terminar enterrada aquí, bajo toneladas de tierra y escombros.
En cualquier momento estaría el final. Ahora estaría bien. ¿Durante cuánto tiempo más continuaría este lugar?.
De repente, las paredes se separaron. Me quedé helada. Con mi suerte, dar un paso me haría aterrizar en un pozo de víboras rabiosas o de lava fundida. No, esperen, la lava sería algo bueno. Por lo menos podría ver algo.
-Estírate hacia adelante,- murmuró Robert detrás de mí.
Busqué a tientas ciegamente y toqué algo metálico. Una escalera. Bueno. Ahora estamos avanzando. Me agarré a ella y subí en completa oscuridad. Robert tenía razón. Yo no hubiera encontrado este lugar ni en millones de años.
Mi cabeza se topó con algo duro. Ow.
El techo sobre mi cabeza se movió, dejando pasar un resplandor pálido. Una mano con dedos de garras largas me agarró de la muñeca y tiró de mí hacia arriba. Un rostro horrible giró ante mi vista iluminado por la débil luz azul de un linterna fey: pálido, con piel irregular y una nariz rosada en el extremo de un hocico en forma de lágrima. Unos bigotes largos se desplegaban desde una boca salpicada por unos incisivos largos como un dedo. Unos ojos oscuros, inquietantemente humanos se quedaron mirándome.
Mi mente giró a través de una sucesión de pensamientos en el transcurso de medio segundo. Mátalo. Espera. Wererata en forma de guerrero = amigo. Detente.
Me detuve a medio centímetro antes de lanzar el cuchillo y apuñalar la tráquea del hombre rata. Era bueno tener reflejos rápidos.
-¡Consssorte!, dijo la criatura de pesadilla. -¿Qué estás haciendo aquí?.-
Hice que mi boca se moviera. -Buscándote.-
El hombre rata sonrió. Mi cuerpo se estremeció y trató de huir por pura   autopreservación y si no hubiese estado colgando suspendida sobre un agujero oscuro, hubiera tenido éxito.
-¡Me encontraste!.- Anunció el hombre rata. -Yo sssiempre quise conocerte. Me siento taaan  haalaggaado.-
La cabeza de Robert asomó por el agujero. -Jardin, baja a la Consorte antes de que le disloques el hombro.-
-¡Alfa!. Jardín me dejó a un costado. -Ess un graan honor.-
Robert se irguió en la habitación. Derek y Ascanio lo siguieron. Miré a mi alrededor. Estábamos en un espacio estrecho y rectangular, casi tan ancho como una furgoneta de tamaño medio. Tres de las paredes parecían de concreto; la cuarta estaba cubierta por una cortina oscura.
-¿Alguna actividad?,- preguntó Robert.
-No en losss últimossss diez minutosss. Antes de eso, estuvo muy agitado. Vi pasar corriendo una loba Beta. Había una vampiresssa que la perseguía. Ella estaba gritando, ¡Síganme, chupasssangres!.-
Sip, esa es la loba beta, bien.
-Creo que estoy enamorado,- dijo Ascanio.
Derek golpeó la parte trasera de la cabeza del bouda. Ascanio chasqueó sus dientes contra él.
-Basta,- gruñí entre dientes.
Jardin arrojó un trapo sobre la linterna. La oscuridad engulló la habitación. La cortina susurró mientras se movía a un costado, revelando un espacio largo y estrecho, lleno de luz de la luna. Jardin se encorvó inclinando su cuerpo de un metro con noventa y cinco de estatura  y se deslizó por la abertura. Robert lo siguió y yo también lo hice. Mis ojos se aclimataron a la oscuridad y vi a Robert y Jardin apoyados contra la pared en un espacio estrecho en el hormigón. El espacio era apenas lo suficientemente grande para nosotros cinco.
Me agaché a su lado y miré a través de la brecha. A un centenar de metros a la izquierda brillaba el Casino. Los vampiros recorrían las paredes y se arrastraban por los parapetos. Estábamos dentro del paso elevado.
-¿Cómo es posible que encontraras este lugar?.-
-Por accidente,- dijo Robert en voz tan baja, que apenas la oí. -Antes de que los pasos superiores se derrumbaran, se cruzaban en este lugar. Esta es una sección reforzada, diseñada para soportar el peso de los tres en caso de que se produjera el colapso. Cuando los pasos superiores se derrumbaron, la magia comenzó a devorarlos desde el interior, y finalmente, los tres tramos del camino se fusionaron, formando este agujero.-
-¿A qué debo essstee placceeer?,- preguntó Jardin.
-Estamos en guerra,- le dijo Robert. -Alguien de la Manada mató a Mulradin.-
El hombre rata parpadeó. -Oh. Lo vi salir del Casino esta noche.-
-¿Hace cuánto tiempo?,- preguntó Derek.
-Cinco hooorass.-
Mulradin debe haber sido rescatado justo después de que Ghastek salió para el Cónclave. ¿Qué podría haber sido tan urgente?.
- Dijiste que antes también lo viste en el Warren,- dijo Robert. -¿Dónde?-
-Esssquina de Marsharet y Joneshhboro.-
Las cejas de Robert se levantaron. -¿El Den Fox?.-
-Sssí.-
- ¿Con quién lo viste?,- preguntó Robert.
Jardin negó con la cabeza. -Pero yo lo vi allí dos veces.- Levantó dos largos dedos.
-El  Fox Den es un hit-'N'-split,- me dijo Robert.
Un hit-'N'-split era un encantador eufemismo post-cambio. No era exactamente una casa de putas y no era exactamente un hotel. La mayoría de las hit-'N‘-splits funcionaban fuera de los edificios de apartamentos convertidos. Si querías tener sexo con algo a lo que le crecía piel, escamas o plumas y que querías hacerlo en privado, ibas a un hit -‘N'-splits, sacabas tus  perversiones afuera y te ibas con tu humanidad casi intacta. Nadie se enteraría.
Me había topado con un par de hits-'N'-splits en mi época con el Gremio y la Orden. La mayoría opera bajo el radar. Un posible cliente de alguna manera conseguía un número de teléfono, llamaba al que se ocupaba de la gestión,  
indicaba sus preferencias y pagaba el precio cotizado. A cambio de eso recibiría una llave por correo. En el horario convenido aparecería en los apartamentos, usaría la llave, conseguiría dar rienda suelta a su monstruo y luego se iría. Era un tipo de empresa "bajo tu propio riesgo". No hay seguridad, no hay recepción, no hay testigos. El gestor cargaba su comisión a la tarifa plana y se dividía entre ambas partes, pero no había ningún proxeneta, ni madame. Cada uno funcionaba  independientemente. Si Mulradin frecuentaba un hit-'N'-split, es que tenía un fetiche y quería mantenerlo oculto.
-Un edificio de ladrillos rojos,- dijo Jardin. -El segundo desde el essste.-
-Primero tenemos que volver al Parque Centennial,- le dije. Yo no iba a dejar a Desandra plantada. No después de lo que había hecho. En lo que a mí respecta, se había ganado todo el apoyo que quería de mí.
-Puedes usssar el otro túnel, pero ahora no puedes irte. El turno de guardia cambia en diez minutosss y harán una barrida justo más allá de la entrada.-
-¿Cuánto tiempo?,- le pregunté.
-Debería essstar despejado  en cuarenta minutoss.-
-Entonces esperaremos.- Me acurruqué contra el hormigón.
Ascanio aterrizó junto a mí. -¿Sigues enfadada conmigo por haber venido con ustedes?.-
-Sí.-
-Todo va a estar bien,- me dijo.
Derek se sentó frente a nosotros.
-¿Conoces el plan maestro de Ascanio?,- le pregunté.
-No,- dijo Derek. -Pero yo lo vi caminar hacia el bosque mientras que todo el mundo hablaba.-
-No conozco a Desandra,- dijo Ascanio. -Tampoco conozco a Robert.-
-Yo sí conozco a Desandra,- dijo Derek. -Ascanio es molesto, pero tener a alguien de respaldo siempre es agradable.-
Robert se rió en voz baja. -¿Ustedes dos estaban planeando pelear conmigo?.-
-No lo estábamos planeando,- dijo Ascanio. -Sólo estábamos listos, por si acaso.-
Guardaespaldas adolescentes. Cerré los ojos. Sería una larga noche y necesitaba cada gota de sueño que pudiera conseguir. Me dejé ir a la deriva, mientras las voces suaves de Robert y Jardin retrocedían en la somnolencia.
-Gracias, Jardin. Esto nos ayudará enormemente.-
-Me alegra escucharlo, Alpha.-
-Una vez que nos hayamos ido, necesito que vuelvas a Casa Rata.-
-Tengo comida suficiente para dos ssemanasss,- dijo Jardin. -Podría ser de utilidad.-
-No,- dijo Robert. -Eres demasiado valioso para nosotros y este sitio es demasiado peligroso. Tu vida no vale la pena el riesgo. . .-
El sueño me amortiguó como una manta envolviéndose alrededor de mi cuerpo.
El mar estaba liso, como la superficie de una moneda. Yo estaba tumbada en la arena junto a Curran. Mi mejilla descansaba sobre su pecho, su piel esta caliente por el sol. Mi mano estaba sobre su estómago, las crestas de sus músculos se sentían duras y calientes bajo mis dedos. Su brazo derecho estaba a mi alrededor y él estaba jugando con un mechón de mi cabello.
Las olas salpicaban perezosamente  nuestros pies, cálidas y relajantes.
-Tenemos que levantarnos, bebé,- dijo.
-No.-
-Tenemos que levantarnos. La marea está llegando.-
-Que venga,- murmuré. -Yo sólo quiero tener más tiempo. Nunca hay tiempo suficiente. . .-
-Kate. . . - Lo abracé. -Kate.-
Algo me tocó. Me moví. Mis ojos se abrieron de golpe. Yo estaba sentada  sobre Jardin, sosteniendo mi espada en su garganta. Era un sueño. No era real. Curran todavía estaba desparecido. Quería aullar como un animal.
No era real.
Perderlo me dolió como un puñetazo en el estómago. Yo estaba despierta y de nuevo en mi pesadilla.
-Sssegunda vez.- Jardin sonrió.
-Lo siento..- Me bajé de Jardin.
-Págame,- le dijo Derek  a Jardin.
El hombre rata se puso de pie y dejó caer un dólar en la palma de Ascanio.
-¿Ustedes dos le apostaron a él que yo haría esto?-
Las cejas de Derek se elevaron. - No podemos confirmar ni negar que se llevó a cabo una apuesta.-
-Pero te hemos visto despertarte cuando estás estresada.- Ascanio le guiñó un ojo.
-No puedo esperar a volver a la Fortaleza,- gruñí.
-¿Así que los dos comenzaron a molestar de nuevo?,- preguntó Robert.
-Exacto.- Esta unión de Derek y Ascanio en equipo estaba poniéndome los nervios de punta.
Robert se puso de pie. -Gracias de nuevo, Jardin..-
-Podría quedarrrme,- ofreció el hombre rata.
-No,- dijo Robert. -Te vas a casa. Tu trabajo está hecho. Ahora es el momento de que nosotros hagamos el nuestro.-
Estaba en lo cierto. Era tiempo de hacerlo y salir de aquí.
FIN DEL CAPÍTULO 6

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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por Eli25 el Lun Sep 08, 2014 4:41 am

Gracias por todo Malu.
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por iseult el Lun Sep 08, 2014 1:36 pm

Muchas gracias Malu y también gracias a Mausi. I love you
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Sean SIMPATICOS soy nueva :)

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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por koka el Mar Sep 09, 2014 6:18 am

muchas muchas gracias 
malu  esta reweno  ya quiero saber
que pasa
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por zarza2528 el Mar Sep 09, 2014 7:35 pm

mil gracias
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por Eli25 el Vie Sep 12, 2014 8:17 am

Capítulo 7

Encontramos a Desandra sentada en un árbol arriba de Cuddles. Sus ropas estaban salpicadas de sangre. Ella nos sonrió.

-Un perfume adorable,- señaló Robert.

-Me alegro de que te guste.- Ella saltó de la rama. -Yo lo llamo Vampiro Muerto.-

-¿Cómo te escapaste?,- preguntó Ascanio.

-Por favor.- Ella le lanzó una mirada. -Soy una cambiaformas lobo criada en las montañas de los Cárpatos y no pueden olerme ni rastrear una mierda. Puedo correr más rápido que ellos en mi sueño.-
Monté y nos dirigimos al este. Veinte minutos más tarde giramos al sur y nos dirigimos hacia la densa maraña de calles que era el Warren.
Yo iba sobre Cuddles. Derek se puso a la cabeza para explorar; Ascanio corría a mi izquierda y Desandra y Robert a mi derecha. El Warren nos miraba con sus ojos negros desde las ventanas rotas: maligno, sospechoso y depredador, como un matón que había conseguido que le golpearan el rostro y estaba buscando venganza. Jonesboro, la ruta más directa, estaba fuera de cuestión...era demasiado obvia y estaba demasiado bien patrullada...por lo que emprendimos nuestro camino a través de las retorcidas calles secundarias. A las paredes de las casas deterioradas les habían arrancado unas cicatrices largas, como si hubieran sido rozadas por un torbellino de hojas de acero. En la avenida Harpy pasamos una hilera de árboles, cada uno tenía el tronco anormalmente hinchado y cubierto de una pelusa negra. No tenía idea de lo que era esa pelusa, pero continuamos y nos alejamos de eso. La ley de navegación post-Cambio en Atlanta era simple: si no sabes lo que es, no lo toques.
La luna estaba rodando en su camino descendente. Tenían que ser alrededor de las tres de la mañana. La noche de invierno había cogido a la ciudad entre sus dientes y la mordía fuertemente. Aquí y allá, un vehículo antiguo arrumbado. Las puntas de mis dedos se habían convertido en unos dolorosos carámbanos. Si hacía más frío, tendría que desmontar y caminar junto a Cuddles sólo para calentarme.
Quería a Curran de vuelta aquí conmigo. Era una necesidad completamente egoísta, tan urgente como la respiración. Y quería saber que él estaba bien. Lo extrañaba. Si me concentraba lo suficiente, podría evocar su voz en mi cabeza. Era curioso, ayer no podía esperar para escapar de la Fortaleza con él y huir hacia el Enclave Oso Negro. Ahora volvería a sentarme en un centenar de reuniones del Consejo y a sostener encuentros tras encuentros, a cambio de tener una llamada telefónica suya de diez segundos haciéndome saber que estaba bien.
A lo lejos algo chilló. Fue el grito violento y triunfante de un depredador que había atrapado a su presa. El Warren estaba en su forma habitual esta noche. Ahora que lo pensaba, era el primer sonido que había oído en mucho tiempo, estaba demasiado desierto y muy tranquilo. El frío o la Nación debieron haber impulsado a los carroñeros del Warren a mantenerse en el interior.
Podía sentir dos mentes vampiro detrás de nosotros. Estaban aproximadamente a una milla y media atrás y no se movían. Lo más probable es que fuera un puesto de observación que fue ocupado después de que lo atravesamos.
Pasamos los restos oxidados de un camión. El hielo se derramaba hacia la carretera. Probablemente provenía de una alcantarilla o un desbordamiento de una cañería de agua corriente que explotó y derramó agua sobre la calle antes de que se congelara y se tornara sólida. Más adelante, un agujero de un metro con ochenta de ancho se abría en el pavimento. Una tapa de registro yacía congelada en el hielo, parecía que algo la arrancó de las alcantarillas y quitó una buena cantidad de suelo con eso. Si algún indigente misterioso nos acorralaba, tendría que señalar hacia el Casino y decirle que allí vive nuestro líder.
Un hombre con ropa oscura salió a la mitad del camino y nos cerró el paso. Era delgado,
con el cabello corto y oscuro. Levantó la cabeza y me miró. Tuve el impulso repentino de buscar la salida más rápida.
-Bueno, ¡ese es el hijo de puta que me disparó!.- Desandra hizo sonar sus nudillos. -Dejen que me ocupe de esto. . . .-

-Espera,- le dije.
-¿Qué?. ¿Por qué?.-
-Sí, ¿por qué?,- preguntó Robert.
-¿Te acuerdas del Acosador Rojo?. ¿El asesino en serie que coleccionaba y torturaba mujeres y comía vampiros?.-

-Sí,- dijo Robert.

-¿Comía vampiros?,- preguntó Ascanio.
-Fue antes de tu época,- le dijo Derek.
El Acosador Rojo también mató a Greg Feldman, mi tutor legal y el caballero de la Orden que me cuidaba después de que murió Voron. Fue la primera vez que interactué con la Manada, la primera vez que me encontré con Derek, y la primera vez, pero no la última, que había sentido una irresistible necesidad de pinchar el brazo de Curran.
-Durante la investigación, la Manada capturó a un cruzado.-
-Lo recuerdo,- dijo Robert. -Olía a comida podrida. Creo que tuvimos que bañarlo. Tenía piojos.-
Asentí con la cabeza hacia el hombre. -Es él.-

Robert lo miró. -No puede ser.-
En aquel entonces Nick parecía un vagabundo. Llevaba un abrigo sucio manchado con basura y comida vieja, tenía el cabello grasoso y largo hasta los hombros, y cultivaba una clase de higiene que le garantizaba un montón de espacio personal con cualquier persona con una nariz o un par de ojos. Se había limpiado, se veía en forma y atlético, pero común. El hombre delante de nosotros ahora parecía duro y recio, despojado de toda suavidad. Tenía los cabellos tan cortados que casi parecían rastrojos. Su mandíbula triangular estaba bien afeitada. Parecía un soldado o un luchador, limpio, reservado y duro.

-Es él,- le dije. -Lo he visto antes con Hugh en los Juegos de Medianoche.-

Así que este era el plan de juego de Hugh. Quería separarme de la Manada. Cuando habíamos hablado durante el viaje del Mar Negro, me había dicho que sacarme de la Fortaleza sería demasiado difícil. Él dejó suspendida la escena del crimen delante de mí como un cebo, apostó a su gente a lo largo de las rutas de llegada y esperó.
Nick no estaba aquí para matarme. Él estaba aquí para retrasarme. Probablemente envió una señal a Hugh, haciéndole saber que me había avistado y ahora iba a hacer todo lo posible para retenerme hasta que Hugh llegara aquí.
Derek lo miró fijamente. Sus expresiones eran casi idénticas, planas, cargaban el conocimiento de lo viciosa que podía ser la vida y sabiendo que ellos nunca lo olvidarán.

-Parece que ha atravesado algo de mierda,- dijo Derek.
Tú lo sabrías.

-¿Qué es un cruzado?,- preguntó Desandra.
-Los cruzados son caballeros de la Orden,- dijo Robert.
-Ouch, mierda,- gruñó Desandra.
Los caballeros de la Orden estaban estrictamente fuera de los límites de la Manada. Es lo mismo que entrar en una estación de policía y disparar a un policía.
-Ellos no están asignados a ningún asunto,- le dije. -Van adonde sea necesario y doblan las reglas. Son como los conserjes. Si tienes un problema desagradable, lanzas a un cruzado contra eso. Él lo corta en pedazos y deja la ciudad.-
-¡Pero él me disparó!. ¿Eso no cuenta para algo?. De todos modos, ¿qué diablos está haciendo él con d'Ambray?. Si se cambió de bando, puedo matarlo.-
-Los cruzados son fanáticos,- dijo Derek. -No es probable que se haya cambiado de bando. Jim piensa que está encubierto.-
-Incluso si es así, no importa,- le dije. -Él tomó la decisión de bloquearnos el paso. Pero correr hacia él y tratar de darle un puñetazo es una mala idea. No sabemos de lo que es capaz.-
Teníamos que lograr pasar a Nick. Teníamos vampiros por detrás nuestro y tomar una ruta diferente sería demasiado largo. Ahora estábamos acorralados, teníamos que avanzar.
-Nosotros no queremos pelear,- exclamó Robert. -Sabemos quién eres. No tenemos ninguna razón para matarte.-
Nick se quitó los guantes y los dejó caer sobre el hielo.
-¿Tal vez deberías negociar?.- Robert me miró.

Claro. Me aclaré la garganta. -Muévete o te corto la cabeza.-
Nick se quitó la chaqueta de cuero y la arrojó a un costado.

-Él no tiene armas,- dijo Derek.

Robert hizo una mueca.
Sin armas significaba magia, y cualquiera que fuera la cosa que él tuviera, tenía que ser desagradable, porque nosotros éramos cinco y él estaba solo, y no parecía preocupado. El Nick que yo conocía tenía poderes muy concretos. Él podía decir cuánta magia tenías con sólo tocarte y tenía una misteriosa coordinación ojo-mano que lo tornaba muy preciso con las pistolas y los cuchillos. Si tenía magia de combate, no la había utilizado aún cuando luchó por su vida, lo que probablemente significaba que en esa época no la tenía. Pero él había estado frecuentando a Hugh por más de un año, probablemente más. Ahora Nick era una caja de sorpresas. No había forma de saber qué sorpresas divertidas podrían salir cuando lo hirieras.
Nick se quitó el suéter. Sus brazos no eran definidos, pero estaban tallados como si alguien los hubiera cortado y extraído de una losa de piedra con un cuchillo afilado. Su cuello era grueso, sus hombros anchos y su camiseta gris ajustada en los hombros, estaba suelta en la zona media del torso. Ese cuerpo era el resultado de horas y horas en el gimnasio, no para adquirir más volumen levantando pesos más y más pesados, sino pateando, dando puñetazos, atacando y corriendo. No estaba deteriorado, estaba duro, condicionado para lanzar un golpe devastador, recibir uno y seguir adelante. Parecía alguien al que podrías golpear durante horas y eso sólo lo enfervorizaría.
Se sacó también su camiseta. Sip. Justo como pensaba.

-Antes de que empieces a bailar,¡no tenemos ningún dinero en efectivo!- exclamé.-

-¡Woo!.- Desandra agitó los brazos. -¡Quítate todo!-
-¿Cómo quieres abordar esto?,- me preguntó Robert en voz baja.

-Puedo darle un tiro,- ofreció Ascanio.

-Baja el culo y siéntate, Don Juanabe,- dijo Derek.
-¿Don Juanabe?,- Ascanio sacó sus espadas.
-Don Juan Wannabe,- explicó Derek. -Mira, lo acorté. Si todavía no lo entiendes, te lo pondré por escrito después de la pelea .-
-Has llegado a tu cuota máxima de ingenio por esta noche,- dijo Ascanio.
-Sólo estoy empezando.-
-Ten cuidado, algo podría torcerse en tu cerebro.-

-Cállense,- gruñí.
Yo sabía por qué Nick se unió a Hugh. La Orden odiaba a Roland. Él era su enemigo público número uno. Tenía sentido que él estuviera de incógnito con el señor de la guerra de Roland. Si Hugh lo había pasado a su bando, entonces no había nada que yo pudiera hacer. Pero si no lo había hecho, el imaginar las cosas que Nick tenía que haber aguantado para sobrevivir a su estadía con Hugh me revolvía el estómago. Debió de haber sido un infierno para él. De alguna manera, Nick lo había logrado y yo no quería poner fin a su sacrificio aquí.
-Vamos a tratar de mantenerlo con vida si podemos,- le dije. -Si tenemos que matarlo, lo haremos, pero sólo como último recurso. Si debemos matarlo, será por mi orden. Ustedes no asumirán ninguna responsabilidad por ello.-
Nick estiraba los brazos y las piernas para calentar los músculos.
Me deslicé fuera de Cuddles y desenvainé a Slayer. Necesitábamos saber a qué nos enfrentábamos. -Desandra, ¿quieres ir a llamar a su puerta?.-
-Oh, sí.- Ella le enseñó los dientes.
-Él es muy rápido. No hagas que te mate. Sólo tócalo lo suficiente para que se abra y nos muestre lo que ha conseguido.- Miré a Derek. - Ve con ella como respaldo.-
Desandra avanzó al acecho, quitándose los guantes de lana de a un dedo a la vez. Nick la miró.
-¿Te acuerdas de mí?.- Se quitó la chaqueta y arrojó su larga trenza rubia hacia su espalda. -Me disparaste.-
Él rodó la cabeza de un lado al otro estirando el cuello. Derek siguió a Desandra, unos dos metros por detrás.
Desandra se lanzó hacia adelante, como si fuera a dar una patada. Su pierna se fue hacia adelante y luego hacia atrás. Ella saltó y golpeó a Nick en la cabeza con un rápido golpe de cross. Él la esquivó a duras penas y la golpeó en la nuca con la mano izquierda. Ella lo bloqueó con su brazo izquierdo. Nick se volvió y le asestó un gancho terrible en sus costillas, mientras ella lo golpeaba en la mandíbula con el puño derecho. El golpe noqueó a Nick. Se cayó y rodó para ponerse de pie. Desandra retrocedió tambaleando, protegiendo su lado izquierdo. Las costillas estaban fisuradas o rotas.
Nick sacudió su cabeza. Yo he recibido un puñetazo de un cambiaformas antes. No es divertido. Caminaron en círculos uno en torno al otro. Desandra se acercó con los brazos arriba y las manos abiertas y lanzó una patada baja. Su pie golpeó la pierna de Nick. Apenas un poco arriba o le hubiera sacado la rodilla de lugar. Él se tambaleó hacia atrás levantando los brazos y ella lo golpeó con una andanada de puñetazos en su guardia. Él se agachó para recibir los golpes en los brazos y asestó una patada frontal con su pierna lesionada en el estómago de ella. Su pie había salido disparado como un martillo sin que se desviara. Desandra retrocedió tambaleándose. Su ropa estalló, su estructura ósea aumentó, los tendones y los músculos giraban en espiral sobre todo eso, una piel oscura envolvió el nuevo cuerpo y el pelaje brotó de los poros. Una cambiaformas lobo de dos metros de altura chasqueando salvajemente los dientes.
Dos tallos rastreros de olivos salieron del pecho de Nick, dieron vueltas por sus brazos, y se sujetaron a Desandra, agitándose a su alrededor como unos látigos gemelos.
¿Qué demonios era eso?.
Comencé a avanzar. Robert y Ascanio me siguieron. Ascanio profirió una risita extraña.
-Todavía no,- les dije. Desandra se contorsionaba tratando de liberarse, pero los tallos se apoderaron de ella. Flexibles, de alrededor de dos centímetros y medio de espesor y en de menos de seis metros de largo. Yo nunca había visto nada igual.
Derek corrió hacia adelante y agarró los tallos, levantando su hacha de guerra para cortarlos. Unas espinas estallaron de los brotes gemelos y pincharon la piel de Desandra y de Derek.
Oh no, no lo hagas. Y corrí.
Las puntas de las espinas cubiertas de sangre salieron por la parte posterior de la mano de Derek. La piel alrededor de los pinchazos se tornó gris. Veneno. Mierda.
Desandra gritó. Derek cortó los brotes y liberó su mano. Los extremos de las tallos rastreros golpearon a Nick en respuesta dándole un latigazo. El tallo alrededor de Desandra se agrietó y se secó al instante, convirtiéndose en madera dura.
-¡Esto no es mejor!,- gruñó Desandra.

Me lancé entre ellos y Nick. Robert aterrizó junto a mí.
Derek picaba la madera con el hacha de guerra. Los tallos petrificadas resistieron. Los cambiaformas tenían resistencia a las enfermedades, pero las toxinas podían afectarlos. Nick se enfocó en nosotros y comenzó a hacer girar los tallos, más rápido y más rápido. Yo había visto esa técnica anteriormente.
Látigo de cadenas chino, hecho de varillas de metal unidas por anillos. Se consideraba un arma suave, pero hay había nada suave en eso y demandaba una concentración infernal el mantenerlo en funcionamiento.
-Ascanio, corre a su alrededor y arrójale piedras.-
El bouda corrió hacia un costado.

-Divide y vencerás,- murmuró Robert.

-Vamos a hacer eso.-
Nos dispersamos. Nick continuaba haciendo girar los látigos. Él los mantenía cerca, como un arma y un escudo a la vez.
Hice una finta hacia adelante. El látigo cortó mi bota, la rompió por no la atravesó.

-¡Sáquenme de esto!,- rugió Desandra.

-Estoy tratando de hacerlo.- gruñó Derek, cortando los tallos.
Lancé un cuchillo que golpeó los látigos de tallo. Yo podría usar una palabra de poder, pero eso me drenaría y le anunciaría a Hugh nuestra ubicación exacta. Las palabras de poder tenían mucho eco mágico.
Una roca golpeó la espalda de Nick. Ascanio corría en círculo a nuestro alrededor, lanzando trozos de hielo y concreto sobre aquél.
Robert atacó, zigzagueando y girando como un derviche. Nick le lanzó un latigazo con los tallos. Robert los esquivó. Sus cuchillos cortaron en rodajas los látigos. La rama izquierda se deslizó sobre el hielo y se secó al instante.
Nick se volvió hacia Robert. Me sumergí en la brecha deslizándome sobre el hielo y hundí mi espada en su costado.
Él se volvió y me dio una patada, clavando una rodilla en mis costillas justo cuando yo me enderezaba. Mis huesos gritaron y se agrietaron. Robert saltó y lanzó una patada a la cabeza de Nick y éste la esquivó. El látigo bailoteó a mi alrededor y lo corté antes de que me atrapara. Nick dio un salto hacia atrás como un acróbata, una vez, dos veces, y aterrizó a seis metros de distancia. Dos nuevos látigos de tallos se deslizaron de su pecho.
Limpié la sangre de mi espada. Robert se enderezó. Mis costillas estaban en llamas. Una herida de color rojo oscuro asomaba en el costado derecho de Nick. La sangre se deslizaba mojando su piel. Yo no le había golpeado algo vital. Viviría, especialmente con Hugh a su alrededor para curarlo.
Nick esquivó un trozo de hielo sucio que voló hacia su cabeza. Ascanio le lanzó otro y Nick giró sus nuevos brotes y lo apartó de un golpe. Sólo teníamos que mantener a Nick en movimiento. Cuanto más girara sus látigos, más sangraría.

-¿Hasta dónde vas a llegar?,- le pregunté. -¿Qué es lo que no harías por él?. ¿Nos matarías por él?.-
Nick me miró, sus ojos eran fríos. -Lo que sea necesario.-
Yo tenía mi respuesta. Él no revelaría su cubierta. Bien. Lo haríamos sangrar, lenta y agradablemente.
Nick arremetió contra mí. Los brotes rastreros destrozaron todo a mi alrededor, recorriendo el hielo con sus espinas. Los esquivé y me agaché por instinto. Izquierda, derecha, izquierda, izquierda. Bailamos a través del hielo. Mis pies se deslizaban y las espinas arañaban mis brazos como picaduras de abejas . Yo no era lo suficientemente rápida.
Robert se lanzó de mi derecha. El tallo lo golpeó directamente en el pecho. Las ropas se rasgaron y un hombre rata a medio transformar cayó al suelo. Un brote silbó por encima de su cabeza. Él se lanzó por debajo de eso, gruñó y pateó los pies de Nick desde abajo con una barrida devastadora.
Guau.
Nick se tambaleó. Desandra, enorme y peluda, saltó por encima de mi cabeza y se estrelló contra el cruzado.
Derek finalmente debió haberla liberado. Nick se deslizó a través del hielo en el enorme agujero en el pavimento. Sus tallos se dispararon y se agarraron al hielo con sus espinas. Me lancé hacia adelante, me deslicé sobre mis rodillas y corté los tallos. La hoja de Slayer cortó los brotes y Nick se dejó caer en el agujero.

-Muévete,- Derek rugió detrás de mí.
Rodé hacia un costado. Un camión oxidado bloqueaba mi visión del cielo. Derek lo giró y lo lanzó en el agujero, el capó primero. El vehículo se deslizó en un par de metros y se detuvo cuando quedó encajado. Se escuchó un rascado frenético recorriendo el camión...las ramas de Nick recorriendo el metal.
Exhalé el aire. Me dolían las costillas. Unos pequeños cortes en mis hombros y en los cotados de mi cuerpo me ardían como si me hubiera quemado.
-¡Y quédate allí!, gruñó Desandra.
Me volví hacia Derek. -Déjame ver tu mano.-

Él me tendió su mano izquierda. Los cortes de las espinas no habían cerrado. La piel a su alrededor se había tornado oscura. Una sangre con rayas grises brotaba de las heridas. La toxina estaba matando el Lyc-V dentro de su cuerpo. Los arañazos en los brazos peludos de Desandra también continuaban sangrando.

-Estoy bien,- dijo Derek.
-Sí. Estamos bien ,- añadió Desandra.

No había nada que pudiéramos hacer. Lo mejor que podíamos hacer era ir a la escena del crimen y regresar a la Fortaleza, donde Doolittle podía tratarlos.
Ascanio olisqueó la mano de Derek. -Huele mal. Creo que hay que cortarla. Aquí, sosténganla firmemente.-
Derek hizo una pantomima aparentando apretar la garganta de Ascanio con la otra mano.
A la distancia, las dos mentes vampiro dejaron de pasearse y se dirigieron hacia nosotros. Mierda.
-Tenemos que irnos.- Me puse de pie. -¡Ahora!.-
• • •

Cuddles galopó por las calles. Ahora no teníamos tiempo ni había necesidad de sigilo. Teníamos que ir a la escena del crimen y salir pitando.
Nos zambullimos por Jonesboro y Cuddles golpeteó sus cascos por la calle. Finalmente el Fox Den se alzaba ante nosotros, alternando edificios de apartamentos de ladrillo rojo y de estuco amarillo fusionados en un solo complejo gigantesco.
El estuco había visto días mejores. Los graffiti decoraban los muros derruidos. La basura se asentaba en pilas en las esquinas. Si vieran el lugar durante el día, se mantendrían alejados. La noche lo tornaba aún más sombrío. Parecía el tipo de lugar que albergaría a una muchedumbre ruda, llevada a la desesperación por los depredadores humanos y la pobreza. El tipo de gente que vería que te apuñalan en su rellano y cerraría sus puertas mientras gritabas pidiendo ayuda.
-Huelo a Mulradin.- Robert giró a la derecha y corrió hacia la entrada de uno de los edificios de ladrillos
Salté de Cuddles, arrojé las riendas sobre un gancho clavado en la pared para ese propósito, y seguí a Robert que subía por las escaleras. En su forma guerrera, él no corría, sino que se escabullía tan rápido que sus patas bien podrían haber estado engrasadas. Me esforcé para mantener el ritmo.
Un tramo. Dos, tres.
Había sangre en las escaleras. Eran manchas tenues que se hacían cada vez más grandes a medida que avanzábamos hacia la planta superior.
Una puerta se abrió por encima de nosotros.
Llegué al rellano justo a tiempo para ver a Robert arrancando una ballesta de las manos de un hombre. Él parecía tener mi edad, hispano y rudo.
-Vete adentro,- le dijo Robert.
El hombre se metió en el apartamento. El cerrojo hizo clic al encajar en su sitio. Robert fue hacia la escalera y lo seguí. Llegamos al tercer piso, otro rellano. . .
Robert se detuvo. Casi choqué con su cola.

-Una salvaguarda,- dijo y dio un paso a un costado.

Me acerqué a la puerta. Un muro invisible de magia envolvía la puerta.
-¿Podemos entrar desde el exterior?,- preguntó Derek detrás de mí. Junto a él Ascanio y Desandra se movieron para observar las escaleras.

Negué con la cabeza. Hugh también debió haber resguardado las ventanas.
Desenfundé a Slayer y probé la salvaguarda. La magia mordisqueó la punta del sable
y la espada se detuvo, incapaz de ir más lejos. Por lo general, las salvaguardas tenían una resistencia elástica, como cuando intentas pinchar una pelota de baloncesto y la superficie cede un poco suavemente. Esta salvaguarda era completamente sólida. Sólo me había encontrado con un tipo de salvaguarda que era a la vez invisible y sólida como ésta.
Me agaché y me incliné hacia adelante, buscando en el suelo sucio. Allí estaba, una mancha oscura apenas perceptible. Hugh había sellado el lugar con su propia sangre.
-Es una salvaguarda de sangre.- Me enderecé.

-¿Se puede romper?,- preguntó Robert.
Cuando Julie había cogido Lyc-V hacía unos meses atrás, yo había llevado a cabo un ritual para limpiar su sangre con la mía.
A causa de ello, ella retuvo algo de mi magia. Mi padre había utilizado el mismo ritual o uno muy parecido para vincular a Hugh con él. La sangre de mi padre estaba en esa salvaguarda, lo que haría que fuera más fácil para mí el romperla. Pero en ella también estaba el poder de la propia magia de Hugh y éste tenía una excesiva cantidad de magia.
-Si rompo esto, la reacción va a ser terrible. Voy a estar fuera de servicio durante un rato.- Y mientras yo estuviera tratando de no desmayarme, lo que fuera que estaba dentro del apartamento me agarraría. Bien jugado, Hugh.
Una trampa tras otra.

-¿Por cuánto tiempo?,- preguntó Derek.
-No lo sé. Podría ser un segundo, podrían ser minutos. ¿Pueden oler algo desde aquí?. ¿Alguien en el interior?.-
Los cuatro se quedaron muy quietos.
-No,- dijo Robert. -Es como una pared.-
-Eso es una maldita mierda,- dijo Desandra.
Me arrodillé en el suelo y examiné la puerta. La cerradura presentaba varios rasguños, todos viejos. Probablemente había sido forzada más de una vez, lo cual era esperable dada la ubicación de la puerta. La puerta en sí no se veía forzada. No podía averiguar nada más. Hasta donde sabía, el apartamento detrás de la puerta estaba vacío o contenía un pulpo terrestre malhumorado que escupía fuego gigante. No había manera de saberlo. Tenía que romper la salvaguarda.
-A Hugh le gusta la magia y las trampas. Una vez que entremos, no toquen nada. ¡Prepárense para defender mi peso muerto.-
- Hazlo,- dijo Derek.
Levanté mi manga izquierda y corté mi piel con Slayer lo suficiente como para extraer mi sangre. Unas volutas de vapor se deslizaron desde el sable opaco. Di vuelta la hoja poniéndola de revés, dejando que la sangre corriera por ella, me preparé y la empujé contra la salvaguarda.
La magia se dobló y pateó la hoja como un caballo salvaje.
Me incliné hacia ella en forma lenta y constante. Mi sangre siseó en la cuchilla e hirvió. Alimenté a la hoja con mi magia.
La salvaguarda no se movió.
Venga. Empujé más fuertemente.
Slayer se detuvo como si estuviera tratando de empujarla en la roca sólida. Si la empujaba más, la hoja podría quebrarse. Si hubiera tenido tiempo, simplemente me habría quedado sentada allí durante los siguientes quince minutos, manteniendo la espada presionada en forma constante hasta que la salvaguarda cediera. Pero no teníamos tiempo.

-¿No funciona?,- preguntó Robert.
-Esto es un juego para él.- Saqué a Slayer y la puse en mi mano izquierda. La mejor manera de romper una salvaguarda era empujar lentamente y metódicamente a través de ella. Lo lenta y metódico había fracasado, lo que me dejaba con la fuerza bruta. Si la rompía demasiado rápido, la reacción de la magia sería muy fuerte y severa. Este no era uno de mis movimientos más brillantes, pero teníamos que entrar en el apartamento y teníamos poco tiempo. -Bueno, está bien. Voy a jugar. Háganse un poco a un lado. Esto podría salir realmente mal.-
Apreté el corte en mi brazo izquierdo, la sangre corrió entre en mis dedos y metí la mano en la salvaguarda. La magia se tensó y atrapó mi mano. Un centenar de pequeñas agujas mágicas perforaron mi piel probando mi sangre y retrocedieron. Unas grietas rojas y brillantes que se irradiaban desde mi mano fragmentaron el aire vacío.
Empujé.
Un trueno se descerrajó en mi cabeza, golpeando mi cerebro. La salvaguarda se rompió y cayó al suelo, fusionándose al caer. El mundo nadó a mi alrededor, los bordes giraban difusos. Sacudí la cabeza, luchando por mantenerme en posición vertical.
Robert abrió la puerta y se metió en el interior. Desandra lo siguió. Derek y Ascanio se inclinaron cerca de mí.
Probablemente debería entrar. Si pudiera hacer que oídos dejen de sonar....

-Despejado,- exclamó Robert.
Sacudí la cabeza. Ow. Eso sólo hizo que el dolor empeorara. La puerta tembló delante de mí, tenía que entrar en el apartamento. Bueno, la puerta tenía que tener por lo menos un metro de ancho. Si sólo lograba colocarme a mí misma en la dirección correcta, podría cruzarla. Apreté los dientes. Un paso. Un paso. Otro paso y estaba adentro. Bien. Ahora sólo tenía que permanecer consciente y no caer sobre mi cara.
Entrecerré los ojos y vi un viejo sofá, una alfombra raída y una barra de striptease. Un largo rastro de sangre recorría la sala de estar y continuaba por un pasillo estrecho. Alguien había arrastrado un cuerpo sangrando.
-Oh, esto es rico.- Robert se rió con un tono áspero.
Derek hizo una mueca.
-Sí.- Ascanio hizo rodar sus ojos.
-Rastro humano,- le dije.
-Dorie Davis,- dijo Derek. -Conocida como Doble D.-
-Su olor está por todo este apartamento.- Robert se fue por el pasillo.
-¡Oh!.- Desandra chasqueó los dedos. -Así que eso es lo que es.-

Los seguí por el pasillo hasta el dormitorio. El hedor de la sangre obstruía mi nariz tan fuertemente que casi me atraganté con ella. Una cama gigante ocupaba la mayor parte de la habitación, estaba equipada con un banco acolchado a los pies de la cama y un estante de acero por encima de ella con varios anillos de metal sujetos a la pared. La sábana roja yacía en un amasijo arrugado, y estaba bañada en un rojo más oscuro, el mismo color rojo que teñía el colchón expuesto. Mulradin había sido asesinado aquí, no había duda de ello. Sólo un cuerpo humano tenía tanta sangre y la mayor parte había quedado en esta habitación.
Derek giró a la derecha. Robert giró a la izquierda. Desandra inhaló profundamente y caminó lentamente en círculo alrededor de la cama. Ellos examinaron la habitación, deteniéndose al azar en algunos objetos para obtener muestras de los olores. Ascanio
se detuvo en la entrada de la habitación para poder ver la puerta principal. - Listo.-
Mis piernas decidieron tomarse unas vacaciones y la habitación se arrastró hacia los costados. Realmente necesitaba un muro en el que apoyarme pero tocar algo de aquí no era una buena idea. -Doble D, ¿se supone que eso me dice algo?.-
-Ella es una sofie,- dijo Derek, de la misma manera que pudo decirme que es una abusadora de menores.

-Puedo darme cuenta por tu voz de que es mala, pero no tengo ni idea de lo que es.-
-La mayoría de los cambiaformas no tienen relaciones sexuales en forma de animal,- dijo.
-Eso no es del todo cierto,- dijo Robert. -La mayoría de los cambiaformas tienen sexo en forma animal, pero sólo una vez. No es para tanto. No dura mucho, es incómodo y no hay comunicación. Sólo digamos que no aprecias tener las manos hasta que éstas han desaparecido.-
-No me digas,- se mofó Desandra
-A excepción de los boudas,- dijo Derek.
Ascanio enarcó las cejas. Si las miradas fueran cuchillos, Derek estaría sangrando.
- El Reprimido está tratando de decirte que a algunas personas les gusta joder con cambiaformas en su forma animal mientras ellos mismos permanecen como humanos,- dijo Ascanio. -Se llaman Sofies. Piel sobre cuero peludo.-
Robert rodó los ojos y se dejó caer al suelo para oler la alfombra.
-Está bien,- le dije. -Ojalá no supiera eso.-
-Bienvenida a la manada,- dijo Robert. -Esta es una de esas áreas grises. Técnicamente, no está prohibido. Los que dos adultos consienten en hacer en su tiempo libre es su asunto.-
-Pero eso es bestialidad,- le dije.
-Sí,- dijo Robert. -Es por eso que no se recomienda en absoluto.-

Desandra inclinó sobre la cama y tragó saliva. -Los olores de aquí me están revolviendo el estómago.-
-No sólo a ti,- dijo Derek.
-Y para que conste, me gustan las mujeres,- dijo Ascanio. -Tal vez algunos lobos por ahí se excitan por el cuero peludo, pero a mí me gusta la piel.-
-Oh, ¿quieren callarse de una vez ustedes dos?, dijo Desandra. -Es sexo sucio y prohibido. Algunos lobos lo hacen, algunos boudas lo hacen, algunos humanos lo hacen. Todo el mundo está igual de jodido.-
-Ya tenemos suficiente críticas por parte de los humanos normales,- dijo Robert. -Hace tres años hubo un campaña para prohibir a los hombres rata en los restaurantes porque somos roedores plagados de enfermedades. La petición tuvo tres mil firmas antes de que acabáramos con eso. Un año antes, el Clan Lobo fue demandado por una cooperativa de granjas que afirmaba que ellos podrían estar cazando su ganado. El principal argumento era que los lobos no pueden luchar contra su impulso natural por cazar y perseguir presas en la tierra. Si estas cosas salieran a la luz, la protesta pública no tendría fin. No queremos ser acusados de dirigir un zoológico de mascotas para los pervertidos.-
-Dorie es una sofie a la que le pagan por jugar,- dijo Derek. -Ella cobra por sus servicios.-
-Ella no tiene que prostituirse,- dijo Robert. -Ella es una empleada contable con un sueldo decente. Lo hace porque ha decidido que es una manera fácil de ganar dinero extra y porque ella siente algún tipo de picazón y esto se la rasca. Cuando el esposo de Jennifer estaba vivo, él hizo un par de intentos de llevarla con un consejero, pero ella nunca fue. Ella es una adulta con capacidad de consentimiento y el modo en que tiene relaciones sexuales es de su exclusiva incumbencia.-
-Ella es una de los únicos dos cambiaformas que hasta la fecha logró contagiarse de una enfermedad de transmisión sexual,- dijo Ascanio.
-El otro era un cambiaformas pantera que estaba con ella. Se la pescaron juntos en un...ejem...evento de grupo.-
Bueno, eso debió de demandarles algo de trabajo. El Lyc-V exterminaba a todos los invasores perjudiciales en su territorio.

Derek hizo una mueca. -¿Una enfermedad de transmisión sexual?.-
-¿Oh, no escuchaste sobre eso?,- preguntó Ascanio. -Ellos tienen una especie de rabia mágica.-
Derek abrió la boca y la cerró. -¿Cómo lo hicieron. . . ?. No importa, no quiero saberlo.-
-Yo tampoco.- Era mejor dejar eso en ese punto antes de que decidieran iluminarme.
-Estamos ampliando tus horizontes, Consorte.- Desandra sonrió con una mueca irónica.
-Mis horizontes están lo suficientemente amplios, gracias.- Ahora bien, si ellos sólo dejaran de bambolearse, todo estaría en su sitio. -Ya entiendo cómo es que Robert y Desandra saben sobre Double D. Lo que quiero saber es cómo es que ustedes dos la conocen.-
Derek y Ascanio hicieron unos valientes intentos por lucir casuales.
-Todo el mundo la conoce,- dijo Ascanio.
-¿Entonces por qué Desandra no identificó el olor?.-
-Cuando Doble D apareció en el consultorio de Doolittle con la enfermedad de transmisión sexual, él le dio una filípica sobre prácticas sexuales seguras,- dijo Robert. -A ella no le gustó, así que lo evita como la peste. Lo cual en realidad resulta irónico, porque la plaga es exactamente lo que no evitó.-
-Yo no entendí bien eso,- dijo Desandra. -¿Se supone que es gracioso?.-
Robert frunció el ceño. -No importa. Yo estaba logrando comentar algo en forma inteligente, pero al final lo estropeé. El punto es, Doble D no se siente precisamente bienvenida en la Fortaleza.-
-Ella tampoco acude a menudo a la Casa Lobo,- dijo Desandra. -Yo la he visto una vez, creo. Jennifer la odia con sus entrañas. La última vez que su nombre salió a relucir, nuestra ilustre alfa la llamó una "criatura inmoral y sucia.-
-¿Delante de testigos?,- preguntó Robert.
-Una habitación llena de gente,- dijo Desandra.
Grandioso. Había una jerarquía de insultos que podrían herir a un cambiaformas. Decirles que olían mal era probablemente uno de los peores. Pero llamar a uno de ellos "una criatura" llevaba el insulto a otro nivel. Eso implicaba que un cambiaformas no era humano. Un loup era una criatura. Jennifer nunca debió haberle dicho eso, no a una de los suyos.
Los labios de Robert se levantaron frunciendo la boca y dejando al descubierto los dientes afilados. Profirió un ruido airado y breve, a medio camino entre un gruñido profundo y un gruñido.
-Lo sé, lo sé. . . ,- dijo Desandra.
-No podemos aprobarlo,- dijo Robert, su voz era precisa y fría. -Nos puede resultar repugnante y podemos rugir y gruñir a nuestra gente en privado, pero no podemos señalar a alguien de nuestro pueblo y hacer de ellos un objeto de humillación pública. Simplemente eso no se hace. Jennifer la convirtió en un blanco. Ahora, cualquier persona dentro del Clan Lobo que muestre una gota de bondad hacia Dorie lo hace en contra de los deseos de su alfa.-
-Estoy de acuerdo,- le dije. -Podemos ocuparnos de eso más tarde. Estamos cortos de tiempo. Tenemos que seguir adelante.-
-No huelo a otro cambiaformas en el ambiente,- dijo Robert. -Sólo a Doble D y los seres humanos.-
-Tengo a Mulradin, a Doble D, a Hugh y algunos otros que probablemente son gente de Hugh,- confirmó Derek.
Traté de concentrarme. Esto estaba resultándome difícil. Mi cerebro estaba aturdido por la magia y todavía quería flotar conmocionado en la bruma. -¿Pueden contarme lo que pasó?.-
-Dorie llegó en primer lugar,- dijo Robert. -Mulradin llegó media hora más tarde. Tuvieron sexo, una vez en el banco, una vez en la esquina de allá.- Señaló a la izquierda de la cama, donde una cadena estaba caída en el suelo. Un extremo estaba unido al anillo en la pared, el otro a un collar de pinchos.
-Luego Dorie mató a Mulradin en la cama,- dijo Desandra.
Mierda. -¿Están seguros?.-
Derek asintió. -Una vez que te acostumbras al olor de la sangre, es muy clara. Su esencia está en la cama y las sábanas, y la piel de ella tiene pegada la sangre de Mulradin. No hay otros olores en la cama.-
-D'Ambray entró en algún momento con otras cinco personas. Entraron en grupo,- dijo Derek.
-También alguien disparó una bala de escopeta en la pared.- Él asintió con la cabeza en la pared de enfrente.
-¿Antes o después del asesinato?.-
Él negó con la cabeza. -No hay modo de decirlo. Está fresco.-
Ascanio asintió en el pasillo. -Dorie se fue después del asesinato. Su rastro de olor es independiente de los otros, manchado de sangre y más antiguo. Puedes ver sus huellas ensangrentadas.- Señaló hacia un costado. -Salió corriendo de aquí.-
Un miembro de la manada había asesinado a un Maestro de los Muertos. Una pequeña parte de mí había estado esperando que la acusación de Hugh no fuera cierta y ahora esa esperanza murió de una muerte triste.
Traté de encontrarle sentido a eso. -Así que ella mató a Mulradin por alguna razón. O bien se trató de algún tipo de accidente o lo hizo a propósito. Si fue un accidente, ¿cómo se involucró Hugh?. Si se trató de un asesinato premeditado, o Hugh la contrató para que ella lo haga o la obligó a hacerlo, o de algún modo alguien estaba mirando el apartamento cuando ella lo hizo.- Eso último no parecía probable. -¿Ella mata por dinero?.-
-Lo dudo,- dijo Derek. -Ella no es violenta. Yo no la llamaría una buena persona, pero ella no mataría a alguien por su cuenta.-
¿Por qué Hugh dejó ir a Dorie?. Me restregué la cara, eso no me hacía más inteligente. Si yo fuera Hugh, ¿qué haría yo con Dorie? ¿Cómo podría utilizarla?. Si Dorie estaba muerta, la manada no podía entregarla a tiempo para la fecha límite, lo que garantizaría una guerra. Aún así, podíamos encontrar su cadáver o reconocer que ella era la asesina y ofrecernos a pagar una indemnización. Pero si Dorie estaba viva, las cosas se pondrían realmente complicadas. Si hacíamos que se entregara, pareceríamos débiles. Si no lo hiciéramos, parecería que pensábamos que estábamos por encima de la ley. No había ninguna buena manera de resolver esta situación y la responsabilidad de ello aterrizaría sobre mis hombros. Cualquiera que fuera la decisión que yo tomara, la Manada me detestaría por ello.
No, Hugh no la mataría. ¿Para qué, cuando él podría matar a toda una bandada de pájaros de un tiro?. -Dorie está viva.-
Ascanio me miró con una ceja alzada.
-La pregunta no es por qué Dorie mató a Mulradin, sino qué hacemos con Dorie. Tenemos que salir de aquí.-
-Tenemos compañía,- anunció Robert mirando por la ventana.
Le ordenó a mis piernas que se movieran y crucé la habitación. Mi cabeza todavía me daba vueltas. Los jinetes inundaban la calle, uno, dos. . .doce. El líder montaba un caballo oscuro que me resultaba familiar. Hugh.
Habíamos estado en el apartamento unos seis minutos y allí estaba él.
Desandra se asomó para mirar más allá de Robert. Sus dedos con garras rozaron la pared. La magia latía a través de la ventana con un destello de color verde oscuro. Desandra apartó la mano-pata y maldijo. -Lo sé, lo sé. Yo toqué algo. Es mi culpa.-
Unas runas diminutas se encendieron en la pintura de la ventana, brillaron y desaparecieron, mientras una salvaguarda se cerraba bruscamente. Me di la vuelta. -¿Puerta?.-
Ascanio ya estaba revisando. -Salvaguardada,- gritó un segundo después.
Estábamos atrapados. Genial. Me acerqué a la ventana y empujé la salvaguarda con mi palma. Me mordisqueó con dientes mágicos. No era una salvaguarda de sangre. Estaba basada en un encantamiento y alguien había hundido un golpe fuerte de poder dentro de ella. Mierda.
Ascanio regresó.
-¿Se puede romper?,- me preguntó Robert.
-Seguro. Dame una hora para averiguar cómo fue hecha.-
Derek profirió un insulto.
Me arrodillé junto a la ventana y deslicé mi mano contra la salvaguarda, tratando de rastrear sus límites. La Magia raspaba mi piel con un rayo de color verde pálido. Ouch. Si Hugh había resguardado todo el edificio, estaríamos en problemas.
En la calle, los jinetes desmontaron.
Encontré un borde de la salvaguarda. Otro borde. -Él no protegió todo el edificio. Sólo bloqueó las aberturas, las ventanas y la puerta.-
Derek enseñó los dientes. -¿Techo o suelo?.-
-Techo,- dijo Robert.
Les llevaría al menos unos minutos para romper el cielorraso hasta el techo, algunos minutos y sin otra cosa más que una puerta rota entre Hugh y nosotros. Corrí hacia la puerta.
-¿Adónde vas?,- exclamó Ascanio.
-A comprarnos algo de tiempo. Permanezcan en el dormitorio fuera de la vista.-
-¡Pregúntale por la policía!,- gritó Robert.
Buen punto. Si Hugh había comprado a la División de Actividad Paranormal de Atlanta, necesitábamos saberlo.
La puerta principal estaba entreabierta, tal como la habíamos dejado. El sonido de gente corriendo por las escaleras llegaba desde abajo.
No podía romper esta salvaguarda, pero tenía la suficiente magia como para hacer una por mi cuenta. Embebí mis dedos con mi sangre y toqué la esquina inferior del marco de la puerta que estaba de mi lado.
Los pasos resonaban acercándose.
Me concentré. La magia salió raudamente de mí, se torció en una corriente invisible, besó el aire del umbral vacío de la puerta y chasqueó como una banda de goma al romperse. Un ramalazo de dolor atravesó mi mente y por un segundo el mundo se tambaleó en una neblina roja. Ow. Me obligué a mantenerme erguida. Abre eso, hijo de puta.
Los pasos llegaron al piso que estaba justo por debajo de nosotros.
Me apoyé contra la pared y traté de parecer casual. Todo eso de tanto practicar estaba dando sus frutos, ya que un par de años atrás yo no podría haber roto la salvaguarda y puesto una de las mías en el transcurso de quince minutos. Y aún me dolía, pero al menos no le daría a Hugh la satisfacción de desmayarme delante suyo.
Hugh conquistó los últimos pasos y se detuvo junto a la puerta. Él todavía llevaba pantalones vaqueros embutidos en unas botas altas de montar, un suéter de lana negro y una capa lisa salpicada de barro y nieve derretida. Unos guantes protegían sus manos. Su altura y hombros anchos garantizan que las personas mantengan su distancia, pero si se quitaba la capucha sobre su rostro, él no se destacaba demasiado. Hugh en su modo discreto.
La capucha ahora estaba abajo. Escudriñé la cara de Hugh en busca de cualquier señal de las heridas que Curran y yo le habíamos causado. Yo sabía que no estaban allí, pero mi cerebro se negaba a reconocerlo. Simplemente no podía creerlo. No había cicatrices viejas en el mentón cuadrado o cortes en la mandíbula. Ni un rastro del cartílago roto en la nariz. Levanté la vista y fui directamente a sus ojos. Estaban rebosantes de arrogancia, poder y humor. Hugh se estaba divirtiendo.
Tomé un trapo del bolsillo y comencé a limpiar a Slayer pasando la tela a lo largo de la hoja pálida.
Nick siguió a Hugh hasta la puerta. Vestía ropas y no lucía desmejorado. Una mujer
caminaba con él, tenía por lo menos cincuenta años, pero estaba fuerte y en forma, construida como si pudiera perforar un tanque. Una pintura de color rojo brillante cruzaba su mejilla izquierda, una T al revés manchada, probablemente dibujada con un dedo. Se llamaba Uath, como la sexta letra del alfabeto Ogham utilizado por los antiguos celtas. Significaba horror o miedo, y según Voron, Uath se había ganado su nombre. Mi padre adoptivo la había encontrado hacía unos años, ella era uno de sus soldados de élite que más tarde formaron la columna vertebral de la Orden de los Perros de Hierro. Hugh debe haberla heredado. No tenía idea de que estaba viva. Voron sabía cómo recogerlos.
Hugh chasqueó sus dedos. Nick y Uath retrocedieron, bajaron un par de escalones y esperaron.
Hugh sacó un guante de la mano y cogió la puerta. Su hechizo defensivo lanzó un destello verde y fue drenado hacia abajo. Sus dedos tocaron el muro invisible de mi salvaguarda de sangre. Empujó.
Seguí limpiando mi espada.
-Una chica lista,- dijo Hugh.
-Voy aprendiendo en el camino.-
Metió la mano en su capa y sacó una pequeña botella blanca.
-¿Qué es?.-
-Ibuprofeno,- dijo. -Para el dolor de cabeza. Sé que tienes uno.-
Hugh, un asesino en masa benigno y considerado. Siempre pensando en el futuro.
Hugh sacudió la botella en dirección a mí.
-No, gracias. Ya he tenido mi dosis diaria de veneno.-
Hugh sonrió.
-¿Algo gracioso?.-
-Cuanto más luchas, Kate, más aprendo de ti.-
-¿Aprendes algo interesante?.-
Se movió al acecho alrededor del rellano. Parecía que de alguna manera se había vuelto más grande desde nuestro encuentro en el Mar Negro. Más alto, más ancho, más fuerte. Tal vez era que mi memoria me estaba jugando una mala pasada, o tal vez era por el manto.
-Puedes romper mi salvaguarda. Esta mañana supe de once personas en el mundo que podían hacerlo. Ahora son doce.-
-Whoop-de-doo.-
Hugh se encogió de hombros. -¿Sabes cuánto odio el invierno en esta ciudad?.-
Cuanto más tiempo continuáramos hablando, más tiempo ganaba para que Derek, Ascanio y Robert rompieran el techo. Levanté una ceja. -¿Mmm?.-
-Es tan malditamente frío, yo no dejaría ni a un perro allí afuera, pero no hay nieve. Sólo hay esta porquería. Que no es lluvia, no es nieve, es como lodo congelado que cae del cielo.- Apoyó una mano en la pared junto a la puerta. -Yo digo que terminemos esto. Los nuevos Four Seasons tiene suites VIP. Me alojé allí la última vez que viajé aquí. Vamos a pedirles que nos preparen un buen fuego y nos refuigiamos en una habitación, caliente, seca y acogedora. Vamos a pedir comida, un poco de vino decente y hablemos.-
-¿De qué tendríamos que hablar?.-
-Sobre el futuro.-
Fingí pensar en ello. -Paso.-
Hugh mostró sus dientes al sonreír en forma apretada. Esa sería la misma sonrisa de un tigre hambriento antes de abalanzarse sobre su presa.
-¿Dónde está Hibla?-
-Hibla ha sido reasignada.-
-¿Dónde?.-
-Déjala ir,- dijo de una manera afable como si estuviéramos sentados en algún lugar en un bar, compartiendo una bebida y estuviéramos hablando sobre un compañero de trabajo que me molestaba. -Es difícil de matar y no vale la pena perder el tiempo con eso.-
-Cuando la veas, dile que tengo una tumba escogida para ella. Con lápida y todo.-
-¿Qué tal esto?: si vienes conmigo, te la entregaré. Puedes jugar con ella todo el tiempo que quieras. Incluso te curaré si ella te hace pedazos.-
-Aún así, paso.-
-Deberías reconsiderarlo. Sólo es un consejo de amigo.-
-No lo creo.-
Hugh se inclinó hacia delante, sus ojos lucían divertidos y me miró lentamente, de la cabeza a los pies. -Te ves bien.-
Ahórrate los detalles. -Fue un buen toque el que dejaras a Dorie irse. Si yo no la entrego, tú comenzarás un baño de sangre y yo y los alfas seremos culpados por ello. Si la entrego, luciremos débiles ante nuestra propia gente y perderán la confianza en nuestro liderazgo. De cualquier manera la Manada se desestabiliza y yo soy la mala de la película.-
-Estás empezando a comprender cómo se juega el juego,- dijo Hugh.
-Hay una tercera posibilidad. Podría matar a Dorie y arrojar su cuerpo muerto en tu regazo-
-No lo creo.-
Lo dijo con certeza absoluta. Sin un instante de vacilación. Nota mental: arrojar un farol...aprender a hacerlo mejor.
-¿Por qué no?.-
-Debido a que enviarías el mensaje equivocado. Si matas a Dorie, todos los cambiaformas que han quebrantado alguna vez la ley se preguntarán si son los siguientes en tu lista de bateo. Si vas por ese camino, nadie te seguirá. Soy un hijo de puta, pero aún así no mato a mi propia gente, a menos que sea absolutamente necesario.-
-No, tú sólo los enjaulas y los dejas morirse lentamente de hambre.-
Hizo rodar sus ojos. -Por supuesto, hay una cuarta opción.-
-¿Y cuál es esa?.-
-Ven conmigo ahora,- dijo. -Y todo este lío feo desaparece.-
-No te creo.- Las palabras habían salido casi por su cuenta. Pero una mirada a sus ojos me dijo que él no me estaba mintiendo. Mierda. Él realmente había venido aquí para mí. Yo era la única razón por la que Mulradin estaba muerto y la Manada ahora estaba evacuando. Bueno, ese era un misterio que se había resuelto.
Yo no necesitaba ese tipo de presión. Tal y como estaba todo, ya tenía bastantes cosas que me arrastraban hacia abajo. Hugh cambió de posición, se estiró y tanteó mi salvaguarda. La magia mordisqueó su dedo. Eso debió haberlo lastimado. –Antes quise decir lo que dije. Sus vidas no me importan. Si tengo que aplastar el carbón para llegar al diamante, lo haré.-
-Ajá. ¿Y yo soy el diamante?.-
-Cortas como si fueras uno.-
¡Ja! -¿Me estás adulando, en serio?. Sutil como un martillo.-
Él se encogió de hombros. -¿Por qué no?. ¿Acaso los cambiaformas no se toman tiempo para halagarte?. ¿No te dicen ellos cuán agradecidos están de que expongas tu cuello por su seguridad?...- tocó la salvaguarda de sangre otra vez...-¿no te suplican perdón cada vez que esta preciosa sangre se derrama?.-
No, por lo general no lo hacían. Ellos sobre todo se quejaban conmigo, pero yo no iba a decirle eso. -La respuesta es no.-
-¿No, ellos no te halagan?.-
-No, yo no voy a ir contigo.-
-Supongo que entonces tendré que ir por ti.-
-Noquéate tu mismo. Tengo una espada a la que me muero por presentarle tu sangre.- Esperen, noquéate tu mismo. Fue gracioso que dijera eso. Una idea comenzó a formarse en mi cabeza.
Por el rabillo del ojo vi a Robert inclinándose en el pasillo. Estaba mirando y probablemente había escuchado cada palabra. Genial. Ya podía ver las futuras preguntas que no quería responder.
-Ven conmigo,- dijo Hugh. -Te voy a enseñar la clase de poder que te estás perdiendo. Nadie más tiene que morir. Él te está esperando.-
Cada uno de mis nervios se pusieron alertas. -¿No ves de qué modo él ha tenido tiempo para mí, preparándose para el reclamo y todo eso?.-
Las cejas de Hugh se elevaron un centímetro.
Me reí en voz baja. -Veo que él no te dice todo. Creo que me voy a quedar aquí.-
Él negó con la cabeza. -En serio, ¿qué coño estás haciendo, Kate?. ¿Correr por la noche alrededor de la ciudad congelada como una sucia alimaña jugando a la reina de los cambiaformas?. Ven conmigo. Te entregaré la ciudad en bandeja de plata. Un regalo.-
-Si quisiera la ciudad, la hubiera tomado.-
-Me encanta ese gruñido en tu voz,- dijo. -Sexy.-
Puse los ojos en blanco. - También me gusta eso,- dijo.
-Sólo por curiosidad,- le pregunté. -Que yo sepa, la policía fruncía el ceño ante el asesinato ocasional de civiles. ¿Crees que la División de Actividad Paranormal de Atlanta te permitirá esa metida de pata acerca de cazar cambiaformas?.-
Hugh fingió meditarlo durante un buen rato. -Déjame pensarlo. Sí.-
Jim tenía razón. Él había hecho un arreglo con alguien alto en la cadena alimenticia de la policía. -¿No eres petulante?.-
-Eso es lo que sucede cuando juegas en las Grandes Ligas.-
-Grandes Ligas, ¿eh?.-
-Eso es correcto.- Él me guiñó un ojo. -Quédate, te voy a mostrar cómo lo hacemos.-
-No es necesario. Ya he recibido las instrucciones adecuadas por parte de mi tía.- Grandes Ligas, te voy a mostrar las grandes ligas. Era una apuesta, pero si funcionaba, nos compraría el tiempo suficiente para lograr largarnos de aquí.
-Por cierto, Curran rompió la salvaguarda de Erra.-
Los ojos de Hugh se estrecharon. -Es adorable cuando intentas manipularme. Me parece encantador.-
-No te estoy manipulando. Estoy constatando un hecho. El hombre con el que me acuesto hizo estallar la salvaguarda de sangre de Erra.- Señalé la salvaguarda. -La mía todavía está de pie.-
Robert se asomó desde el dormitorio por un segundo para llamar mi atención. Sí, sí, ya sé lo que estoy haciendo.
-He estado esperándote para que puedas romper la mía. Tengo que decir que tu técnica es muy diferente. Curran martilló en el hechizo hasta que se rompió. Tú sólo hablas. Ayúdame con esto, ¿cuál es la estrategia?. ¿Estás esperando hasta que la salvaguarda se canse y se mate a sí misma para no tener que escucharte más?.-
Los ojos de Hugh se oscurecieron.
Bostecé. -No sé nada de la salvaguarda, pero yo he terminado de hablar. Voy a ir a tomar una siesta.-
-Última oportunidad,- dijo Hugh. Su voz perdió toda su diversión. -Ven conmigo y perdonaré a tu preciosa Manada. Todas tus mascotas se irán a la cama a salvo y no tendrán que preocuparse por luchar por sus vidas por la mañana. O pueden despertarse en medio de una masacre y culparte cuando sus niños y amantes comiencen a morir.-
Deslicé a Slayer en su vaina en mi espalda y me crucé de brazos. -El tiempo de hablar ha terminado. Venga, Preceptor. El hombre con el que me acuesto rompió la salvaguarda del Devorador de la Ciudad. Sólo tienes que romper una de las mías. Hazlo, Hugh. Muéstrame algo.-
-Recuerda que tú quisiste esto,- advirtió.
Busqué en mi memoria y saqué el peor reproche que Voron había utilizado. Me lo había dicho a mí y se lo había dicho a Hugh, porque Hugh me lo echó en cara la última vez que nos vimos.
-Si tienes demasiado miedo de probar, simplemente di que tienes miedo, Hugh.-
Nada era peor que no ser lo suficientemente valiente como para probar.
Hugh sacó un cuchillo, cortó su antebrazo y dejó caer la hoja en el suelo. Puro exhibicionismo. ¿Por qué no utilizar el cuchillo?.
Él apretó su antebrazo. La sangre de un vivo color carmesí brillante se hinchó y la frotó lentamente por sus manos. Su mirada estaba fija en mí. Guau. Hugh estaba enojado.
Levanté mi ceja.
Se inclinó hacia delante, con los pies separados, los brazos doblados en los codos, los dedos separados y apuntando hacia arriba. Todo su cuerpo se tensó, preparándose como antes de dar un gran salto. Los músculos se hincharon en sus piernas. Sus bíceps inflaron las mangas de su suéter. Su abdomen se endureció. Unas volutas finas de vapor de color azul se deslizaron de él, cada vez más fuerte hasta que un humo azul pálido emanó de todo el cuerpo. Lo había visto antes, cuando él tiró a Doolittle desde el borde de la muerte. La salvaguarda impedía que lo sintiera pero recordé la magnitud de ese poder.
Tal vez esto no era una buena idea.
En las escaleras Nick se agachó. Uath se agarró a la barandilla. Por el rabillo del ojo vi a Robert, de pie en un pasillo.
Los ojos de Hugh se tornaron de un color azul eléctrico brillante. Un resplandor índigo recubrió sus manos.
-Hoy,- le grité.
Él se lanzó hacia delante con las dos manos. Sus dedos como garras atravesaron la salvaguarda.
La salvaguarda de sangre brilló con luz roja brillante, la magia crepitó como un trueno. Hugh voló de regreso unos cuatro metros y se golpeó contra la escalera que conducía a la planta superior. La parte de atrás de su cabeza rebotó en los escalones. Se deslizó hacia abajo y no se movía.
¡Ja!.¡Te lo mereces!
Detrás de mí, Robert dijo con voz totalmente inexpresiva, -Oh mi....-
Una pared de color rojo traslúcido apareció en la puerta y se volvió transparente. Mi hechizo aún estaba en pie. Me reí
Nick y Uath subían por las escaleras hasta el cuerpo tendido de Hugh. Me di la vuelta y corrí hacia el dormitorio.
Un agujero se había abierto en el techo junto a la cama. Derek me esperaba. Ascanio se descolgó del agujero y me ofreció su mano. La cogí y me levantó hasta que pude agarrarme de alguna viga de madera. Ascanio me soltó y yo subí trepando tras él. Mi costilla rota estaba gritando.
Derek me siguió hasta la estructura del techo. Había vigas, ladrillos rotos, aislamiento y más vigas.
Una gota fría cayó sobre mi cabeza. Miré hacia arriba y vi que los pies de Ascanio desaparecieron y fueron sustituidos por el cielo nocturno. Mis dedos tocaron el frío metal y me impulsé hasta salir a la azotea. La lluvia congelada caía tamizada desde el cielo gris. A lo lejos, Desandra en su forma de guerrero estaba agazapada en el borde de la terraza, como una elegante gárgola monstruosa.
-¿Sabías que eso iba a suceder?.- Robert salió del agujero.
-Tenía la esperanza de que lo haría.-
-¿Y si él lograba pasar?.-
-Entonces tendríamos que huir muy rápido.- Bueno, todavía teníamos que huir muy rápido. La gente de Hugh no se movería hasta que él volviera en sí, pero éste era muy duro. Se iba a recuperar pronto.
El techo, peinado por las heladas, descendía en un ángulo agudo. El suelo parecía estar muy lejos allá abajo.
Ascanio corrió por el tejado resbaladizo hacia el hombre rata. Mi cabeza me daba vueltas. El techo se tambaleó delante de mí.
No pienses en ello. Simplemente hazlo. Corrí. Mi estómago dio un vuelco. Los pequeños puntos negros nadaban delante de mis ojos. Bueno, quizás correr fue demasiado ambicioso.
El techo concluyó. Un hueco de seis metros nos separaba del siguiente edificio. Mucho más abajo, el pavimento duro prometía un aterrizaje doloroso.
Robert saltó a través del espacio y corrió.
Seis metros estaban tan fueran de mi alcance que ni siquiera era divertido. Bien descansada, en tierra firme, y con un poco de entrenamiento, yo podría haber estado de lograrlo, pero en este momento, en un tejado resbaladizo, bien podrían haber sido unos treinta metros. Tenía que bajar el techo. Cuando Hugh finalmente lograra romper mi salvaguarda, la reacción sería jodida. Necesitaba distancia, pero estaba atascada.
-Kate.- Derek me agarró y dio un salto. El suelo bostezó en mi dirección y luego aterrizamos en el otro techo. Robert corrió por el techo y bajó de un salto, justo por encima del borde. Yo lo seguí y casi me deslicé fuera de las tejas heladas. Unos tres metros más abajo había una salida de incendio.
Salté, aterricé con un ruido sordo y me deslicé por la escalera de incendios, tratando de no tropezar con mis propios pies torpes. El viento silbaba a mi alrededor y luego nos estábamos en el suelo y junto a Robert, que tenía las riendas de Cuddles.
Giré de un salto sobre la silla y le di un apretón. Teníamos que darnos prisa.
Cuddles no se movió.
-¡Vamos!.- Le di una patada en los costados. -¡Ahora no es el momento para que seas una perra!.-
Cuddles se plantó. No ahora, burra estúpida.
Ascanio gruñó y golpeó su trasero. Cuddles disparó al galope por la calle con un ruido sordo.
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por Ebekah el Vie Sep 12, 2014 12:21 pm

Ooooohhhh muchas gracias!!!! y que bien merecido se tiene Hugh ese culetazo escaleras abajo, por prepotente jajajajaja
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

Mensaje por iseult el Sáb Sep 13, 2014 8:16 am

Bueno, me recuerda a la escena de la sartén. ¿Mencioné que se trataba de una de esas especiales para carne de buey, esas de hierro fundido?

P.d.: Gracias, Eli
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Re: Magic Breaks (Kate Daniels #7) - Ilona Andrews

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