Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Vie Sep 27, 2013 6:58 pm

A pedido del público j ja ja ja

CAPÍTULO 7


Esto no estaba sucediendo. Esto era una alucinación, causada por el estrés. Hugh d'Ambray, el señor de la guerra de Roland, no estaba aquí. Estaba en los Estados Unidos sirviendo a mi padre biológico. Este era su gemelo perdido hace mucho tiempo con la misma altura, constitución y  pelo, y no sabía nada de mí.
Hugh me miró y sonrió. Era la sonrisa de un pescador que acababa de sacar una preciada captura fuera del agua  en su barco.
No, era él. Durante todo este tiempo había estado rompiendo mi cerebro tratando de averiguar lo que Curran o la Manada habían hecho para el ser blanco de esta trampa. No eran Curran o la Manada. Era yo.
-Por favor, pónganse de pie para el señor del castillo- el mismo hombre gritó.
La gente a mí alrededor se puso de pie. Apreté mis dientes y me obligué a moverme. Curran me apretaba la mano con tanta fuerza que me dolía.
Maldito sea al infierno. ¿No podría tomar un descanso una vez en mi vida?
Hugh saludó. Su voz llegó a través de la sala, una especie de voz que podía ser tranquila y familiar, o cortar a través del fragor de una batalla. -Siéntese, por favor. No hay necesidad de formalidad, todos somos amigos aquí.
Era real. Él estaba aquí. La adrenalina corría a través de mí,  envío agujas eléctricas a través de mis dedos. Si él pensaba que iba a darse la vuelta y abandonar sin luchar, estaría profundamente decepcionado.
Todo el mundo en nuestro lado de la mesa se quedó muy quieto. Todos estaban viéndonos a Curran y a mí, y se dieron cuenta de que algo andaba muy mal. La cara de Andrea se volvió blanca como la tiza. Reconoció a d'Ambray. Antes de salir de la Orden de la Ayuda Misericordiosa, había subido lo bastante alto en sus filas como para recibir informes acerca de Roland, que era considerado el mayor peligro que la Orden eventualmente tendría que enfrentar. Ella observó a Hugh de la forma en que uno observaba a un perro rabioso. Rafael se inclinó más cerca de ella, con los ojos fijos en Hugh también. Sabía, también. Ella debe haberlo dicho.
Hugh cruzó el vestíbulo, y venía hacia nosotros. Alto, por lo menos un metro noventa, era musculoso como un gladiador romano, y su traje no podía ocultarlo. Se movía con perfecto equilibrio, deslizándose como si sus articulaciones fueran líquidas. Antes de que mi madre y Voron huyeran, Hugh había sido el protegido de Voron. Mi padre adoptivo lo entrenó, le perfeccionó para ser el general perfecto para dirigir los ejércitos de Roland. Luchar con Hugh sería como luchar contra mi padre. Sería la segunda pelea más dura de mi vida. La primera sería mi verdadero padre.
Miré las puertas. Ningún soldado. Hugh no había llamado a los refuerzos. ¿Pensaba que podría tomarnos a Curran y a mí por sí mismo?
Hugh estaba cada vez más cerca. Oscuro, pelo casi negro le caía sobre los hombros, ya que la última vez que lo vi. Una pequeña cicatriz marcaba su mejilla izquierda también un recuerdo reciente. Sus ojos eran de un intenso color azul oscuro y se raían de mí mientras se acercaba.
Yo le devolví la mirada. Sí, el concierto había terminado. ¿Y ahora qué?
Hugh rodeó la mesa. Tendría que sentarse al lado de Curran. Dios mío.
El rostro de Curran se convirtió en una máscara inexpresiva. Me apretó la mano y se inclinó un poco hacia adelante, colocándose entre yo y Hugh.
No atacarlo, Curran. No lo hagas. No hagas. Cualquier cosa.
Un Djigit sacó la silla de Hugh para él. Hugh sonrió, un lobo feliz confiado en su guarida, y cogió un vaso. Un sirviente apareció como por arte de magia y  vertío  vino tinto en él. Hugh levantó el vaso. -Hemos sido realmente afortunados por ser la sede de la poderosa Obluda de los Cárpatos. . .
Se volvió hacia Jarek Kral, que levantó el puño con una sonrisa indulgente. Detrás de él, los cuatro cambiaformas aullaban, y otros se hicieron eco de sus gritos en las mesas.
-. . . el famoso Volkodavi de Ucrania. . . -
Radomil y su familia asintieron. Los miembros del Volkodavi abuchearon y golpeaban sus mesas.
-. . . y los Intrépidos Belve Ravennati.
Los hermanos italianos asintieron. Sus miembros de la manada aullaban y golpeaban la mesa.
-Hoy damos la bienvenida a los invitados de honor a nuestra humilde morada.
 Hugh se volvió hacia nosotros. -El Señor de las Bestias y su consorte se unen a nosotros para añadir su sabiduría y experiencia a la ocasión feliz de dar la bienvenida a una nueva vida a este mundo. Ustedes nos honran con su presencia. 
El silencio era ensordecedor. Ni siquiera roto por el entrechocar de cosas.
Curran abrió sus mandíbulas. -El honor es todo nuestro.
Hugh volvió a la reunión. -Vamos a comer, beber y celebrar.
Se sentó, dejó el vaso y se volvió hacia Curran. -Yo lo odio discursos.
-Me imagino- dijo Curran, la misma expresión tranquila en su rostro.
Hugh le dedicó una rápida sonrisa. -Pensé que podrías hacerlo. Tú y yo somos hombres de acción. Al menos una vez el discurso termina, nos van a traer comida.
Un guiño a La princesa prometida. Era mi libro favorito. ¿Lo sabía él o era una coincidencia? Si lo sabía, ¿cómo diablos lo supo?
Una cadena de servidores entró en la sala, seguidos por un carro empujado por otros cuatro. En el carrito había un enorme jabalí asado, yacía en una enorme bandeja forrada con hojas de parra.
-Ahh. Excelente.- Hugh cogió su tenedor. -Me muero de hambre.
El corazón me latía en el pecho, como si yo acababa de correr un maratón. Voz fantasmal de Voron susurró a mí -Corre. Aún no estás listo.
Si corría, Hugh mataría a nuestra gente una por una hasta que volviera. No sólo me había  atrapado, sino que había atrapado un puñado de rehenes conmigo también. No habría escapatoria.
Los sirvientes comenzaron a distribuir platos de gran tamaño repletos de carne y pan. Los cambiaformas hincaron el diente. Un plato estaba en frente de mí: un corte grueso de carne, cocinada justo lo suficiente para no estar cruda, pan, y una granada abierta, las semillas rojas brillantes como el color de la sangre.
Barrabás inclinó entre Curran y yo y cortar un pequeño trozo de mi carne.
Okay.
Se lo comió, cortó un pedazo de pan, cogió un par de semillas de la granada, los comió y se quedó en silencio, masticando lentamente. Finalmente se inclinó hacia mí y me dijo en voz baja. -No está envenenado.
-Un hombremangosta- dijo Hugh. –Muy prudente por su parte.
-No queremos ofender- dijo Barrabás.
Hugh saludó con la mano. -Por supuesto. Hubiera hecho lo mismo en su lugar. Nunca se puede ser demasiado cuidadoso. 
Al parecer, había adquirido a mi catador de venenos personal. Hice una nota para hablar con Barrabás una vez que la cena hubiera terminado.
Desandra dijo. -Tengo que ir al baño.
Andrea y yo nos pusimos de pie. Mis piernas eran de madera. Desandra rodó los ojos y rodeó la mesa hasta la puerta de la izquierda. La seguimos. Detrás de mí, Hugh dijo: -Así que, Lennart, ¿cómo fue el viaje? El Atlántico puede ser peligroso en esta época del año.
Cruzamos el pasillo y entramos en el pasillo. Aceleré y tomé la punta. Nos habíamos llevado el detalle básico de dos personas. En problemas, uno de nosotros aseguraba al cliente, el otro enfrentaba a las amenazas. La magia estaba arriba, y eso me hizo estar mejor preparada para las contramedidas. Durante la tecnología, nos cambiábamos.
-A la derecha- dijo Desandra. -¿Las dos van a verme orinar también?
-¿Por qué tu inglés suena americano?- preguntó Andrea, con su voz como madera.
-Mi madre se fue dos años después de que nací- dijo Desandra. -Una buena mujer americana me cuidó. Mi padre la contrató para que aprendiera el idioma. Dijo que sería útil. No iba a dejar que me lleve a Angela conmigo cuando me casé. Él la echó de la manada. Yo no la he visto desde entonces. 
No me gustaba Desandra. Yo no la conocía y ella sería difícil de proteger, pero me sentí mal por ella.
Delante de mí había una intersección pregunté: -¿Hacia dónde?
-Izquierda.
Nos dimos la vuelta de la esquina. Otro largo pasillo desierto iluminado con lámparas feéricas amarillas. No había peligro. No había guardias tampoco. Mmm.
-Finalmente- respiró Desandra. -Estúpido embarazo. Bebés estúpidos. No puedo sentarme por más de dos minutos sin correr al baño. Juro que si ese pequeño bastardo, el que sea, me pega en la vejiga una vez más, voy a darle un puñetazo.
Y mi solidaridad se evapora. -Si tratas de golpear a tus hijos por nacer, vamos a detenerte.
-Relaja tus tetas- dijo Desandra. -Yo no voy a golpearme a mí mismo. Sólo quiero que estos niños sean unos súper revoltosos y salgan de mí ya. Aquí. Esta puerta.
Gracias, Universo.
Abrí la puerta. Un cuarto de baño típico: tres puestos, un tocador de piedra largo, con dos lavabos. Piso sólido, techo sólido, una pequeña ventana de ventilación cerca del techo, seis pies de largo, seis pulgadas de ancho. Las barras de acero protegían la ventana.
Revisé los puestos uno a uno. Vacío. Salí al pasillo. -Despejado.
-Oh, bueno. ¿Puedo hacer pis ahora? En algún momento de este siglo estaría bien. 
Metal contra el metal resonó detrás de nosotros. Me di la vuelta. Una sección del corredor a nuestra derecha se deslizó a un lado, y una rejilla de metal cayó del techo y se dejó caer en el suelo, sellando el pasillo y a nosotras en él.
-Eso nunca ha pasado antes- dijo Desandra.
En el lado izquierdo, algo gruñó, un sonido feo rasgado desde la izquierda, como la grava siendo aplastada.
El pelo en la parte de atrás de mi cuello se levantó.
Una criatura dobló la esquina, enorme, de color ámbar brillante. El estruendo rodó hacia atrás, pulsante, amenazando.
Saqué a Asesina de la vaina y entré en el centro del pasillo.
Andrea golpeó la puerta del baño abierta, agarró a Desandra, la empujó hacia el baño, corrió tras ella y cerró la puerta. Trabajar con Andrea era sin esfuerzo. Ni siquiera tenemos que hablar. En primer lugar, tendría que pasar a través de mí, luego a través de la puerta, luego a través de Andrea. Desandra estaría al final de ese largo viaje.
La bestia dio un paso hacia mí. Hola, varmint. ¿Y que hizo mitología ahora?
En el cuarto de baño, metal quejó seguido de un ruido sordo. Andrea estaba arrancando las puertas de los puestos y haciendo barricadas en la puerta.
La bestia se llevó la mayor parte de la anchura del pasillo, de pie, al menos cuatro pies de alto en el hombro. Piernas poderosas, casi felinas y con cuerdas duras de músculo como cables, apoyaron un cuerpo elegante con un pecho ancho que desembocaba en un cuello grueso, largo, pero móvil. Su cabeza era felina también, todo alrededor, armado con mandíbulas como de jaguar, pero extrañamente amplias. Dos pliegues subieron detrás de sus hombros. No pude conseguir una buena mirada en ellos porque me miraba de frente.
Desde este punto de vista, parecían alas. Deformes, pero aún alas.
¿Qué diablos era eso? No era una manicura. Había visto mantícoras antes, y eran más pequeñas, y el contorno del cuerpo era completamente diferente. Manticoras se construyeron como perros de bóxer robustos gigantes, cuadradas, con cada músculo definido en cuero marrón suave. Esta criatura era más como un gato, construido con agilidad y destreza en mente.
Como si hubiera oído mis palabras, la bestia dio un paso más y me sonrió, mostrando unos de dientes de ocho pulgadas.
Vaya, vaya. Terrorífico.
Me centró en la forma en que levantaba sus patas. Vivir con cambiaformas me había dado algunos consejos. En la caza, la principal diferencia entre los gatos y los perros se reducía a la longitud y la forma de los huesos del brazo. Los gatos pueden volver sus patas palma hacia arriba, mientras que las patas del perro estaban fijas de manera permanente hacia abajo, un hecho que los instructores cambiaformas machacaban en sus estudiantes cuando se entrenaban para la forma de guerrero. La rotación de la pata de los gatos daba mayor capacidad para someter a su presa después de que la apresaran. Era la diferencia entre un depredador de emboscada y un cazador que necesitaba a su manada para emboscar. Esta bestia era un depredador de emboscada. Tenía garras, golpe fuerte, y  los dientes y las mandíbulas significaban que podía picar a través de mi cabeza. Tenía que tratarlo como a un jaguar.
Por suerte había practicado lucha con jaguares.
El monstruo dio un paso más. Como su pata tocó el suelo, la piel naranja se volvió de repente irregular. ¿Y ahora qué?
Un paso más.
No era  piel. La criatura estaba cubierta con escamas de color naranja fuerte y sólo se le habían movido, como un perro con los pelos de punta. Parecían demasiado gruesos, como conchas de mejillón. Por lo tanto: era grande, tenía alas,  era un gato, y estaba blindado. Mi lista de objetivos probables simplemente se encogía. Con mi suerte escupiría fuego a continuación.
¿Era un dragón? ¿Una especie de dragón? De alguna manera parecía demasiado felina para eso. No es que me hubiera encontrado con muchos dragones. El único que había visto era un no-muertos y estaba podrido, pero era del tamaño de una gran T. rex y su cabeza tenía las líneas reptiles marcadas. Este era un mamífero.
No habría palabras de poder. No habría magia pesada. No con Hugh a menos de doscientos metros de distancia. Él sabía que podía usar una espada, pero la extensión de mi magia era un misterio para él y tenía que seguir siendo así el mayor tiempo posible. Podría llegar un momento en que la sorpresa de mi magia podría significar la diferencia entre vivir y morir.
Los brillantes ojos azules de la criatura se fijaron en mí. Un incendio quemando constante y frío dentro de sus iris. La bestia parecía hambrienta. No de hambre de comida, pero hambriento de violencia. Esta cosa no era carroñera. Se buscaba la vida y disfrutaba un infierno haciéndolo.
Vamos a ver lo listo que eres. -¿Podemos acelerar esto? Tengo que volver a una cena.
La bestia metió sus alas deformadas a su cuerpo, y cargó.
Me entendía. Nunca era una buena señal.
La criatura se acercó a mí, ganando velocidad, con colmillos, los ojos brillando, tragando la distancia a pasos cortos.
Cada instinto animal en mi cuerpo gritaba, ¡Corre! Me mantuve firme. Era un gato. Saltaría al final.
Salta, salta, salta.
Saltó.
Fue un salto glorioso, impulsado por los músculos duros como el acero de las patas de la bestia. Se abalanzó sobre mí, garras, patas, criado para la matanza.
Me zambullí hacia adelante, girando mientras caía, y me deslizó debajo de ella. La mayor parte del cuerpo de la bestia cayó sobre mí y hundí a Asesina profundamente en su ingle. La sangre caliente roció mi cara y mi boca. La bestia gritó.
Sujeté su pierna izquierda contra mí, tratando de evitar que me destripe, me aferré a él, y arranqué Asesina través de sus entrañas. La criatura aulló y se pasó a mi lado, con su pata trasera derecha, tratando de arañarme. Garras hicieron trizas mi vestido. Dolor azotó mi lado. Argh. Me dolió como una hija de puta. La próxima vez me dijeron que usara un vestido en lugar de cuero, se los metería  por el culo.
Me apuñaló de nuevo, metí a Asesina más profundo. Más sangre se derramó en una inundación caliente y pegajosa. La bestia debería haber caído. No lo hizo. Golpeó y yo revolví su interior una y otra vez. Muere ya.
Magia quemó mi lado, como si alguien hubiera agarrado un puñado de hielo y lo hubiera metido directamente en el corte. Mi sangre reaccionaba a un invasor, lo purgaba de mí. 
Lyc-V. Esta maldita cosa era un cambiaformas.
Su regeneración significa que no se iba a desangrar. Yo no estaba causando bastante daño. Tenía que llegar a sus órganos vitales.
Corté el ligamento de su pierna izquierda.
La bestia se lanzó al ataque, arrastrándome con ella. Corté de nuevo tratando de paralizarla, me dejo ir, y rodé a mis pies. Durante medio segundo la espalda seguía siendo para mí, y me lancé sobre ella, justo entre las alas, agarré a su cuello, y corté su garganta. El filo de Asesina se balanceó, apenas sacando  sangre. Mierda. Tendría que hacer. La bestia se frenó. Tiré el collar de mi cuello, lo até sobre su garganta, y deslicé Asesina en los lazos.
La bestia se encabritó cuando plata presionó  su corte. Toma eso, ¿por qué no lo haces?
Envolví a  Asesina, girando el collar en un garrote improvisado. Mi lado se sentía como si alguien estuviera tratando de cocinarme viva.
La bestia se estremeció, gorgoteo con el collar más metido en la herida. Me agarré con todo lo que tenía. Si caía iba a morir. Se giró a la izquierda. Tiré mi pierna una fracción de segundo antes de que se estrellara contra la pared. Envolví a Asesina otra media vuelta, rezando para que mis dedos ensangrentados no resbalaran.
La criatura se sacudió de nuevo. Mis brazos temblaban por el esfuerzo.
Se cayó. No había nada que pudiera haber hecho. El peso de la bestia me inmovilizó en su lugar. Una aplastante presión en mi pecho. Estaba sobre mí. Mis huesos se quejaban y gritaban.
Una vuelta de tuerca más del garrote. Sólo un cuarto de vuelta.
No te desmayes. No te desmayes.
Sólo un cuarto de vuelta.
Me aferré. Mi respiración era entrecortada, torturada poco profunda. La bestia se convulsionó encima de mí.
No podía sentir mis dedos.
El gran cuerpo se puso rígido en mi parte superior. Una respiración sibilante larga escapó, y se quedó inerte.
Levántate, levántate, levántate. Esto por sí solo no lo haría. No estaba muerto. Simplemente se había desmayado. Podría quedarme aquí todo el día asfixiándome, y el Lyc-V la mantendría viva.
Me arrastré, empujando el peso de mis piernas, y rodé a mis rodillas. El collar había mordido profundamente en la garganta de la bestia. Probablemente había aplastado su tráquea. Saqué a Asesina. Atascada. Gruñí, levantando la cabeza de la bestia, y volví a Asesina hacía la izquierda. Poco más. Poco más. . .
La cadena del collar comenzó a aflojarse.
Un poco más. . .
Los ojos de la bestia se abrieron de golpe, un fuego enfurecido azul. Tiré a Asesina libre y apuñalé hacia abajo, directamente en la herida. Huesos crujían bajo el acero mágico. La cabeza rodó libre del muñón del cuello.
Me deslicé contra la pared, tratando de recuperar el aliento. Iba a descansar aquí, por un segundo. Me dolía el pecho con cada respiración. Ouch.
La bestia se quedó inmóvil.
Escupí sangre de mi boca. -¡Despejado!
Golpes provenían del cuarto de baño. La puerta se abrió de golpe y Andrea salió al pasillo. 
-Mierda.
Traté de limpiar la sangre de mi cara, pero ya que mis manos estaban ensangrentadas, unté un poco más la sangre derramada sobre mí misma. Gran idea ahí.
Desandra miró por encima del hombro de Andrea. Sus ojos se abrieron. -¿Qué demonios es eso?
-¿Has visto uno antes?- le pregunté.
-No.
Sonaba sincera conmigo. Había visto todo tipo de cosas extrañas, pero nunca había visto uno de estos tampoco.
El cuerpo se estremeció. Andrea apuntó con la ballesta. Me puse de pie.
Las escamas de oro cocido, viscosas como el metal fundido, se contrajeron. Un torso decapitado tirado en el pasillo. Le di un codazo a la cabeza ahora-humana para que pudiera ver la cara. Un hombre de unos cuarenta años. Pelo castaño, barba castaña. Nunca lo vi antes.
Andrea juró.
Me incliné, tratando de no hacer una mueca cuando mi pecho protestó, cogí la cabeza por el pelo, y le mostré la cara para Desandra.
Ella negó con la cabeza.
-Tal vez alguien en la sala sabe. ¿Por qué no vamos y preguntamos?
Andrea asintió con la cabeza en el suelo. ¿Algo de esa sangre es tuya?
-No importa ahora ¿verdad?- Hugh me había visto aquí en el castillo. Él pasó por un infierno de un montón de problemas para tenerme aquí. No lo habría hecho si no estuviera seguro de lo único que mi sangre le diría: que yo era la hija de su jefe.
-Supongo que no- dijo Andrea.
Fuimos por el pasillo, fuera de la rejilla.
-¿Qué vamos a hacer con Hugh?- preguntó Andrea.
-Nada, hasta que sepamos cuál es su plan.
-"¿Quién es Hugh?- preguntó Desandra.
-Alguien que ambas conocemos- dijo Andrea. Dimos la vuelta a la esquina, cruzamos otro pasillo. El ruido de la sala se estaba acercando.
De repente Desandra se detuvo. Se cubrió el vientre con las manos. Su expresión se aflojó.
-¿Qué pasa?- le pregunté.
-Alguien acaba de intentar matar a mis hijos.- Desandra parpadeó y vomitó en el suelo.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por angguille el Sáb Sep 28, 2013 2:06 am

Muchas Gracias,
Ahora ya no lo puedo dejar, por favor queremos mas, esta de lo mas emocionante.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Ebekah el Sáb Sep 28, 2013 11:38 am

Esto se pone cada vez mas interesante 
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por lulila el Dom Sep 29, 2013 4:14 pm

Gracias!!! Me encanta, seguir así
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Merry el Lun Sep 30, 2013 3:11 pm

¡ Es fantástico !cheers . Gracias. Me voy a quedar sin uñas esperando el siguiente capitulo bounce
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Sean SIMPATICOS soy nueva :)

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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Vie Oct 04, 2013 9:29 am

Bueno para calmar las ansias.

Capítulo 8
Traducido por Cara
Ranguitos para ella


                     
Entré en la gran sala, llevando la espada en una mano y una cabeza cortada en la otra. Todos a la vez, dejaron de hacer lo que estaban haciendo y se volvieron para mirarme. Las fosas nasales se dilataron, percibiendo el hedor de la sangre. La conversación murió.
Hugh me vio y se quedó inmóvil. O él era un estupendo actor o no tenía idea de lo que había sucedido.
Curran se levantó a medias en su asiento. Sabía exactamente lo que él estaba viendo. Hacía veinte minutos que había dejado el baño. Ahora jirones arrancados de mi vestido colgaban a mí alrededor,  empapados de rojo. La sangre manchaba mi cara y mis manos. Detrás de mí Andrea sostenía a Desandra, que estaba pálida como una hoja.
Levanté la cabeza. -¿A quién pertenece esto?
Se podía oír caer un alfiler.
-¿Quién es este hombre?
No hubo respuesta.
-Se convertía en una criatura felina con alas. Alguien tiene que conocerlo.
Un sonido lento, moderados aplausos rompieron el silencio. Jarek Kral me sonrió. -Bonita broma. Muy divertida.
Yo mataría a ese hombre antes de que esto se acabara.
-¿Conoces a este hombre?
Jarek abrió los brazos. -Nadie conoce a ese hombre. Puedes traernos esto y contarnos esa historia salvaje y qué se supone que debemos hacer? 
-Era un monstruo- dijo Andrea.
-Todos somos monstruos aquí.  ¿O lo has olvidado?- Jarek rio. Sus cambiaformas rieron.
Desandra gritó algo en un idioma que no entendí. Jarek soltó una respuesta burlona.
-Esta podría ser la cabeza de un sirviente por lo que sabemos.- Jarek se inclinó y miró a Curran. 

-Tal vez deberías decirle a tu mascota humana que pare de cortar cabezas del personal del castillo o no quedará ninguno vivo.
La gente se reía.
Piel gris se metió bajó los brazos de Curran y  se fundió.
-¿Qué?- Jarek se burló. -¿Qué, muchacho? ¿Vas a hacer algo?
Curran cerró sus manos sobre la mesa. Era una enorme mesa. Tenía que pesar una tonelada.
La mesa crujió y cayó al suelo.
Las risas murieron. La gente miraba, sus caras sin ninguna expresión.
Curran sostuvo la mesa con un pie por un largo segundo. Su rostro no se veía tenso.
Alguien hizo un sonido de asfixia.
Curran dejó caer la mesa, empujándola hacia un lado, hacia donde estaba Jarek.
-Gracias por tu hospitalidad- dijo. -Creo que hemos terminado de comer por hoy.
Dio un salto hacia abajo. Nuestro pueblo se levantó. Los condujo por el pasillo, luego envolvió su brazo a mí alrededor, y nos fuimos pitando de allí.
***
-¿Cómo lucía?- Preguntó Mahon.
 Dejamos a Desandra en  su habitación. Tía B y George decidieron pasar la noche allí. El resto de nosotros nos reunimos en nuestra habitación. En el momento en que Doolittle me vio, tuve que dejar que examinara mi costado. Entonces fui empujada, mis heridas fueron lavadas, y después él les cantó para la curación mágica.
-Alrededor de dos metros hasta el hombro, sin duda felino, cubierto de escamas de color ámbar. Las escamas eran realmente espesas y translúcidas, con bordes afilados. Tenía alas. Negué con la cabeza. -No tengo idea de lo que es. De lo que era.
Mahon miró a Andrea. -¿Tú lo viste?
-¿Estás  llamando a Kate mentirosa?- preguntó Barabas, con voz seca.
-Sí, yo lo vi- dijo Andrea. -Ella cortó su cuello con una cadena de plata. No fue una alucinación.
Doolittle terminó de cantar. ME sentí agradecida, frescor calmante se extendió por mi costado. -Como nueva.
-Gracias, doctor.
Los bordes de las heridas se habían pegado. Sin Doolittle, yo hubiera necesitado puntos de sutura.
-¿Alas?- preguntó Doolittle.
-Alas.
-¿Con plumas?
-Más o menos- le dijo Andrea. -Las plumas no estaban completamente formadas. Cada una era como un simple filamento, con un poco de pelusa en él.
Doolittle frunció el ceño. -Las escamas, que viste, le añadirían peso. . . 
-No tiene sentido- le dije. -Lo sé. Pero eso es lo que yo maté.
-El hecho de que tenga alas no significa que pueda volar- dijo Mahon. -Pueden ser vestigiales.
-Definitivamente no se veían bien- le dije.
Doolittle asintió. -Voy a probar en la cabeza.
Mahon miró a Curran. -Hablé con el Volkodavi y el Belve Ravennati en la cena. Ambos están convencidos de que Jarek quiere matar a su hija. Cuando originalmente prometió el paso, era uno de los cuatro caminos a través de las montañas. Han tenido algunos desastres naturales desde entonces. Ahora es uno de dos. Hará lo que sea para aferrarse a él.
-Demasiado obvio para Jarek- respondió Barabas. -Yo lo estudié y le gusta echar la culpa a alguien más. Él habría usado un lince o un lobo, de ese modo él señalaría a una de las otras manadas. Dos pájaros de un tiro. En su lugar, utilizaron algo que nadie ha visto antes.
-La pregunta es ¿por qué?-dijo Keira. -Jarek sigue siendo el único con un motivo obvio. Si Desandra muere, él no tiene que renunciar al paso.
-Si ella muere, él puede decir adiós a su oportunidad de besar a sus nietos- dijo Barabas.
-Las otras dos manadas lo odian- dijo Mahon. -Si Desandra da a luz, no se le permitirá tener a los niños. Él puede valorar mantener el paso más.
-Basta ya- dijo Curran.
Se quedaron en silencio.
-Estamos en alerta máxima- dijo. -Muévanse en grupos. Cierren las puertas. Nadie se va o se queda en ninguna parte solo. Si tenéis que usar el baño a media noche, despertad a todo el mundo y  van todos de la mano.
-Tenemos que tener una reunión por la mañana- les dije. -Tenemos que establecer los turnos de guardia y elaborar un calendario. Nos vemos en el cuarto de Doolittle a las ocho.
-A las nueve- dijo Curran. -Ahora ella necesita descansar.
Los demás salieron de la habitación. Él la atrancó y se agachó a mi lado. -¿Una ducha?
-Por favor.
Desapareció en el cuarto de baño. El sonido del agua era como un susurro de los cielos. De repente me sentí tan cansada. Arrastré mis pies hasta el cuarto de baño. Una ducha me esperaba, una casilla de azulejos, medio oculta por una cortina púrpura colgando de una barra curvada. Vapor se levantaba de los azulejos. Tiré de la cremallera de mi vestido. Estaba atascada.
Curran se acercó. Sus cuidadosas manos tocaron mis hombros. Se escuchó el sonido de la tela rasgándose y los jirones del vestido cayeron ondeando.
-Gracias.
Me deshice de mi ropa interior en ruinas, desabroché mi sostén, que cayó al suelo, y entré en la ducha. La lluvia  caliente de la ducha cayó sobre mí. Agua roja se arremolinaba a mis pies. Cerré los ojos y me puse bajo el agua. Inhale, exhale. La lucha había terminado. Todo el mundo había sobrevivido. La guerra acababa de empezar.
Revisé mi costado. Doolittle era un hacedor de milagros. Las heridas superficiales ya estaban cerrando y rayas de piel más pálida cruzaban mi bronceado. Cogí champú y lo froté en mi pelo hasta sacar espuma. Olía a jazmín. Tomé una manopla y comencé a frotar: cuello, pecho, estómago, hombros. . .
Curran se extendió por encima de mi hombro. Me di cuenta de que estaba desnudo, de pie en la ducha conmigo.
Tomó la manopla de mis dedos y frotó mi espalda. El agua salpicaba sobre nosotros. Cerró sus brazos a mí alrededor y sentí su cuerpo musculoso deslizarse contra mi espalda. En todo el mundo, no había mejor lugar que estar envuelta en él.
Sus brazos estaban tensos. La tensión vibraba en sus músculos, como una corriente eléctrica bajo la piel.
Me volví en sus brazos. Apoyó la frente en la mía. Cerré los ojos. Ser atacado por bestias extrañas yo podía manejarlo. Estar en la misma habitación con Hugh. . .
-Una palabra- susurró, con la voz tensa por la ira reprimida. -Di una sola palabra, y voy a destrozarlo. No va a ver salir el sol.
Lo miré a los ojos y supe que lo haría. Saldría de la ducha, cambiaría de forma, y lucharía con Hugh hasta que uno de ellos dejase de respirar. Si yo estaba a su lado, él lucharía con Hugh, así yo sería libre, y si yo salía corriendo, iba a pelear con él para que yo pudiera escapar. Nadie en mi vida me había amado tanto.
Y por mí y Hugh, y debido a Jarek, ahora Curran estaba atrapado conmigo en este castillo. Furia hervía en mi interior.
-No- me obligué a decir. -Todavía necesitamos la panacea.
Curran  apretó sus dientes.
Yo quería ir a casa. Yo quería volver a la Fortaleza. Me cortaría el brazo para teletransportarnos  a todos nosotros de nuevo allí y olvidar que alguna vez llegamos aquí. La frustración creció en mi interior, alimentada por el miedo y la ira. No había absolutamente nada que pudiera hacer al respecto ahora. Correr y luchar con Hugh, se sentiría genial, y condenaría a todos los que vinieron con nosotros y  a todos los que se quedaron en casa.
Puse mi cabeza en su hombro. Mis manos se apretaron en puños por su cuenta.
Me abrazó. -Lo sé- dijo. -Lo sé.
Nos quedamos así durante mucho tiempo, el agua de la ducha cayendo sobre nosotros. Poco a poco, me di cuenta de que mis pechos se apretaron contra él, que él estaba duro y que los dos estábamos desnudos.
Me incliné y besé  a Curran, le lamí en el punto sensible bajo su mandíbula. Mi lengua saboreó la barba rasposa. Mi cuerpo  se puso atento, de pronto siendo consciente y regocijándose en el hecho de que estaba viva. Acaricié su rostro, deslizándome contra la marea negra, en la dura pared de su pecho.
Un bajo sonido masculino salió de él, frustración y necesidad, todo en uno. -¿Te duele el costado?- Susurró.
Lo quería tan desesperadamente. Necesitaba estar en ese lugar donde sólo los dos podíamos estar y nada excepto el amor existía. Sentía como que si no pudiera tenerlo, yo iba a estallar. Negué con la cabeza y la besé en la boca, con los ojos abiertos, y vi el preciso momento en que dejó de contenerse. Sus labios se cerraron sobre los míos. Su lengua se deslizó en mi boca. El sabor de él, el sabor ahumado, varonil, era embriagador. Mi cuerpo se disparó a toda marcha. Cada célula se centró en él, gritando: ¡Más, más, más! Sentí sus manos acariciando mi espalda, saboreando su boca, sentí cada centímetro duro de él presionado contra mí. Deslicé mi mano hacia abajo y acaricié su caliente longitud.
Él hizo un ruido áspero, un gruñido nacido del placer.
Dios mío, tenía  que tenerlo en ese momento o me pondría a llorar.
-Te deseo tanto- susurró.
Abrí mis brazos.
Nuestra furia, nuestra preocupación, nuestra frustración y nuestra necesidad chocaron. Él me alzó y me colocó en sus caderas, sus manos debajo de mi culo. Me sentí tan viva. Cerré mis piernas alrededor de él. Los músculos de sus hombros se hincharon bajo mis dedos, fuertes como cables de acero. Él me miraba, sus ojos grises luminiscentes con chispas de oro y llenos de pura dicha, honestamente necesitaba eso y me sentí mareada.
Me besó en la garganta, avivando el fuego dentro de mí. Me eché hacia atrás y dejé que me besara más.  Lamió mis pechos, chupando mis pezones. La sacudida de deseo latía dentro de mí, líquida y eléctrica, y cuando él se clavó dentro de mí, caliente y duro, ya no me importaba nada más que él. Yo no quería pensar. Sólo quería sentir su toque.
Mi espalda apoyada contra los fríos azulejos. Se deslizó dentro de mí una y otra vez, bombeando a un ritmo suave dentro del calor líquido. Un anhelo fue creciendo dentro de mí, cada embestida enviando un pulso de placer resbaladizo a través de mí,  que me impulsaba más y más alto. Mis pezones estaban tan apretados, que me dolían. Mis piernas temblaban. Mis articulaciones se volvieron líquidas. La anticipación crecía dentro de mí, como una marea que amenazaba con  llegar a la cresta. Él empujó otra vez. La dicha explotó dentro de mí. La ola llegó a la cresta y me ahogó de placer, cada contracción de mi orgasmo un éxtasis en sí mismo. Grité. Un momento después, gruñó y se vació él mismo dentro de mí.
-Me vuelves loco- me dijo.
Mira quien habla.
***
Cinco minutos más tarde, de nuevo lavados y cansados, salimos de la ducha. Curran se tumbó en la cama. Yo me obligué a mí misma a vestirme- ya que podríamos terminar saltando de la cama directamente en una pelea y  después me desplomé a su lado. Sobre nosotros el absurdo dosel púrpura se movía suavemente en la brisa de la noche. El viento frío se sentía bien en mi piel.
Se volvió sobre su costado, me abrazó y me susurró al oído, en voz tan baja que pensaba que yo lo imaginaba. -Lo dije en serio. Una palabra y nunca volverás a ver su cara otra vez. Por la mañana, este castillo será una hoguera y nosotros navegaremos a casa. 
Tenía que hablar con cuidado. La gente nos escuchaba. Le susurré. -Si navegamos por la costa suroeste, pasaremos por las ruinas de Troya. ¿Recuerdas la historia de Paris y Helena? 
-Sí- dijo.
Hijo predilecto de Troya y rudo arquero, París, había navegado a Esparta. Él llegó bajo una bandera de tregua. El rey espartano lo trató como a un invitado de honor, y luego París robó la esposa del rey, Helena, y vació su tesoro. En realidad, nadie supo si él secuestró a Helena o si ella se fue con él. Su marido podría haberla amado o golpeado todos los días. Pero Grecia entera se unió contra París. Al final, Troya era una ruina humeante.
Besé su mandíbula. -El arco y la flecha nunca fueron lo tuyo.
Apretó los dientes, haciendo que los músculos de su mandíbula se abultaran.
Prometimos ser imparciales. Vinimos en son de paz. Si rompemos esa paz y comenzamos un baño de sangre, conseguiremos un baño de sangre a cambio. Nadie lo vería como un acto de un hombre tratando de salvar a la mujer que ama del señor de la guerra de su padre. Las manadas Europeas lo convertirían en un acto de traición de un hombre que no podía soportar ser insultado.
Atacar a Hugh sería un acto de guerra. Por no hablar de que no estaba cien por ciento segura de que, incluso si los dos le combatíamos, podríamos sobrevivir a la pelea. Cualquiera que fuera el resultado, Roland tendría una excusa para quemar la Fortaleza hasta el suelo. Él ya había visto la manada de Atlanta como una amenaza, y esto sería la sabrosa guinda-masacre del pastel. En el momento en que llegamos a casa, nos preocupaba que las personas que conocíamos estuvieran muertas.
-Lo siento- le susurré. -Lo siento mucho.
-¿Por qué?
-Porque esto es por mi culpa.- Yo era la razón por la que todos estábamos atrapados allí. No lo causé, pero yo era la razón de ello.
Me atrajo hacia él y me apretó. -Tú eres digna de la lucha- dijo en mi oído.
No tenía ni idea de lo mucho que lo amaba.
-Todos nos ofrecimos como voluntarios- susurró. -Y sin ti, no tendríamos ninguna oportunidad por la panacea. La necesitamos desesperadamente.
Nos quedamos en silencio. Durante un largo momento simplemente disfrutando de estar a su lado. Si sólo esto pudiera durar. . .
-Él no me ha atacado a la vista- le susurré. -Eso significa que querrá hablar conmigo.

-No- dijo Curran. -No a solas.
-Tarde o temprano esa conversación tiene que suceder. Si él planeara matarme, ¿por qué pasar por todo este problema? Sabía dónde estaba. Podría tan solo poner un francotirador en el tejado en la calle desde el filo y meterme una bala en la cabeza mientras abría la oficina. 
Curran exhaló su frustración. -Voy a hacer todo lo posible para mantenerte a salvo.
-Lo sé- le susurré. -Y voy a hacer lo mismo por tí.
No deberíamos haber venido aquí. Cerré los ojos. Tenía que dormir. Mañana será otro día, otra pelea. Mañana Hugh se acercaría a mí y tenía que ser fuerte. Una vez que me diera cuenta de cuál era su punto de vista, las cosas serían mucho más simples.


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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por angguille el Vie Oct 04, 2013 11:28 am

Muchas Gracias,
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Ebekah el Vie Oct 04, 2013 2:05 pm

Gran trabajo chicas 
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por lulila el Lun Oct 07, 2013 1:33 am

Gracias!!!!!!
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Merry el Lun Oct 07, 2013 2:42 am

Gracias, un gran trabajo.   

Esto se está poniendo muy interesante. Twisted Evil
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Lun Oct 07, 2013 11:48 am

Chicas se alguien sabe de Kabapa avisénle que le mandé MP.

El capi que sigue es de ella.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Mar Oct 15, 2013 6:58 am

Bueno al fianl lo estoy haciendo yo, como no estaba en mis planes la cosa se ha complicado pero aqui está la primera parte



CAPÍTULO 9

Abrí los ojos. La magia estaba abajo y Curran se había ido. El reloj marcaba las siete y diez. Un montón de tiempo para vestirse y llegar al cuarto de Doolittle a tiempo para la reunión.

Una plato me esperaba en la mesa, cubierto con un pedazo de papel. La nota decía en los garabatos ásperos de Curran, que fue a hablar con Mahón. Las manadas quieren reunirse para "discutir cuestiones”. No te olvides de comer.

Bajo el papel, el plato contenía dos huevos y un pedazo tamaños león de jamón. Me comí un tercio de él, me lavé los dientes, me puse mis jeans , y sujeté mi espada. Nuevo día, nueva batalla.

Nuestras bolsas se habían traído de la nave. Busqué a través de ellos y saqué mi ejemplar destartalado del Almanaque de criaturas mitológicas . Había leído de principio a fin tantas veces que yo había memorizado páginas enteras , pero a veces mirarlo me ayudó a conectar los puntos.

Nunca había oído hablar de cambiaformas que se convierten en gatos alados, pero como el 
Lyc-V estaba presente en la sangre, lo más probable es que el mecanismo de la transformación fuese el mismo: que el virus infecte a una criatura y luego esta infecte a un humano. El primer paso consistía en averiguar qué criatura era.

Gatos con alas no eran el motivo más común en la mitología, pero sí había habido. Freja, una diosa nórdica, tenía un carro que recorría el cielo tirado por dos gatos gigantes, Brygun y Trejgun, los que probablemente tenían alas. Eran azules y no naranjas y no cambiaban de forma. La esfinge era un felino con alas y con cola de serpiente, y también tenía un rostro de mujer. Tenía el poder de la palabra, y de nuevo, sin escamas. Los grifos tenían cabezas de águila, por lo que podría descartarlos. He visto un mantícora, y no era una.

Busqué dentro de las bolsas, en busca de más libros. El bestiario heráldico me informó que un león alado era el símbolo de San Marcos en Venecia. Eso no ayudaba precisamente, a menos que Lorelei haya ido a Venecia y haya traído una pandilla de gatos alados depredadores para matarnos a todos y secuestrar a Curran.

Chico, realmente logró meterse conmigo.

No, era el león de San Marcos, lo más probable era una referencia a los cuatro profetas de Ezequiel. Mateo fue retratado como un ser humano, Marcos, como un león, Lucas como un toro, y Juan como un águila. Comprobé el Apocalipsis, siempre era bueno para todo tipo de bestias extrañas.

Algo me fastidiaba. Me concentré en él. Apocalipsis. Para entender realmente el Apocalipsis, uno tenía que leer el libro de Daniel. En algún momento debo haber encontrado algo en el libro de Daniel que era relevante para esto, porque mi cerebro me decía que lo mirase.

Vamos a ver: Corán, mitología de los pueblos del Cáucaso. . . Tenía que haber empaquetado una Biblia. Sé que lo hice.

Dí vuelta la bolsa. Los libros se esparcieron por el suelo. Una pequeña y verde edición de la Biblia se dejó caer. Te tengo.

Me senté en el suelo y dí la vuelta  las páginas. Estaba tan concentrada que cuando finalmente lo encontré, me quedé mirando por unos segundos para asegurarme de que realmente estaba ahí. Estaba en el capítulo siete, donde Daniel describía algunas bestias mágicas en uno de sus sueños proféticos.

La primera era como un león, y tenía alas de águila: Yo estaba mirando hasta que sus alas fueron arrancadas, y fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies a manera de hombre, y le fue dado el corazón de un hombre.

Se me erizó el pelo del cuello.

Un cambiaformas. Un cambiaformas felino con alas, que tenía la capacidad de transformarse en un hombre.

Me devanaba los sesos tratando de recordar lo que sabía acerca de Daniel. Era un noble judío que, junto con otras tres personas, habían sido llevados a Babilonia alrededor del año 600 antes de Cristo para servir como consejero en la corte del rey babilonio Nabucodonosor II, cuyo principal reclamo en la fama histórica era la construcción de los Jardines Colgantes. Daniel tenía muchos sueños proféticos y apocalípticos y por todas las cuentas vivió hasta una edad muy avanzada, logrando sobrevivir a la tóxica política de Babilonia.

¿Qué podría posiblemente haber encontrado Daniel en Babilonia para tener esta visión? Las criaturas sólo remotamente similares eran los asirios lamassu, pero no hay registros de que sean cambiaformas. El Imperio Asirio estaba en una región que conocía bien. La antigua Asiria, Babilonia y Nínive todas estaban ahí mucho antes de la historia. Eran las flores que crecían en el cementerio donde estaba el cadáver del otrora poderoso imperio de mi padre.

El reloj indicaba que casi era la hora de la reunión. Tendría que volver a ello más tarde. Apilé mis libros en un rincón de la habitación, tomé la Biblia y el almanaque, me fui directa hacia la habitación de Doolittle, y golpeé los nudillos a la puerta.

-¡Entra!- grtó Eduardo.

Abrí la puerta. Una gran sala se extendía ante mí, practicamente tan grande como la suite de Desandra. Dos puertas estaban abiertas, una a la izquierda que conducía a un dormitorio y la otra a la derecha daba a un cuarto de baño. Las dos mesas de la izquierda se habían fijado en la forma de una L. Con viales de vidrio y vasos de presipitados. Doolittle estaba sentado en la esquina de la L mirando a través de un microscopio. A la derecha, dos sillones de felpa de gran tamaño flanqueaban una mesa de café. Derek se sentaba en el más cercano, sosteniendo cartas en la mano. Las había juntado en una sola pila. Frente a él Eduardo descansaba, teniendo junto a él a lo largo de un sofá. Tenía las cartas en un amplio abanico.

- ¿Qué quieres decir, con entra? Ni siquiera sabes quién soy.

-Por supuesto que sabemos quién eres- dijo Derek.

-Te olí al venir- dijo Eduardo.

La vida con hombres lobo. ¿Por qué yo?

Me dejé caer en una silla junto a la mesa de Doolittle.

Él me miró. Un par de gafas descansaban en su nariz.

-¿Por qué llevas gafas? ¿El Lyc - V no te da visión 20/20? -le pregunté .

Doolittle tocó sus gafas. -Sí , pero estas me dan 22.

Su voz, con sus matices de la costa de Georgia me dio tanta nostalgia, que casi lo abracé.

-¿Cómo está la cabeza? 

-Fragante. Doolittle abrió un refrigerador que estaba sentado a su lado. Dentro la cabeza cortada descansaba, envuelta en plástico y medio sumergida en hielo.

-¿Cualquier cosa?

Doolittle se echó hacia atrás. -Es un cambiaformas. La sangre reacciona a la plata y muestra la presencia de Lyc - V.

-¡Ajá! Así que no estoy loca.

-Tú estás definitivamente loca- dijo Derek. -Pero de una manera desquiciadamente, entrañable. 

Eduardo resopló.

-No me hagas ir hasta ahí.  Miré a Doolittle.

-Están traviesos esta mañana -me dijo. -Desafortunadamente mis recursos aquí son limitados. No tengo acceso a cualquiera de los métodos de secuenciación genética que tengo en casa.

Había más que eso, podía sentirlo. -¿Pero? 

-Pero tengo la prueba Bravinski - Dhoni. 

-Nunca he oído hablar de eso. 

Doolittle asintió con una pequeña sonrisa. -Eso es porque no es muy útil en circunstancias normales. No es precisa. No obstante, es muy fiable.

Empujó un bastidor de madera con tubos de ensayo hacia mí. Cada uno estaba medio lleno de sangre. Una pequeña etiqueta identificaba cada tubo de ensayo: oso, lobo, bison, hiena, mangosta, chacal, Lince, tejón, león, y rata.

La mayoría de ellas probablemente vinieron de nuestro equipo. -¿De dónde sacaste el chacal , el lince, y la rata?

-Los locales -dijo Eduardo.

-Hibla se molestó -explicó Derek. -Cuando tu luchaste, alguien desplegó una puerta que cerraba el pasillo. El mecanismo de la puerta estaba siendo custodiado.

-Déjame adivinar, el guardia local fue asesinado de una manera horrible. 

-Probablemente -dijo Derek. -El cuerpo no se encuentra, pero había una gran cantidad de sangre. Hibla quiere saber lo que está pasando.

Doolittle cogió una pipeta y la sumergió en el tubo de ensayo para lobo. -La esencia de la prueba se basa en las propiedades de asimilación del Lyc - V . Cuando nos enfrentamos a un nuevo ADN, busca incorporarse.

Destapó el tubo de ensayo de oso y dejó dos gotas de la pipeta caer dentro. La sangre se volvió negra, se arremolinaba y se disolvía .

-Asimilada -supuse. El Lyc - V había destruido el ADN extraño.

-Precisamente.- Doolittle cogió un tubo de ensayo marcado como Oso II. -La sangre en el tubo de ensayo es de Georgetta, pero la sangre delante de ti es de su padre. 

Aspiró un par de gotas del tubo de ensayo de George y los dejó caer en la sangre de Mahon. No ocurrió nada.

-La misma especie.

-¿Pero, ¿podría la diferencia con el ADN humano afectarlo?

-Lo hace, pero no verás una reacción dramática.- Doolittle se inclinó hacia delante. -Hemos probado la sangre del hombre que mataste contra todos estos. Todos y cada uno dieron una reacción.

-¿Incluso el lince y el león?

Doolittle asintió. -Sea lo que sea, puede parecer felino, pero no lo es. Si lo es, su ADN es significativamente diferente al del lince o al león.

-Entonces, ¿hacia dónde vamos desde aquí? 

-Tratamos de conseguir más muestras -dijo Doolittle.

Eso sería problemático, por decir lo menos. Traté de imaginarme caminando hacia los Volkodavi o los Belve Ravennati y decirles: -Hola, sospechamos que uno de los suyos podría ser un monstruo terrible, ¿podemos tomar un poco de su sangre?.

Si. Ellos simplemente se arrodillarían para donar una muestra.

-Yo podría pelear -dijo Derek. -Obtener un poco de sangre de esa manera. 

-Sin peleas. No empezamos nada. Sólo reaccionamos.

-Eso es exactamente lo que dije. -Doolittle posó su mirada fija en Derek.-Además, Kate, si  encuentras otra muestra, trata de manterner vivo a él o ella hasta que yo llegue.

Ja, ja. -Lo haré, doctor. Me toca a mí.- Abrí la Biblia y le mostró el versículo de Daniel.

Doolittle leyó, levantó las gafas sobre su frente, y leyó de nuevo. -He leído la Biblia cientos de veces. Yo no recuerdo haber leído esto.

-No lo estabas buscando. 

Derek se acercó y leyó el versículo.

Les conté brevemente la historia de Daniel. -Las bestias en el sueño de Daniel suelen interpretarse en el sentido de reinos, en este caso Babilonia, que con el tiempo caerá de su gloria. Pero si se toma literalmente, podría significar un cambiaformas.

-¿Hubo gatsos alado en Babilonia?- preguntó Doolittle.

-Los únicos que estaban cerca eran los Lamassu -les dije. –Los Lamassu servian como guardianes en la antigua Asiria. Asiria abarcaba cuatro países modernos: el sur de Turquía, Irán occidental y el norte de Irak y Siria. A los Asirios les gustaba guerrear, y pelearon contra Babilonia, Egipto, y casi todo el mundo que podían conquistar razonablemente en la antigua Mesopotamia, alrededor de dos mil años. Cerca de seiscientos A.C, los babilonios, sumerios y escitas, todas las naciones que alguna vez habían pagado tributo a Asiria, finalmente se juntaron y se despidieron . No tenemos muchos registros de los asirios. Dejaron algunas ciudades en ruinas y relieves de piedra que representan cosas divertidas como empalamientos de pueblos enteros subyugados y paseos en carruajes para cazar leones.

-Gente divertida, los antiguos asirios -dijo Derek. -Cazanan, cantaban, bailaban, y empalaban personas. 

Un chiste. Por último. -Más o menos. También construyeron a los Lamassu, estatuas de piedra maciza que custodiaban la puerta de la ciudad y las entradas a los palacios asirios.

Abrí el Almanaque y les mostré la foto de las estatuas colosales. -Cara barbuda humana, cuerpo de león y toro, y con alas.

-¿Por qué cinco patas? -preguntó Doolittle .

-Es conceptual: desde la parte frontal el lamassu parece estar parado, pero desde el lado parece caminar. Aquí hay una cosa interesante: Asiria, no estaba tan lejos de aquí, alrededor de mil seicientos kilómetros al suroeste en línea recta. Son más de mil kilómetros de montañas y caminos terribles, pero en términos nacionales, la antigua Asiria y la antigua Cólquida eran prácticamente vecinas.

Derek frunció el ceño ante la imagen.

-Pero tienen rostros humanos -dijo Eduardo. -Y sin escamas. 

Asentí con la cabeza. -Y eso es un problema. También hay docenas de teorías en cuanto a quién o qué representa los Lamassu, pero ninguna de ellas dice que eran malas, o que se comían a las personas. Ellos eran vistos como guardianes benevolentes. La gente ha encontrado amuletos de Lamassu con hechizos protectores sobre ellos, y los asirios modernos todavía tienen sus imágenes en sus casas.

Doolittle estudió la imagen. -Mostrar a una criatura con cinco patas demuestra comprensión en lugar de la observación. 

-¿Qué quieres decir con comprensión?

-No sólo tiene que seguir el modelo natural y hacer exactamente lo que observaron -dijo Doolittle. -Ellos entendieron la diferencia entre la percepción y la realidad, y retrataron un concepto en lugar de copiar exactamente lo que podían ver. 

Doolittle tomó un pedazo de papel y un lápiz y comenzó a dibujar. -Cuando nacemos, comenzamos con el pensamiento concreto. Nosotros percibimos sólo lo que vemos y oímos.-  Él nos mostró el pedazo de papel. En el una paloma se elevaba por encima de una jaula rota.

-¿Qué ves?"

-Un pájaro que vuela lejos de una jaula rota -dijo Derek.

-¿Qué simboliza?

-La libertad -me dijo.

-¿Qué más?

-Escapar -dijo Eduardo .

Doolittle se volvió hacia Derek.

-Dejar lo seguro para poder ser más -dijo Derek. -La jaula es lo que conoce el pájaro, el cielo es todo lo que quiere conocer, incluso si es un riesgo. 

-¡Ah! -Doolittle levantó el dedo índice. -Todos esos son ejemplos de pensamiento abstracto. Toda nuestra cultura está basada en la idea de que un mismo concepto puede tener muchas interpretaciones diferentes. Animamos activamente el desarrollo de esta habilidad, ya que nos ayuda a resolver nuestros problemas de nuevas maneras. Así lo hicieron los antiguos asirios, al parecer. Al mirar el Lamassu, tenemos que considerar no sólo lo que es, sino todo lo que puede representa. No podemos llevarlo a su valor nominal.

La pregunta del millón de dólares era, ¿qué representa un toro con escamas, rostro humano y alas?

Un golpe sonó y Andrea y Rafael entraron en la habitación. Keira acechaba detrás de ellos y le  hizo un guiñada a Eduardo.

-Deja de hacer eso -le dijo Eduardo.

Me incliné hacia Doolittle: -¿Qué crees que representa?

-Déjame pensar en ello -dijo.

Barrabas fue el último en llegar. Nos faltaban Curran y Mahón, y la tía B y George, que custodiaban a Desandra. Tendría servir.

-A Desandra no le va bien con los hombres -les dije. -Tenemos que tener una mujer con ella en todo momento. Estoy pensando en tres turnos, dos personas por turno. De medianoche a ocho, de ocho a cuatro , y de cuatro a medianoche. ¿voluntarios?

Raphael levantó la mano. –Tomamos de ocho a cuatro. 

-Puedo tomar de cuatro a medianoche -le dije. -Necesito un compañero. 

Derek levantó la mano. Perfecto.

-Voy a tomar el de medianoche hasta las ocho -dijo Keira. -No me importa dormir en la habitación y hablé con George anoche. Vamos a trabajar bien juntas. 

-¿Y yo qué ? -preguntó Eduardo.

-Tú y nuestro buen doctor están unido por la cadera por el resto de nuestra estancia aquí -le dije. -Tengo la sensación de que Curran estará ocupado. 

-L o estará confirmó Barrabas. -Tengo varias solicitudes de reuniones con él. Es un árbitro, por lo que las manadas probablemente lo quieran allí a la hora de decidirse a hablar. 

-Eso nos deja contigo, Mahón, y la tía B -le dije. -Voy a hablar con los dos y ver si les importaría que actuar como refuerzo en caso de que necesitemos ayuda adicional, doce horas de guardia con doce horas de descanso. Instrucciones las mismas que anoche hasta nuevo aviso: que no van a ninguna parte solos, no tomamos riesgos, y sobre todo, no nos permitimos a nosotros mismos ser provocados. Una última cosa: la persona más peligrosa en este castillo no es Jarek Kral o cualquiera de los otros alfas. Es Megobari.

Keira enarcó las cejas.

-Lo ha visto pelear conmigo -le dije. -No puedo explicar por qué ahora, porque es complicado y estamos siendo escuchados, pero digo esto con cada onza de credibilidad que tengo: es extremadamente peligroso. Él tiene los medios y la capacidad de matar a todas las personas en esta sala y lo hará sin ninguna duda. No lo subestimen.

Si las criaturas con las que luchamos fueron de hecho Lamassu, Roland sabe acerca de ellos. Incluso podría haberlos utilizado, lo que significaba que Hugh podría usarlos también. No tenía ni idea de con qué fin. Pero me gustaría saberlo.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por angguille el Mar Oct 15, 2013 11:17 am

Muchas Gracias por salvar todos los inconvenientes.
Sois lo mejor todos los que colaborais en este proyecto
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por iseult el Miér Oct 16, 2013 11:44 am

Kuroneko, no me funcionan los mps. He podido leerte pero no responder. Mail?
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Merry el Miér Oct 16, 2013 1:04 pm

kuroNeko, muchas gracias. Se agradece que el ritmo de capítulos no tenga grandes parones.

iseult, tengo el mismo problema. Si sabes cual es el fallo y como solucionarlo deja algún mensaje por aquí que sigo el tema.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por iseult el Miér Oct 16, 2013 3:56 pm

Merry, empezó a suceder después de actualizaciones de Firefox, no sé si coincidencia o no. No se arreglarlo, lo siento.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por lulila el Vie Oct 18, 2013 1:06 pm

Muchísimas gracias!!!! Eres un sol
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Vie Oct 25, 2013 5:54 pm

CAPÍTULO 9

Abrí los ojos. La magia estaba abajo y Curran se había ido. El reloj marcaba las siete y diez. Un montón de tiempo para vestirse y llegar al cuarto de Doolittle a tiempo para la reunión.

Una plato me esperaba en la mesa, cubierto con un pedazo de papel. La nota decía en los garabatos ásperos de Curran, que fue a hablar con Mahón. Las manadas quieren reunirse para "discutir cuestiones”. No te olvides de comer.

Bajo el papel, el plato contenía dos huevos y un pedazo tamaños león de jamón. Me comí un tercio de él, me lavé los dientes, me puse mis jeans , y sujeté mi espada. Nuevo día, nueva batalla.

Nuestras bolsas se habían traído de la nave. Busqué a través de ellos y saqué mi ejemplar destartalado del Almanaque de criaturas mitológicas . Había leído de principio a fin tantas veces que yo había memorizado páginas enteras , pero a veces mirarlo me ayudó a conectar los puntos.

Nunca había oído hablar de cambiaformas que se convierten en gatos alados, pero como el 
Lyc-V estaba presente en la sangre, lo más probable es que el mecanismo de la transformación fuese el mismo: que el virus infecte a una criatura y luego esta infecte a un humano. El primer paso consistía en averiguar qué criatura era.

Gatos con alas no eran el motivo más común en la mitología, pero sí había habido. Freja, una diosa nórdica, tenía un carro que recorría el cielo tirado por dos gatos gigantes, Brygun y Trejgun, los que probablemente tenían alas. Eran azules y no naranjas y no cambiaban de forma. La esfinge era un felino con alas y con cola de serpiente, y también tenía un rostro de mujer. Tenía el poder de la palabra, y de nuevo, sin escamas. Los grifos tenían cabezas de águila, por lo que podría descartarlos. He visto un mantícora, y no era una.

Busqué dentro de las bolsas, en busca de más libros. El bestiario heráldico me informó que un león alado era el símbolo de San Marcos en Venecia. Eso no ayudaba precisamente, a menos que Lorelei haya ido a Venecia y haya traído una pandilla de gatos alados depredadores para matarnos a todos y secuestrar a Curran.

Chico, realmente logró meterse conmigo.

No, era el león de San Marcos, lo más probable era una referencia a los cuatro profetas de Ezequiel. Mateo fue retratado como un ser humano, Marcos, como un león, Lucas como un toro, y Juan como un águila. Comprobé el Apocalipsis, siempre era bueno para todo tipo de bestias extrañas.

Algo me fastidiaba. Me concentré en él. Apocalipsis. Para entender realmente el Apocalipsis, uno tenía que leer el libro de Daniel. En algún momento debo haber encontrado algo en el libro de Daniel que era relevante para esto, porque mi cerebro me decía que lo mirase.

Vamos a ver: Corán, mitología de los pueblos del Cáucaso. . . Tenía que haber empaquetado una Biblia. Sé que lo hice.

Dí vuelta la bolsa. Los libros se esparcieron por el suelo. Una pequeña y verde edición de la Biblia se dejó caer. Te tengo.

Me senté en el suelo y dí la vuelta  las páginas. Estaba tan concentrada que cuando finalmente lo encontré, me quedé mirando por unos segundos para asegurarme de que realmente estaba ahí. Estaba en el capítulo siete, donde Daniel describía algunas bestias mágicas en uno de sus sueños proféticos.

La primera era como un león, y tenía alas de águila: Yo estaba mirando hasta que sus alas fueron arrancadas, y fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies a manera de hombre, y le fue dado el corazón de un hombre.

Se me erizó el pelo del cuello.

Un cambiaformas. Un cambiaformas felino con alas, que tenía la capacidad de transformarse en un hombre.

Me devanaba los sesos tratando de recordar lo que sabía acerca de Daniel. Era un noble judío que, junto con otras tres personas, habían sido llevados a Babilonia alrededor del año 600 antes de Cristo para servir como consejero en la corte del rey babilonio Nabucodonosor II, cuyo principal reclamo en la fama histórica era la construcción de los Jardines Colgantes. Daniel tenía muchos sueños proféticos y apocalípticos y por todas las cuentas vivió hasta una edad muy avanzada, logrando sobrevivir a la tóxica política de Babilonia.

¿Qué podría posiblemente haber encontrado Daniel en Babilonia para tener esta visión? Las criaturas sólo remotamente similares eran los asirios lamassu, pero no hay registros de que sean cambiaformas. El Imperio Asirio estaba en una región que conocía bien. La antigua Asiria, Babilonia y Nínive todas estaban ahí mucho antes de la historia. Eran las flores que crecían en el cementerio donde estaba el cadáver del otrora poderoso imperio de mi padre.

El reloj indicaba que casi era la hora de la reunión. Tendría que volver a ello más tarde. Apilé mis libros en un rincón de la habitación, tomé la Biblia y el almanaque, me fui directa hacia la habitación de Doolittle, y golpeé los nudillos a la puerta.

-¡Entra!- grtó Eduardo.

Abrí la puerta. Una gran sala se extendía ante mí, practicamente tan grande como la suite de Desandra. Dos puertas estaban abiertas, una a la izquierda que conducía a un dormitorio y la otra a la derecha daba a un cuarto de baño. Las dos mesas de la izquierda se habían fijado en la forma de una L. Con viales de vidrio y vasos de presipitados. Doolittle estaba sentado en la esquina de la L mirando a través de un microscopio. A la derecha, dos sillones de felpa de gran tamaño flanqueaban una mesa de café. Derek se sentaba en el más cercano, sosteniendo cartas en la mano. Las había juntado en una sola pila. Frente a él Eduardo descansaba, teniendo junto a él a lo largo de un sofá. Tenía las cartas en un amplio abanico.

- ¿Qué quieres decir, con entra? Ni siquiera sabes quién soy.

-Por supuesto que sabemos quién eres- dijo Derek.

-Te olí al venir- dijo Eduardo.

La vida con hombres lobo. ¿Por qué yo?

Me dejé caer en una silla junto a la mesa de Doolittle.

Él me miró. Un par de gafas descansaban en su nariz.

-¿Por qué llevas gafas? ¿El Lyc - V no te da visión 20/20? -le pregunté .

Doolittle tocó sus gafas. -Sí , pero estas me dan 22.

Su voz, con sus matices de la costa de Georgia me dio tanta nostalgia, que casi lo abracé.

-¿Cómo está la cabeza? 

-Fragante. Doolittle abrió un refrigerador que estaba sentado a su lado. Dentro la cabeza cortada descansaba, envuelta en plástico y medio sumergida en hielo.

-¿Cualquier cosa?

Doolittle se echó hacia atrás. -Es un cambiaformas. La sangre reacciona a la plata y muestra la presencia de Lyc - V.

-¡Ajá! Así que no estoy loca.

-Tú estás definitivamente loca- dijo Derek. -Pero de una manera desquiciadamente, entrañable. 

Eduardo resopló.

-No me hagas ir hasta ahí.  Miré a Doolittle.

-Están traviesos esta mañana -me dijo. -Desafortunadamente mis recursos aquí son limitados. No tengo acceso a cualquiera de los métodos de secuenciación genética que tengo en casa.

Había más que eso, podía sentirlo. -¿Pero? 

-Pero tengo la prueba Bravinski - Dhoni. 

-Nunca he oído hablar de eso. 

Doolittle asintió con una pequeña sonrisa. -Eso es porque no es muy útil en circunstancias normales. No es precisa. No obstante, es muy fiable.

Empujó un bastidor de madera con tubos de ensayo hacia mí. Cada uno estaba medio lleno de sangre. Una pequeña etiqueta identificaba cada tubo de ensayo: oso, lobo, bison, hiena, mangosta, chacal, Lince, tejón, león, y rata.

La mayoría de ellas probablemente vinieron de nuestro equipo. -¿De dónde sacaste el chacal , el lince, y la rata?

-Los locales -dijo Eduardo.

-Hibla se molestó -explicó Derek. -Cuando tu luchaste, alguien desplegó una puerta que cerraba el pasillo. El mecanismo de la puerta estaba siendo custodiado.

-Déjame adivinar, el guardia local fue asesinado de una manera horrible. 

-Probablemente -dijo Derek. -El cuerpo no se encuentra, pero había una gran cantidad de sangre. Hibla quiere saber lo que está pasando.

Doolittle cogió una pipeta y la sumergió en el tubo de ensayo para lobo. -La esencia de la prueba se basa en las propiedades de asimilación del Lyc - V . Cuando nos enfrentamos a un nuevo ADN, busca incorporarse.

Destapó el tubo de ensayo de oso y dejó dos gotas de la pipeta caer dentro. La sangre se volvió negra, se arremolinaba y se disolvía .

-Asimilada -supuse. El Lyc - V había destruido el ADN extraño.

-Precisamente.- Doolittle cogió un tubo de ensayo marcado como Oso II. -La sangre en el tubo de ensayo es de Georgetta, pero la sangre delante de ti es de su padre. 

Aspiró un par de gotas del tubo de ensayo de George y los dejó caer en la sangre de Mahon. No ocurrió nada.

-La misma especie.

-¿Pero, ¿podría la diferencia con el ADN humano afectarlo?

-Lo hace, pero no verás una reacción dramática.- Doolittle se inclinó hacia delante. -Hemos probado la sangre del hombre que mataste contra todos estos. Todos y cada uno dieron una reacción.

-¿Incluso el lince y el león?

Doolittle asintió. -Sea lo que sea, puede parecer felino, pero no lo es. Si lo es, su ADN es significativamente diferente al del lince o al león.

-Entonces, ¿hacia dónde vamos desde aquí? 

-Tratamos de conseguir más muestras -dijo Doolittle.

Eso sería problemático, por decir lo menos. Traté de imaginarme caminando hacia los Volkodavi o los Belve Ravennati y decirles: -Hola, sospechamos que uno de los suyos podría ser un monstruo terrible, ¿podemos tomar un poco de su sangre?.

Si. Ellos simplemente se arrodillarían para donar una muestra.

-Yo podría pelear -dijo Derek. -Obtener un poco de sangre de esa manera. 

-Sin peleas. No empezamos nada. Sólo reaccionamos.

-Eso es exactamente lo que dije. -Doolittle posó su mirada fija en Derek.-Además, Kate, si  encuentras otra muestra, trata de manterner vivo a él o ella hasta que yo llegue.

Ja, ja. -Lo haré, doctor. Me toca a mí.- Abrí la Biblia y le mostró el versículo de Daniel.

Doolittle leyó, levantó las gafas sobre su frente, y leyó de nuevo. -He leído la Biblia cientos de veces. Yo no recuerdo haber leído esto.

-No lo estabas buscando. 

Derek se acercó y leyó el versículo.

Les conté brevemente la historia de Daniel. -Las bestias en el sueño de Daniel suelen interpretarse en el sentido de reinos, en este caso Babilonia, que con el tiempo caerá de su gloria. Pero si se toma literalmente, podría significar un cambiaformas.

-¿Hubo gatsos alado en Babilonia?- preguntó Doolittle.

-Los únicos que estaban cerca eran los Lamassu -les dije. –Los Lamassu servian como guardianes en la antigua Asiria. Asiria abarcaba cuatro países modernos: el sur de Turquía, Irán occidental y el norte de Irak y Siria. A los Asirios les gustaba guerrear, y pelearon contra Babilonia, Egipto, y casi todo el mundo que podían conquistar razonablemente en la antigua Mesopotamia, alrededor de dos mil años. Cerca de seiscientos A.C, los babilonios, sumerios y escitas, todas las naciones que alguna vez habían pagado tributo a Asiria, finalmente se juntaron y se despidieron . No tenemos muchos registros de los asirios. Dejaron algunas ciudades en ruinas y relieves de piedra que representan cosas divertidas como empalamientos de pueblos enteros subyugados y paseos en carruajes para cazar leones.

-Gente divertida, los antiguos asirios -dijo Derek. -Cazanan, cantaban, bailaban, y empalaban personas. 

Un chiste. Por último. -Más o menos. También construyeron a los Lamassu, estatuas de piedra maciza que custodiaban la puerta de la ciudad y las entradas a los palacios asirios.

Abrí el Almanaque y les mostré la foto de las estatuas colosales. -Cara barbuda humana, cuerpo de león y toro, y con alas.

-¿Por qué cinco patas? -preguntó Doolittle .

-Es conceptual: desde la parte frontal el lamassu parece estar parado, pero desde el lado parece caminar. Aquí hay una cosa interesante: Asiria, no estaba tan lejos de aquí, alrededor de mil seicientos kilómetros al suroeste en línea recta. Son más de mil kilómetros de montañas y caminos terribles, pero en términos nacionales, la antigua Asiria y la antigua Cólquida eran prácticamente vecinas.

Derek frunció el ceño ante la imagen.

-Pero tienen rostros humanos -dijo Eduardo. -Y sin escamas. 

Asentí con la cabeza. -Y eso es un problema. También hay docenas de teorías en cuanto a quién o qué representa los Lamassu, pero ninguna de ellas dice que eran malas, o que se comían a las personas. Ellos eran vistos como guardianes benevolentes. La gente ha encontrado amuletos de Lamassu con hechizos protectores sobre ellos, y los asirios modernos todavía tienen sus imágenes en sus casas.

Doolittle estudió la imagen. -Mostrar a una criatura con cinco patas demuestra comprensión en lugar de la observación. 

-¿Qué quieres decir con comprensión?

-No sólo tiene que seguir el modelo natural y hacer exactamente lo que observaron -dijo Doolittle. -Ellos entendieron la diferencia entre la percepción y la realidad, y retrataron un concepto en lugar de copiar exactamente lo que podían ver. 

Doolittle tomó un pedazo de papel y un lápiz y comenzó a dibujar. -Cuando nacemos, comenzamos con el pensamiento concreto. Nosotros percibimos sólo lo que vemos y oímos.-  Él nos mostró el pedazo de papel. En el una paloma se elevaba por encima de una jaula rota.

-¿Qué ves?"

-Un pájaro que vuela lejos de una jaula rota -dijo Derek.

-¿Qué simboliza?

-La libertad -me dijo.

-¿Qué más?

-Escapar -dijo Eduardo .

Doolittle se volvió hacia Derek.

-Dejar lo seguro para poder ser más -dijo Derek. -La jaula es lo que conoce el pájaro, el cielo es todo lo que quiere conocer, incluso si es un riesgo. 

-¡Ah! -Doolittle levantó el dedo índice. -Todos esos son ejemplos de pensamiento abstracto. Toda nuestra cultura está basada en la idea de que un mismo concepto puede tener muchas interpretaciones diferentes. Animamos activamente el desarrollo de esta habilidad, ya que nos ayuda a resolver nuestros problemas de nuevas maneras. Así lo hicieron los antiguos asirios, al parecer. Al mirar el Lamassu, tenemos que considerar no sólo lo que es, sino todo lo que puede representa. No podemos llevarlo a su valor nominal.

La pregunta del millón de dólares era, ¿qué representa un toro con escamas, rostro humano y alas?

Un golpe sonó y Andrea y Rafael entraron en la habitación. Keira acechaba detrás de ellos y le  hizo un guiñada a Eduardo.

-Deja de hacer eso -le dijo Eduardo.

Me incliné hacia Doolittle: -¿Qué crees que representa?

-Déjame pensar en ello -dijo.

Barrabas fue el último en llegar. Nos faltaban Curran y Mahón, y la tía B y George, que custodiaban a Desandra. Tendría servir.

-A Desandra no le va bien con los hombres -les dije. -Tenemos que tener una mujer con ella en todo momento. Estoy pensando en tres turnos, dos personas por turno. De medianoche a ocho, de ocho a cuatro , y de cuatro a medianoche. ¿voluntarios?

Raphael levantó la mano. –Tomamos de ocho a cuatro. 

-Puedo tomar de cuatro a medianoche -le dije. -Necesito un compañero. 

Derek levantó la mano. Perfecto.

-Voy a tomar el de medianoche hasta las ocho -dijo Keira. -No me importa dormir en la habitación y hablé con George anoche. Vamos a trabajar bien juntas. 

-¿Y yo qué ? -preguntó Eduardo.

-Tú y nuestro buen doctor están unido por la cadera por el resto de nuestra estancia aquí -le dije. -Tengo la sensación de que Curran estará ocupado. 

-L o estará confirmó Barrabas. -Tengo varias solicitudes de reuniones con él. Es un árbitro, por lo que las manadas probablemente lo quieran allí a la hora de decidirse a hablar. 

-Eso nos deja contigo, Mahón, y la tía B -le dije. -Voy a hablar con los dos y ver si les importaría que actuar como refuerzo en caso de que necesitemos ayuda adicional, doce horas de guardia con doce horas de descanso. Instrucciones las mismas que anoche hasta nuevo aviso: que no van a ninguna parte solos, no tomamos riesgos, y sobre todo, no nos permitimos a nosotros mismos ser provocados. Una última cosa: la persona más peligrosa en este castillo no es Jarek Kral o cualquiera de los otros alfas. Es Megobari.

Keira enarcó las cejas.

-Lo ha visto pelear conmigo -le dije. -No puedo explicar por qué ahora, porque es complicado y estamos siendo escuchados, pero digo esto con cada onza de credibilidad que tengo: es extremadamente peligroso. Él tiene los medios y la capacidad de matar a todas las personas en esta sala y lo hará sin ninguna duda. No lo subestimen.

Si las criaturas con las que luchamos fueron de hecho Lamassu, Roland sabe acerca de ellos. Incluso podría haberlos utilizado, lo que significaba que Hugh podría usarlos también. No tenía ni idea de con qué fin. Pero me gustaría saberlo.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Vie Oct 25, 2013 5:54 pm

Capítulo 9 segunda parte
***

En la reunión terminó , Rafael, Andrea , y yo fuimos a la habitación de Desandra. Ellos empezaban su turno y yo quería comprobar a Desandra.

-Yo estaba pensando -dijo Andrea.

-Ese es un hábito peligroso. 

-Sigo diciéndole eso -dijo Raphael.

- Ay, ustedes dos. De todos modos , yo estaba pensando que deberíamos presionar a Desandra. Ella conoce a ambos clanes. Ella tiene que tener una idea de lo que está pasando.

-¿Crees que puede manejarlo? -Desandra parecía casi tan estable como las islas hawaianas para mí; se veía bonita, pero si ha buscabas lo suficiente, encontrarías un volcán. Lo último que quería era que ella se autodestruyese en mi turno.

-Por supuesto. Ya la viste. Ella no tiene a nadie con quien hablar. Mientras vayamos de a poco y usemos guantes de seda, estará encantada de charlar. Vamos chica habla ella. 

Charla de chicas, correcto.

-Me quedaré en el pasillo -Raphael nos dijo.

Un minuto después, Andrea y yo entramos en la habitación de Desandra. George estaba sentada en la cama con Desandra, que parecía tan sombría como se puede conseguir sin tener que cruzar los brazos y sacar el labio inferior hasta el tope. La tía B nos sonrió de una manera benigna, mientras que George cuidadosamente trenzaba el cabello de Desandra.

Jirones de papel de regalo brillante plateado y pezados de cartón llenaban la alfombra. A su lado yacía un inodoro roto con una escobilla en su cuenco ésta tenía un lazo y una tarjeta colgando.

Largos mechones de pelo rubio yacían en la alfombra, sobre el papel de regalo. Sus extremos estaban ensangrentados.

Señalé el cepillo. -¿Qué es esto?

-Su padre le envió un regalo - dijo George, con los dientes apretados. -La tarjeta dice, así tendrás algocon que defenderte la próxima vez. 

Ese maldito bastardo.

Asentí con la cabeza al cabello. -¿Y eso?

-Después de recibir el regalo, nos pusimos un poco emocionales y nos arrancamos un poco de cabello -dijo la tía B. -Pero entonces decidimos que nuestro cabello es bonito, y que no debemos desfigurararnos, sobre todo porque eso no le hará daño a nuestro querido padre. Ni siquiera un poco. 

-Va a crecer de nuevo -dijo Desandra.

-No te preocupes -le dijo George. -He escondido todos los puntos calvos. 

-¿Por qué no te largste hace tiempo? -dijo Andrea . -Sólo salir y seguir caminando hasta terminar en algún lugar donde nadie haya oído hablar de Jarek Kral. 

Desandra se encogió de hombros. -¿Y qué? ¿Ser qué? Soy alguien aquí. Esto es todo lo que conozco. Además, ¿dónde podría ir donde él o uno de esos idiotas se casaron conmigo no me encontraran?

George terminó con el cabello y se levantó de la cama.

-Es toda suya, señoras -dijo la tía B. -Vamos a refrescarnos. 

Andrea se estacionó en la puerta. Llevaba dos SIG - Sauers en su funda de cadera, una escopeta de asalto militar  en la espalda, y probablemente algunas armas más en lugares en los que no podía verlas.

-¿Cómo te sientes hoy? -le pregunté. Kate Daniels, maestra en conversación de chicas.

-Como la mierda. ¿Alguna vez has estado embarazada?

-No. 

-Voy a resumírtelo: te duelen los pies, te duele la espalda, las caderas también duelen. Ninguno de tu ropas te queda bien, debido a que tu maternica (útero en eslovaco N de la T) se extendió desde el tamaño de una manzana al de una pelota de baloncesto. Las pequeñas criaturas dentro de ti se mantienen pateando y girando. No puedes comer cosas que normalmente comes; te hacen enfermar. En su lugar comes cosas extrañas como los pepinos marinados y no puedes parar hasta que también te caen mal. Lo peor de todo, ya no eres una persona. Eres un contenedor. Todo el mundo te mira esperando que estalles sacando al bebé.

Me mordí la lengua antes de decir algo que podría hacer deprima. -Olvida mi pregunta.

Desandra se encogió de hombros.

-¿Y los chicos? –dijo Andrea. -¿Alguno de ellos vienen a verte? 

-Radomil vino dos veces. Gerardo también lo hizo, pero él es. . . - Desandra movió sus manos alrededor como si fuera un perro  infantil.

-¿Desmañado? -Supuse.

-Si. A Radomil no le importa. A él sólo le gustan los bebés. Pero me ofrecí para que Gerardo sentiera sus patadas, y él me dijo que no sabía si era su hijo o el de Radomil dando patadas.-  Desandra suspiró. -Él cree que soy una puta porque me acosté con Radomil. 

Andrea me agrandó los ojos y asintió. Sigue adelante.

Bueno, sigue. Yo podría hacer eso. -¿Por qué te acostaste con Radomil?

Andrea se puso la mano sobre la cara. Me frunció el ceño . ¿Sabes qué, pez gordo, hazlo tú y yo me pongo de pie junto a la puerta.

Desandra se enderezó. -No soy una puta, si es eso lo que estás preguntando. 

-Yo no he dicho que lo fueras. Sólo estoy tratando de darle sentido a las cosas. Creo que es evidente que alguien está tratando de matarte. Cuanto más sepa, mejor podré anticiparme a las nuevas amenazas.

Desandra suspiró de nuevo. -Está bien. Cuando tenía diecisiete años, ese hajzel (hijo de puta en eslovaco N de la T), mi padre me casó con Radomil. Radomil estaba en sus veintes. Pensé que mi vida había terminado, pero luego me di cuenta de que no podía ser peor que lo que tenía en casa. 

-¿Cómo fue? -preguntó Andrea.

-No estaba mal, en realidad. Ellos viven en este lugar en la colina en Ucrania. Había huertos y bosques por todas partes. Villas. Nos gustaba ir a la ciudad todos los sábados y pasábamos por el mercado. Radomil siempre me compraba algo. Él es un buen tipo. –Desandra se inclinó hacia delante. -Muy bueno en la cama. Me refiero a realmente, realmente bueno. Yo no salía mucho. Estábamos ocupados. Ya sabes.

Sí, sí, lo tenemos. Tenias un montón de jodienda. -¿Y su familia?

-Ellos son bien. Su hermana, Ivanna, es agradable, y ella y su hermano son más o menos los cerebros. Radomil . . . Él no es estúpido. Él sólo. . . Piensa en formas simples. Él no se preocupa por la política. Ya casi sabía después de un mes que estaría a cargo.

-¿Cuál es su bestia ? -le pregunté.

-Es un lince. Toda su familia lo es.

-¿Qué pasó con sus padres? -preguntó Andrea.

-Murieron.- Desandra se encogió de hombros. –Los asesinaron hace unos años, cuando luchaban por su territorio. Son Radomil, dos hermanos y dos hermanas. Ah, y su abuelo. Es muy viejo. Él camina con un bastón y la mitad del tiempo no sabe dónde está. Me gustaba vivir allí. Realmente no me implicaban mucho, pero yo era tan joven, no me importaba.

-Entonces, ¿por qué rompieron ? - pregunté.

-Mi padre canceló mi matrimonio. Yo sólo viví con Radomil durante cinco meses. Kral fue y me llevó con él.

-¿No pele Radomil por ti? -preguntó Andrea. Lo pude ver en su rostro. Si alguien trataba de llevarse a Raphael lejos de ella, mataría a todo el que se interpusiera en su camino para mantenerlo consigo.

Desandra negó con la cabeza. -Él no quería que me fuera, pero su hermano lo convenció de lo contrario. Tres años después me casé con Gerardo. Yo estuve con él durante dos años.

-¿Te gustaba?

Desandra se miraba las manos, con el rostro cansado. -Sí. Me gustaba. Pero eso no importa ahora. 

-Sé que es una mierda, pero si me lo dices, podría ayudarme a entender mejor lo que está pasando.

Otro suspiro. -Isabella y su esposo gobiernan el Belve Ravennati. Gerardo e Ignazio tienen algún poder, pero en realidad no lo suficiente como para hacer nada importante sin que sus padres estén de acuerdo. Isabella nunca me gustó. Con la familia de Radomil era tranquilo, pero con la Belve Ravennati siempre era todo muy grave. Todo es importante y todo es sobre el deber y el cuidado de los intereses de la familia.

Desandra metió un dedo en la boca e imitó arcadas. Encantador.

-Yo era la compañera del beta. Se suponía que debía tener responsabilidades. Ellos no me dejan hacer nada. Yo estaba tratando de aprender un poco de italiano y entré a una reunión una vez, y su madre le dijo a Gerardo que yo era sólo un arreglo temporal. Así que Isabella, Gerardo y yo fuimos a la cumbre comercial en Budapest. Tuvieron su gran reunión. Yo podría haber estado, pero me senté afuera con los betas.

-¿Por qué? -preguntó Andrea.

-Debido a que no saben cómo mantener la boca cerrada -dijo Desandra. -Ellos se aburren y hablan. Si escuchas atentamente, puedes descubrir cosas.

Bien. Ella no era tan tonta como pretendía ser.

-Después de la reunión, mi padre me fue a buscar y me dijo que hiciera las maletas. Le dije que no las haría. Me fui a buscar a Gerardo. Estaba loco de la cabeza. ¿Estos cuatro chicos que siguen a mi padre aquí?: son asesinos. Dos lobos, una rata, y un oso. Ellos hacen lo que él les dice. No tienen. . . concensa.

-¿Quieres decir consciencia ? -supuse.

-Sí. Eso. Habían estado cerca y le dijeron que me llevarían. Gerardo dijo que la única manera en que podíamos ganar esta sería luchar con mi padre.- Desandra me miró. -No tienes idea de lo malo que es mi padre. Lo que he visto. . .-Se mordió el labio. -He visto gente morir en formas que ni siquiera puedes imaginar. 

Sus fosas nasales se dilataron. Ella se encorvó ligeramente, abrazándose a sí misma. El verde rodó en sus iris, esmeralda contra el negro de sus pupilas dilatadas. Ella pareció encogerse inconscientemente lejos de mí, dejando más espacio a su alrededor. Yo había visto esta emoción suficiente para reconocerla. Desandra estaba asustada. Estaba recordando algo y ese recuerdo la petrificaba.

-A mí me gustaba este chico lindo infomático. Tenía gafas. Trabajaba para la manada. Él hizo algo, yo ni siquiera sabía qué; y mi padre metió su cabeza en una pica. Lo pude ver desde la ventana de mi dormitorio. Tuve que mover la cama para que la cabeza muerta del chico guapo que me había besado no estuviese mirándome dormir.

Si tuviera la oportunidad de matar a Jarek Kral, lo haría. Ni siquiera necesitaba pruebas para saber que estaba diciendo la verdad. Se podía fingir temor, pero no las respuestas involuntarias del cuerpo.

-Le dije a Gerardo que era un suicidio. Él no era lo suficientemente bueno para ganarle a mi padre conmigo o sin mí. Dijo que yo era débil y si yo no estaba dispuesta a pelear con él, debería volver. Y luego cogió mi ropa y la tiró al pasillo. 

Todo el mundo que conocía a esta mujer la trataba como basura. Ella no hizo ningún esfuerzo para luchar o para despegarse. Ella simplemente lo aceptaba y se torturaba a sí misma y a los demás, en venganza.

Desandra se encogió de hombros. -Yo no lo podía creer. Acabábamos de tener sexo por la mañana. Pensé que me quería, pero me echó. Tenía que salir de ahí. Nos alojábamos en este hotel enorme, así que me escondí en un balcón. Yo sólo quería llorar. Radomil me encontró. Me sentía muy sola y él era tan agradable conmigo. Me abrazó y me dijo que todo iba a salir bien. Yo quería golpear a Gerardo, también, así que lo hicimos allí mismo, en ese balcón. Ahí lo tienen. Toda la fea historia.

Raphael entró por la puerta .

Desandra se enderezó y cruzó sus piernas. -Hola, guapo. 

Cada vez que conseguía reunir una pizca de simpatía por ella, hacía algo para prenderle fuego.

Raphael la miró. -No estoy interesado.

-Es la barriga ¿verdad?

-No -dijo Andrea. -Soy yo. ¿Qué pasa, cariño?

-Vamos de caza.

-¿Qué? -le pregunté.

-Una caza -dijo. -Con caballos. 

¿Lo que en el infierno. . . ? ¿Qué vamos a justar a continuación? ¿Tal vez organizar nuestras mesas en un círculo?

Raphael se encogió de hombros. -Si lo hacemos, no llevaré armas. Todos estamos invitados a la caza y estoy seguro de que es obligatorio.

-¡Genial! -Desandra saltó de la cama. -Cualquier cosa con tal de salir de aquí. 

Señalé mi dedo. -Silencio . ¿El castillo entero va?

Rafael asintió. -Todo el mundo va.

Si nos quedamos atrás, podríamos ser emboscados, y con el castillo vacío, nadie lo sabrá ni le importará. Hugh estaba tramando algo. -¿Saben que ella está embarazada de ocho meses?

- Eso parece. Dicen que hay un premio si ganas.

¿Ir de caza en medio de las montañas o quedarme en un castillo abandonado con un Desandra histérica y que no ayudaría en caso de un ataque inminente? Opciones, opciones. 
-Vamos de caza entonces.

***

El camino se curvaba en frente de mí, siguiendo la orilaa de un mar con espuma verde a la izquierda. El agua yacía plácida, lamiendo suavemente la parte inferior de la montaña que sobresalían. Los altos cipreses del Mediterráneo se alineaban a lo largo del camino, cada uno perfectamente recto , como una vela cónica, y entre ellos había árboles de laurel, tendiendo sus ramas. A la derecha, las vides se alineaban en la ladera de la montaña, en filas largas suavemente curvadas.

Mi caballo era una yegua baya, robusto y de gran cuerpo, con hombros cortos y una cabeza limpia. Ella trotaba con segura calma, abriéndose paso hasta la antigua carretera pavimentada, despreocupada por los olores de cambiaformas en todos lados. Tenía la sensación de que podía montarla directamente hacia el lago y ella no le temblaría ni una oreja.

Los cambiaformas caminaban y montaban a mi alrededor. Desandra tenía su propio caballo. Al principio ella quería caminar, por lo que argumenté en contra, y luego me opuso a que cabalgara , pero ella clavó los talones ante cualquier sugerencia de un carro. No iba a ir montada en un carro, y ella era la hija de un alfa, y si no se salía con la suya, iba a arrancar algunas gargantas. Terminé viendo a todos los caballos disponibles para nosotros y elegí la criatura más vieja y más dócil que pude encontrar. Ahora tenía una mujer embarazada en un caballo al que no le funcionaba la nariz. Es evidente que la yegua tenía serias sospechas de la conducción de una humana que era realmente un lobo y estaba considerando tirarla por su vida. Los vientres de los hombre lobo tenían que ser de acero, porque no sólo Desandra no mostraba signos de sufrimiento, pero ella parecía fresca como una rosa.

Andrea había elegido montar a caballo también. El estar en una silla no daba una buena  visión, y en caso de apuro podríamos utilizar los caballos para bloquear una amenaza entrante. Derek había decidido caminar y algunos otros también, así, como Curran, quien estaba convencido de que todos los caballos, en secreto, conspiraban en su contra. Dado que Andrea y yo teníamos a Desandra entre nosotras, él terminó caminando a mi izquierda, y un poco más adelante; y Lorelei eligió caminar a su lado.

Todavía no podía entender cómo estaba involucrada en todo este asunto. Por lo que pude ver, ella no parecía tener vínculos con las tres manadas involucradas.

Lorelei llevaba una blusa de color azul claro y pantalones vaqueros que se abrazaban  a su culo. Su cabello estaba suelto, y el viento lo soplaba. Si estuviéramos de vuelta en casa, alguien me estaría empujando a estas alturas, ya que para los estándares de la manada caminaban demasiado cerca y yo les exigiría con un gruñido, pero no estábamos en casa, y Barrabas, a lomos de un caballo blanco justo detrás de mí se quedó en silencio.

Lorelei conversaba sobre algo  acerca de aplastar las uvas y hacer vino dulce. Curran asentía. Yo alcancé a ver su rostro. Estaba sonriendo. Él parecía estar disfrutando. Caminaban juntos y yo me quedé atrapada aquí. En mi caballo.
Debería de haber tomado más que una bonita veinteañera para desestabilizarme. Esto era  nuevo y desagradable. Tenía que ser este lugar. Todo el mundo estaba esperando para apuñalarme por la espalda, así que probablemente me estaba afectando demasiado esto. Lorelei era una niña. Legalmente podría tener veintiún años, pero cuando él la había conocido, él tenía veintidós y ella tenía doce.  Eso por sí solo debería haber garantizado que no pasara nada.

Ella era la hija de un hombre que Curran conocía, traida aquí probablemente contra su voluntad, y estaba siendo amable con ella, ya que pocas personas lo eran. Él y yo habíamos pasado por tanta mierda juntos. Él me amaba, yo lo amaba, y yo tenía que dejar de medir la distancia entre ellos y prestar atención a mi entorno. Tenía trabajo que hacer.

Nadie me pidió que me pongo un vestido para la caza, por lo que me puse mis pantalones vaqueros, una camiseta y una camisa de hombre verde, que llevaba desabrochada y con las mangas enrrolladas. Puse en mi cinturón una gran variedad de hierbas en bolsas pequeñas, mis muñequeras de cuero llenas de agujas de plata, y yo había tomado tanto a Asesina, que estaba en mi espalda, y mi segundo sable, que llevaba en mi cadera. Cualquier persona que tuviera un problema con mi equipo extra era bienvenido a alegrarme el día.

Hugh se dejó caer a través de la procesión. Iba montado en un monstruoso caballo, un semental enorme, un bayo oscuro como la mia, con una mancha blanca en la frente y con las patas bñancas lo que lo hacái pàrecer como si llevase medias. Había vestigios de caballo Shire allí, y de Clydesdale, pero las líneas estaban limpias y el pecho era más desarrollado. Era el tipo de caballo que un caballero montaría en una guerra.

Hugh se puso a la par con nosotros. Llevaba un largo abrigo negro, igual que los hombres chakales de Hibla. Ceñida y estrecha en los lados, con cartucheras llenas de balas en el pecho, el abrigo hacía que sus hombros se viesen más anchos, su cintura más delgada y su cuerpo más alto. Él parecía perfilarse en lugar de pasearse. Desde que se hacía pasar por el señor del castillo, él probablemente decidió vestirse para la ocasión. Sin daga, sin embargo. En cambio, tenía una espada larga en una vaina. Sólo podía ver la empuñadura de cuero simple y funcional con una cruz de guarda.

Andrea se hizo a un lado para dejarle ir junto a Desandra.

Hugh se inclinó hacia adelante, con el rosto preocupado. - ¿Cómo te sientes hoy?

Desandra se enderezó . Era como si no pudiera evitarlo. Todo hombre al instante le llamaba la la atención. Y Hugh era guapo, de una manera masculina y agresiva: ojos azules, cabello oscuro y una mandíbula cuadrada, afeitada y tan sólida que pensar en golpearla me sacaba una mueca de dolor. Estaba rodeado de personas que se convirtian en el mejor equivalente de asesinos juerguitas inteligentes que la naturaleza podría dar, pero estaba completamente inpertérrito por ello, como si supiera con cien por ciento de certeza que si todos nosotros nos  alíasemos contra él, podría manejarlo.

Curran tenía un tono salvaje. Se sentía instintivamente que no estaba demasiado lejos de la violencia. Se cocinaba a fuego lento bajo la piel, y cuando quería intimidar, te miraba como si fueras la presa. Pero Hugh estaba firme como una roca. Se reiría, de una manera sencilla y agradable y te cortaría la cabeza.

-Estoy bien -dijo Desandra. -Gracias por preguntar. 

-Quiero saber si el viaje se te hace demasiado difícil. Una palabra y detendré este desfile.-Él le guiñó un ojo.

Desandra rió.

¿Qué planeas, Hugh? ¿Cuál es el trato?

-Siento mucho lo de ayer -dijo Hugh. -Mi pueblo está investigando el asunto. Vamos a encontrar a quien envió ese hijo de puta.

-Estoy segura de que lo hará. -Desandra sonrío.

Estoy segura de que no lo hará.

-Haremos todo lo posible para garantizar tu seguridad. 

Creo que lancé por mi boca. -De acuerdo con el contrato de la manada, somos nosotros los que garantizamos su seguridad. Tu estás “arrastrándola”,  animándola a estar en esta cacería. 

-Me encanta la caza –dijo Desandra entre dientes apretados, y me dio una mirada mordaz.

-Hay muy poco riesgo -dijo Hugh. -Nadie intentaría nada con todos nosotros aquí. 

-Ella está embarazada de ocho meses. -¿Cuál diablos era la razón de sacarla del castillo de todos modos?

Hugh me sonrió, mostrando incluso, sus dientes blancos. –Tienes que dejar de medir a los cambiaformas según los estándares humanos.

-Estoy perfectamente bien -dijo Desandra.

Oh, idiota. -Si la yegua te tira. . . 

-Es por eso que has traído a un medimago  -dijo Hugh, asintiendo con la cabeza hacia la parte de atrás, donde Doolittle montaba en una yegua castaña. -Parece muy capaz. 

Curran se volvió y nos miró con esa expresión en su cara de  muro de piedra de Señor de las Bestias.

-Bueno, voy a dejarla en las hábiles manos de los guardias  -dijo Hugh. -Alguien tiene que dirigir esta expedición, o puede que termine en algún desierto, y que roben las ovejas para la cena. 

Desandra rió de nuevo.

Hugh chasqueó la lengua y el caballo sin problemas lo llevó al frente de nuestro desfile.

-¿Cuál es tu problema? -Desandra me miró fijamente.

Me incliné hacia ella y mantuve mi voz tranquila. -Ese hombre es peligroso.-  Y si alguien me hubiera preguntado hace seis meses lo que sucedería si nosotrosdos nos reuniéramos, yo hubiera dicho que Hugh me atacaría nomás verme. En cambio ahora estábamos montando en una cacería, intercambiando bromas haciéndonos pullas.

-Él es un ser humano -se burló Desandra. -Puedo arrancarle la garganta de un bocado. 

Y estábamos de nuevo razgando gargantas. Pensé en decirle que yo era un ser humano y en un concurso de razgamientos de garganta, ella habría llegado en el último lugar, pero la gente nos estaba escuchando. Además, amenazar el cuerpo que custodiaba nunca era una buena idea. Ella se resintiría, y sin su cooperación manteneela respiraando sería mucho más difícil.

-No todos los seres humanos son iguales -dijo Andrea.

Si Desandra pensaba que podía luchar contra el preceptor de los perros de hierro, tendría un  duro despertar. Hugh terminaría con ella con un corte, después de labrarse su camino a través de todos sus familiares y esposos, y luego celebraría con una buena botella de vino local.

***

El camino subía más y más hasta que finalmente llegaba a un claro bordeado de grandes bloques de piedra gris. Ubicado frente al acantilado de una montaña, limpiamente se desplegaba en una forma trapezoidal en bruto, con el lado estrecho hacia la montaña. Un corral construido con maderas duras se encontraba justo frente a la montaña. Debajo de nosotros se extendían bosques, verdes y exuberantes, subiendo y bajando las curvas de la montaña por lo que pudimos ver.

Tres tronos de piedra se situaban en el borde del claro, esculpidos en roca con trazos gruesos suavizados por siglos de lluvias. El trono central se alzaba, enorme, como si fuera de un gigante, y los otros dos eran más pequeños. Se sentían antiguos, al igual que las losas de piedra debajo de nuestros pies. Este era un lugar antiguo, impregnado con la edad. Alguna especie de rey debío sentarse hace siglos aquí, en el trono de piedra, contemplando las montañas.

Los djigits de Hibla desmontaron y entraron nuestros caballos. Se los llevaron al recinto por la montaña y ataron sus patas.

Hugh se sentó en el trono. Oh, sobrador. . .

-Damas y caballeros. Los bosques que ven ante ustedes es rico en juego. Están repletos de ciervos rojos, tur - el rey antílope de la montaña- gacelas, muflones, ovejas salvajes y cabras salvajes. 

Tenía, claramente, experiencia hablando en público. Su voz resonaba a través del discurso, lo suficientemente alta para ser escuchada por todos, pero todavía amable y perfectamente comprensible. Debe haberle dado discursos a sus tropas. -Esta noche violamos, matamos y saqueamos. . 

-En estas montañas tenemos una buena tradición de caza de verano. Las reglas son simples: los equipos de cazadores salen en la mañana y regresan al final del día. Su presa es examinada y juzgada. Sólo los animales adultos se pueden cazar. Los que matan jóvenes o hembras con crías serán ellos mismos y su equipo descalificados . El equipo que gane la caza gana el premio de manos del señor del castillo.

¡Ay hombre, ay hombre!

Dos djigits trajeron un marco rectangular cubierto con tela índigo.

-Nos encontramos dentro de los límites de la antigua Cólquida -continuó Hugh. -Esta es la cuna de la propia Georgia. Mucho antes de la era común, un reino de guerreros y poetas floreció aquí. Mientras que los habitantes de Europa todavía luchaban con implementos de bronce crudo, los herreros hechiceros de la Cólquida dominaron el hierro y el oro. Hoy rendimos homenaje a su gloria pasada.

Hibla se acercó la tela y la quitó con un movimiento de su mano.

Oro brillaba, reflejando la luz brillante del sol. La gente a mi alrededor contuvo el aliento. La piel de un carnero se estiraba en el bastidor. Cada pelo de seis centímetros de largo de lana densa brillaba con oro amarillo radiante. Guau.

-¡Les doy el vellocino de oro! -proclamó Hugh.

Aplausos recorrieron el claro. Alguien gritó, entusiasmado.

-Como los argonautas de Jasón, que vinieron aquí en busca de las riquezas de la Cólquida, todos ustedes vinieron hasta aquí. Pero las riquezas que solicitan son de un tipo diferente, las riquezas de la sabiduría y de la amistad. Este es nuestro regalo para ti. Son las 12:00 ahora. Tienen tres horas. Demuestra que eres de los cazadores superiores. Pon a prueba tu valentía y tu habilidad. Caza y la manada que traiga la mejor presa para nuestra fiesta esta noche ganará el derecho de fanfarronear y el vellocino de oro.

El claro se sacudió cuando un centenar de personas aplaudieron al unísono. Emoción se sentía en el aire. Estaban a un pelo de ir peludos. La perspectiva de una cacería después de estar encerrados en el castillo empujaba a los cambiaformas a toda marcha.

-Hay un segundo premio, más humilde, pero tal vez más útil.

Hibla levantó un recipiente de vidrio. Tenía una bolsa de plástico con un cuarto de pasta de color marrón. Panacea.

-Va a ser adjudicado al cambiaformas que haga una mejor matanza. 

Los ojos de Andrea se iluminaron. Ella le dio un codazo a Rafael.

-¡Antes de que me olvide! -gritó Hugh. -Miren a su izquierda. Ven paso estrecho entre dos montañas. Manténgase alejados del paso. Las criaturas que viven allí no dan la bienvenida a los intrusos. Mi gente va a ir con ustedes como observadores para garantizar que obedecen las reglas de la caza. ¡Buena suerte a todos!

-¡El vellocino de oro pertenecerá a Obluda! -rugió Jarek Kral.

Desandra se arrancó el vestido por la cabeza.

-No -grité.

-Voy a cazar  -dijo Desandra.

-¿Qué va a pasar con los niños cuando cambies de forma?

-Van a cambiar de forma también -Lorelei me dijo con una pequeña sonrisa. -Es muy común que las mujeres cambiaformas cambien de forma durante el embarazo. Alivia la presión sobre la columna vertebral. Me sorprende que no lo sepas.

Me volví en busca de Doolittle. -¿Es eso cierto?

Doolittle asintió. -Mientras que no se quede en la forma animal más de un par de horas y no intenté una forma intermedia, no debería tener problemas. 

No había manera en el infierno en que pudiera seguir el ritmo de un lobo. Me volví hacia Curran.

-Va a estar bien -dijo. -Nosotros nos ocuparemos de ella. 

¿Qué? -Pensé que me respaldarías en esto.

-Lo hago.

-La humana tiene demasiado miedo de quedarse sola. -Renok, segundo al mando de Jarek Kral, me sonrió. -¿Quieres un poco de compañía?

Curran se volvió y lo miró. Tenía que darle crédito a Renok. Él ni se inmutó. Muy valiente o muy estúpido. Posiblemente ambos.

-Sin duda, el Señor de las Bestias no se quedará atrás -dijo Hugh. -Los alfas de todas las demás manadas van a participar.

Y ahora si se quedaba atrás, sería un insulto gigante. Las piezas entrechocaron en mi cabeza. Hugh estaba dispuesto a charlar, y realmente quería tenr una charla conmigo a solas. No me podía separar en el castillo, por lo que nos había sacado a todos de él.

Curran se volvió hacia mí. -Sé que estás preocupada por Desandra. Es por eso que vamos a ir todos y asegurarnos de que nada va a pasar con ella. - Se detuvo, haciendo que nuestros miradas conectaran. Sus ojos grises estaban claros y tranquilos. -Estaremos de vuelta antes de que te des cuenta.

Yo seguía mirando a los ojos de Curran mientras el rostro a su alrededor crecía y cambiaba.Piel gris aparecío. Un enorme león gris se estaba en su lugar.

Las personas se congelaron. Algunos miraban, boquiabiertos. Algunos parpadearon. Curran en forma de león era impactante.

-Consorte -dijo, las palabras humanas salieron a la perfección desde las fauces del león.

Tenía que decir algo. -Buena suerte. 

Levantó la cabeza y rugió, el sonido de su voz se dispersó a través de la montaña. Los cambiaformas se encogieron.

Hugh sacudió la cabeza, metió el dedo en la oreja y lo movió.

Lorelei se quitó su vestido y dio un paso adelante, completamente desnuda, con los hombros hacia atrás, la cabeza en alto. La desnudez duró sólo un momento antes de que su cuerpo duro y magro se convirtiera en lobo gris sobre sus cuatro patas, pero un momento era suficiente. Curran la había visto.

Ella iba a cazar con él, mientras yo estaba atrapada aquí. Maldito sea el infierno.

Nuestro grupo rodeó a Desandra. Su cuerpo se arremolinaba, estirándose, transformándose tan rápido que era casi instantáneo, y ella se convirtió en un enorme lobo negro.

A mi alrededor la gente cambió. Mahon, una montaña oscura descomunal de Kodiak, gruñó junto a George, que no era mucho más pequeña. Keira rugió, un jaguar oscuro y ágil. Lobos, linces, y chacales llenaron el claro. ¿Era yo la única no cambiante aquí?

Curran entró por la pendiente. Nuestra gente y Desandra lo siguieron. Barrabas se detuvo, aun siendo humano.

-Ve - le dije. Tenerlo conmigo no haría mucha diferencia, y Hugh iba a encontrar algún pretexto para despedirlo.

El cuerpo de Barrabas se sacudió. Una mangosta del tamaño de un Rottweiler corrío por la pendiente tras ellos.

Curran estaba fuera cazando con Lorelei. La idea me picó, se negaba a desaparecer. No debería haberme molestado, pero lo hacía. Yo no quería que se fuera.

Una manada de lobos grises corrierron por la izquierda. Los Belve Ravennati se iban. La tripulación de Jarek; lobos, osos, y un par de ratas; encabezaban hacia el sureste, mientras que el Volkodavi, linces de color arena, enfilaron a la derecha. En una respiración el claro estaba vacío. Ropas desechadas cubrían las antiguas piedras. Los caballos resoplaban en su recinto. Todo el mundo se había ido.

-Entonces -dijo Hugh. -Nunca me lo dijiste. ¿Te gustaron las flores que te envié?
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KuroNeko
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Vie Oct 25, 2013 5:55 pm

Gracias a Cara por el capi.


                            
                               CAPÍTULO 10
                          
Me volví y miré a Hugh. Se sentó en su trono, con el brazo izquierdo doblado, el codo apoyado en el reposabrazos, la cabeza apoyada en los dedos curvados de la mano. Cómodo, ¿verdad?
Había estado esperando este momento durante la mayor parte de mi vida. Ahora que estaba aquí no sabía qué hacer.  La ansiedad me inundó en un diluvio de hielo.  Siempre me había imaginado que esta reunión implicaría espadas ensangrentadas y punzantes. La falta de apuñalamientos era profundamente desconcertante.
 -Dime, ¿qué haces si no hay un trono a mano? ¿Llevas un modelo portátil contigo, o sólo requisas lo que sea útil, como sillas y taburetes de bar? 
-Tu padre me dijo una vez que un perro sentado en un trono sigue siendo un perro, mientras que un rey en una mecedora en ruinas sigue siendo un rey.
Una buena elección de palabras, teniendo en cuenta que su título oficial era preceptor de los Perros de Hierro. 
-¿Mi padre?
Hugh suspiró.
 -Vamos. Vi la espada, caminé por lo que quedó después de la destrucción de Erra, y me encontré con tus flores donde tú y los cambiaformas pelearon con los Fomorianos hace un año. Sentí la magia que venia de ellas. No insultes a mi inteligencia.
Fue así, entonces.
-Está bien. ¿Qué quieres? 
Hugh abrió los brazos.
-¿Qué quieres, esa es la pregunta?. Tú viniste aquí, a mi castillo.
-Ese comentario de insultar la inteligencia va en ambos sentidos. Tú me pusiste una trampa, me atrajiste a través del océano hacia ella, y ahora estoy aquí. Si querías charlar, podríamos haberlo hecho  en Atlanta 
Hugh sonrió. Sus dientes eran demasiado perfectos, Hugh. Yo puedo ayudarte totalmente con eso.
Fingí estudiar el vellocino de oro. Estas fintas estaban recién abiertas. Pronto él se lo tomaría en serio e iría a matar, de un modo u otro. El vellón parecía demasiado grande para tener siglos de antigüedad.
-¿De verdad matas a un carnero con lana de oro?
-Dioses, no. Es sintética. - dijo.
-¿Cómo?
-Tomamos la piel de un carnero, revestida de magia para evitar que se queme, y la mojamos en oro. El verdadero truco está en conseguir la proporción correcta de oro y plata. Quería mantener la flexibilidad del oro, pero es tan pesado que los pelos se rompían, y demasiada plata lo hace rígido. Al final lo conseguimos con una aleación de oro y cobre.
-¿Por qué tomarse tanta molestia?
-Debido a que los reinos se basan en leyendas- dijo Hugh. -Cuando los cazadores sean viejos y grises, todavía se hablaran de la forma en que fueron a la Cólquida y cazaron el vellocino de oro.
-¿Así que tú quieres tu propio reino? - Apuntando alto.
 Encogió sus enormes hombros.
-Tal vez.
-¿Está mi padre al tanto de tus planes? La historia dice que no le gusta compartir. 
-No tengo interés en el manto púrpura.- dijo Hugh. -Sólo en la corona de laurel.
Los emperadores romanos habían asumido el manto púrpura como signo de su cargo, mientras que los generales romanos victoriosos paseaban su triunfo por Roma con coronas de laurel sobre sus cabezas. Hugh no quería ser emperador. Él quería ser el general del emperador.
-¿Cuáles son tus planes, Kate? ¿Qué es lo que quieres? 
-Estar sola. - Por ahora.
-Tú y yo sabemos que eso no va a suceder.
Toqué el vellocino de oro. Los pequeños pelos metálicos se sentían suaves bajo mis dedos.
-Maté a Voron. - dijo Hugh en voz baja.
Frío se apoderó de mí. Mi mente se llenó con un recuerdo: el hombre que yo llamé “mi padre” en una cama, con el estómago desgarrado. Un olor fantasmal, pútrido, espeso y amargo, lleno mis fosas nasales. Me había perseguido a través de los años en mis sueños.
Me volví.
El hombre que estaba sentado en el trono ya no estaba relajado. La arrogancia y el natural alegre buen carácter se habían desvanecido. La sombra de un remordimiento sombrío permaneció, mezclada con una resignación nacida del viejo dolor.
-¿Quieres una medalla?
-Yo no tenía intención de hacerlo. - dijo Hugh. -Esperaba que con el tiempo ocurriese, ya que  Roland lo quería muerto, pero ese día no había venido a luchar. Quería hablar. Quería saber por qué me había dejado. Era como un padre para mí. Fui a hacer un encargo durante unos meses, y cuando volví, se había ido y Roland me dijo que lo matara. Nunca entendí por qué. 
Yo sabía por qué.
-Te costó tiempo encontrarlo.
-Dieciséis años. Vivió en esta pequeña casa en Georgia. Me acerqué a ella. Me recibió en el porche, espada en mano. -La vieja ira no resuelta agudizó su voz. -Me dijo: -Vamos a ver lo que has aprendido." Esas fueron las últimas palabras que me dijo. Él me crio desde que tenía siete años, y se fue sin decir una palabra. Ninguna explicación. Nada. Lo busqué durante dieciséis años. Era como un padre para mí, y eso es lo que conseguí. "Vamos a ver lo que has aprendido."
Debería haber estado furiosa, pero por alguna razón no lo estaba. Tal vez porque sabía que estaba diciendo la verdad. Tal vez porque Voron me dejó así como así, sin las explicaciones que tanto necesita. Tal vez porque las cosas que había aprendido de él desde su muerte me habían hecho dudar de todo lo que me había dicho. En cualquier caso, sintiendo solamente un vacío, una aplastante tristeza.
Cómo un toque. Comprendí al asesino de mi padre adoptivo. Tal vez después de que esto hubiera terminado, la cabeza de Hugh y yo pudiéramos cantar "Kumbaya", junto al fuego.
Él estaba esperando. Fue una gran cantidad de información para compartir. Voron siempre me había advertido que Hugh era inteligente. Él planeaba estrategias por diversión. Esta conversación era parte de algún tipo de plan. Tenía que tener un ángulo, pero ¿cuál? ¿Estaba tratando de ver lo fácil que podría ser provocada? Al oírle hablar de Voron era como rasgar una vieja herida abierta con un clavo oxidado, pero Voron me diría que tenía que superarlo. Hugh quería hablar. Bien. Yo usaría eso contra él.
-¿Cómo lo mataste? 
¡Calma! –me dije-  Agradable y neutral.
Hugh se encogió de hombros.
-Él era más lento de lo que recordaba. 
-Demasiados años alejado de Roland.
Sin la exposición frecuente a la magia de mi padre, el rejuvenecimiento de Voron se había ralentizado.
-Probablemente. Lo alcancé con una diagonal en el estómago. Fue una fea herida. Debería haber muerto en el acto, pero aguantó.
-Voron era duro-  Vamos. Muéstrame tus cartas, Hugh. ¿Qué es lo peor que puede pasar?
-Lo llevé a la casa y lo tumbé sobre la cama, y luego me senté a su lado y traté de curarlo. Pero no sucedió. Sin embargo, pensé que lograría sanarlo y volveríamos a estar juntos. Se sacó una espada corta de debajo de la almohada y se apuñaló en el estómago.
Eso fue Voron para él. Incluso muriendo, se las arregló para llevarse la victoria de Hugh.
-Murió en media hora. Esperé en la casa durante dos días, y finalmente me fui. 
-¿Por qué no lo enterraste?
-No lo sé. - dijo Hugh. - Debería haberlo hecho, pero no estaba seguro de si tenía a alguien, y si lo tenía, se merecían saber cómo murió. No debería haber sido así. Yo no quise que terminara así.
Ninguno de nosotros lo quiso. Hugh se sintió traicionado. Debió haber imaginado que iba a encontrar al hombre que lo había criado y obtener respuesta a sus preguntas. Debió haber pensado cuando lucharon, que sería una lucha a vida o muerte entre iguales. En su lugar se encontró con un viejo testarudo que se negó a hablar con él. Era un vacío, una amarga victoria y eso le reconcomió durante más de una década. Se merecía cada segundo de ella.
Voron era el dios de mi infancia. Él me protegió, me enseñó, hizo  de cualquier casa un hogar. No importa en qué infierno nos encontráramos, nunca me preocupé porque siempre estaba conmigo. Si algún problema surgía en nuestro camino, Voron nos sacaría de él. Él era mi padre y mi madre. Más tarde me enteré de que no me había amado con el amor incondicional que todos los niños necesitan, pero decidí que no me importaba.
Me quedé allí, mirando el vellocino de oro, y olí aquel inolvidable, áspero olor de la muerte me había olido hacía más de una década. Me recordó el momento en que entramos por la puerta de nuestra casa, y yo lo supe, de inmediato supe que Voron estaba muerto. Me quedé en esa puerta, sucia y hambrienta, con mi cuchillo en la mano, mientras los fragmentos de mi mundo destrozado cayeron a mí alrededor, y por primera vez en mi vida estuve realmente asustada. Estaba sola, asustada e indefensa, demasiado aterrada para moverme, demasiado aterrorizada para respirar porque cada vez que inhalaba, yo olía la muerte de Voron. Fue entonces cuando finalmente entendí: que la muerte es para siempre. El hombre que me había enseñado esa lección se sentó a menos de veinte metros de distancia.
Aparté cuidadosamente ese pensamiento antes de que me hiciera sacar mi espada.
-¿Dónde estabas? -  Preguntó Hugh.
Puse mis recuerdos en palabras.
-En el bosque. Él me dejó en el desierto tres días antes. 
-¿Cantimplora y cuchillo? - preguntó Hugh.
-Mm-hm.-  Cantimplora  y cuchillo. Voron me llevó hacia el bosque, me dio una cantimplora y un cuchillo, y esperó a que yo encontrar el camino de vuelta a casa. A veces me tomó días. A veces semanas, pero siempre sobreviví.
-Me dejó en el desierto de Nevada, una vez. - dijo Hugh. -Estuve racionando el agua como si fuera oro, y luego hubo una inundación durante la noche. El agua me arrastró por un lateral de la colina y hacia el barranco. Casi me ahogo. La cantimplora me salvó, había suficiente aire en ella para mantenerme cuando iba bajo el agua. Entonces me arrastro fuera del desierto, medio muerto, y él me miró y me dijo: 'Sígueme.-Y luego el cabrón subió a su camioneta y se marchó. Tuve que correr siete millas hasta la ciudad. Si yo hubiera podido levantar los brazos, lo hubiera estrangulado.
Yo conocía ese sentimiento. Yo había tramado la muerte de Voron antes, pero también lo amaba. Mientras estaba vivo, el mundo tenía un eje y no estaría fuera de control, y luego murió y lo hizo. Me pregunté si Hugh lo había amado a su manera. Él debería de haberlo hecho. Sólo el amor puede convertirse en mucho más que frustración. Todavía no me explicó por qué estaba en un estado de ánimo compartido.
-Encontré su cuerpo.
-Lo siento. - dijo Hugh. O él era un actor espectacular o se trataba de verdadero arrepentimiento. Probablemente ambas cosas.
A la mierda. 
-Debes hacerlo. Tú acabaste con mi niñez.
-¿Fue una buena infancia?
-¿Tiene importancia? Fue la única que tuve, y él fue el único padre que he conocido.
Hugh se frotó la cara. Voron también era el único padre que él conocía, y que había dejado a Hugh para rescatar a mi madre y a mí. Supongo que de una forma extraña nos hacía iguales.
-¿Alguna vez te dijo por qué? - Preguntó Hugh.
-¿Por qué?
-El hombre que yo conocía tenía un corazón de acero. Él nunca habría traicionado al hombre que había jurado proteger. El Voron que yo conocía no robaría la mujer de su señor y sus hijos y huiría lejos con ellos. Él no era un traidor.
-¿De verdad no lo sabes?
-No.
Tenía que ser una mentira. Roland se lo habría dicho. 
-¿Por qué no se lo preguntas?
-Porque eso hiere a Roland.
Vamos empujemos un avispero con un palo y a ver qué sale. -¿Tienes miedo a que tu comandante y jefe vaya a acabar contigo?
Hugh se inclinó hacia delante. 
-No. No quiero causarle más dolor.
¿Era sincero o estaba jugando conmigo? Bien. Juguemos, Hugh.
Me acerqué y me senté de lado en el trono más pequeño, con la espalda apoyada en el reposabrazos. 
-¿Cuánto sabes acerca de la magia de mi madre?
-No mucho.- dijo Hugh.-Roland era impredecible cuando se trataba de Kalina. Todos nosotros manteníamos cierta distancia.
Es curioso cómo seguía llamando a mi padre Roland. Él conocía su verdadero nombre, pero no estaba seguro de si yo lo sabía, por lo que estaba llevando cuidado.
-Ella era una muy poderosa hechicera en el sentido clásico de la palabra. Poder del amor y de la sugestión. Si ella quería que la amaras, lo hacías. Harías cualquier cosa para hacerla feliz. Creo que Roland era inmune, lo que probablemente le hizo muy especial para ella. 
Hugh frunció el ceño. 
-¿Me estás diciendo. . . 
-Hablé con algunas personas que conocían a los dos. La descripción era, y cito, "Ella lo frio. Tenía tiempo para hacerlo, y ella lo cocinó con tanta fuerza, que él dejó a Roland por ella. '"
Hugh me miró fijamente. En ese momento probablemente estaba preguntándose si yo tenía el poder de mi madre y si podría freírlo de la misma forma en que ella había frito a Voron. Ahora los dos estábamos descolocados. Ahí lo tienes. Dos pueden jugar ese juego.
-¿Puedes creerlo?
-No lo sé. Desearía que Voron estuviera aquí para que pudiera dar su opinión al respecto, pero un idiota se presentó en mi casa y lo maté .
Un largo y prolongado aullido vino del barranco. La canción de tono alto de un lobo a la caza rodó sobre las copas de los árboles. Me puse de pie en el trono. No podía ver una mierda. Sólo los árboles.
-Dejarles hacer a ellos. - dijo Hugh. -Son animales, es lo que hacen. Persiguen, cazan y matan.
Y al igual que el señor del castillo estaba de vuelta.
-¿Por qué demonios hiciste que nos metiéramos en esta cacería?
-Porque quería hablar contigo, y ellos se ciernen a tu alrededor como abejas alrededor de un manto de flores. ¿Qué ves en Lennart? ¿Es el poder? ¿O es la seguridad en número? ¿Tratas de reunir suficientes cuerpos para protegerte a ti mismo? 
-Él me ama.
Hugh se inclinó hacia atrás y soltó una carcajada.
Me pregunté si yo era lo suficientemente rápida para apuñalarlo. Probablemente. Pero la puñalada me situaría muy cerca de él, y él se tomaría la revancha.
-Él es un animal. - dijo Hugh. - Más fuerte, más rápido, más capaz que la mayoría de su especie, pero en el fondo sigue siendo un animal. Yo trabajo con ellos. Los conozco muy bien. Son herramientas para ser usadas. Tienen emociones, seguro, pero sus instintos siempre se imponen a sus raquíticos sentimientos. ¿Por qué crees que crean todas esas reglas complejas para sí mismos? Acércate a ellos pero no a menos de seis pulgadas o acabarás con tu garganta desgarrada. Come después de que el alfa empiece a comer, pero no te levantes cuando entra en la habitación. Nosotros no tenemos esas reglas de mierda. Nosotros no las necesitamos. ¿Sabes lo que tenemos? Tenemos cortesía. Los cambiaformas imitan el comportamiento humano al igual que los estudiantes imitan a un gran artista, pero confunden complicado con civilizado. 
Bla, bla, bla. Por favor, dime más sobre cambiaformas, abuelo Hugh, porque yo no tengo ni idea de lo que piensan. Como si no viviera con quinientos de ellos y terminaran ordenando sus problemas personales, todos los miércoles en las audiencias de la corte de la Manada.
-Por un momento pensé que podrías ser un verdadero ser humano, pero me demostraste que estoy equivocado. Gracias. Esto hará que me sea mucho más fácil matarte.
Hugh se inclinó hacia delante. Una extraña luz bailaba en sus ojos.
-¿Quieres una oportunidad?
En cualquier momento.
 -¿Por qué quieres mostrarme lo que has aprendido?
-Ooo. -Hugh aspiró aire, entrecerrando los ojos. -Supongo. Que me gusta entender.
Un extraño rugido sonó como una cascada a través de las montañas, muriendo en un tono extraño, casi como el balido de una cabra y fueran depredadores del tamaño de un tigre.
-Maldita sea. - Hugh se puso de pie en su trono.-Yo les dije que se quedaran  en el infierno de barranco.
Me puse de pie. A la izquierda los árboles temblaban. Algo galopaba desde la ladera de la montaña directamente hacia nosotros.
-¿Qué es?
-Ochokochi. Grandes y feroces, carnívoros, de largas garras. A ellos les gusta empalar a la gente de su pecho.
-¿Qué ellos qué?
-Ellos te agarran y te empalan del pecho. Los cambiaformas asustaron a la manada. Estúpidos  hijos de puta. Le pregunté una cosa: una maldita cosa-y ellos no podían hacer las cosas bien. La manada se dirige hacia nosotros. Normalmente me aparto de su camino.
-Pero tenemos a los caballos. - Entonces me acordé del camino hasta el lugar de reunión era estrecho y empinado. Teníamos siete caballos, y lograr llegar hasta ellos y alcanzar el camino a tiempo de escapar era imposible.
-Exactamente. Cuando el ochokochi  se vuelven locos como ahora, masacran cualquier cosa con vida.
Un ruido sordo vino de abajo, el sonido de muchos pies pisando fuerte al unísono. ¿Cuántos de ellos estaban allí?
Hugh saltó del trono al suelo. 
-Vienen derecho hacia nosotros.
Me moví a la izquierda, poniéndome entre el bosque y el corral de los caballos. El ruido sordo de sus pisadas creció, como el rugido de una cascada lejana. Los caballos relinchaban y se paseaban en el cercado, tirando  de sus amarres.
Los árboles se estremecieron.
-No dejes que ellos te agarren.- Hugh me sonrió. 
-¿Preparada?
-No ha habido un momento mejor.- Me desabroché el sable de repuesto de mi cintura, desenvainándolo, y dejé caer la vaina en la hierba.
Las zarzas en el borde del claro se rompieron, y el bosque escupió una bestia dentro del claro. Tenía unos cinco metros de alto, medio erguido como un gorila o un canguro, apoyando todo el peso de su cuerpo sobre dos patas traseras enormes. Un largo pelaje rojizo semejante al de la gamuza caía de sus flancos. Sus extremidades anteriores, musculosas y parecidas a las de un simio, llevaban largas uñas negras. Su cabeza era de caprino, con una frente ancha y ojos pequeños, pero en vez de hocico estrecho, su rostro terminaba en poderosas mandíbulas depredadoras diseñadas para cortar en lugar de moler.
¿Qué demonios es eso?
La bestia nos vio y se echó hacia atrás, abriendo sus piernas como si fuera a dar un abrazo. Un fuerte, canto como un hacha de hueso sobresalía de su pecho. Trozos  de porquería seca se aferraban a él, y que parecían sospechosamente  jirones sangrientos de la carne de alguien.
Ir hasta el Mar Negro, conocer gente nueva, ver lugares hermosos, que te mate un mutante carnívoro canguro cabra. Uno de los puntos de mi lista de deseos.
Saqué a Slayer de la funda de atrás. Hugh levantó las cejas hacia las dos espadas, pero no dijo nada. Eso está bien. Manten tus comentarios y preguntas para el final.
La criatura abrió la boca, mostrando los dientes afilados, y aulló. El terrible sonido se extendió a través del claro, ni rugido, ni gruñido, pero si un profundo grito de una criatura sin la facultad del habla impulsado por el miedo y la sed de sangre.
Levanté mis sables, calentando mis muñecas. Hugh desenvainó su espada. Era una espada europea plana y larga, con una hoja de treinta y cinco pulgadas y media, una sencilla cruz de guardia y un mango forrado en piel. La empuñadura era lo suficientemente larga para su uso con una sola mano o con las dos manos. La cuchilla biselada brillaba con un acabado satinado.
Los arbustos se rompieron. Más ochokochi salieron a la luz. El líder gritó de nuevo.
Hugh rio.
Los monstruos cayeron a cuatro patas y cargaron.
Nosotros dimos un paso adelante y nos inclinamos a la vez. Me moví a la izquierda, esquivando la carga, y rebanando el hombro de la bestia. La criatura gritó y lanzó hacia mí sus garras. Me eché hacia atrás lo suficiente para evitarlo e hice girar las espadas en un patrón experto de mariposa. La cuchilla inferior alcanzó el costado de la bestia, la parte superior rebanó un lado de su cabeza. La sangre salpicó. El ochokochi  se alzó y cayó al suelo con sus piernas sacudiéndose en espasmos violentos.
Giré mis hojas, rodeándome a mí misma con un muro de acero. Una mariposa en la parte superior, y una en la parte inferior. Si podían sangrar, debían sentir dolor. Esperaba que tuvieran la suficiente capacidad mental para mantenerse alejados de las cosas que podían herirlos. 
Una segunda bestia se lanzó sobre mí. Corté. Gritó de agonía, retorciéndose hacia un lado, rebanado y herido, y salió corriendo hacia el bosque. ¡Banzai! Yo no tenía que matar. Tenía que hacerles suficiente daño para hacerlos huir.
Ellos se unieron para lanzarse contra  mí, y yo tejí a través de los siguientes cuerpos de color óxido, cortando y recortando. Ellos bramaban y rugían. Aspiré la agresividad que exhalaban y me perdí cortando a través de músculos y ligamentos. Había hecho esto cientos de veces en la práctica y en las luchas reales, pero ni el recuerdo ni la práctica podría comparar con el puro regocijo de saber que tu vida estaba en juego. Un movimiento en falso, un paso en falso, y ellos me iban a pisotear. Moriría empalada o desgarrada hasta morir. El miedo arraigó en mí, una certeza constante en el fondo de mi mente, pero no me paralice, eso hacía todo más nítido. Vi el ochokochi con una claridad cristalina, cada hebra de cabello y observar todo el pánico y la rabia enloquecida.
Hugh luchaba a mi lado. Se movía con una tranquilidad, con una ligera ciencia, de esas que no se puede aprender en un dojo o en un simulacro de lucha. Hugh  oscilaba con una anticipación instintiva, un sexto sentido de saber dónde debía aterrizar su golpe y la forma de inclinar su hoja para conseguir el máximo impacto, y cuando su espada tocaba carne, la arrancaba. Él rompía cuerpos como si fueran de mantequilla, sin desperdiciar esfuerzo, moviéndose sin pausa, como si bailara un ritmo que sólo él oía. Era como ver a mi padre. Ellos lo llamaban Voron porque la muerte seguía su estela, el camino que seguían los cuervos en las viejas leyendas. Si Voron fue el cuervo de la muerte, Hugh era su guadaña.
Nos movíamos al unísono. Él me lanzó un cuerpo, yo lo corté,  lo impulse a él, y  él lo acabó con un brutal corte preciso.
Más ochokochi salpicaron contra nosotros como una ola peluda.
Dos bestias cayeron sobre mí, golpeando el suelo a la vez, apenas dos pies de espacio entre ellos. No tenía a donde ir y no podía detener a ambos.  Invertí las cuchillas y me levanté.
Vinieron hacia mí, gritando. Doce metros.
-¡Kate! - Hugh gritó.
Diez. En un instante demasiado cercano, ellos me iban a aplastar. Un momento más tarde y mi vida habría terminado.
Siete.
Cinco.
El aliento de sus bocas se derramó sobre mí.
Ahora. Caí de rodillas y corté en sus patas delanteras con las dos espadas en un solo corte.
Antes de que se desplomaran hacia adelante, los músculos y los tendones cortados  flaquearon bajo su peso, tiré de las espadas hacia mí y me puse de pie. Las dos bestias me pasaron por ambos lados y se estrellaron a mis espaldas, tullidos.
-¡Maldita sea, eso fue magnífico! - Hugh gritó, sacando su espada de un cuerpo peludo.
Un ochokochi se abalanzó sobre él, demasiado rápido para el golpe de espada. Hugh movió su brazo izquierdo. La parte de atrás de su puño golpeó el cráneo de la criatura. El ochokochi se tambaleó y cayó.
Tuve que evitar ser golpeada por él al deslizarse.
No había animales dentro del intervalo de ataque. La ola de ochokochi había roto contra nosotros.

Los ochokochi restantes se desplegaron, tratando de flanquearme. Retrocedí hasta que mi columna vertebral tocó con la de Hugh. No tenía idea de cómo, pero sabía  con seguridad al cien por cien que su espalda estaría allí para apoyarme.
-¿Cansada? -  me preguntó Hugh.
-Puedo hacer esto todo el día.
El líder ochokochi  bramó. Si se lanzaban sobre nosotros todos de una vez, pasaríamos un rato de infierno protegiendo a los caballos.
Sonó otro rugido. Los ochokochi  se dieron la vuelta como uno solo y fluyeron en una corriente de color rojizo hacia la derecha, a través de los arbustos y árboles en sentido opuesto a nosotros.
Yo exhalé.
-Parece que esquivamos una bala. - Sonrió Hugh.
Inspeccioné el claro y los montones de piel marrón que lo salpicaban.
-¿Cuentan ochokochi para la cacería?
-No.
-Maldita sea. Ahí va mi oportunidad para la gloria.
-No tienes suerte. - dijo.
Me dejé caer hacia delante, recuperando el aliento, me enderecé, y saqué un paño de mi bolsillo. Tuve que limpiar mi espada.
***
Después de la pelea Hugh no hizo ningún esfuerzo para hablar. La hora de compartir había pasado, al parecer, y nos concentramos en llegar a la parte posterior del claro en forma.
A las tres en punto Hugh sacó un cuerno de su alforja y emitió un sonido que hizo que los muertos se sentaran en sus tumbas. Quince minutos más tarde, los equipos de cazadores cambiaformas comenzaron a llegar. Curran y compañía fueron los segundos en escena después de los Volkodavi. La maleza crujió y el colosal león gris apareció a través de ella. Los labios leoninos se estiraban en una sonrisa claramente humana. Si los leones podían mirar con aire de satisfacción, Curran hizo.
Levanté las cejas. Los cadáveres de los ciervos muertos, tur y cabras estaban apilados a espaldas de Curran. Se sacudió, tirándolos al suelo, la melena gris volando en el viento, y me miró. Y luego a la pila de cuerpos peludos rojos detrás de mí. Hugh y yo habíamos arrastrado a todos en un gran montón en el borde del claro para hacer espacio y evitar que los caballos enloquecieran.
El león se contrajo, y un hombre se irguió en su lugar. 
-¿Qué demonios es esto?
-Hola, cariño. - Le saludé desde mi posición en una roca y seguí puliendo a Slayer con un pequeño trapo.
Curran se giró hacia Hugh. Su voz era un gruñido.  -¿Has hecho esto?
-Sólo puedo reclamar la responsabilidad de la mitad de las muertes. El resto pertenece a tu esposa. . . ¿prometida? - Hugh se volvió hacia mí.  -No estáis casados, ¿verdad? ¿Cuál es el término? 
Oh, hijo de puta.
 -Consorte. -  Barabas surgió detrás de Curran. - El término es  'Consorte'.
-Qué extraño. -  Hugh hizo un guiño a Curran.  -Sin matrimonio, sin separación de bienes, y sin ningún compromiso. Bien jugado, Lennart. Bien jugado.
Los ojos de Curran se volvieron de oro.
-No te metas en mis asuntos.
Hugh sonrió.
-Dios no lo quiera. Aunque deberías saber que si la caza tuviera un premio a la más elegante asesina, ella habría ganado. -Se dio la vueltay se alejó.
Curran me miró. Nunca me había pedido que se casara con él. No surgió. Este hecho no me había molestado hasta que Hugh nos lo echó en cara. Ahora que pensaba en ello, todavía no me molestaba.
 Deslicé a Slayer en la vaina de mi espalda. -¿Cómo te fue en la cacería?
-Bien. -dijo.
-¿Alguien herido?
-No.
Un delgado lobo gris encorvado  se detuvo junto a Curran. Su cuerpo alargado y retorcido, y Lorelei se plantó junto a Curran. Desnuda de nuevo. Imagínense eso.
-Fue una cacería gloriosa.- dijo.-Curran es increíble. Nunca he visto tal poder.  Fue. . . 
-Estoy segura de que lo fue. - Esperé a que él le dijera que se moviera. No lo hizo. Ella estaba de pie tan cerca, que sus manos casi se rozaban. Ninguno de ellos llevaba ropa, y él no le dijo que se moviera. Él no dio un paso para alejarse. Una fría y firme rabia surgió dentro de mí y se negó a disiparse. La desnudez no era un gran problema para los cambiaformas, pero si un hombre desnudo se plantaba cerca de mí, Curran le arrancaba la cabeza de un mordisco.
Esperé a que reaccionara. No. Nada.
-Me hubiera gustado que pudieras haberte unido a nosotros. - dijo Lorelei.
Le sonreí.
Lorelei parpadeó y dio un paso atrás con cuidado.
-Yo tenía mi propia diversión aquí.- Me levanté y me interpuse entre ellos. Lorelei se hizo a un lado, dejándome pasar. Curran no hizo ningún movimiento hacia mí. Repasé su rostro. Sin expresión. Estaba cerrado. Me sentía como si una puerta se hubiera cerrado de golpe en mi cara.
Di algo. Di que me quieres. Haz algo, Curran.
Nada. Argh.
Detrás de Curran, Desandra, ahora humana, puso su mano en la parte baja de su espalda, empujando su estómago hacia fuera, y se estremeció. Radomil estaba junto a ella, diciendo algo en un idioma que no pude entender. Debió haber sido algo divertido, porque ella se echó a reír. Y entonces ella sutilmente miró a su izquierda, donde los italianos estaban arreglando su ropa. Eché un vistazo, también. Gerardo no la estaba buscando. Su rostro se ensombreció.
Mi voz sonó fría.
-Tu ropa está en esa roca, Su Majestad. Yo la doblé para ti.
-Gracias. - dijo, con voz distraída.
-¿Hay algún problema? - Le pregunté en voz baja.
-No. - Una chispa de frustración brillaba en sus ojos y se fundió. No era mi león cabreado. Él estaba tramando algo. De alguna manera eso no me hacía sentir mejor.
***
Los djigits ordenaron la caza y etiquetaron los cascos con diferentes tipos de tinte. Esperamos a los rezagados, mientras que los cambiaformas se ponían sus ropas. La cantidad de caza que habían matado era asombrosa. Decenas de animales habían perdido la vida. Tenía la esperanza de que tuvieran la capacidad de congelar la carne, ya que  pensar en toda esa caza echándose a perder me hacía sentir mal.
El ganador del equipo tendría que ser declarado después de que el personal del castillo tuviera la oportunidad de pesar y clasificar los animales, pero la captura que sería premiada era dolorosamente obvio: una hermosa tur madura, de  por lo menos doscientas treinta libras, con sus cuernos como dos lunas curvadas. Hugh la sacó fuera de nuestra pila y los djigits montaron un gran espectáculo llevándola.
-¿Se alzará el cazador de pie y reclamará su premio? - Tronó Hugh.
Tia B dio un paso adelante. Hugh se inclinó y le entregó la jarra de vidrio que contenía una bolsa de plástico con la panacea. Todo el mundo aplaudió.
Tía B sonrió y pasó la panacea para Andrea.
-Mi regalo para mis nietos.
Alivio brilló en el rostro de Andrea. Solo duró un abrir y cerrar de ojos, pero lo vi. Estrechó la jarra para el segundo más pequeño antes de entregársela a Raphael.
 Se pusieron de nuevo la ropa, los caballos fueron liberados, y comenzamos nuestro descenso hacia el castillo. La gente a mi alrededor parecía más feliz, más tranquilo, saciada.
Curran caminaba delante de mi caballo. Lorelei debía haber percibido que no era un buen momento para poner a prueba mi paciencia, y se había ido a hablar con George detrás de nosotros. Curran siguió caminando y yo seguí a caballo. O algo había sucedido en esa cacería o él había tramado algún tipo de plan demente y ahora estaba siguiéndolo.
No volvimos a hablar.
A mi derecha Desandra conversaba con Andrea sobre la caza.
Por primera vez en meses, me sentí completamente sola. Era una sensación familiar, pero casi olvidada. No me había sentido tan aislada, desde que Greg murió. Él había cuidado de mí durante casi diez años después de la muerte de Voron.  Consideraba su compañía como algo garantizado, y cuando fue asesinado, me sentía como si alguien hubiera quebrado mi vida con el golpe de un martillo. Los cambiaformas nunca me trataron como a un extraño, pero en ese momento yo sabía exactamente cómo se sentía alguien fuera de lugar. Todos estaban todavía drogados con la emoción de la caza. Eso les unía a todos, y allí estaba yo,  el único humano a caballo, y Curran no me hablaba.
Era una sensación desagradable y no me gustaba. Me hubiera gustado tratarlo. Yo no sabía cuál era el problema de Curran, pero me gustaría saberlo. Curran nunca hizo nada sin una razón y él era muy controlado, incluso fueron premeditadas sus aventuras de una noche.
Curran no perdería la cabeza por Lorelei, no importa cuán bonita y fresca pareciera. Él había preparado algún tipo de trama, y ahora estaba poniéndola en práctica en su forma Curran metódico, y el hecho de que él no me dijera nada acerca de su plan significaba que realmente no me gustaría. Y eso era exactamente lo que me preocupaba.
El camino  se curvó. Sentí el peso de la mirada de alguien sobre mí y miré hacia arriba. Hugh. Mirándome cuando doblábamos el recodo. Frente a él se alzaba el castillo en la cima de la montaña. Había llegado el momento de poner mi cara de tipo duro.
Veinte minutos más tarde nos apeamos en el patio. Un Djigit tomó mi caballo. Curran, Mahón, y Eduardo estaban hablando. Caminé en línea recta hacia su grupo. Tomé un poco de aire, quería despejarme.
Por el rabillo de mi ojo, vi a Hibla corriendo por el patio. No quería hablar con ella. Mi turno con Desandra estaba a punto de comenzar y yo quería hablar con Curran antes de hacerlo. No vengas a mí, no vengas  a mí. . .
-¡Consorte!
Mierda pinchada en un palo. 
-¿Sí?
-¿Puedo hablar con usted?
No.
-Por supuesto.
Caminamos hacia el muro, fuera del camino.
-La criatura que mataste. ¿Tenía alas? 
-¿Tuviste un ataque?
-Eso parece.- Hibla bajó la voz. -No quiero crear pánico o una cacería dentro de los muros. ¿Quieres verlo conmigo? 
No sola, no lo haré. Busqué entre la multitud, buscando a Andrea, la vi a ella y a Raphael en las puertas haciendo entrar a Desandra en el interior. Simplemente así.
-¡Derek! - le llamé.
Un momento después, salió de la multitud como un fantasma.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por lulila el Sáb Oct 26, 2013 3:03 pm

Gracias!!!!!!!!
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Ebekah el Dom Oct 27, 2013 2:59 pm

Mas capis!!! muchas gracias por su trabajo!!!! Laughing
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Shuemi14 el Mar Nov 05, 2013 2:38 am

Muchas gracias !! genial trabajo 
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Jue Nov 21, 2013 7:38 am

CAPÍTULO 11

El castillo parecía durar para siempre. Atravesamos un pasillo, giramos, cruzamos otro, subimos escaleras. . .
-Es un laberinto- dijo Derek.
-Se supone que debe serlo- le dije. -Al igual que la sala debajo del Casino en casa. Salvo que una se ha diseñado para evitar que los vampiros se escapen, y éste se hizo para evitar que los atacantes lleguen a los puntos vulnerables.
Subimos ocho tramos de escaleras, hasta que finalmente Hibla abrió una pesada puerta. Salimos a las almenas y nos dirigimos a lo largo de la parte superior de la pared hacia una torre albarrana.
-Curran nunca hace nada sin una razón- Derek me dijo en voz baja.
Bueno, bueno, la repentina falta de modales del Señor de las Bestias cuando fue con Lorelei no había pasado desapercibida. Derek fue entrenado por Jim para ser observador, y ahora el chico estaba preocupado por mí. Me conmovió que estuviera preocupado, pero la irritación era como púas dentro de mí. Navegar por mi vida amorosa era bastante difícil en estos momentos sin la asistencia injustificada de hombres lobos adolescentes.
-¿Sabes algo que yo no?
Negó con la cabeza.
Llegamos a una puerta. Una pesada puerta yacía de costado al lado de él. Seguimos a Hibla por la puerta y subimos otra escalera y salimos en la parte superior de la torre albarrana. Perfectamente redonda, la torre ha sido diseñada para permitir el bombardeo de la parte norte. No era que cualquier cosa pudiese venir de ese lado, el suelo terminaba tan de repente, que tenía que ser sólo un par de grados menos que un acantilado totalmente vertical.
Una ametralladora antipersonas se sentaba en un soporte giratorio, orientado hacia el sur. A alta velocidad, escorpiones medianos estaban detrás de la ametralladora en un soporte giratorio. Con la forma de una gran ballesta, el escorpión era el equivalente romano de una ametralladora. Disparaba flechas con velocidad suficiente para perforar una armadura, y a juzgar por las bielas, ésta era de una serie del fuego, una máquina de asedio de carga automática. Haría falta dos personas para operarla, pero una vez que girabas la manivela hacia arriba, el escorpión escupía suficientes flechas para cortar un pequeño ejército. Tanto la pistola como el escorpión se posaban sobre una plataforma giratoria, e intercambiarlas en caso de una onda mágica tomaría unos pocos segundos. Inteligente, Hugh. Muy inteligente. Tendríamos que robar esta configuración para la Fortaleza. Suponiendo que volviéramos a La Fortaleza.
Dos djigits se esperaban junto a las máquinas de asedio. Ambos parecían pálidos.
Hibla asintió con la cabeza y se hicieron a un lado, dejando al descubierto una larga mancha de sangre en la piedra. Un brazo roto yacía contra la pared. Los dedos largos y delgados. Podría ser mujer. Me agaché. Rasguños marcaban la piedra. A la derecha, trozos de piel de chacal pegada a los bloques unidos con sangre seca. A su lado yacía una escama de color naranja. El chacal de Hibla había perdido la lucha.
Saqué una pequeña bolsa de plástico y cogí la escama para llevársela a Doolittle. No era más que una de esas cosas que hay que hacer.
Derek inhaló, se agachó, y olio las piedras.
-Hay cuatro puestos de observación en la torre- dijo Hibla. -El cambio es cada doce horas, a las seis de la mañana y las seis de la tarde. Esta mañana Tamara relevó a la guardia de la noche. Esto es todo lo que queda de ella. 
-¿Quién tiene acceso a la torre?- Le pregunté.
-Nadie. Una vez que los vigías entran en la torre, impiden el paso por la puerta detrás de ellos. La puerta estaba todavía cerrada cuando Karim llegó a relevarla. Tuvimos que sacarla de sus goznes.
-¿Los otros vigilantes escucharon algo?
-No.
Miré a Derek. -¿Cualquier cosa?
-Aroma similar al del pasillo- dijo.
Puerta cerrada, armamento pesado. El único acceso era desde el aire. Así que las alas habían sido funcionales después de todo. Sin embargo, el que yo había matado no tenía una envergadura suficientemente amplia como para volar. Era un bastardo pesado, demasiado. Me volví. El edificio principal del castillo se levantaba delante de mí. Alto, en bloques, con un techo azul.
-Se desliza- le dije. -Es probable que despegó desde el torreón principal, se abalanzó y pisoteó a Tamara.- La lucha debe haber sido brutal y rápida, ya que la cambiaformas chacal no tuvo la oportunidad de pedir ayuda.
-¿Por qué se llevó el cuerpo?- preguntó Hibla.
-No lo sé.- Algo había tomado al otro guardia también, el que había estado de pie sobre el mecanismo de vigilancia de la puerta de pasillo. -¿Alguna vez has oído hablar de algo así?
Hibla negó con la cabeza. -No es local. Conozco todas las criaturas locales.
-Debe haber miles de montañas aquí.- Y algunos de ellas dieron lugar a cabras canguro mutantes con cuernos de hueso en el pecho. -¿Estás segura de que estos cambiaformas no han salido arrastrándose de algún barranco oscuro?
Se cruzó de brazos. -Te dije que conozco todas las criaturas locales.
Luché para no rechinar los dientes. Ella me invitó a entrar y ahora había decidido estar a la defensiva. -¿Rumores de algo similar? ¿Cualquier cosa? "
-No. Necesito información útil. Usted no está siendo útil.
Pensé en decirle que agachara para poder quitarle la barra de hierro que se le había atascado en el culo, pero entrar en una pelea con el jefe de seguridad de Hugh no estaba en nuestros mejores intereses. Era necesario mantener una relación de trabajo, ya que voy a tener que confiar en Hibla más tarde.
Derek estaba inclinado sobre la pared. -¿Kate?
Fui. La pared sur se elevaba por encima de un gran patio interior cuadrado. Maniquíes de práctica se sentaban a lo largo de las paredes. Junto a ellos una jaula grande de metal colgaba de cadenas, de unos cinco o seis metros del suelo. Un montón de trapos yacían en su interior.
La pila se movió. Un trapo echada hacia atrás y luego una cara mugrienta me miró.
-¿Quién es?"
-El prisionero- dijo Hibla.
-¿Por qué está en una jaula?
-Pertenece al Señor Megobari. Es un criminal. Este es su castigo.
Hugh pone a la gente en jaulas. Precioso. -¿Cuál es su crimen?
-El robo.
-Quiero hablar con él.
Hibla hizo una mueca. -Está prohibido.
-El contrato que los clanes firmaron me da la autoridad para perseguir y eliminar cualquier peligro que amenace a Desandra. Una criatura parecida la atacó y ahora podemos concluir que hay más de ellos por ahí. Eso me dice que Desandra está en peligro. Si el Señor Megobari hace un tema de eso, dile que insistí. Él te va a creer. 
El rostro de Hibla me dijo que no tenía dudas acerca de esa parte. -Sígueme.
Entramos en la torre y bajamos una escalera de caracol.
-Su olor es extraño- dijo Derek. -Como si alguien empujara papel de lija en la nariz. Debe ser algo que emiten sólo cuando se transforma, porque no he olido antes. 
-¿Cuanta tensión tiene su seguridad?- le pregunté.
Si las miradas pudieran conducir la electricidad, Hibla me hubiera electrocutado en el acto.
-No estoy cuestionando su competencia- le dije. -Estoy tratando de hacer mi trabajo. Si un extraño escama la pared, ¿qué tan rápido te vas a enterar?
-Si entra en el Castillo de inmediato- dijo Hibla. -Tenemos patrullas en las puertas y en los pasillos. Ellos están capacitados para recordar olores y caras.
-¿Qué si entra en uno de los edificios de menor importancia?
-Nosotros hacemos rodas con recorrido por la toda estructura dos veces al día. Nosotros no lo podemos ver, pero lo olernos. Lo sabría en un plazo de doce horas. 
Tuve que dárselo a Hugh, su seguridad era buena. -¿Extraños desde que llegamos?
-Aparte de usted y las tres manadas, no.
-¿Cuántas personas, además de nosotros y ustedes, están en el castillo?
-El Volkodavi tiene dieciocho, los italianos tienen y Jarek Kral tiene veinte también.
Eso eran cincuenta y ocho, y nosotros incluidos haríamos unos setenta. -¿Y usted está segura de que su gente puede recordar setenta olores diferentes?

Hibla miró a Derek.
-Sí- me dijo. -Quinientas personas vienen a la Fortaleza durante cualquier semana. Reconozco cada aroma.
Yo sabía que la memoria olfativa de los cambiaformas era buena, pero no tenía ni idea de que fuera tan buena. Pensar en recordar quinientos olores me hizo doler la cabeza.
-¿Cómo puede ser la consorte y no saberlo?- dijo Hibla, en la forma en que alguien decía: Por supuesto que la Tierra es redonda, ¿qué eres un idiota?
Derek le enseñó los dientes. Genial. Si iba a la garganta de Hibla, tendría un lío en mis manos.
-En los EE.UU los cambiaformas no dan voluntariamente información sobre sí mismos a otros- le dije. -Aprendo a medida que avanzo, y el tema de hasta cuántos olores pueden recordar se me pasó.
Hibla comprobó la cara de Derek. -Podemos recordar miles. Saber esto es importante.- Su tono dejó claro que pensaba que yo era una idiota no apta para el servicio. Primero Desandra, ahora ella. Estaba empezando a cansarme de la constante canción no-eres-un-cambiaformas.
-Aprender otras cosas era una prioridad.
-¿Qué otras cosas?
-Cómo matar con eficacia a uno de ustedes con un cuchillo de quince centímetros. Soy un principiante rápido y tuve mucha práctica. Resulta que hay una manera para clavar la hoja del cuchillo bajo la vértebra cervical de tal manera que el cuello se rompa. Recuérdamelo más tarde y yo te mostraré.
Hibla parpadeó.
Derek se rió en voz baja.
-¿Y la cabeza del hombre que maté? ¿Conoces su olor? 
-No.- admitió Hibla.
-Así que él no estaba con ninguna de las manadas.

-No.
-¿Y no sabemos cómo se metió en el castillo?
Su labio superior se arrugó. -No.
Extraño o no, las agresiones tuvieron que venir de una de las tres manadas. Alguien había hecho un pacto con el diablo y ahora estas criaturas estaban caminando entre nosotros disfrazadas.
Llegamos a una pesada puerta de acero bloqueada por una barra de metal del grosor de mi brazo. Tenía que pesar al menos veinticinco kilos. Hibla casualmente la levantó con una mano y abrió la puerta. Salimos al patio y nos dirigimos derecho a la jaula.
El prisionero me vio. La pila de trapos se movió y alargó una mano manchada de tierra entre las barras hacia mí.
-Por favor. . . 
A mi lado Derek hizo una mueca. Un momento después, yo también lo olí, el hedor de la orina y las heces rancias. Hugh era un maldito bastardo. -Su generoso Señor Megobari le permite sentarse en su propio excremento.
Hubo una pequeña pausa antes de Hibla respondió. -No se puede evitar.
Sí, se puede. Definitivamente se puede.
Llegamos a la jaula. Un hombre me miró a través de las barras con ojos febriles. No era tan viejo. Era difícil decir con toda la tierra, pero, posiblemente, años veinte. Pelo rubio oscuro sucio. Barba escasa. Sus pómulos resaltaban, afilados como cuchillas en su rostro demacrado. A menos que él estuviese demacrado, naturalmente, lo estaban matando de hambre.
-Por favor- susurró.
Inglés. Fantástico.
-Bella dama, por favor, agua.
Saqué una cantimplora de mi cinturón y se la pasé. La cogió y bebió con avidez, tragando el agua.
-Despacio. Si bebe demasiado y demasiado rápido usted va a vomitar.
El hombre siguió bebiendo. Le temblaban las manos. Apenas parecía humano.
-¿Cuánto tiempo hace que está en la caja?
-Dos meses- dijo Hibla.
Dios mío. -¿Y la última vez que tuvo el agua?
-Le damos un vaso de agua y una taza de gachas cada mañana.
Esta era una tortura. Hugh le dio lo suficiente como para mantenerlo con vida, pero no lo suficiente para poner fin a la sed y al hambre. Había estado sin agua antes. Si no la tienes, eso es en todo en lo que puedes pensar. No me importaba lo que el hombre había robado, ponerlo en una jaula y dejarlo que se pudra en su propia mugre era inhumano.- ¿Cómo se puede seguir a un hombre que hace esto?
Hibla cuadró los hombros. -Mi padre era un despachador de la estación de ferrocarril de Gagra. Cuando ocurrió el cambio, se convirtió en un chacal en el centro de la estación. Una vez que la ola de magia había terminado, los guardias del ferrocarril lo acorralaron y le dispararon, y como él no iba a morir, lo tiraron debajo del tren entrante. Y luego persiguieron a nuestra familia. Mi madre, mis dos hermanos, y yo tuvimos que correr a las montañas con nada más que la ropa puesta. Cuando camino por la ciudad ahora, las personas se inclinan ante mí. ¿Quieres saber por qué sigo al Señor Megobari? Lo hago porque yo no soy la que está en la jaula. Usted puede estar indignada todo lo que quieras. No me molesta en absoluto. 
El preso se agarró el estómago y vomitó el agua sobre sí mismo.
Hibla burló. -Abzamuk.
El hombre negó con la cabeza, bebió otro trago desesperado, y abrazó a la cantimplora contra él. -Gracias. Gracias, gracias, gracias. 
-¿Cómo te llamas?- Le pregunté.
-Christopher. Christopher. Yo soy.
-¿Por qué te pusieron en la jaula?- preguntó Derek.
-Yo robé. Muy mal, muy, muy malo. Equivocado. Era un libro. Quería el conocimiento.-
Su mirada fija en mí. -La señora hermosa, amable señora. Gracias.
Derek me miró. -No es todo lo que hay.
No, definitivamente no lo era. O él estaba loco, para empezar o estar sentado en la jaula le aflojó algunos tornillos. Loco o no, la desesperación en su rostro era real. Hugh podía dejarlo morir en esta jaula y no le molestaría en lo absoluto. Molestaba el infierno fuera de mí.
-Christopher, hoy temprano un guardia murió en la cima de la torre- le dije. -¿Viste lo que pasó?
Me miró con ojos que eran luminiscentes con una mezcla de inocencia y el asombro. -Yo lo veo todo. Veo maravillas.
Correcto. Las luces estaban encendidas, pero no había nadie en casa. -¿Podrías decirme lo que viste?
-Una bestia.- El hombre levantó las manos, con los dedos extendidos como garras. -Grande, bestia naranja. Abalanzó sobre el perrito y zas muerto.
Perrito muerto tenía razón.
-Es el cazador de los cielos. Un protector celeste.
Protector celestial. Leyendas chinas hablan de dragones que actuaban como guardianes celestiales, pero ninguno de ellos parecía un los gato con alas. -¿Qué quieres decir con" protector celestial? 
-Un guardián y los guardias ya no. Un depredador del cielo.
Eso no me ayudaba en nada. -¿En qué país busco a este depredador?
-No existe.- Christopher dio una sonrisa triste. -Las rocas y los recuerdos olvidados.
-¿Qué pasó después de que el animal mató al guardia?
-Entonces me muero por un rato. A menudo me muero, pero sólo por un minuto o dos. La muerte nunca se queda. Ella sólo visita.
-Christopher, enfócate. ¿Qué pasó después de que la bestia atacó a la mujer?
-Yo te lo diré. Voy a contar todo, pero el agua.- Christopher celebró la cantina al revés, con la cara triste. -No más. Toda vacía. No queda nada. Nichts Sonst. (Alemán: de lo contrario, nada N de la T)
Esto último sonaba a alemán.
-Usted me da más agua y te diré. Todo.- Christopher asintió.
-Vas a decirle todo lo que sabes de todos modos- gruñó Hibla.-O…-
O nada. -Derek, por favor dame tu cantina.
Derek me entregó su cantimplora. La levanté. Christopher se centró en ella.
-Dime lo que viste y es tuya.
-El agua en primer lugar.

-No. Información primero.
Christopher se pasó la lengua por los labios.
Moví la cantimplora hacia Derek. Me iría al infierno por esto.
-La bestia tomó a la mujer. Saltó del muro. ¡No!-Christopher señaló a la pared. -Le mordió el cuello y se la llevó.
En el otro lado de la pared había un acantilado. Tenía sentido. Tamara era una mujer adulta, por lo menos un extra de cincuenta kilos de peso muerto, probablemente más. Para llevársela, la bestia tendría que comenzar un deslizamiento en algún lugar alto. Saltar de la pared con varios cientos de metros de aire limpio en virtud de que sería perfecto y nadie podía seguirla. Nuestra investigación simplemente se marchitó en la raíz y murió.
-¿Oíste a la bestia hablar? ¿Has visto algo más? 

Christopher negó con la cabeza y cogió el agua. No obtendríamos nada más de él. Le di la cantimplora. Él la agarró y la escondió bajo sus harapos. Loco, sí. Tonto, no.
Nos alejamos.
-He compartido con ustedes- dijo Hibla. -¿Qué piensas?
Tenía que ser diplomático. -Estoy formalmente avisándole que duplique las patrullas.
-Lo haremos- dijo Hibla. Verde rodó en sus ojos. Ella había pedido mi consejo, pero ella realmente no le gustaba que le dijera lo que tenía que hacer.
Diplomática. -¿Le dijiste al Señor Megobari de esto?
Ella levantó la barbilla. -Ofrecemos seguridad. Es nuestro problema.
Correcto. Alguien en el castillo se estaba convirtiendo en una criatura gigante que nadie había visto antes y después aporreando a los guardias, pero no vamos a decirle a la persona encargada de ello. ¿Por qué, eso sería ridículo? De hecho, vamos a mantenerlo en la oscuridad todo el tiempo posible, por lo que cuando sea atacado, se lo tome completamente por sorpresa. Estrategia de pateaculos.
-¡Gloriosa señora!- Christopher llamó desde la jaula. -¡Es usted muy amable!
Por lo menos había hecho su vida más fácil, aunque sólo sea por un rato. -Tenemos que ver la parte superior de la torre principal.
Hibla levantó la barbilla. -Te llevaré.
Mientras nos alejábamos, Christopher se agarró a los barrotes. Él no dijo nada. Se quedó sentado allí y nos miraba de pie.
-Usted parece pensar que no sé nada- dijo Hibla, mientras caminábamos por el pasillo hasta la  otra escalera. -Soy buena en lo que hago.
Sabes qué jódete. -Lo entiendo. Usted probablemente ha trabajado duro para llegar a donde está ahora. Usted dirige este lugar de la forma en que desea que se ejecute, y por lo general no tienen problemas. Ahora usted tiene un castillo lleno de pesos pesados que quieren la garganta del otro, un ser humano que está pisando sus pies, y algunas criaturas extrañas que están matando a su gente. Está confiada y no quiere decepcionar a nadie. Esta es su casa y su trabajo. No lo quiero.
Ella me miró fijamente. No podría decir si me estaba poniendo a través o no.
-Todo lo que quiero hacer es mantener mi gente segura y volver a casa. No estamos en contra de la otra. Queremos la misma cosa: usted quiere que nosotros nos vayamos, y yo quiero irme. Yo no soy una amenaza. Tengo experiencia y juntas seríamos mucho más fuertes. Usted debe darse cuenta de esto, porque usted nos encontró y nos llevó a la escena del crimen. Pero no puedo trabajar con usted si cada vez que propongo algo o pregunto algo, se paran tus cerdas como un erizo histérico. Usted puede elegir su orgullo y perder más personas, o puede trabajar conmigo. Usted todavía puede perder más gente, pero al menos sabrá que hiciste todo lo posible para evitarlo. Déjame saber lo que decida.
Ella me estudió.- ¿Qué es un erizo?
-Un animal con agujas en la espalda.
-¿Cómo sé que no eres tú quien está haciendo esto? Todo comenzó cuando llegaste.
-Buena pregunta- le dije. -Nosotros no lo hicimos, porque no tenemos ningún motivo. Queremos la panacea. Asegurarnos que Desandra da a luz con seguridad es la única forma de conseguirlo. ¿Por qué habríamos de atacarla o a sus guardias?
Hibla apretó las mandíbulas cerradas y no respondió. Subimos las escaleras, nos dirigimos a través de más pasillos, y finalmente salimos a la azotea del torreón principal, un cuadrado de piedra.
Derek se volvió y lo olió. Hibla también lo hizo.
-Huelo a orina- dijo Derek para mi beneficio.
Me acerqué al borde de la cubierta, y el olor me golpeó, almizcle, el olor impregnaba como amoníaco, como si alguien hubiese mezclado vinagre, cebollas y orina fresca, dado una buena sacudida, y dejarlo volar.
-Ugh.-Derek hizo una mueca.
-Gatos.- Hibla cargó tanto desprecio en su voz, que casi lo goteaba.
Una mancha marcó las piedras de la orilla oeste. Derek negó con la cabeza y se detuvo junto a él. –Marcas.
Rayas blancas largas recorrieron la piedra, donde un gato había arrastrado sus garras en el suelo. Las marcas de arañazos de un metro largo. Un bastardo alto.
-¿Cómo que tu gente no escuchó esto?- preguntó Derek.
-El castillo está lleno de gente extraña- dijo Hibla. -Probablemente lo oyeron, pero no observaron.- Ella enseñó los dientes. -Marcó en nuestro territorio. En nuestra casa. Cuando lo encuentre, lo voy a matar.
Cambiaformas. El hecho de que él había matado a dos de su gente era menos importante que algunos rasguños.
Analicé el paisaje. A la izquierda el mar se extendía hasta el horizonte, azul y acogedor. Tendría que ir a nadar antes de que esto se hubiera acabado. En las otras tres montañas lados rosáceos, como pliegues altos de terciopelo verde.
-¿De cuántas maneras se puede llegar a Gagra?
-El puerto es la mejor manera. La mayoría de las carreteras han sido destruidas por los desastres naturales, pero hay un paso de montaña al noreste. Y el ferrocarril. Los trenes no funcionan, pero se puede ir andando. También hay pequeños vagones privados. Ellos van poco a poco, pero se puede alquilar uno en una de las ciudades más grandes.
-Estos cambiaformas son extraños. Supongamos que un grupo de ellos vino aquí. Usted ha dicho que no es local, por lo que no conocerían las montañas y es probable que el equipo y el engranaje. Ellos no conocen la tierra. Podrían haber volado hasta la mitad, pero siempre cae por el deslizamiento menor que su punto de partida. No parece muy eficiente y muy rápido. Y que sería muy notable, sobre todo si se volaron durante el día.
Hibla asintió. -Ellos no vienen a través del puerto. Estoy notificado de todos los que llegan.
-Eso nos deja con el ferrocarril o el paso. ¿Hay una manera de comprobar si alguien vino a través de cualquiera de los dos?
Hibla asintió. -Hay un fuerte en el paso. Les puedo decir mañana si alguien vino a través de él. 
-¿Qué pasa con el ferrocarril?
Hibla se encogió de hombros. -Eso será difícil, pero voy a hacer algunas preguntas. Voy a la estación de guardia adicional en las paredes y poner otro centinela aquí.
-Haga que lleven antorchas o linternas- dijo Derek.
-Podemos ver en la oscuridad- dijo Hibla.
-Está bien- le dije. -Incluso con la visión nocturna, en la oscuridad, es posible que no se note un guardia siendo atacado de inmediato, pero se daría cuenta de una antorcha caída. Es un dolor en el culo y es tedioso, pero es mejor que estar muerto. 
Hibla asintió. -Sí. Usted tiene un punto justo.
-También me gustaría entrevistar a mi gente- le dije.
-Conozco a cada uno de ellos. Ninguno de ellos lo hizo. 
-Se va a la teoría del delito- dijo Derek. -No sabemos por qué estos asesinatos están ocurriendo y tenemos que averiguar por qué, así que podemos anticipar su próximo movimiento.
Asentí con la cabeza. -Dos de las personas que han muerto, Tamara y el guardia de la puerta. Tenemos que saber si había alguna relación entre ellos. Podrían ser víctimas al azar, o podrían ser parte de un patrón. Es necesario reconstruir sus vidas. Quizás Tamara y el otro guardia tenían enemigos, ¿estaban en la deuda, y así sucesivamente? En este momento no sabemos lo suficiente.
- Podrían estar apuntando Desandra- dijo Hibla. -Ellos podrían estar apuntando a una de las manadas. Podrían estar apuntando Señor Megobari.
-Exactamente- dijo Derek. -Necesitamos recopilar información y luego podemos gritar en la oscuridad.
*****
Hibla nos llevó de vuelta a la torre principal y nos dejó a nuestros propios efectivos en el patio principal. Estaba prácticamente vacío, excepto por algunos djigits atendiendo a los caballos. Por encima de nosotros el cielo era tan azul y hermoso. Me quedé en el mismo. Tal vez me gustaría ver a un monstruo volador y resolver todos nuestros problemas.
-¿Estás esperando que una pista te caiga en la cabeza?- Preguntó Derek.
-Sip. Dime si ves que viene.
-No.
-Mis súper poderes mentales deben estar oxidándose.
Caminamos hacia la habitación de Doolittle.
-Pensamientos- le pregunté Derek.
-Jarek- dijo. -Tiene mucho que ganar.
Tuve que estar de acuerdo con el razonamiento. El padre de Desandra era el único que ganaba realmente si ella no lograba sobrevivir. Él no quiere ser culpado por ello, por lo que de alguna manera había contratado o se había aliado con algunos cambiaformas extraños y ahora estaban tratando de atacar nuclearmente a su hija. Era una buena teoría. Salvo que el nuevo Jarek Kral el fundador de la dinastía no encajaba con Jarek Kral el asesino de su hija.
-¿Por qué tomar los cuerpos?- Pensé en voz alta.
-Cómo ocultar la evidencia. Para patearlos. O para comida. 
Miré a Derek. El canibalismo estaba prohibido entre los cambiaformas. Comer cuerpos humanos provocaba una avalancha catastrófica en las hormonas que conducían directamente al lupismo. Volvía locos a los cambiaformas.
Llegamos a mi habitación. Abrí la puerta y asomé la cabeza por la puerta.
-¿Curran?
Nope. Sin  Curran. Sí, él tenía un plan. Sí, no me gustaba. Ahora me estaba evitando activamente. Genial.
La puerta del frente se abrió y salió Barrabás. -Un momento de su tiempo, Alfa.
-Por supuesto.- Asentí a Derek. -¿Vas a tomar el relevo con Doolittle?
Él asintió con la cabeza. Le pasé la bolsa y se marchó. Lo miramos hasta que él entró en la habitación de Doolittle.
-Se está haciendo más sombrío y más sombrío- dijo Barrabás.
-¿Derek?
-Sí. En poco tiempo comenzará a emitir su propia nube oscura.
-Tal vez todos podemos escondernos debajo de su oscuridad. ¿Tienes alguna información para mí? 
-Sí. Pero no aquí.- Barrabás caminó por el pasillo, de vuelta a las escaleras. Lo seguí. Subimos las escaleras y giramos, Barrabás abrió una puerta y salimos a un amplio, balcón cuadrado.
-Este lugar es un laberinto- le dije.
-Y la gente nos escuchan por las paredes.
Caminamos hasta el otro extremo de la terraza.
-Lorelei Wilson- dijo Barrabás. -Veintiún años, hija de Mike Wilson y Genevieve de Vos. La familia de Vos dirige una de las manadas de lobos más grandes de Bélgica. Se asientan en las montañas de Ardenas, en Valonia, que es una región de habla francesa del país. La familia es muy próspera. Ellos obtuvieron su riqueza durante el siglo XIX a partir de la minería del carbón, y con los años la incrementaron, usando la región rica en minerales para su beneficio. En la actualidad  producen acero, y Genevieve, y Lorelei a su vez, tienen acceso al dinero, por lo que es poco probable que sus motivos para estar aquí sean financieros.
Ella realmente era una princesa hombre lobo. -¿Cómo te las arreglas para conseguir todo esto?
Barrabás dio una pequeña sonrisa depredadora. –A la gente le encanta hablar y me encanta escuchar. Ser malditamente apuesto no hace daño. Soy encantador.
-Y tan lleno de humildad también.
-Por supuesto.
-¿Qué está haciendo aquí, Barrabás? Ella no es parte de cualquier manada que yo pueda ver. ¿Cómo llegó siquiera a enterarse acerca de esta reunión? 
-Eso no lo puedo contestar. Todavía no. Le puedo decir que definitivamente tiene una agenda. La vi pasar rápidamente entre ayer y hoy. Ella comienza cada conversación con halagos. Es una elección deliberada por parte por su parte.
-Gracias.
El humor desapareció de la cara de Barrabás. -A medida que su niñera, ahora tengo que criar a un hecho incómodo.
-Dispara.
-La posición de Lorelei está demasiado cerca de Curran. Ella también está monopolizando su tiempo. 
-Me di cuenta.
-No sé por qué está haciendo esto, pero está enviando una señal a las otras manadas, y también cuenta.
Ugh. Y no había nada que realmente podía hacer al respecto. Amenazar a Lorelei me pintaría mí como insegura. No amenazar a Lorelei sería hacerme quedar indiferente o desorientada. Sería un infierno de mucho más fácil si su pilosidad no siguiera con el programa y la rechazara.
-Estoy segura de que es parte del plan- dijo Barrabás. -Me gustaría ser puesto al tanto del plan. Sólo para el beneficio de la estrategia global.
Eso nos hacía dos. -Voy a hablar con Curran- le dije. -¿Qué pasa con las criaturas?
-Nada hasta ahora. Nadie ha visto jamás nada ni remotamente parecido a esto, o si lo han hecho, no están hablando. 
Me lo figuraba. -Tengo que cumplir con las tres manadas de forma individual. ¿Puedes arreglar esto para mañana? 
-Por supuesto. ¿Para qué? 
-Me gustaría gritar en la oscuridad.

Barrabás frunció el ceño. -No lo entiendo.
-Es un término lobo. Cuando sientes a alguien en la oscuridad, pero no se sabes si es una presa o un rival, aúllas y ves si corre o responde. Me gustaría aullarle a las mandas, a ver si alguien me devuelve un gruñido.
-Ya veo. Ellos hablarán con nosotros para evitar ofendernos y para eliminar la sospecha sobre sí mismos, pero no pueden contestar cualquier pregunta y realmente no podemos obligarnos a que lo hagan. 
-Voy a tomar lo que pueda conseguir.
-Está bien. Te dejaré saberlo tan pronto como puedo obtener más información. ¿Y Kate? 
-¿Sí?
-te cuido la espalda- dijo.
-Gracias.
Salí al balcón. Pensar en Lorelei me molestaba, pero no había nada que hacer al respecto ahora. Me gustaría encontrar a Curran hoy y me gustaría saber qué tipo de plan demente  había cocinado. Hasta entonces, tenía que concentrarme en mantener viva Desandra.
Tanto Andrea como George habían cazado y habían cambiado de forma en dos ocasiones en menos de seis horas. Ellas estarían cansadas. Entre el hombre en la jaula y Lorelei,  por otra parte, estaba fresco como una rosa. Ira era una mejor alternativa a la cafeína.
Una sombra salió de la misma y me siguió. Derek, moviéndose en silencio por el pasillo, como una sombra letal en las suaves patas de un lobo.
-Todo este sigiloso caminar detrás de mí lo haces para hacerme sentir acosada. ¿Por qué no me pones al día? 
Él trotó. –Estoy tratando de mantenerte a salvo.
¿Eh tú bruto? -En primer lugar, Barrabás me dice que está de mi parte y ahora me estás siguiendo como una sombra. -¿Ustedes saben algo que yo no?
Derek se encogió de hombros. -No me gusta este lugar.
-Yo tampoco ¿Pudo Doolittle mirar la escama?
-Sí. Él quiere hablar contigo.
Yo invertí mi curso. Nos detuvimos en la habitación de Doolittle. En el interior, Eduardo y Keira jugaban a las cartas. El buen doctor estaba leyendo un libro junto a la ventana.
-¿Cómo te fue con la escama?- le pregunté.
-Como era de esperar, dada la falta de equipo.- Doolittle me miró. -Yo no soy un hacedor de milagros.
-Está perplejo y de mal humor- dijo Keira.
Doolittle puso sus ojos en blanco. -La escama no es una escama en el sentido tradicional. Es un escudo.
-Eso no lo explica- le dije.
-¿Alguna vez has oído hablar de un pangolín?- preguntó Doolittle.
-No.
-Es un mamífero de la familia Pholidota nativa de algunas partes de África y Asia. Es similar en apariencia a un oso hormiguero cubierta con escamas córneas largas.
-Se parece a una piña caminante- ofreció Eduardo. -Imagínate a un oso hormiguero al que lo vomitó una alcachofa.
-Las placas óseas de los pangolines están formadas por queratina- dijo Doolittle. -Igual que nuestras uñas o nuestras garras. La piel tiene varias capas. La capa superior es la epidermis, que se compone de células muertas. Las escamas de las serpientes se forman a partir de la epidermis y están conectadas, lo que permite la ecdisis. En otras palabras, las serpientes expulsan toda la capa exterior de su piel durante la muda. En teoría, un cambiaformas reptil tendría escamas cada vez que él o ella se transforman. El escudo se forma en la dermis, la capa más profunda de la piel. Son similares al pelo en la composición en que cada uno tiene sus raíces individuales, y si bien pueden ser similares en apariencia a las escamas, los dos son diferentes.
-Así que la escama es un escudo. ¿Qué significa para nosotros? -Todavía no estaba muy seguro de dónde iba con esto.
-Creo que tienen una opción- dijo Doolittle. -Cuando los cambiaformas cambian, él o ella controla ciertos aspectos del cambio: la longitud de las garras, la densidad de la piel, la masa ósea, y así sucesivamente. Eso es lo que hace  la forma de guerrero posible. Si estos cambiaformas son capaces tanto de producir piel y escudo, pueden elegir qué hacer brotar. Debido  a que los escudos se originan más profundo en la dermis, un cambiaformas puede mantenerlos ocultos hasta que sea necesario. También he probado las muestras de tejido de la cabeza cortada- dijo Doolittle. -Sus niveles de Lyc-V y hormonas son casi el doble de los nuestros. Cuanto más alto sea el nivel de Lyc-V, siempre que no dé lugar a lupismo, mayor control tendrá el cambiaformas sobre su cuerpo. 
-Está bien. ¿Así que lo que me estás diciendo es que puede optar por tener escamas o no tenerlas?
-Sí.
-Pero ¿qué pasa con las alas?
Doolittle abrió los brazos. -Tráeme un ala y te diré más.
Suspiré y me fui a la habitación de Desandra. Derek me siguió, lo que era igual de bueno ya que era mi compañero para el cambio.
Metí a Lorelei lejos en el rincón más profundo de mi mente, en el mismo lugar en que yo puse la idea de que Hugh d'Ambray estaba a distancia de muerte. Si me concentraba demasiado en cualquiera de los dos, yo haría algo precipitado. Erupción no estaba en mi vocabulario en las actuales circunstancias. No si quería mantenernos a todos respirando.
Al menos la cosa Lorelei podría resolverse muy simplemente. Tenía que encontrar a Curran y hablar con él. Él no me mentiría. Por supuesto, él no lo haría.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Jue Nov 21, 2013 7:39 am

CAPÍTULO 12
Cuando entré por la puerta, los ojos de Andrea eran enormes y tenía esa expresión de dolor que por lo general significaba que quería desenfundar su arma y dispararle a alguien.
-¿Qué pasa?
-Los italianos ganaron la caza -dijo Raphael. -Se supone que tienen una gran cena de gala en un par de días en su honor.
Está bien. No era algo realmente sorprendente. No fui, por lo que el número de nuestro equipo bajó a once. La mitad de ellos habían protegido a Desandra, y tuve la sensación de que la tía B, Rafael y Andrea se habían centrado exclusivamente en lograr la mejor manera para conseguir la panacea.
-Yo sólo les decía que era Gerardo -dijo Desandra. -Son sus largas piernas. Él puede correr para siempre. La mayoría de los hombres no tienen piernas sexys, pero él las tiene. Son muy elegantes.
Ajá.
-Y, como te decía, le cuelga.
Oh hombre.
Andrea le dio la espalda a Desandra y puso los ojos en blanco. Rafael hizo una mueca. Ambos se veían escandalizados. Dios mío, ¿qué podría haber dicho para escandalizar a un bouda. . .
-¡No, en serio!- asintió Desandra. -Está bien, así que la mayoría de los chicos no tienen un buen escroto, ¿verdad? Se ve todo peludo y arrugado como un pequeño animal muerto entre sus piernas, pero el de Gerardo es como dos ciruelas en una bolsa de terciopelo. . .- 
Derek, que había estado persistente en la puerta, dio un paso cuidadoso hacia la izquierda detrás de la pared y desapareció de mi vista.
Que alguien me mate. Yo levanté la mano. -Espera un momento. Necesito que me prestes a Andrea por un minuto.
La agarré del brazo y la saqué al pasillo. Detrás de nosotros Raphael gruñó: ¡No me dejes!
Andrea se inclinó hacia mí. -Ciruelas.
-Escucha. . . 
Andrea levantó las manos, para ilustrar las ciruelas como si fuesen del tamaño de pequeños cocos, y los mueve hacia arriba y hacia abajo. Desandra no tenía ni idea, pero yo estaba a punto de salvar su vida.
-Lo siento, llego tarde. Ha habido otro asesinato.
-¿Dónde?
-En la torre.- Le dije rápidamente. -Así que lo siento, me retrasé, pero ahora estoy aquí para tomar a Desandra de tus manos.
-Te quiero. De una manera puramente platónica. -Andrea sacó la cabeza por la puerta. -Cariño, vamos.
Se escaparon. Entré y me senté en la silla para poder ver la puerta y a Desandra. Derek se ubicó a sí mismo afuera.
Desandra intentó hablar conmigo. La dejé continuar. Después escuché durante veinte minutos  descripciones detalladas y comparaciones punto por punto de Gerardo y de las partes íntimas de Radomil, con grandes manifestaciones, hasta que Desandra finalmente se cansó de sí  misma y se quedó dormida. Ella roncaba un poco, silbando para sí misma, con el vientre apoyado en una almohada pequeña.
Derek se levantó y fue a sentarse a mi lado. -¿Cómo puedes soportarla?
-Se siente sola. Está embarazada y asustada. Su padre está probablemente tratando de matarla, y ninguno de los hombres con los que se casó le está ofreciendo ningún tipo de apoyo. Tampoco pueden protegerla de su propio padre. No me importa aguantarla un poco. No es el peor cuerpo que he vigilado.
-¿Quién fue el peor?
-Uno de los senadores del estado se pasó al malo de la ley y aceptó algunos sobornos. Su contador alertó sobre él. Su esposa estaba convencida de que la protección del Estado no era suficiente, por lo que llamó al gremio. Estuve con ellos durante setenta y dos horas. El contador y su esposa peleaban todo el tiempo. Había cuatro de nosotros para custodiarlo y para el final del cuarto día, Emmanuel, que era uno de los mercenarios, un tipo latino grande, rudo, muy tranquilo, se alejó. Se levantó y se fue. Le pregunté sobre ello más tarde y me dijo que era eso o golpearle las cabezas juntas sólo para que se callaran. . .
Un asco familiar rodó sobre mí, como un residuo aceitoso impuro mezclado con grasa podrida. Un vampiro. Moviéndose por la derecha.
La única persona que podría tener un vampiro en este castillo lleno de cambia formas sería Hugh. O bien pilotado por sí mismo o tenía algunos Maestros de los Muertos escondidos en algún lugar, pero en algún lugar un nigromante estaba tirando de las cuerdas de un vampiro, él lo envío de manera constante para nosotros, como un gusano en un gancho.
Tratando de averiguar si podía sentir vampiros. Buen intento, Hugh.
-Una buena forma de mear lejos de su cuota -dijo Derek.
El vampiro se acercó más, su mente una cabeza de alfiler de magia con odio. La necesidad de extender la mano y aplastar su mente como a una nuez era casi demasiado. Estaba cerca, muy cerca. Me picaba la mano. Quería agarrar mi espada y apuñalarlo.
Yo no podía quedarme sentada aquí. Si por algún milagro no era Hugh, podría entrar en la habitación y matar Desandra. Ella era tan buena como cualquiera, pero un vampiro era el equivalente más cercano de la naturaleza a una máquina de matar. No tenía ningún pensamiento, conciencia o duda. Como un gran depredador cucaracha, obedecía solo un  impulso básico: alimentación.
Bajé la voz. -Fue sobre todo acerca de la auto-preservación. ¿Recuerdas cuando tú y yo nos fuimos a la calle Blanca? ¿Cuándo conseguiste una pierna desgarrada? 
Derek asintió. –Lo recuerdo.
Aquí estaba esperando que él recordara que fue un vampiro quien rompió su pierna. -Creo que así es como Emmanuel se sentía. Como si algo se acercara a él y él sólo tenía que salir.
Derek me miró, sus ojos marrones enfocados.
-Otros diez horas más o menos, y podría haber cometido un homicidio.- Vamos, Derek. Vampiro. A las diez. En la pared.
-Así que vamos a ver si lo adivino, no obtuvo su dinero.- Derek rodó en cuclillas en un movimiento fluido,  me escuchaba a medias.
El vampiro estaba casi directamente a mi izquierda. Lo sentí. Estaba precisamente a once metros de distancia, lo que lo puso justo en el extremo de la habitación. El muro tenía que ser hueco, porque yo no vi nada.
-Nope. Y el Gremio le dio una palmada con una cuota de abandono en curso.
El vampiro se movió unos diez centímetros a la izquierda. Derek se volvió un poco. Estaba rastreando.
-En su lugar me hubiera ido, también. Cuando te tienes que ir, te tienes que ir. 
Derek se disparó hacia la pared. Corrió durante medio segundo, saltó, volando por el aire, y golpeó una patada en la pared. El bloque de piedra se agrietó y se cayó, rompiéndose. Antes de que los últimos trozos rebotaran en el piso, estaba levantada y moviéndome. Derek metió la mano en el agujero y tiró un disecado, y filamentoso brazo. Giró la muñeca, bloqueo el codo, y yo apuñalé en la abertura oscura. Asesina se hundió en la carne vampírica, deslizándose a lo largo del hueso. Necesitaba ajustar el ángulo. Bolutas de humo se elevaban de la hoja, mientras mordia el tejido no-muerto y se comenzaba a fundir. La liberé con un fuerte tirón y la empujé de nuevo. La punta de la espada presionaba con fuerza contra la pelota de músculos del corazón y sentí el momento preciso en el que corazón de la sanguijuela se rompió. Se retorcía en el final de mi espada. Aún con vida, cabrón desagradable.
En menos de una respiración Desandra estaba fuera de la cama y junto a nosotros. -¿Qué…? 
Derek pateó la pared directamente debajo del agujero. Las grietas dividieron los bloques de piedra. Pateó de nuevo. Los trozos de yeso llovieron al suelo. Piedra sintética. Ahh. Eso lo explicaba. La última vez que lo comprobé, los cambia formas eran fuertes, pero no lo suficientemente fuertes como para lanzarse a través de roca sólida.
Derek arrancó al vampiro de la pared, golpeando en el suelo y sujetándolo. Me moví con ellos, manteniendo a Asesina justo donde estaba. Un pálido cuerpo se retorcía en el suelo: sin pelo, desnudo. Su pálida piel verdosa encajaba de manera forzada sobre sus huesos, y todos los músculos y ligamentos debajo eran claramente visibles, como si alguien hubiera tomado un atleta de clase mundial, lo hubiesen blanqueado, y le metieran en un deshidratador por algunas semanas. El vampiro siseó. Sus ojos se clavaron en mí: calientes, de color rojo brillante, y libre de cualquier pensamiento excepto por una sed insaciable de sangre caliente.
Asesina humeaba. La carne alrededor de la hoja comenzó a hundirse como un sable licuando el corazón del vampiro, tratando de digerirlo. El vampiro luchaba por levantarse. Derek se tensó. Los músculos de su cuerpo se hincharon. Me apoyé en Asesina.
El vampiro se arqueó, Derek se levantó de sus pies durante medio segundo. En el momento en que yo quitara la hoja, iría a por mi garganta. Asesina estaba tomando demasiado tiempo. No podíamos sostenerlo.
-Déjalo.- Liberé la hoja. Derek lanzó al vampiro sobre el piso de piedra. El pálido cuerpo aterrizó con un ruido húmedo, y lo decapité con un golpe rápido. La cabeza rodó hacia el empeine de Desandra. Ella lo empujó con el pie y arrugó la nariz. -Apesta, ¿cierto?
Limpié a Asesina.
Derek se puso en pie y sacó la cabeza por la abertura. -Puedo ver un paso de tres metros de ancho al lado de un conducto vertical en el extremo.- Indicó un rectángulo aproximado de la pared. -Esto es yeso. Parece del tamaño de una pequeña puerta. El resto es de piedra.
Unos suaves pasos llegaron por el pasillo y cuatro djigits entraron en la habitación y se detuvieron.
-Dile a Hibla que necesitamos servicio de limpieza –les informé. -Podemos manejar la basura en nuestra habitación y a un olor extraño, pero ahora tenemos un cuerpo muerto. Si esto sigue así, no vamos a ser capaces de darle a su hotel una clasificación decente.
-Sí -añadió Derek, su voz completamente inexpresiva. -El jodidamente mejor desayuno continental o vamos a quejarnos a la gerente.
***
La cena se sirve a la medianoche. Había gastado calorías en la curación de algunas heridas, Doolittle hizo a mi cuerpo quemar a través de alimentos con salvaje abandono y yo estaba tan hambrienta, me podría haber comido una de las cabras de montaña en el patio principal. 
Estaba sentada quieta mientras Desandra dormía una siesta y el personal del castillo vertía alcohol en la sangre de vampiro, le prendían fuego, y luego fregaban el piso con diligencia ignorando mis preguntas como -¿Cómo un vampiro pudo entrar en el castillo? y ¿Qué estaba haciendo en la pared? Tuve mucho tiempo para pensar.
Empecé a pensar en Curran y Lorelei, decidí que me volvería loca, por lo que me centré en los cambia formas alados en su lugar. Deseé tener acceso a la biblioteca de la Fortaleza. Deseé poder llamar a un par de personas y preguntarles si alguna vez habían oído hablar de algo así. Pero yo no tenía los recursos más allá de lo que estaba en mi cabeza y los pocos libros que había traído conmigo. Fijarme en lamassu no me hacía ningún bien, no había ninguna indicación de que los lamassu fueran cambia formas. Cuando comienza una investigación, simplemente se recogen hechos. Yo todavía estaba en la etapa de recolección de datos. Sacar conclusiones en este punto me haría seleccionar los hechos que apoyan mis teorías e ignorar las que no lo hacían. Eso era una pendiente resbaladiza al final de la cual había más cadáveres.
La Magia tenía maneras de escupir cosas nuevas y extrañas en el mundo, por lo que sólo porque yo no había oído hablar de ellos no quería decir que estos chicos no tuviesen una historia larga y sangrienta en alguna parte. Hasta ahora, me he cuestionado la existencia de los hombres delfines así, pero después de haber matado a unos cuantos me convertí en una creyente. Si un hombre ballena contoneándose entrara al castillo, yo ni pestañearía. Buscaría un arpón, pero no me sorprendería.
Así que suponía que era algún extraño tipo raro de cambia formas cubierto de escamas de nunca antes visto. ¿Por qué Hugh no ponía el castillo patas arriba para buscarlos? Hibla me pareció inteligente y capaz, pero también un poco inexperta. Eso no fue un ataque contra ella, era poco probable que este castillo fuera atacado alguna vez y que se preocupara por mantenerlo seguro, tanto es así que se había tragado su orgullo y vino a mí en busca de ayuda. Teniendo en cuenta cómo todo el mundo había estado lamentándose del hecho de que yo no era una cambia formas y, por lo tanto, un ser inferior, el que Hibla haya venido a mí no era nada menos que un milagro.
Así que no tenía la experiencia para lidiar con eso, pero Hugh tenía experiencia con creces. ¿Por qué no se toma ninguna acción?
La mejor pregunta es, ¿quién ingenió todo esto? Si se trataba de algún tipo de configuración compleja, no podía ver lo que tenía que ganar, pero no pude marcar la lista de posibles sospechosos o bien, como no podía tachar a Jarek Kral, el Volkodavi o al Belve Ravennati.
Me hubiera encantado eliminar a un sospechoso. Sólo uno. Ni siquiera me importa cuál. Si pudiera dejar caer una de las facciones de la lista, me gustaría hacer una lista allí mismo, delante de todo el mundo y lloraría de alegría.
El personal de limpieza se fue. Derek levantó la cabeza y olfateó el aire.
Si alguien alguna vez nos contrataba para otro trabajo guardaespaldas, pelearía con uñas y dientes para que Derek viniera con nosotros. Olía a la gente venir antes de que yo los escuchara.
-¿Quién es? -le pregunté.
-Isabella -dijo.
La matriarca de los Belve Ravennati iba a venir a hacernos una visita.
-¡No quiero hablar con ella! -Desandra saltó de la cama y se fue al cuarto de baño.
Okay. Me levanté, y Derek y yo bloqueamos la puerta. Isabella Lovari bajó por las escaleras hacia nosotros. Una mujer de cabello oscuro joven la acompañaba.
Se detuvieron frente a nosotros.
-He venido a ver a mi nieto.
Alguien debe de haberle hablado del vampiro. -Desandra está segura. Los bebés están muy bien.
-Voy a ver por mí misma.
-Ella no quiere verte ahora mismo. 
-Voy a tener que insistir -dijo Isabella.
-O puedes optar por hablar con ella más tarde en la cena. 
Isabella entrecerró los ojos y me miró lentamente. -Para un ser humano en una madriguera de bestias, tienes un montón de arrogancia. ¿Qué te hace pensar que estás a salvo? 
Lo siento, ¿yo era un ser humano? No tenía ni idea. Qué sorpresa. -¿Qué te hace pensar que no?- Y era una remontada impresionante. Guau, yo le enseñaría.
Isabella sonrió, sus ojos fríos como dos trozos de carbón. -Cuando un alfa se pone delante de usted, la respuesta adecuada es el respeto y el miedo, idiota humana. ¿Si fueras una cambia formas lo sabrías.
Insultos, eh.
Derek le enseñó los dientes.
-Si me encogiera cada vez que un alfa de otra manada de cambia formas  me mostrara los dientes, sería usted.
Isabella me miró. La mujer a su lado, se puso tensa.
¿Te gustó? En ese caso, tengo otro. -De donde yo vengo, no renunciamos a nuestra nuera sólo porque Jarek Kral nos gruña. Pero entiendo que usted hace las cosas de manera diferente.  Si Kral alguna vez decide quitarle su dinero para el almuerzo, hágamelo saber y nosotros le ayudaremos.
Isabella parpadeó. La mujer de cabello oscuro dijo algo en italiano. La mirada de Isabella se volvío mortal. -Esto no le ayudará en absoluto. Usted está siendo reemplazada, y usted es tan estúpida, que ni siquiera se da cuenta. Cuando un cambiaformas ama a una mujer, no caza con otra mujer a su lado, ni tampoco la deja terminar sus asesinatos. Cuando Lennart te tire a la basura, voy a estar esperando.
Se dio la vuelta y se marchó, su escolta más joven a su remolque. Esperé treinta segundos.
-¿Ocurrió eso?
Derek hizo una pausa antes de responder. -Sí.
-¿Así que dejó a Lorelei terminar sus asesinatos?
-Sí.
-¿Esto significa algo acaba de vender humo en mi cara?
Derek suspiró. -No debería haberlo hecho. Es algo que los lobos hacen. No es como ofrecer comida, pero está cerca. 
Mi pecho repentinamente adquirió una pesada roca. Rodó dentro de mí, lastimando.
-También se puede tomar de una forma diferente -dijo Derek. -Los padres permiten que los niños terminen sus asesinatos. Los hermanos mayores dejan que los niños más jóvenes lo hagan. . . 
Lo miré.
-No debería haber hecho eso -dijo Derek. -Pero él nunca hace nada sin una razón.
-Cuando te pregunté si sabías algo que yo no, me mentiste.
-Yo no mentí. Simplemente no ofrecí información. Yo no quiero que te preocupes. 
Yo no estaba preocupada. Cuando Curran llegara aquí, tenía la intención de hacerlo tropezar, sentarme sobre él, y sacudirlo hasta que me explicara esto. Hasta ahora, él la había dejado desnuda de pie junto a él, la dejó cazar con él, la dejó terminar su asesinato lo que sea  que esa mierda significara y en las últimas veinticuatro horas había pasado más tiempo escuchándola a ella de lo que me había hablado a mí.
Un frío se retorcía a través de mí. Desde un punto de vista puramente lógico, Lorelei sería una mejor Consorte. Ella era un cambia formas, tenía vínculos con la manada de cambia formas más grande de Estados Unidos, y su padre no tenía la intención de exterminar a los cambia formas, ya que se estaban volviendo demasiado poderosos.
Lógicamente tenía sentido, pero nada de eso importaba, porque el hombre que se había quedado dormido junto a mí anoche me amaba. Yo apostaría mi vida por él. Por cómo iban las cosas, yo simplemente podría tener que hacerlo.
Derek salió al pasillo y se quedó allí.
-¿Qué estás haciendo?
Él asintió con la cabeza hacia las escaleras. Curran corrió hacia abajo, saltó, cubriendo los últimos pasos, y se dirigió directamente hacia mí, luz en la punta de sus pies, irradiando esa energía física contenida que me atraía como un imán.
Escudriñé su rostro. Parecía nervioso, con una expresión agotada, la línea de su boca cansada pero firme. Sus ojos decían que estaba cansado y molesto, y si usted se metía en su camino ahora, te rompería el cuello sin vacilar y seguiría adelante por su camino.
Crucé los brazos. –Tú…-
Curran me atrajo hacia sí y me besó. Fue un largo, largo beso,  desaparecía la exasperación, el alivio y la felicidad. Él me sonrió, sus ojos tan cálidos y acogedores. -Yo quise hacer esto durante todo el día.
Okay. Ahora estaba desconcertada oficialmente. Esperé para ver si los signos de interrogación brotaban a mi alrededor, pero el aire estaba claro.
Se dio cuenta del agujero en la pared. -¿Qué demonios ha pasado?
-Hemos redecorado.- Mantuve mi tono de voz. -¿Dónde has estado?
-Belve y Volkodavi querían discutir cosas, y tuve que sentarme en calidad de testigo.
-¿Durante cinco horas?
-Más o menos. Acabamos de terminar.
E Isabella debió venir aquí de inmediato a ver a Desandra.
Curran se pasó la mano por la cara, como si tuviese la esperanza de borrar la fatiga. -Ellos están tratando de negociar algún tipo de acuerdo para unirse en contra de Kral. No he comido nada desde la caza. Me muero de hambre.
-¿Tuvieron éxito?
-Por supuesto que no. Todo el mundo estaba cansado de la caza e irritable como la mierda. Discutían sobre la herencia del paso, y hacían ostentación, y se acusaron mutuamente de cosas. Radomil se quedó dormido. Durante unos minutos parecía que en realidad podrían estar de acuerdo en algo. Entonces el hermano menor, Ignazio, decidió que sería una gran idea saltar y anunciar que cuando naciera su sobrino, por lo menos él nacería inteligente como su padre, por lo que debía heredar el paso y el niño, que ha sido engendrado por un citrullo.
-¿Qué es un citrullo?
-De lo que he entendido, o es un pepino o un imbécil.-Curran negó con la cabeza. -Entonces los Volkodavi empezaron a gritar. Los Belve gritaron. Radomil despertó y alguien le dio un indicio de que había sido insultado, pero aparentemente no de quién lo había hecho, entonces  Radomil fue por Gerardo y lo llamo parazeet y viridok. 
-Parásito y bastardo -traducje. Voron era ruso. Lo hablaba bastante bien, mejor ahora que tenía a alguien en Atlanta para practicar, y me quedaba bastante con los ucranianos para aprender el idioma. Las maldiciones son la segunda cosa que aprendí, justo detrás de: sí, no, ayuda, detente, y ¿dónde está el baño?
-Ahh.- Curran asintió. -Eso explica por qué la madre de Gerardo fue peluda.
-Entonces, ¿qué pasó?
-Rugí. Entonces todo el mundo se insultó y declaró que no iban a tolerar esto y la reunión había terminado. Bien entonces, porque yo había terminado con ellos. Yo no les daría a los niños  a cualquiera de las manadas. No dan una mierda por ellos o Desandra. Al salir, oí gritarse el uno al otro. Después de que Gerardo le dijese a Radomil toda maldición bajo el sol, el hermano de Radomil le dijo que los hombres inteligentes mantienen a las perras en celo con una cadena.
Yo desarrollé un fuerte impulso repentino de perforarles la cara.
-Es una suerte que él se lo haya dicho a Gerardo. Si me lo hubiera dicho a mí por ti, eso hubiera sido lo último. Nunca volvería a decir nada más. 
Curran se quedó en silencio. Me volví. Desandra estaba en la puerta del cuarto de baño. El color desapareció de su rostro. -¿Vitaliy dijo eso?
Curran se vio como si quisiera estar en cualquier lugar menos aquí. -Sí.
-¿Qué dijo Gerardo?
-Él lo llamó por un nombre que no entendí.
-¿Pero no hizo nada?
-No -dijo Curran.
-Ya veo -dijo en voz baja. -Creo que no voy a cenar hoy. Mi cadena de perra no es suficiente larga.
-Desandra. . . -dijo Curran.
Ella levantó la mano. -No lo hagas.- Su voz tembló. Ella estaba a punto de estallar.
Necesitaba hablar con Curran. Pero Desandra estaba a punto de perderse. ¿Abandonarla o arreglar esto? Sería una larga conversación. . .
Desandra hizo un pequeño ruido estrangulado con su garganta. Maldición. Estaba cansada, los dos estábamos muertos de hambre, y la privacidad era escasa. Había esperado tanto tiempo,  podía esperar hasta que nos quedáramos solos. Me volví hacia Curran. -¿Por qué no te vas sin mí? Haz una pose, gruñe, y todo eso. Voy a estar aquí. 
Curran miró a Desandra durante un largo momento. –Volveré.
-Trae un poco de comida -le dije. -Y yo realmente necesito hablar contigo cuando regreses.
-Está bien.- Él me dio un beso y salió de la habitación.
Derek entró y cerró la puerta tras de sí.
Desandra se hundió en la cama, se puso las manos sobre la cara, y comenzó a llorar.
***
Desandra lloró.
Que alguien me mate. No sabía qué hacer ni qué decir. Tomé una toalla suave del baño y se la llevé. Los hombros de Desandra temblaban. Ella sollozaba en silencio. En la entrada Derek estaba haciendo todo lo posible para desvanecerse en la nada.
Me senté a su lado en la cama. Ella gritó con voz aguda, desgarradora, sus sollozos eran de completa desesperación, como si el mundo se acabara. Su padre era un idiota abusivo que la utilizaba como moneda de cambio. Los dos hombres con los que se había casado no la amaban a ella ni a sus hijos. Ahora mismo sólo nosotros realmente nos preocupábamos por su bienestar, y lo hacíamos porque nos pagarían con la panacea al final. Me hubiera gustado decir algo o hacer algo para que se sintiese mejor.
Poco a poco los sollozos se ralentizaron. Ella se apartó de mí y se apretó la toalla contra la cara.
-Me siento tan sola -dijo en voz baja. -Sólo quiero que la atención de uno ellos. Pero no me la darán. 
-Probablemente no -le dije.
Su maquillaje se había quedado con rayas oscuras del delineador manchando sus mejillas. Se limpió la cara con la toalla. -Y yo no voy a tener otra opción.
-¿Qué quieres decir?
-Cuando los bebés nazcan, ¿qué pasará? ¿Van a obligarme a que me vaya con el hijo del que nazca primero? ¿Van a alejar a mis hijos de mí y me tirarme de nuevo a mi padre para que me diga todos los días lo que le costó el paso y lo la pérdida inútil que soy? 
-No lo sé -le dije.
Ella me miró y me susurró: -Tengo miedo de amar a mis propios hijos, porque no voy a llegar a quedármelos.
Oh Dios.
Pensar en ser pagada por toda esta miseria me revolvía el estómago. Si hubiera sido por mí, habría mandado todo a la mierda. Me la llevaría de aquí, lejos de todos ellos, ya sea que consiguiera mi cuota o no. Pero no se trataba de mí. Se trataba de Maddie que yacía retorcida en un ataúd de cristal, mientras que su familia rezaba para que estuviese segura. Se trataba de los futuros bebés de Andrea. Y de la míos.
-Alguien viene -dijo Derek.
Me levanté de la cama y me acerqué a la puerta. Rafael y Andrea dieron vuelta en la esquina.
-¿Qué estás haciendo aquí?
-La escuchamos a llorar -dijo Raphael.
-No me jodas -dijo Desandra desde la cama. ¿No puede una mujer llorar en paz?
-No con esta acústica.- Andrea entró en la habitación y nos mostró un plato de fruta. -Tengo bocadillos.
Derek miró el plato con ese anhelo particular, de la forma en que un perro hambriento pone los ojos cuando ve una carne jugosa.
-¿Te quedas un rato? -le pregunté a Andrea.

-Por supuesto.
Miré a Derek. -¿Por qué no te vas a tomar un bocado para comer? No sabemos cuándo Curran estará de regreso.
-Vamos -le dijo Raphael. -Voy a caminar contigo.
Raphael me guiñó un ojo, y él y Derek se fueron.
Media hora más tarde Desandra había terminado de comer y se durmió, con el ronquido de una tormenta. Nos sentamos en el suelo, sobre la alfombra, el plato casi vacío de fruta entre nosotros. Robé otro albaricoque. Todavía estaba hambrienta.
-Hay que ir a cenar -dijo Andrea. -Voy a ver Sra. Preggers.
-Todavía es mi turno. Tú tuviste tu turno ya.
-Sí, pero la princesa Wilson no está por ahí haciéndole ojitos a Raphael.- Andrea mostró los dientes.
-¿Está Lorelei en la cena?
-Sí. Sí, lo está. Ella lleva un vestido transparente y ella prácticamente se derrite cuando Curran la mira.


Parte 2 capitulo 12
Traducido por Carmen_lima


–¿Está Lorelei en la cena?
–Sí. Sí, ella lo está. Lleva puesto un vestido que no oculta nada y prácticamente se derrite cuando Curran la mira.
Este era uno de los momentos en mi vida cuándo los supremos poderes mentales me vendrían bien. En este momento deseé poder llegar telepáticamente a la sala comedor y abofetear a Lorelei de su silla.
–Tengo un trabajo que hacer.– Me apoyé contra la cama y cerré mis ojos por un momento.
–¿Te encuentras bien? –me preguntó  Andrea.
No. No, no estaba bien. La gente se estaba muriendo. Una mujer embarazada corría peligro. Una jovencita cambia formas con un gran peso político iba tras Curran y no había nada que pudiera yo hacer sobre eso.
–¿Te enteraste que Hugh tiene a un hombre enjaulado en el patio interior? Él ha estado allí por semanas, y lentamente se muere de hambre. Y no puedo hacer nada para que lo saque.
–El peor cambio de tema,– dijo Andrea. –¿Creí que estábamos hablando de Lorelei?
–ella no me gusta,– añadió Desandra desde la cama.
Maldita sea. –Pensé que estabas dormida.
–nunca hablas de algo interesarte cuando estoy despierta.
–eso es porque no confiamos en ti,– exclamó Andrea.
–Lo sé. Pero tengo chismes de Lorelei y tú no–. Desandra se levantó, acomodándose en las almohadas. –Como quién la invitó a la estúpida reunión.
–Está bien, morderé. ¿Quién?
–Se invitó a sí misma,– respondió Desandra. –Le escribió una carta a Lord Megobari y le dijo que Curran y ella eran amigos de  la infancia, y que conocía a mucha gente de Atlanta. Qu esta era su única posibilidad de verle y podría visitarle. Ella no sería ningún problema.
A Hugh debió haberle encantado eso. El presumido bastardo probablemente se rio cuando leyó esa carta. ¿Cómo supo Lorelei de todo este asunto?
–¿Quién sabía que Curran venía a arbitrar/mediar?– les pregunté.
Desandra se encogió de hombros. –No lo supe hasta dos semanas antes de Lorelei apareciera.
–Así que ella tenía información privilegiada, –nos interrumpió Andrea. –Me pregunto de donde lo consiguió.
–No lo sé, –Desandra hizo una mueca. –Les puedo decir que cuando ella bajó el barco, era realmente amigable. Realmente. Hizo toda esa actuación de niña dulce e inocente.– Desandra agitó sus pestañas. –Pobre hombre oh yo… yo soy una dulce y melosa flor, demasiada delicada y…  ¿Cuál es la palabra…. cuando tú estás, Oh, yo soy tan honesta y sólo quiero ayudar?
 –¿Responsable? –sugirió Andrea.
 –Sí, eso mismo. Pero yo hice lo mismo a su edad. Pude notar que ella es una serpiente. Una vez que ella se percató no me convertiría en su mejor amiga, toda esta gazmoñería desapareció. Me peleé con mi padre y ella me dijo que era inapropiado. Entonces una vez… bien las mujeres muy embarazadas se llenan de gases. Tu estómago es del tamaño de un petate, y cuándo se llena de gas, duele respirar. Así que me tiré un pedo. No lo puede evitar. Ella me llamó vulgar. Le dije que se ocupara de sus propios asuntos, y me respondió que yo era una sinvergüenza y que ninguna persona digna de respeto se juntaría con alguien como yo. Que yo era una vergüenza para mi padre y mi marido. Que no tuve honor–. Desandra hizo una mueca. –Debe de haber crecido en un acuario o algo así. Tiene todas estas extrañas ideas de cómo se supone que las personas interactúan. Como si ella fuera de la nobleza y todos  nosotros somos los campesinos.
Interesante. –¿Qué hiciste? –le pregunté.
–La he vigilado cuidadosamente. Su padre es algún gran alfa en los Estados Unidos, pero su mamá no lo pudo  soportar así que ella tomó a Lorelei y regresó a Bélgica. Hay sólo un paquete  de cambia formas en Bélgica, y los abuelos de Lorelei lo dirigen. Ellos no quieren que ni su madre ni Loreleí regresen, pero las dejaran volver con una condición: Ninguno de ellos puede tener algo que ver con el manejo del paquete. Hay algo de dinero familiar y no están necesitados de dinero, pero ninguno de ellos puede convertirse en un alfa. No quieren competir con su hijo. Así  que cuando Lorelei me dijo que yo era una vergüenza, le replique que yo soy la hija de un alfa y la esposa de dos futuros alfas, y que tres paquetes cruzan el mar por mí. Le pregunté qué tan rápido la lanzarían al mar si les pedía a ellos que lo hagan.
–¡Ja! –Andrea sonrió ampliamente.
No me opondría a lanzar a Lorelei en el mar, pero ahora mismo la necesidad para golpear a Curran fue mucho más fuerte. 
Interesante. –¿Qué dijo?
–Se sobresaltó, soltó algunas lágrimas, me dijo que yo era una horrible persona, y huyó. Comíamos entonces, y nadie la siguió, lo cual probablemente estropeó su plan–. Desandra se inclinó hacia adelante y respingó. –Ay. Sigo olvidando no hacer eso. De todos modos, crecí en un paquete que era un campo minado. Me gusta esa palabra, a propósito. Muy agradable. He visto su tipo antes. Lorelei es inteligente, significa que tiene algo de  materia gris, pero también es joven e inexperta. No entiende lo que hace a la gente  reaccionar y cree que todos son mucho más estúpidos que ella. Ella es un clásico sociópata: Es encantadora y manipuladora, cree que tiene el derecho, nunca siente realmente culpabilidad, y cuando ofrece una disculpa, es superficial. Simula felicidad y probablemente puede imitar el amor. No es psicopática – su temperamento es muy uniforme, no es necesariamente una depredadora, y no puedo verla intentar suicidarse. Demasiado narcisista.
 –¿Cómo rayos sabes todo esto? –preguntó Andrea.
 Desandra suspiró. –He leído un montón de libros de psicología. Empecé cuando era un niño. Estaba tratando de diagnosticar a mi padre.
Bueno, eso fue una sorpresa. –¿Cuál es el veredicto?
–Él es un megalómano severo. Tiene un intenso trastorno narcisista, con ocasionales ataques de paranoia. Él muestra cada uno de siete los siete pecados mortales del narcisismo de Hotchkiss. Así es cómo aprendí a manipularle. Por desgracia el saberlo no me ayudó con mi salud mental ya que  él también sabe que botones  empujar.
–Por qué no…– Andrea buscó las palabras. –¿Actúas más cuerda?
 –autodefensa, –dije. De pronto muchas cosas tuvieron sentido.
–ella está en lo correcto, –respondió Desandra. –¿Cuánto tiempo crees que yo sobreviviría si supiesen que tengo un cerebro? La única razón por la que no estoy encerrada es porque piensan que soy emocional y estúpida. Soy emocional – las hormonas del embarazo no son ninguna broma. Pero no soy estúpida. Mi madre era lista, y si le preguntan a mi padre, él les mostrará muchos lugares donde gente que pensaban que eran más inteligentes que él están enterrados a seis pies bajo tierra. Si la madre de Gerardo pensara por un momento que yo tengo más materia gris que una mariposa, ella me habría encerrado todo el tiempo estuve casada con él. Cuando le dije a Gerardo que no podíamos luchar contra mi padre, no lo hice porque soy débil. Lo hice porque sé que no podíamos ganar. Lo pensé y sopesé las probabilidades, y no estaban a nuestro favor. Personalmente espero que Jarek cabree a Curran. Es probablemente la única persona aquí que puede matarlo. De todos modos, ¿has visto el libro de Lorelei?
 –¿Qué libro? –le pregunté.
 –Algún libro de fantasía que ella lleva de acá para allá. Algo sobre una princesa en un trono de algún tipo de cristal. Tiene a este caballero mayor que ha conocido desde su infancia, él se embarca en una especie de viaje para conseguir una mágica joya rosa de color azul para rescatarla. Él consigue la joya, la rescata y ella lo convierte en su rey–. Desandra clava sus ojos en mí. –Lorelei quiere tu trono. Ella sabe en su corazón que tiene el derecho. En su cabeza,  está la única manera de conseguir a Curran. Kate, ella hará cualquier cosa para conseguirlo. Esta tan cerca, que casi lo puede saborear. Si yo fuera tú, no estaría de pie cerca de los acantilados cuando ella este por ahí, porque ella te hará caer.
 –En este punto ella tendría que ponerse en fila–. Lo que Lorelei hacia o no, me importaba muy poco. Lorelei no me había prometido nada. Curran, sin embargo, me había prometido todo. Si él tenía planes de romper nuestra relación, yo quería saber el por qué.
Lo consultaría con las almohadas, y mañana por la mañana, tendría mis respuestas, fueran las que fueran.
El sonido de pasos llegó desde atrás de la puerta, seguido por un golpe. Si continuaba así, tendríamos que invertir en algunos barrotes de hierro y una de esas ventanas corredizas, así podría abrirla y gritarle a la gente que se fuera.
–¿Quién es?
–soy yo, –exclamó Hugh.
Andrea alcanzó su SIG-SAUER.
¿Qué diablos estaba haciendo aquí? Justo lo que necesitaba. Me acerqué a la puerta. –Lo que sea que esté vendiendo, no lo vamos a comprar.
–Abra la puerta, Kate. No voy a atacarla en el cuarto de Desandra.
Estupendo. Desatranqué la puerta y la abrí. Hugh estaba parado al otro lado en toda su gloria: Botas negras, pantalones oscuros, chaqueta oscura de cuero sobre una camisa azul. Su mandíbula peligrosamente cuadrada estaba recientemente afeitada. Bueno, bueno. Alguien se había arreglado para cena.
Él echó un vistazo sobre mi hombro. Miré por el rabillo del ojo. El delineador negro de Desandra manchaba la tela verde de mi camiseta. Posiblemente me la manchó  al rozarme mientras ella lloraba. En vista de que  también estaba manchada con sangre seca de ochokochi, mi camisa comenzaba a verse parcialmente teñida.
–¿Puedo ayudarle?
–usted no estuvo en la cena,– dijo Hugh apoyando un brazo contra pared. –Vine a ver si todo estaba bien.–
Esa fue una gran pose. –¿No pudo enviar a otro vampiro en lugar su lugar? No he tenido mi ejercicio nocturno.
 –Lo siento. La próxima vez, me aseguraré de contar con algunos corderos para su matanza.
 Él no dio señas de irse.
 –¿Le contó Hibla que un djigit fue asesinado en la torre? Una mujer. Su nombre era Tamara.
 –Lo hizo.
 –¿está usted detrás de esos ataques?
 Él sonrió. –Y si lo estuviera, ¿no sería una derrota segura el decírselo?
–No sé cuál es su plan, pero si usted se entromete con mi capacidad para hacer mi trabajo, lo lamentará.
–¿Me veo asustado de usted?– me preguntó, con voz despreocupada.
Él estaba tratando de provocarme a un concurso de meadas. Has estado allí, has hecho eso, te ganas una camiseta. –No, y eso me preocupa. Se supone que debe proporcionar un ambiente seguro para esta mujer embarazada. En lugar de eso sus guardas mueren y alguna criatura trató de matarla a doscientas yardas de su sala comedor. ¿Por qué no está enfadado? ¿No le molesta a que alguien lo está poniendo en ridículo en su propio castillo?
Hugh abrió su boca.
Curran subiendo las escaleras llevando una bandeja colmada de comida en una mano. George estaba con él. Curran vio a Hugh y se centró en él con una única mentalidad.
–Aquí viene la caballería–. Hugh me guiñó el ojo.
Curran dio un paso entre Hugh y yo. Su voz era fría. –Uno de nosotros - se supone – que no debe estar aquí.
–Déjeme adivinar, ¿ese sería yo?
–Sí. Sus invitados le echan de menos.
Hugh se rio en silencio. –Continuaremos nuestra conversación más tarde, Kate–. Él se alejó.
–¿No pudiste haber esperado treinta segundos?– Gruñí. –Quise oír su respuesta.
 –No. Él no tiene nada que hablar contigo y todo lo que dice es una mentira.
–¿Es esa comida?– llamó Desandra. –Estoy sumamente hambrienta.
–Ya nos íbamos, –interrumpió Andrea.
–sí, lo hacíamos,– confirmó George. –Vine a escoltarte a tu cuarto.
Se fueron. Suspiré y le pasé la bandeja a Desandra.
Más tarde, después que comimos, Desandra se quedó dormida, agotada, esta vez de verdad. Derek volvió de  cena, vio a Curran, y se excusó al baño. Curran y yo trancamos la puerta y revisamos la puerta del balcón y las ventanas. Puse una manta extra en el piso. Él se tendió en ella y me acosté junto a él. En torno a nosotros la calmante oscuridad llenó el cavernoso dormitorio de Desandra.
 Derek todavía estaba en el baño. El admirable muchacho trataba de darnos una ilusión de privacidad.
 –¿Nos escuchan? –pregunté.
 –Si lo somos, no los puedo oír.
Me lo imaginé. Una vez que nosotros atacamos al vampiro, el escondite quedó al descubierto.
 –Vi a Doolittle en la cena,– habló Curran. –Dijo que tiene algo importante que contarte.
–¿Es urgente?
–Me dijo que tendría que esperar hasta mañana. No podíamos hablar. Demasiada gente a nuestro alrededor. ¿De qué quisiste hablar?
Esto tendría que hacerse con cuidado, con finura. Abrí mi boca, tratando de encontrar las palabras adecuadas. Piense sutilmente…
Él levantó sus cejas. –¿Cuál es la demora?
–Trato de encontrar las palabras correctas.
–¿Por qué no solo lo dices?
–¿Qué rayos te sucede? Dejas que Lorelei esté junto a ti desnuda, aguantas sus estupideces, y cazas con ella. ¿Está desquiciado o tengo que hacer las maletas y marcharme?
Maldita sea. Sutil, muy sutil.
Él se rio de mí. –Te amo. No necesitas preocuparte por Lorelei. Ella es feliz de haber crecido, por lo que hace alarde de ello. Es inofensiva.
–¿Qué con la cacería?
–¿Con quién más cazaría ella?– Curran se encogió de hombros y me jaló más cerca. –No tengo ningún interés en Lorelei. Ella es una niña.
–¿Entonces esto no es parte de algún plan que ideaste?
–No.
Eso debería ser el fin de esto, pero la sospecha permaneció, fastidiándome. La aplasté. Él dijo que no estuvo interesado. Fin de la historia.
 –¿De qué hablaron Hugh y tú mientras cazabamos?
–Me contó que él mató a Voron.– Intenté mantener dolor apartado de mi voz y no pude.
Curran hizo una pausa. –¿Es mentira?
–Creo que no. Voron lo crio de la misma forma que me crio, luego lo abandonó. Lo aparté de Hugh y  entonces Hugh lo apartó de mí. Supongo que eso nos da un empate. Todavía quiero matarlo.
–Tal vez tengamos esa posibilidad, –respondió.
–Tal vez.
–¿Dijo algo más?
–Nada de especial importancia. Él siente que los cambia formas son regidos por sus deseos.
–Si yo fuera regido por mis deseos, él estaría muerto.
O tú. –Curran…
–¿Sí?
–Lo vi pelear. ¿Recuerdas a mi tía? Hugh es mucho mejor.
–no importa,– dijo Curran. –Lo destruiré.
Pero si me importa. Si Curran mató a Hugh pero muere en combate, no valdría la pena. Solo tengo que matar a Hugh primero. Es pan comido.
–es este lugar,– le expliqué. –Nos saca a todos de quicio.
–Nos iremos a casa pronto–. Él cerró sus  ojos.
Un choque ensordecedor quebró el silencio. Me puse rápidamente en pie. Derek salió raudamente del baño.
El rugido era familiar, el sonido de la grava siendo aplastada, cayó rodando por el vestíbulo, seguido por un profundo bramido enfurecido, furia pura expulsada en un ciego torrente. Había escuchado ese sonido antes y fue imposible olvidar. Era el grito de guerra de un were buffalo.


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