Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

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Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Mar Ago 13, 2013 9:38 am

¡Hola chicas!

Muchas gracias a las que se han ofrecido a ayudarme en esta loca idea mia.

Si alguien no conoce la saga por supuesto la recomiendo mucho y poara las que quieran voy a ir postenado los capítulos aquí.

Son 18 capítulos mas el epílogos.

Son de estensión media, como lo tengo en epub no les puedo decir número de páginas pero los libros de esta saga no son muy largos no llegan a las 300 páginas.







 




1

Giré la lanza.
-Un argumento más y voy a castigarte.

Julie puso en los ojos todo el desprecio que con catorce años de edad, podía reunir y se apartó el pelo rubio de la cara.
-¿Kate, cuándo voy a usar esto alguna vez en la vida real?
-Vamos a usarlo en los próximos cinco segundos para evitar que te empale.

En mis veintiséis años de vida, he tenido muchos puestos de trabajo. La enseñanza no ha sido uno de ellos. Sobre todo he matado gente en formas sangrientas y creativas. Pero Julie era mi chica y mi responsabilidad, y practicar con una lanza era bueno para ella. Desarrolla músculo, reflejos y equilibrio, e iba a necesitar de los tres cuando nos cambiemos a la espada.

Hace varias décadas la magia regresó a nuestro mundo, aplastando nuestra civilización tecnológica y la ilusión de seguridad que teníamos con ella. Magia y tecnología aún peleaban por nosotros, jugando con el planeta como dos niños lanzándose una pelota el uno al otro. Cuando una funcionaba, la otra no.
Los policías lo hacían lo mejor que podían, pero la mitad del tiempo los teléfonos no funcionaban y todos los funcionarios disponibles respondían a las emergencias importantes, como salvar a unos escolares de una manada de arpías rapaces. Mientras tanto, con escasos recursos y la vida barata, la gente hacia un buen trabajo aprovechándose de los demás. Los ciudadanos inteligentes no salían por la noche. Si los maleantes no te alcanzaban, las aberraciones de magia con dientes gigantes lo harían.
Cada persona es responsable de su propia seguridad, y se basa en la magia, armas y espadas. La magia de Julie era rara, y muy apreciada, pero inútil en el combate. El ver los colores de la magia no la ayudaría a matar a un vampiro. Mi mejor amiga, Andrea, le estaba enseñando a manejar armas. No puedo darle a un elefante con una pistola a tres metros, aunque probablemente podría aporrearlo hasta la muerte. Armas cuerpo a cuerpo son lo que yo puedo enseñar.
Me llamó la atención  la sección media de Julie, de movimiento lento como la melaza. Ella giró su lanza como un remo y golpeó la mía, derribándola.
-¿Y?
Ella me dio una mirada completamente en blanco. La mayoría de las veces Julie tomaba la práctica en serio, pero en días como este algún interruptor funcionaba mal en su cabeza, desconectando su cerebro de su cuerpo. Probablemente había alguna manera de romper fuera de esto, algunas palabras correctas de "mamá" que podría decir, pero yo había encontrado a Julie hace aproximadamente un año en la calle y todo el asunto fundamental era todavía nuevo para mí. Mi madre murió antes de que pudiera formar algún recuerdo de ella, así que no tengo ninguna experiencia en el asunto.

Para empeorar las cosas, había utilizado la magia para salvar la vida de Julie. Ella no podía rechazar una orden directa de mí, aunque ella no lo sabía y yo estaba decidida a que siga siendo así. Lo hice un par de veces y me enteré de que la entonación tenía mucho que ver con eso. Siempre y cuando le dé instrucciones en vez de ladrar órdenes, ella no tenía ningún problema ignorándome.
A nuestro alrededor el bosque de la Manada  rebosaba de vida. El sol de la tarde brillaba. Las hojas susurraban en la brisa. Ardillas se desvanecían una al lado de la otra en las ramas, completamente sin inmutarse por varios cientos de cambiantes carnívoros que Vivian al lado.
A lo lejos, el leve sonido de las motosierras retumbaba; estaba en peligro de volverse intransitable y un equipo de cambia formas había sido enviado a la estrecha carretera que conducía a la Fortaleza esta mañana a cortar algunos árboles.
Una mariposa amarilla flotaba. Julie lo miró.
Saqué mi lanza, la giré, y le apuñalé el hombro izquierdo con la culata.
-¡Ay!
Suspiré.
-Presta atención, por favor.
Julie hizo una mueca. -Me duele el brazo.
-Entonces será mejor que me bloquees, si no quieres otra cosa herida.
-Esto es abuso infantil.
-Estás lloriqueando. Estamos haciendo prácticas de bloqueo.
Giré el final de la lanza hacia adelante y apuñalé a su vez, en cámara lenta. Julie clavó la lanza con la de ella y se quedó allí.
-No te quedes ahí sentada con tu lanza. Tienes una abertura, tal vez quieras hacer algo al respecto.
Ella alzó su lanza e hizo un intento a medias de apuñalarme en el pecho. Le di un segundo para recuperarse, pero ella no se movió. Eso fue todo. Ya la tenía.
Di vuelta a la lanza y barrí las piernas de debajo de ella. Cayó de espaldas y me guió la lanza hasta el suelo un par de centímetros de su cuello. Ella parpadeó, cabello rubio pálido se desplegó ampliamente de su cabeza.
-¿Cuál es tu problema hoy?
-Kevin le pidió a Nadie ir a la Danza de la luna.

Nadie, una cambiarformas oso, era la mejor amiga de Julie. La Danza de la luna era la manera que tenía la Manada  de dejar que los adolescentes se desahogaran cada viernes por la noche, siempre y cuando la magia se fuera, los cambiaformas arrastraban los altavoces afuera y ponían música de baile en las murallas de la Fortaleza. Ser invitado a la Danza de la luna por un chico era comprensiblemente una gran cosa. Y yo todavía no me explicaba por qué dos meses de lecciones y prácticas con la lanza habían desaparecido de la cabeza de mi chica.
-¿Y?
-Se supone que debo ayudar a escoger el vestido para mañana- dijo Julie, tirada como una babosa.
-¿Y esto es más importante que la práctica?
-¡Sí!
Saqué mi lanza.
-Está bien. Ve y haz lo tuyo. Pero me debes una hora el sábado.
No hay fuerza en el planeta que pueda hacerla concentrarse cuando se pone así, por lo que la práctica era una pérdida de tiempo de todos modos.
La babosa-hija se convirtió en una ágil gacela y se puso en pie.
-¡Gracias!
-Sí, sí.

Salimos del bosque. El mundo parpadeó por un segundo y una ola de magia nos salpicó, ahogando el bosque. Las motosierras carraspearon y murieron, seguidas por maldiciones en voz alta.
El nombre oficial de este fenómeno era resonancia post-cambio, pero todo el mundo lo conocía como oleadas mágicas. Habían venido de la nada y rodaban por el mundo, apagando la electricidad, matando a los motores a combustión interna, estrangulando las armas, y escupiendo monstruos. Entonces la magia se desvanecería, las luces eléctricas se encenderían, y las armas de fuego, una vez más se volverían mortales. Nadie puede predecir qué tan fuerte sería una ola o cuánto tiempo duraría. Era una vida caótica, pero perseverante.

Los árboles se abrieron, revelando un gran campo de hierba. En el medio la Fortaleza se levantaba como una montaña artificial gris, un ejemplo de lo que ocurría, cuando cientos de profundamente paranoicas y sobrehumanas personas fuertes se reunían y decidían que necesitaban un lugar seguro donde dormir. Desde un ángulo, la Fortaleza se parecía a una fortaleza moderna, desde otro, a un castillo medieval. Nos acercamos desde el norte, donde teníamos una vista de la torre principal, y desde aquí el lugar parecía un alto presentimiento macabro, con un ático, donde Curran y yo hicimos nuestra guarida.
No siempre fue así. No habíamos empezado mirándonos el uno al otro y al instante siguiente éramos almas gemelas. Cuando nos conocimos, él pensó que era una imprudente merca que desafiaba la autoridad porque me daba la gana, y yo pensé que era un bastardo arrogante que tenía bastantes problemas como para llenar la Fortaleza de arriba abajo. Pero ahora estábamos juntos. Él era el Señor de las Bestias y yo era su consorte, lo que me puso en una posición de autoridad sobre mil quinientos cambiaformas, la Manada  más grande en el Sur. Yo no quería la responsabilidad, y si tuviera otra opción, me iría tan lejos como pudiera de él, pero era el precio que tenía que pagar para quedarme con Curran. Yo lo amaba y valía la pena. Lo valía todo.
Rodeamos la Fortaleza y pasamos por las puertas anchas y abiertas hacia el patio interior. Un grupo de cambiaformas trabajaba en uno de los vehículos de la Manada, un jeep modificado, su capó hinchado y deforme por la necesidad de contener dos motores, uno de gasolina y otro para agua encantada. Ellos nos saludaron cuando entramos. Nosotros le devolvimos el saludo. Los cambiaformas me aceptaban, en parte porque he luchado por mi posición y no les di otra opción, y en parte porque mientras Curran era justo, él también tenía una tolerancia muy baja para la mierda. No siempre estábamos de acuerdo en las cosas, pero si la apelación la hacían conmigo directamente, no haría caso omiso, y a la Manada le gustaba tener una segunda opinión.
La puerta de acero reforzado estaba abierta. A finales de mayo en Georgia hacía calor y en verano estaría más caliente. Tratar de  poner aire acondicionado en la Fortaleza era un caso perdido, por lo que todas las puertas y ventanas estaban abiertas, en un esfuerzo para crear una brisa. Pasamos por un estrecho pasillo y empezamos a subir la enorme escalera que era la pesadilla de mi existencia. Empecé a odiarla la primera vez que tuve que subirla con una lesión en la rodilla; mi odio sólo se hizo más fuerte.
Segundo piso.
Tercer piso. Estúpidas escaleras.

-Consorte.
La urgencia en la voz me hizo volverme. Una mujer mayor corrió hacia mí por el pasillo del tercer piso, con los ojos muy abiertos y con su boca abierta. Meredith Cole. La madre de Maddie.
-¡Las están matando!- Ella se agarró a mí.
-¡Van a matar a mis hijas!

Todos los cambiaformas en el pasillo se quedaron helados. Poner las manos en un alfa sin permiso contaba como asalto.
Tony, uno de los ayudantes de Doolittle, dio la vuelta a la esquina, corriendo por el pasillo hacia nosotros.
-¡Meredith! ¡Espera!

Doolittle era el medimago de la Manada. El terror se apoderó de mí. Sólo había una razón médica para que la Manada quisiera matar a un niño.
-¿Kate? ¿Qué está pasando? ¿Dónde está Maddie? -La voz de Julie se disparó en un grito.
-¡Ayúdame!- Meredith apretó mi brazo. Mis huesos crujieron.
-No dejes que maten a mis hijas.

Tony se detuvo, sin saber qué hacer a continuación.
Mantuve mi voz calmada.
-Muéstrame.
-Por aquí. Doolittle las tiene- Meredith me soltó y señaló hacia el pasillo.
-¿Qué está pasando?- Chilló Julie.
Caminé por el pasillo.
-Lo sabremos en un minuto.

Tony tuvo éxito y caminó detrás de nosotros cuando pasamos por delante de él. El pasillo nos llevó a la sala médica.
-Está en la parte de atrás- dijo Tony.
-Te voy a mostrar.

Él tomó la iniciativa y lo seguí a través de la enfermería a una habitación redonda. Seis largos pasillos estrechos, liderados desde la habitación, túneles de hormigón gris, Tony tomó el que seguía recto. Una puerta de acero con un brillo plateado revelador esperaba al final. Caminamos hacia ella, el sonido de nuestros pasos rebotando contra las paredes. Tres barras, cada una tan gruesa como mi muñeca, guardaban la puerta, por ahora desbloqueada. Mi corazón se hundió. Yo no quería ver lo que había detrás de ella.
 
Tony agarró el soporte de metal grueso que hacía las veces de puerta, se coló dentro, y la abrió, revelando una sala envuelta en la penumbra. Di un paso dentro. A mi derecha, Doolittle estaba junto a unas sillas, un hombre negro de unos cincuenta años, de piel oscura y canoso. Se dio la vuelta para mirarme, sus ojos generalmente amables me dijeron todo lo que necesitaba saber: mi mayor temor era cierto y no había esperanza.
A mi izquierda había dos celdas de plexiglás una al lado de la otra, bañadas por la luz azul de la lámpara feérica. Barrotes de acero y plata rodeaban cada celda. No pude ver ninguna puerta. El único acceso a las celdas era a través de una máquina tipo expendedora en la parte frontal.

Dentro de las celdas dos monstruos esperaban. Deformes, grotescos, sus cuerpos se retorcían en una horrible pesadilla de piezas semihumanas, enormes garras, y parches de piel densa, se encogieron en la esquina, separadas por el plexiglás y los barrotes, pero acurrucadas juntas como iguales. Sus rostros, con enormes mandíbulas y dientes extrañamente distorsionados, dejarían huella; toda una vida de recuerdos.
El monstruo de la izquierda levantó la cabeza. Dos ojos azules humanos nos miraban, llenos de terror y dolor.
-Maddie- Julie cayó por los barrotes. –Maddie.
El otro monstruo se agitó. Reconocí la mata de pelo marrón. Maddie y Margo. La mejor amiga de Julie y su hermana gemela se iban a lupo.

Todos los cambiaformas tenían que enfrentar una elección: para mantener su humanidad imponiendo orden y disciplina estricta y la práctica del código constante o rendirse a los deseos violentos generados por la presencia del Lyc-V, el virus cambiaformas, y convertirse en un lupo loco. Los lupos eran asesino torturadores, y se deleitaban con el dolor de los demás. Ya no podían transformarse a humano puro o en forma de animal. Una vez que un cambiaformas iba a lupo, no había vuelta atrás. La Manada lo sacaba.

En tiempos de estrés extremo, el Lyc-V explotaba en un gran número dentro del cuerpo del cambiaformas. La adolescencia, con sus fluctuaciones hormonales y montañas rusas emocionales, era el momento más estresante que un cambiaformas enfrentaba. Una cuarta parte de los niños no sobrevivían a ella.
-Dile-declaró Meredith. -Dile que no mate a mis hijas.
Doolittle me miró.
La Manada tenía una manera complicada de calcular la probabilidad de lupismo basada en la cantidad de virus en sangre.
-¿Cuál es el número Lycos?

-Dos mil seiscientos  Maddie y dos mil cuatrocientos Margo- dijo.
Más de mil era casi una garantía de lupismo.
-¿Cuánto tiempo han estado así? Le pregunté.
-Desde las dos de la mañana- dijo Doolittle.
Se había acabado. Eran más de catorce horas. Estábamos tratando de posponer lo inevitable. Maldición.
Julie se aferró a los barrotes. Mi corazón se apretó muy dolorosamente. Hace unos meses, ella se había visto así, un desastre humano y animal, su cuerpo devastado por el virus. Todavía tenía pesadillas donde yo estaba sobre ella mientras me gruñía, atada a una cama de hospital, y cuando me despertaba, yo tenía que caminar hasta su habitación en medio de la noche para asegurarme de que estaba viva y bien.
-Por favor, Consorte. Por favor-susurró Meredith. -Usted hizo Julie a mejorar.
No tenía idea de lo que estaba pidiendo. El precio era demasiado alto. Incluso si estuviera de  acuerdo, que no  lo estaba, purgar el virus de Julie requirió  magia de un aquelarre completo, el poder de varios sacerdotes paganos, y a mí cerca de la muerte. Fue cosa de una vez, y no se podía replicar.
-A Julie la recuperó su magia- mentí, manteniendo mi voz suave.
-¡Por favor!
-Lo siento mucho.
Las palabras sabían como vidrio molido en mi boca. No había nada que pudiera hacer.

¡No puedes! Julie se volvió hacia mí. -No puedes acabar con ellas. No  lo sabes. Todavía puede salir.
No, no lo harían. Lo sabía, pero miré a Doolittle todos modos. Negó con la cabeza. Si las niñas tenían alguna posibilidad de una recuperación, habrían mostrado signos ya.
-Lo único que necesitan es más tiempo. Meredith se aferró a las palabras de Julie como un náufrago agarrando un clavo ardiendo. -Sólo más tiempo.
-Vamos a esperar- le dije.
-Estaríamos sólo prolongándolo- dijo Doolittle en voz baja.
-Vamos a esperar- repetí. Era lo menos que podía hacer por ella. -Siéntate conmigo, Meredith.
Nos sentamos en las sillas cercanas.
-¿Hasta cuándo?- Doolittle preguntó en voz baja.
Eché un vistazo a Meredith. Ella estaba mirando a sus hijas. Las lágrimas corrían por su rostro.
-Tanto como sea necesario.
 


***

 
Miré el reloj de la pared. Habíamos estado en la habitación durante más de seis horas. Las chicas no mostraron ningún cambio. De vez en cuando una, luego la otra, con rabia, golpeaban el plexiglás, gruñendo con furia sin sentido, y luego se dejaban caer al suelo, exhaustas. Viéndose heridas.
Doolittle se había ido un par de horas, pero ahora estaba de vuelta, sentado a solas cerca de la otra pared, con el rostro ceniciento. Él no había dicho ni una palabra.
Hacía unos minutos Jennifer Hinton, la alfa del clan lobo, había entrado en la habitación. Se quedó de pie, apoyada en la pared, sosteniendo su estómago y al bebé en su interior con las manos. Su rostro tenía una expresión atormentada, y la ansiedad en sus ojos rayaba en el pánico. Aproximadamente el diez por ciento de los hombres lobo se iban a lupo al nacer.
Meredith se deslizó de su silla. Se sentó en el suelo, junto a las celdas de plexiglás y se puso a cantar. Le temblaba la voz.
-Calla, bebita, no digas una palabra. . .-
Oh Dios.
Jennifer se tapó la boca con la mano y salió de la habitación.
-Mamá te comprará un ruiseñor. . . -
Margo se agitó y se arrastró hasta su madre, arrastrando una pierna torcida detrás de ella. Maddie la siguió. Se acurrucaron juntas, las tres, presionadas contra el plexiglás. Meredith siguió cantando, desesperada. Su canción de cuna se tejía a partir de años de amor y esperanza, y todo lo que ahora se estaba muriendo. Mis ojos se llenaron de lágrimas.
Julie se levantó y salió de la habitación.
Mientras escuchaba a Meredith cantar deseé tener más magia. Magia diferente. Me hubiera gustado que tener más. Desde el momento en que podía recordar, mi padre adoptivo, Voron, me había perfeccionado como un arma. Mi primer recuerdo era de comer helado sosteniendo mi espada en mi regazo. Había aprendido docenas de estilos de artes marciales, había luchado en arenas y arenas; podía caminar por el desierto y emerger meses más tarde, no peor por el desgaste. Podía pilotar a los muertos vivientes, lo que escondía de todos. Podía moldear mi sangre como algo sólido y utilizarlo como arma. Había aprendido palabras de poder, las palabras eran un lenguaje tan primitivo, tan potente, que ordenaban a la propia magia pura. Uno no puede simplemente conocerlas, había que hacerlas tuyas o morir. He luchado contra ellas y las hice la mías. En la erupción, un tsunami de magia, las había usado para forzar a un ejército demoníaco a arrodillarse delante de mí.
 
Y nada de esto me podía ayudar ahora. Todo mi poder, y yo no podía ayudar a dos niñas asustadas y a su madre llorando a lágrima viva. Sólo podía destruir, y matar, y aplastar. Me hubiera gustado hacer que esto desaparezca, simplemente agitar mis brazos, pagar el precio que tuviese que pagar, y hacer que todo estuviera bien. Quería desesperadamente hacer que todo estuviera bien.
Meredith se había quedado en silencio.
Julie regresó con una barra de Snickers. La desenvolvió con dedos temblorosos, rompió el caramelo a la mitad, y dejó caer cada pieza a través de los barrotes.
Maddie se acercó. Su mano con cuatro protuberancias cortas por dedos y una sola garra de diez centímetros; clavó ésta en el dulce. Tiró de él hacia ella. Sus mandíbulas desencajadas y tomó una pequeña mordida de chocolate con sus dientes torcidos. Mi corazón se rompió.
Margo se abalanzó sobre el cristal, gruñendo y gritando. El plexiglás de quince centímetros de espesor ni siquiera tembló. Se lanzó contra ella una y otra vez, gimiendo. Cada vez que su cuerpo chocaba contra la pared, los hombros de Meredith se sacudían.
La puerta se abrió. Vi un cuerpo musculoso y familiar;  el pelo corto y rubio. Curran.
Debe haber estado fuera de la Fortaleza, porque en lugar de sus habituales pantalones, llevaba pantalones vaqueros. Cuando lo mirabas, tenías una abrumadora impresión de fuerza. Sus hombros anchos y poderoso pecho tiraban de su camiseta. Bíceps abultados tallados en sus brazos. Su estómago era plano y duro. Todo en él hablaba de fuerza física pura, contenida, pero lista para ser puesta en libertad. Se movía como un gato al acecho, elegante, flexible y en completo silencio, acechando los pasillos de la Fortaleza, un león en su guarida de piedra. Si yo no lo conociera y lo viera entrar en un callejón oscuro, me gustaría pasar desapercibida.
Su presencia física era alarmante, pero su verdadero poder estaba en sus ojos. En el momento en que mirabas en sus iris grises, sabías que no iba a tolerar ningún desafío a su autoridad, y si sus ojos se volvían de oro, sabías que ibas a morir. En un arranque de ironía cósmica, se había enamorado de mí. Yo retaba su autoridad regularmente.
Curran no me miró. Por lo general, cuando entraba en la habitación, nuestras miradas se cruzaban en ese momento de silenciosa conexión, una revisión rápida de “Hey, ¿estás bien?” Él no me miraba  y su rostro estaba sombrío. Algo andaba mal. Algo además de Maddie.
Curran pasó por delante de mí hacia Doolittle y le entregó una pequeña bolsa de plástico llena de pasta color oliva.
Doolittle abrió la bolsa y olfateó el contenido. Sus ojos se abrieron. -¿Dónde…?
Curran negó con la cabeza.
-¿Es la panacea?- Meredith se volvió hacia él, con los ojos repentinamente vueltos a la vida.
La panacea era producida por los cambiaformas europeos, que la guardaban como oro. La Manada había estado tratando de replicarla durante años y no había llegado a ninguna parte. La mezcla herbal reducía las posibilidades de lupismo al nacer hasta el setenta y cinco por ciento y revertía la transformación en un tercio en los adolescentes. Antes había un hombre en Atlanta que conseguía pasar de contrabando pequeñas cantidades, que vendía a la Manada a precios exorbitantes, pero hace unas semanas los cambiaformas lo habían encontrado flotando en un estanque con su garganta cortada. El equipo de seguridad de Jim siguió a los asesinos hasta la costa. Habían navegado fuera de nuestra jurisdicción. Ahora Curran traía una bolsa ¿Qué había  estado haciendo su Pilosidad?

-Aquí hay suficiente para una sola dosis- dijo Doolittle.

Demonios. -¿Puedes conseguir más?
Curran sacudió su cabeza.
-Debes elegir- dijo Doolittle.
-No puedo- Meredith se contrajo de nuevo.
-No me hagas elegir- ¿Cómo demonios puedes elegir a un hijo sobre otro?
-Divídela- dijo Curran.
Doolittle negó con la cabeza. -Mi señor, tenemos una oportunidad de salvar a una de ellas. . .
-Te dije que la dividas.- Curran gruñó. Sus ojos brillaban como el oro. Yo tenía razón. Algo malo había pasado, y no era sólo Maddie y Margo.
Doolittle cerró la boca.
Curran se movió hacia atrás y se apoyó contra la pared, con los brazos cruzados.
La pasta se dividió en dos porciones iguales, Tony mezcló cada una en una libra de carne de res molida y la dejó caer en las celdas. Las niñas se abalanzaron sobre la carne, lamiéndola del suelo. Los segundos se arrastraban remolcando a los minutos a su paso.
Margo se sacudió. La piel de su cuerpo se derritió. Sus huesos se doblaron sobre sí mismos, se contrajeron, se reajustaron. . . Ella gritó, y una chica humana, desnuda y ensangrentada, cayó al suelo.
Gracias. Gracias, quienquiera que sea que esté arriba.
-Margo- llamó Meredith. -Margo, querida, respóndeme. Respóndeme, bebé.
-¿Mamá?- Susurró Margo.
-¡Mi bebé!
El cuerpo de Maddie se estremeció. Sus extremidades torcidas. La distorsión de su cuerpo se contrajo, pero los signos de animal se mantuvieron. Mi corazón se hundió. No funcionó.
-Ella bajó a dos- dijo Doolittle.
El coeficiente de cambio, la medida de la cantidad de cambio en un cuerpo de una forma a otra. -¿Qué significa eso?
-Es el progreso- dijo. -Si hubiéramos tenido más de la panacea, habría sido optimista.
Pero no la teníamos. Tony no sólo había vaciado la bolsa, la había cortado y frotado el interior del plástico en la carne y luego raspado hasta limpiar la parte posterior de la cuchilla. Maddie estaba todavía yéndose a lupo. Nos teníamos más panacea. Teníamos que salvarla.
-¡No se puedes matarla!- La voz de Julie se disparó en un grito. -¡No puedes!
-¿Cuánto tiempo puedes mantener a la niña abajo?- preguntó Curran.
-¿Cuánto tiempo es necesario?- preguntó Doolittle.
-Tres meses- dijo Curran.
Doolittle frunció el ceño. -¿Me estás pidiendo que induzca un coma?
-¿Puedes hacerlo?
-Sí- dijo Doolittle. -La alternativa es terminarlo.
La voz de Curran salió cortante. -A partir de ahora, todas las terminaciones de idas a lupo relacionadas con niños están suspendidas. Sédalos en su lugar.-Se dio la vuelta y se marchó.
Hice una pausa de medio segundo para decirle a Julie que estaría bien y lo perseguí.
El pasillo estaba vacío. El Señor de las Bestias se había ido.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Ebekah el Mar Ago 13, 2013 10:44 am

Muchas gracias KuroNeko por esta traducción I love you , las que no entendemos ni palabra de ingles es la única forma que tenemos de conseguir los libros que no se traducen Smile
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Mar Ago 20, 2013 6:57 am

De nada muñeca

Les dejo el 2º



CAPÍTULO 2
 
Subí las malditas escaleras hasta la planta superior. Había querido perseguir a Curran abajo, pero Julie seguía descontrolada y Meredith estaba haciendo un silbido extraño al tener que  disputarse entre abrazar a una hija y estar a punto de llorar por otra. Ella no quería que indujeran el estado de coma. Ella quería más panacea y no podía entender que esa era toda la que teníamos. Nos tomó a los tres: Doolittle, Julie y yo, más de dos horas para convencerla de que Maddie tenía que ser sedada. Cuando finalmente salí de la sala médica, Curran se había ido. Los guardias en la entrada, lo vieron pasar, pero nadie sabía a dónde iba.
Llegué a la estación de guardia de la entrada de nuestra planta. Vivir en la Fortaleza era como tratar de encontrar intimidad en un recipiente de vidrio, y las dos plantas superiores de la torre principal era mi refugio. Nadie entraba aquí a no ser que la guardia personal del Señor de las Bestias lo permitiese, y no era dada a aprobar visitantes.
Sentarme en una habitación oscura viendo a una niña sufrir mientras el alma de su madre moría poco a poco era más de lo que podía manejar. Tenía que hacer algo. Tenía que descargarme o iba a explotar.
Asentí con la cabeza a los guardias y me fui por el pasillo hasta una larga pared de cristal que separaba nuestro gimnasio privado. Me quité los zapatos y me metí dentro. Pesas me esperaban, algunas solas, otras unidos a máquinas. Varias bolsas de boxeo pesados ​​colgaban de cadenas en la esquina, junto a una pera fija. Espadas, hachas y lanzas descansaban en los ganchos de la pared.
Mi padre adoptivo, Voron, murió cuando yo tenía quince años, y después mi tutor, Greg Feldman, se hizo cargo de mí. Greg había pasado años acumulando una colección de armas y artefactos, que dejó para mí. Todo se ha ido. Mi tía nos visitó y dejó un trozo de Atlanta convertido en una ruina humeante, incluyendo el apartamento que había heredado de Greg. Pero yo estaba reconstruyéndolo lentamente. Yo no tenía ninguna de las armas más preciadas de mi colección, a excepción de Asesina, mi espada, pero todas mis armas eran funcionales y bien hechas.
Me encogí de hombros para sacarme la funda, con Asesina en mi espalda, bajé al piso, e hice flexiones durante un par de minutos para calentar, pero mi peso no era suficiente, así que me cambié a la bolsa, tirando golpes y dando patadas. La presión, que se construía en mí desde hacía varias horas, me alimentaba. La bolsa se estremecía por el impacto.
No era justo que los niños fueran a lupo. No era justo que no hubiese señales de advertencia. No era justo que yo no pudiese hacer absolutamente nada al respecto. No era justo que Curran y yo nunca tuviésemos hijos, me gustaría estar como Jennifer, acariciando mi estómago y aterrorizada por el futuro. Y si mis hijos fueron a lupo, tendría que matarlos. El pensamiento me estimuló, entré en un frenesí de golpes. Yo no sería capaz de hacerlo. Si Curran y yo tuviésemos un bebé, no podría matarlo o matarla. Yo no tenía eso en mí. Incluso pensarlo que era como el choque al saltar en un estanque helado.
Trabajé la bolsa durante la mayor parte de una hora, cambie a pesas, luego fui a la bolsa de nuevo, tratando de llevarme a mí misma hasta el agotamiento. Si me cansaba lo bastante, podría gustaría dejar de pensar.
El agotamiento resultaba difícil de alcanzar. Había pasado las últimas semanas recuperándome, entrenando, comiendo bien, y haciendo el amor cada vez que me daba la gana. Yo tenía más resistencia que el conejito de batería de los viejos anuncios. Con el tiempo me perdí en el simple esfuerzo físico. Cuando por fin llegué a tomar aire, el sudor peinaba mi cuerpo y mis músculos dolían.
Tomé un sable Cherkassy de la pared y tomé a Asesina. El sable que me había costado un ojo de la cara hace muchos años, cuando todavía trabajaba para el Gremio de  Mercenarios. Yo lo había guardado en mi antigua casa, y había sobrevivido al reinado de terror de mi tía.

Levanté las dos espadas; el sable Cherkassy era más pesado y con más curvas, mientras que Asesina era más ligera y más recta, y comencé a cortar, aflojando los músculos. Una espada dio un amplio círculo brillante en frente de mí, uno detrás de mí, retroceso, aumentando la velocidad hasta que un torbellino de acero afilado me rodeaba. Asesina cantaba, silbaba al cortar el aire, la hoja pálida y opaca como el rayo de un sol de acero. Invertí la dirección,  cambie a la defensa, y trabajé durante cinco minutos más o menos, al caminar, me di vuelta y vi a Barrabás de pie junto al cristal.
Un hombre mangosta, Barrabás fue criado en el clan bouda. Ellos lo amaban, pero pronto se hizo evidente que él no encajaba en la jerarquía de las hienas, por eso la Tía B, la alfa del clan Bouda, me había ofrecido sus servicios. Él y Jezabel, la otra inadaptada de la tía B, actuaban como mis niñeras. Jezabel cuidaba mi espalda, y Barrabás tenía la tarea poco envidiable de dirigirme a través de la política y las leyes de la Manada.
Delgado y pálido, Barrabás nació con una astilla en su hombro, y él hizo de eso toda una declaración, incluyendo el pelo. Lo tenía parado en la cabeza en la cabeza, formando picos puntiagudos de color naranja brillante y para fingir que estaba en llamas. Hoy en día, el cabello era particularmente agresivo. Se veía electrocutado.
-¿Sí?
Barrabás abrió la puerta de cristal y entró en el gimnasio, con los ojos seguía el movimiento de mis espadas.

-No te lo tomes a mal, pero a veces me asustas, Kate.

-Barrabás, te crecen garras de cinco centímetros y puedes aplastar a un pony Shetland. ¿Y te doy miedo?
Él asintió con la cabeza.

-Y yo trabajo con gente muy aterrorizante. Eso debería decirte algo. ¿Cómo no te cortas?

-Práctica.

Había estado practicando desde que era lo suficientemente alta como para evitar que mis espadas se enganchen en el suelo.

-Se ve impresionante.
-Ese es el punto. Este es el estilo de trabajo de espada que se utiliza cuando se te ha derribado de tu caballo y estás rodeado de enemigos. Está diseñado para que puedas tallar tu manera de salir de la multitud lo más rápido posible. La mayoría de la gente verá que estás haciendo esto y decidirán que deben estar en otro lugar.
-No lo dudo. ¿Y si es un chico súper espadachín el que salta delante de ti? -Preguntó Barrabás.
Levanté a Asesina y dibujé un ocho horizontal con la espada, girando la muñeca.
-Símbolo del infinito.
-Mariposa. Aceleré hacia arriba y añadí la segunda espada a continuación.
-Una mariposa alta, una mariposa baja, cambio de brazos, repetir si es necesario. Garganta, estómago, la garganta, el estómago. Ahora él no está seguro de lo que hacer para protegerse, así que o lo matas o sales de su camino, y seguís caminando hasta que estés fuera de la multitud. ¿Quieres algo?

-Curran está aquí.
Me detuve.
-Llegó hace una hora, estuvo aquí un rato, mirando, y se fue arriba. Creo que oí la puerta de la azotea. Pensé que tal vez habría bajado, pero ya ha pasado un tiempo, así que pensé que tal vez quisieras saberlo.
Puse el sable hacia abajo, agarré a Asesina y su vaina, y me fui por el pasillo a una escalera corta. El primer descanso conducía a nuestras habitaciones privadas, el segundo a la azotea. La azotea era nuestro santuario, un lugar al que íbamos cuando queríamos fingir que estábamos solos.
Empujé la pesada puerta metálica y salí. El techo se extendía ante mí, un gran rectángulo de piedra, rodeada por un muro de un metro. A lo lejos, en el horizonte, el esqueleto de Atlanta se levantaba contra el telón de fondo de la luz de la luna. Cubría los edificios en ruinas, convirtiéndolos a azul pálido, casi transparente, y la cáscara de la una vez vibrante ciudad parecía poco más que un espejismo. La noche casi había terminado. No me había dado cuenta de cuánto tiempo había pasado.
Curran se agachó en el centro del techo, encima de unos cartones. Todavía llevaba la misma camiseta gris y pantalones vaqueros. Frente a él, un artefacto de metal negro yacía de costado. Se parecía a la mitad de un barril con pedacitos de metal largos que sobresalían hacia el lado. Los largos trozos eran probablemente las patas. La otra mitad del cañón esperaba boca abajo a la izquierda. Un surtido de tornillos en pequeñas bolsas de plástico estaban esparcidos alrededor, con un manual de instrucciones cerca, sus páginas cambiaban con la brisa.
Curran me miró. Sus ojos eran del color de la lluvia, solemne y sombría. Tenía el aspecto de un hombre que estaba resignado a su destino, pero realmente no le gustaba. Lo que fuera que estuviera pensando, no era algo bueno.
-Hola pateaculos.

-Esa es mi línea- dijo.

Hice que mi voz sonara casual. -¿Qué estás construyendo?
-Un ahumador.
El hecho de que ya teníamos una parrilla y un parrillero de fuego perfectamente bien a unos tres metros detrás de él debe de haber escapado a su atención.

-¿De dónde sacaste eso?

-El equipo de recuperación de Rafael sacó un montón de ellos de entre los escombros de una tienda de mejoras para el hogar. Él me lo envió como un regalo.
A juzgar por el número de piezas, este ahumador era más complicado que un reactor nuclear.

-¿Ha leído las instrucciones?

Negó con la cabeza.
-¿Tenés miedo de que te quite tu tarjeta de hombre?
-¿Vas a ayudarme o simplemente a burlarte de mí?
-¿No puedo hacer las dos cosas?
Tomé las instrucciones, pasé  la página de la derecha, y le pasé las arandelas y tuercas para sus tornillos. Él los enroscaba sobre los pernos y los apretaba con los dedos. Los tornillos se quejaron un poco. Si alguna vez quería usar este aparato, necesitaría una gran llave para hacerlo. Y, posiblemente, un martillo para golpear la llave cuando no se moviera.
Curran alineo las bisagras con la parte superior del ahumador. No se veía bien.
-Creo que estas bisagras van hacia atrás.

Negó con la cabeza.

-Va a encajar.

Empujó los tornillos a través de los orificios de la bisagra, los apretó, y trató de unir la parte superior a la parte inferior. Lo vi darle la vuelta alrededor de seis veces. Enhebró los pernos, unidos a ellos, y se quedó mirando el ahumador mutilado. La tapa estaba boca abajo y hacia atrás.
Curran miró con disgusto.

-Al diablo con esto.

-¿Qué te molesta?
Se apoyó contra la pared.
-¿Te he contado lo de aquella vez que fui a Europa?

-No.
Me puse junto a él.
-Cuando yo tenía veintidós años, Mike Wilson, el alfa de la furia de hielo, vino a mí con una invitación a la Cumbre Ibérica.
Mike Wilson tenía una Manada en Alaska. Era la única Manada en los Estados Unidos que rivalizaba con la nuestra en tamaño.
-La esposa de Wilson era europea, belga, creo, por lo que cruzaba el Atlántico cada dos años para visitar a su familia. Ella es su ex-esposa ahora. Tuvieron una pelea, así que ella tomó a su hija y se fue a casa de sus padres.
Teniendo en cuenta que la casa estaba al otro lado del Océano Atlántico, debe haber querido estar realmente lejos de Wilson.
-¿Mike no luchó por su hija?

-No, pero hace diez años todavía estaban juntos. Se detuvieron en Atlanta en su camino a la cumbre, y ​​Wilson me invitó a ir con ellos a España. Él lo hizo sonar como que un acuerdo  por panacea estaba sobre la mesa, así que me fui.
-¿Cómo te fue?
-Yo esperaba que fuese mal. Resulta que yo era demasiado optimista.

Curran cruzó los brazos sobre su pecho, haciendo que su bíceps se abultaran.

-Las cosas en Europa son diferentes. La densidad de población es mayor, las tradiciones mágicas son extensas, más amplias, y muchas estructuras tienen la edad suficiente para soportar las olas mágicas. Los cambiaformas son más numerosos, y comenzaron a crear manadas y reclamar territorios desde el principio. Había nueve manadas diferentes en la cumbre, nueve pares de alfas, todos los valientes, todos ellos listos para rasgar la garganta en cualquier momento, y ninguno de ellos honesto. Todo era una gran sonrisa en mi cara y garras en mi espalda en el momento en que me daba la vuelta.

-Suena divertido. ¿Mataste a alguien?
-No, pero yo realmente quería. Un hombre chakal de una de las manadas se acercó a mí para hacer un trato para venderme panacea, y al día siguiente se encontró su cadáver fuera con una roca del tamaño de un neumático de automóvil en donde solía tener su cabeza.
-Divertido.
-Sí. Llevé diez personas conmigo, algunos de los mejores luchadores en la Manada. Pensé que todos ellos eran fuertes y leales. Volví a casa con cuatro. Dos murieron en “accidentes desafortunados”, tres fueron atraídos por más dinero, y uno se casó. La Manada era todavía joven. La pérdida de todos y cada uno de ellos nos hirió, y no había nada que pudiera haber hecho al respecto. Tomó meses para que el vacío de poder se curarse a sí mismo.
Vieja frustración ataba su voz. Debe haber pasado semanas pensándolo bien, diseccionando cada momento en busca de lo que podría haber hecho de otra manera. Me hubiera gustado llegar a través del tiempo y el espacio y golpear a algunas personas.
-Nos encontramos en inferioridad numérica y de armamento, y volvimos a casa con las manos vacías. Me dije nunca más.
Esperé. Tenía que haber algo más.
-Uno de los alfas que conocí era Jarek Kral. Un duro hijo de puta vicioso. Es dueño de una parte de las montañas de los Cárpatos del Este y se ha expandido de manera constante. El hombre está obsesionado con su legado. Se cree que es una especie de rey. La mayoría de sus hijos murieron, ya sea por ir a lupo o por ser sus hijos. Sólo una hija sobrevivió hasta la edad adulta, y trató de dármela.
-¿El qué?

Curran me miró.
-Cuando regresé a nuestro barco, había una chica de diecisiete años llamado Desandra esperándome con una nota. El plan era que iba a casarme con ella, y él me pagaría cada año, siempre y cuando estuviese de acuerdo en enviarle a uno de mis hijos. Jarek prefería dos, como un seguro por si uno de ellos muriese, pero se conformaría con uno.

Encantador. Quince minutos en una habitación con Curran le diría a cualquier persona con dos dedos de frente que no podía ser comprado y nunca vendería a sus hijos.

-¿No tomaste su generosa oferta supongo?
Curran negó con la cabeza.

-Yo ni siquiera hablé con ella. La enviamos devuelta por donde vino. Jarek la casó con otra manada, la Volkodavi de Ucrania.

Killers Wolf, eh. Nombre interesante para una manada de cambiaformas.
-Desandra vivió con la Volkodavi durante unos meses, y luego Jarek cambió de opinión, por lo que tuvo que divorciarse. Más tarde Jarek la vendió en otro matrimonio, esta vez con una manada de Italia, Belve Ravennati.
-Él es una persona amable y un amoroso padre.
Me subí en el parapeto. Podría escribir un libro sobre los malos padres, pero Desandra probablemente saldría corriendo con mi dinero.

Una esquina de la boca de Curran se levantó en rebeldía. -Él no es su padre. Él es su chulo. Se metió en algún tipo de conflicto con el Belve Ravennati durante la última Cumbre Ibérica y se enojó, por lo que le ordenó a Desandra volver a casa de nuevo. Desandra tuvo un ataque. Su actual esposo y su ex marido estaban en la cumbre, así que se acostaba con los dos. Ahora ella está embarazada de gemelos, y las pruebas amnióticas se muestran ADN de los hombres.
-¿Cómo es eso, exactamente?
-Eso es lo que yo dije- Hizo una mueca. -Tuve que preguntarle a Doolittle. Hay un término para ello, espera. . . -
Sacó un trozo de papel del bolsillo de sus pantalones y lo leyó. -Superfecundación Heteropaternal. Al parecer, quiere decir mellizos de diferentes padres. Nunca he oído hablar de eso, pero Doolittle dice que es una cosa real y sucede con cambiaformas más frecuentemente que con seres humanos normales. Por lo que dice, están los gemelos idénticos y luego están los mellizos. Los mellizos se producen cuando dos óvulos dentro de una madre son fertilizados a la vez. Lo super-lo que  sea pasa cuando son fertilizados por diferentes padres.

-Todavía no entiendo cómo este desastre épico es nuestro problema.
Curran hizo una mueca. -Jarek controla una gran parte de los Cárpatos. Él estaba tratando de que casarse con Desandra fuese más atractivo, por lo que hizo al primogénito de Desandra heredero de un paso de montaña rentable. Al parecer, durante la lucha en la cumbre, Jarek le dijo al actual marido de Desandra que si ella quedaba embarazada, prefería matarla y no tener nietos antes de tener que dejarle a los Belve Ravennati poner sus manos el paso.
Matar a una mujer asesinando al niño en su vientre. Ahora eso sonaba extrañamente familiar. -¿Lo haría?

Curran gruñó por lo bajo. -Es complicado. Jarek siempre ha tenido una gran boca, lo hizo matar a uno de sus hijos durante un reto. Pero el Jarek que recuerdo estaba también empeñado en hacer él mismo una dinastía. Ahora, supuestamente hace amenazas públicas y considera matar a su hija, la cual es su única oportunidad de conseguir esa dinastía. No tiene hijos para ocupar el lugar de Desandra. Algo más debe estar pasando. Pero de todos modos, Desandra debe habérselo crido, porque cuando se dio cuenta de que estaba embarazada, se asustó como el infierno. Ocultó su embarazo de  las tres manadas que estaban juntas otra vez y luego lo soltó en público. Jarek intentó atacar allí mismo y casi inició una guerra, porque las otras dos manadas se unieron para detenerlo.
-Por supuesto. Ellos quieren el paso.- Desandra muerta no podía dar a luz.
-Exactamente. Al final, encontraron una especie de tipo neutral quien invitó a Desandra a un lugar lejos de todo el mundo. Se quedó allí durante la mayor parte de su embarazo, pero sale de cuentas en dos meses y las tres manadas están llegando allí para presenciar el nacimiento. Dependiendo de qué niño nazca primero, será el que determine qué manada podrá reclamar la herencia. Las montañas de los Cárpatos están entre los territorios de los Volkodavi y  de los Belve Ravennati, por lo que ambos lo quieren desesperadamente. Ninguno de los dos padres confía en el otro, y ellos confían en Jarek incluso menos. Quieren a alguien fuerte para protegerla a ella y a sus hijos, y que sirva como testigo imparcial en el parto hasta que se resuelva la herencia. Las manadas me invitaron a ser ese alguien.
Las piezas hicieron clic en mi cabeza. -Te están pagando con panacea.
De ahí era de dónde la había sacado.

Curran asintió. -Diez tambores. Nos iba a durar de diez meses a un año.
Podríamos salvar a Maddie. Podríamos salvar al bebé no nacido de Jennifer. Si me quedaba embarazada del hijo de Curran. . . Empujé ese pensamiento con firmeza fuera de mi mente. Yo no podía traer ningún bebé a este mundo. No mientras mi padre estuviese todavía en él. Pero si no lo estuviera. . -Nos tenemos que ir.
Curran parecía que había mordido una manzana podrida. -Sí, tenemos.
Un año sin niños que yendo a lupo. La cara horrible medio animal de Maddie pasó por delante de mí. La forma en que Meredith la miró, sus ojos atormentados, con la cara retirada de dolor, me dio toda la motivación que necesitaba. Hacía pocos meses que había estado exactamente en el mismo lugar en que estaba ella, encerrada en la bruma de terror donde lo único que quería hacer es despertar y ver que su hija estaba bien. Lo quieres tanto, tan desesperadamente que harías cualquier cosa, cualquier cosa por una cura mágica por la más mínima posibilidad. Quieres poner fin a la pesadilla, pero nunca termina. ¿Cómo se pone un precio para evitar eso?
Curran estudió las piezas del ahumador.
-El asunto es que como estoy lejos, seré justo y neutral. Ninguno de sus vecinos se han ofrecido voluntariamente para el trabajo.

-Ellos ya tienen su lugar neutral- pensé en voz alta. -No tiene sentido que no puedan encontrar a alguien lo suficientemente fuerte como para mantener a las tres manadas en su lugar. Esto es como ir a Los Ángeles para contratar a un guardaespaldas para un trabajo en Atlanta.
-Mmm. Su historia no acaba de encajar. Desandra sigue viva, lo que significa una de dos cosas: Jarek en realidad no quiere matarla, lo que significa que no me necesita, o que la tienen en una fortaleza en la que está completamente segura y no pueden llegar a ella, en cuyo caso, una vez más, no me necesitan.
-¿Le preguntaste acerca de ello?
-Ellos afirman que ya que las tres manadas estarán en el lugar, al mismo tiempo, sólo yo soy lo suficientemente fuerte como para evitar que el lugar se vuelva un matadero.
Esto me gustaba cada vez menos. Sólo nos podrían dar una razón débil, pero querían a Curran específicamente y colgaban panacea frente a nuestras narices. Ellos sabían que no la rechazaríamos. -Es una trampa.
-Oh, ya sé que es una trampa.- Curran enseñó los dientes. –Me tientan con algo que saben que no puedo rechazar y dejan que la Manada lo sepa. Conocí a los enviados ayer, sólo Jim y yo. Cuando volví de la reunión, las ratas y los chacales ya habían dejado mensajes preguntando si me podían ayudar de cualquier manera.
-Astuto.
Los cambiaformas son unos chismosos peor que las viejas en un picnic de la iglesia. En este momento los rumores acerca de los diez tambores de panacea se extendían a través de la Manada como la pólvora. Si Curran se resistió a ir, todos los padres con hijos menores de veintiuno asaltarían la Fortaleza en un motín.

La Manada tenía muy poco contacto con los cambiaformas europeos. Hubo algunos acuerdos comerciales provisionales, pero lo único que a Curran realmente le interesaba era la panacea, y los manadas europeas no estaban dispuestas a vender o a compartir.
Nos miramos el uno al otro.

-¿Has hecho algo para atraer su atención?- Le pregunté. -¿Por qué nosotros? ¿Por qué ahora? - Negó con la cabeza, con la voz teñida de un gruñido. -No he hecho nada y no lo sé.
-¿Qué podrían querer de nosotros?
-No lo sé. Voy a averiguarlo de una manera u otra.
-¿Qué dijo Jim?
-Él no lo sabe tampoco. Él está buscando.
Jim Shrapshire era tan tortuoso como se podía ser. Como jefe de seguridad de la Manada, atesoraba la información como el oro. Si él no sabía lo que estaba pasando, era porque no importaba o era realmente malo. Mi dinero estaba en “muy malo”.
-¿Cuándo tenemos que estar ahí?
-Tan pronto como nos sea posible. Se aloja en un pequeño pueblo en la costa del Mar Negro. Si tomamos un barco desde Savannah a través del Atlántico, vamos a demorar alrededor de tres semanas o más de viaje, siempre y cuando no pase nada.
Tendríamos que salir rápido. El mayor obstáculo sería encontrar un barco. Los viajes través del Atlántico no siempre salen bien. El Mar Negro no era fácil de cruzar tampoco. Los antiguos griegos lo llamaban Pontos Axenos, el mar hostil. En nuestra época, los mitos griegos eran de lectura obligatoria para salvar vidas, y yo había leído lo suficiente de ellos para saber que el Mar Negro no era un lugar divertido.
-¿Dónde en el Mar Negro?
-Georgia.
Cólquida. Lindo detalle ser guardaespaldas en el país del Vellocino de Oro, dragones y brujas, donde los argonautas habían navegado y casi muerto. -Debemos obtener los términos por escrito.
-Kate, ¿crees que salgo de esa reunión sin contrato?
 Cogió un montón de papeles clavados en el techo de la caja y me los pasó. Los miré. Los tres clanes colectivamente nos contrataban para proteger a Desandra de todas las amenazas y actuar en su mejor interés, hasta el nacimiento de sus hijos y por los siguientes tres días.

-Eso de actuando en su mejor interés, es una cláusula muy amplia- pensé en voz alta.
-Mmm. Me he preguntado eso. Alguien debe haber insistido en poner esa cláusula.

-Casi suena como si ella no estuviese en su sano juicio y que están preocupados de que va a hacerse daño a sí misma.
Me di cuenta de que Curran me miraba.
-¿Sí?

-La invitación es para el Señor de las Bestias y su Consorte. Entiendo si decide no ir.
Yo miraba. ¿En serio? Él era todo para mí. Si tuviera que morir para que él pudiera vivir, me gustaría poner mi vida en peligro, en un instante, y él haría lo mismo por mí.
-¿Lo siento no entiendo corres de mí de nuevo?

-Vamos a tener que cruzar el océano en medio de la temporada de huracanes, ir a un país extranjero lleno de cambiaformas hostiles, y cuidar a una mujer embarazada, mientras que todos en el territorio esperan una oportunidad para apuñalarnos por la espalda.
Me encogí de hombros. -Bueno, suena mal si lo pones de esa manera. . .-
-Kate- gruñó.
-¿Sí?
-Estoy tratando de decirte que no tienes que ir. Tengo que hacerlo, pero puedes quedarte si quieres.
Ja, ja. -Pensé que éramos un equipo.
-Así es.
-Estás enviando algunas señales confusas.
Curran gruñó profundamente en su garganta.
-Eso es impresionante pero no muy informativo, su pilosidad.
-Esto va a apestar- dijo Curran. -Va a apestar mucho menos si vienes conmigo. Me quieres a nivel, aquí está: te necesito. Te necesito porque te amo. Tres meses sin ti serían un infierno. Pero incluso si no estuviésemos juntos, yo todavía te necesitaría. Eres una buena luchadora, has trabajado como guardaespaldas, y sabes magia. Podemos no tener tantos usuarios de  magia, pero no sabemos si esas manadas los tienen, y si nos golpean con magia, no tenemos forma de contrarrestarla. -Abrió los brazos. -Pero Te amo y no quiero que te hagan daño. No voy a pedirte que vengas conmigo. Eso sería como ponerme en frente de un tren en movimiento y decir: Hey, cariño, ven a pararte junto a mí.
Salté de la pared y me puse a su lado. -En cualquier momento.
Él sólo me miró.
-Nunca he matado a un tren antes. Puede ser divertido probar.
-¿Está segura?
-Una vez me estaba muriendo en una jaula dentro de un palacio que estaba volando sobre una selva mágica. Y algún idiota entró allí, persiguió al palacio, se abrió paso a través de cientos de rakshasas, y me rescató.
-Lo recuerdo- dijo.
-Fue entonces cuando me di cuenta de que me amabas- le dije. -Yo estaba en la jaula y te oí rugir.
Él se rió entre dientes. La tensión en sus hombros se alivió. Lo abracé y lo besé. Él sabía a Curran, a varón sano y mío, y yo conocería su gusto en cualquier lugar.
-Voy contigo, su necedad. No puedes deshacerte de mí.
-Gracias.
Además, sería bueno salir de Atlanta. Y alejarme de Hugh d'Ambray, el señor de la guerra de mi padre.
Mi entorno familiar es complicado. Si mi verdadero padre descubría que aún respiraba, movería cielo y tierra para sofocar la vida fuera de mi cuerpo. Durante veintiséis años había logrado esconderme a plena vista. Pero entonces mi camino se había cruzado con Hugh d'Ambray, y hace un par de meses había descubierto lo que probablemente era. No pensaba que estuviese cien por ciento seguro, pero tenía que tener fuertes sospechas. Más pronto o más tarde, Hugh d'Ambray vendría a llamar a mi puerta, y yo no estaba preparada. Mi cuerpo se había curado y estaba aprendiendo a moldear mi sangre en armas y armaduras, que era uno de los mayores poderes de mi padre, pero necesitaba más práctica.
El viaje me compraba algo de tiempo, y cada día me  haría más fuerte. Buena suerte buscándome a través del océano, Hugh.
Curran se acercó más. Me apoyé en él. Debajo de nosotros el bosque se extendía a lo lejos, y más allá a la derecha, las ruinas retorcidas de Atlanta oscurecían el horizonte.
La ansiedad crecía en mí hasta una cresta. Las palabras salieron por su cuenta.
-Si tenemos hijos ¿qué probabilidad hay de que vayan a lupo?

 
-Es menos probable que en la mayoría- dijo Curran. -Soy un primero, y nos volvemos locos con tanta frecuencia.
Los primeros eran una raza diferente de otros cambiaformas. Eran más fuertes y más rápidos y tenía un mayor control de su cambio de forma. Pero todavía estaban sujetos al Lyc-V y el horror del lupismo. -¿Es posible?

-Sí.
Podía sentir la ansiedad dentro de mí, como si fuera un juguete de cuerda pronto para comenzar. -¿Cuáles son las posibilidades?
Suspiró. -No sé, Kate. Nadie en mi familia fue a lupo hasta donde yo sé, pero yo era demasiado joven para preguntar acerca de cosas como esa. Sólo sé que es menos probable. Tendremos la panacea, bebé. Te prometo que vamos a conseguirla.
-Lo sé.
-¿Quieres tener hijos?
Traté de envolver mi mente alrededor de la idea de tener hijos con Curran. Ni siquiera era un pensamiento: era una idea nebulosa distante, y mirando muy de cerca parecía demasiado complicado en estos momentos. Traté de imaginarme embarazada y no podía. ¿Y si mi padre me encontraba y mataba a mis hijos? ¿Y si se iban lupo?
Curran tenía la mirada extraña en su rostro. Me di cuenta de que me estaba abrazando a mí misma.
Hey, nena, ¿quieres tener a mis hijos? Ven, déjame convertirme en un ovillo fetal como respuesta. Ugh. Yo era una idiota.
-Puede ser. Con el tiempo. Cuando las cosas se calmen. ¿Quieres tener hijos?
Él puso su brazo alrededor de mí. -Por supuesto. Más tarde. No tengo prisa.
El viento nos bañaba, fresco y llevaba la promesa de un nuevo día. Mientras estábamos juntos, la cresta del sol del bosque, era una estrecha franja de oro tan brillante, que era doloroso de ver.
Estaríamos juntos  puede que conseguirá panacea para Maddie. Eso era todo lo que importaba por el momento.





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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por iseult el Mar Ago 20, 2013 12:21 pm

Muchas gracias KuroNeko. Rangos por todas partes y espero tu respuesta al mp.
Hoy me has mejorado mucho el día.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Mar Ago 20, 2013 12:22 pm

De nada preciosa ya te contesté el mp

Abrazo
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por iseult el Mar Ago 20, 2013 12:31 pm

Esto de estar online es sorprendente


Última edición por iseult el Mar Ago 20, 2013 4:12 pm, editado 1 vez
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Mar Ago 20, 2013 12:43 pm

 
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por iseult el Miér Ago 21, 2013 6:42 pm

Ya lo tengo. Un par de  cositas y me pongo con ello Wink
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por karol_91 el Miér Ago 21, 2013 8:43 pm

Muchas Gracias por traducir el libro. Smile
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Paloma el Mar Ago 27, 2013 10:30 am

CAPÍTULO 3

Cuando Curran y yo bajamos de la azotea en busca del desayuno, Barabas nos emboscó con pilas de papel.

— ¿Qué es esto? — Consideré la pila de dos pulgadas.

— Esto es todo lo que tienes que hacer antes de partir hacia el Mar Negro. — Él señaló a la sala de conferencias más cercana. El desayuno había sido dispuesto. Platos con huevos revueltos, montones de tocino, pilas de salchichas, y montañas de carne frita comparten espacio con jarras de café y torres de panqueques. El olor se arremolinó a mí alrededor. De repente yo estaba hambrienta.

— ¿Toda la Fortaleza sabe que nos vamos? — preguntó Curran.

— Estoy seguro de que algunas personas todavía están dormidos, pero todo el mundo lo hace, sí. — Barabas colocó una pila en la mesa y sostuvo la silla para mí. — Para ti.

— Tengo hambre y no tengo tiempo para esto.

Los ojos de Barabas se sostuvieron sin piedad. — Has tiempo, Alpha. Tienes dos manos. Puedes comer y firmar al mismo tiempo.

Curran sonrió.

— ¿Disfrutando de mi sufrimiento?, — Pregunté.

— Me parece hilarante que te enfrentaras a un tiroteo con nada mas que tu espada, pero el papeleo te hace sentir pánico.

Barabas puso una pila más gruesa delante de él. — Esto es tuyo, mi señor.

Curran juró.

Los cambiaformas disfrutaron de metabolismo alto, lo que les ayuda a consumir nutrientes y ahorrar energía para el cambio de forma. Pero ese mismo metabolismo los hizo atiborrarse. Ver a Curran pasar por la comida era un experiencia aterradora. Él no se apresuraba o devoraba su comida con las manos. Él solo comía una gran cantidad de ella. Pensé que me acostumbraría a ello con el tiempo, pero cuando él entró a su tercer plato colmado, parpadeé. Él debe haberse saltado la cena anoche.

La puerta de la sala de conferencias se abrió, Jim entró, como una tormenta inminente. Seis pies de alto, con piel oscura y lisa y una mirada que te hacia querer retroceder y buscar la salida más cercana, Jim servía como jefe de seguridad de la Manada. Él y yo nos conocíamos desde hacía mucho tiempo, cuando ambos trabajábamos para el Gremio de Mercenario y de vez en cuando formábamos equipo. Yo necesitaba el dinero y Jim no podía soportar trabajar con alguien más.

Jim se inclinó sobre la mesa. — Voy a ir.

— No, — dijo Curran. — Te necesito aquí. Tienes que controlar la manada mientras no estamos.

— Haz que lo haga Mahon.

Mahon. Delany, un alfa del Clan Heavy, servía como verdugo de la manada. Se había levantado a Curran después de que la familia de Curran fue asesinada, y él era probablemente el más respetado entre los catorce alfa de la manada. Él no era universalmente querido, sin embargo.

— Los chacales harían disturbios y tú lo sabes, — dijo Curran. — Tú puedes mantener los clanes juntos. Mahon no puede. Es anticuado y torpe, y si lo pusiera a cargo, podríamos volver a una guerra civil.

— ¿Y quién va a ver tu culo mientras estás allí? No es sólo acerca de lo que ellos están haciendo, es pensando en lo que ellos podían hacer y cómo podrían hacerlo. ¿Quién va a hacer eso por ti?

— No tú, — dijo Curran. — Te necesito aquí.

Jim se volvió hacia mí. — ¿Kate?

Si él pensaba que me estaba metiendo en medio de eso, él estaba loco. — Oh, mira todo este papeleo que tengo. No puedo hablar ahora, muy ocupada.

Jim aterrizó en la silla, mirándose como si quisiera estrangular a alguien.

Barabas puso otro trozo de papel delante de mí. Ouch.

— Tú debes dejar a Kate manejarlo, — dijo Jim. — Nunca has hecho un detalle de guardaespaldas a gran escala. Ella tiene más experiencia y ella es aceptable en eso.

Señalé un trozo de tocino en él. — Yo no soy solo aceptable. Soy condenadamente buena y lo sabes.

— Hemos hablado sobre ello, — dijo Curran. — Ella protege a Desandra, yo gruño y controlo la interferencia con los paquetes, y cuando ella me diga que presione, presiono. Tenemos esto, Jim.

— O al menos ellos creen que lo hacen. — Barabas cogió el papel que yo había firmado y sopló sobre la tinta.

— Toma a Barabas, — Jim dijo de pronto. — Si tú no me tomas, toma a Barabas. Es retorcido, paranoico y obsesivo. Él va a ser perfecto.

Curran me miró. Miré a Barabas. Él incluso mostró, dientes afilados. — Bueno, después de esa recomendación, ¿cómo puedo decir que no?

— ¿A quién quieres para apoyo?, — Pregunté.

— George, — dijo Barabas.

El verdadero nombre de George era Georgetta y ella amenazó con asesinar a las personas que se atrevieran a utilizarlo realmente. Ella era la hija de Mahon y se desempeñaba como secretaria del tribunal de la Manada.

— Ella conoce las leyes, — dijo Barabas. — Y es exactamente lo opuesto a muy nervioso.

— Si tomas a George, Mahon querrá ir, — dijo Jim.

— Eso no es algo malo, — dijo Curran. — Mahón es un gran luchador, y eso conseguirá quitártelo de encima. Además, él es un oso. Los Cárpatos respetarán eso.

— Ya que voy, — dijo Barabas. — Jezabel también querrá ir.

— No. — Jezabel, mi otra niñera bouda, tenía un gran temperamento.

— ¿Puedo preguntar por qué?

— ¿Has tenido un debate con Ethan el miércoles?

Barabas irguió la espalda. Ethan era su tío y su relación había empezado muy bien, pero ahora estaba yendo fuera de los carriles rápido. — No fue un debate. Fue una acalorada discusión.

— ¿Sabes cómo me enteré de eso?

— Estoy seguro que me dirás.

— Vi a Jezabel marchando con una mirada determinada en su rostro, y he tenido que pasar la próxima media hora explicándole que romper las piernas de Ethan no ayudaría a su relación. Ella reacciona con una fuerza abrumadora a cualquier insulto. Vamos a un lugar donde vamos a estar en inferioridad numérica, insultados, y constantemente provocados. Un mal puñetazo de ella y estaremos terminados.

— Buen punto, — dijo Barabas. — Voy a romper con ella suavemente.

— ¿Qué hay de Keira?, — Dijo Jim.

Curran enarcó las cejas. — ¿Estás seguro?

— Sí.

— ¿Quién es Keira?, — Pregunté.

— Mi hermana, — dijo Jim.

— Tienes una hermana? — Sabía que Jim tenía una familia. Nunca había conocido o visto alguno de ellos.

— Él tiene tres, — dijo Curran.

— ¿Cómo es que nunca la conocí?

— Tú has, — dijo Jim. — Simplemente no te acuerdas porque no te dije que era.

— Oh, así que tu familia es sólo en una necesidad-de-conocerla, ¿eh?

Él me dio una mirada dura. — Eso es correcto.

Cuando una broma vuela más allá de un werejaguar enfurruñado, ¿eso hace ruido? — ¿Estás seguro que deseas enviar a tu hermana a cruzar el océano con nosotros? Ya que yo ni siquiera califico lo suficientemente alto como para conocerla y todo eso.

— Keira es una veterana del ejército, — dijo Jim. — Ella está bien y ella no se volverá contra ti.

Traté de imaginar una versión femenina de Jim y obtuve a Jim en vestido en su lugar. La imagen fue inquietante.

— ¿Al menos le preguntaste?, — preguntó Curran.

— Sé que ella irá.

— Bueno, entonces ella será a menos que ella diga que no.

Había firmado seis cosas y mi pila no se hacía un poco más pequeña. Era como si el papeleo se reproducía mientras trabajaba.

— ¿Dónde vas a conseguir un barco? — Jim preguntó.

— Podemos utilizar un carguero comercial y dar un paseo, — dijo Curran.

— No funcionará, — dijo Jim. — Cruzar el Atlántico es una putada. Pueden estar allí en tres semanas más o menos, pero ustedes pueden tener que salir apresurados, con diez tambores de la panacea, y no hay ninguna garantía de que el carguero va a volver para otro viaje a tiempo. Tendrás que contratar un barco y la tripulación, y ellos tendrán que sentarse en el puerto durante un mes esperándolos.

— Entonces ve a contratar uno, — dijo Curran. — O comprar uno. No me importa.

— No sé si podemos. No es sólo una cuestión de dinero. Es conseguir un experimentado capitán y la tripulación a corto plazo. — Jim tamborileó sus dedos en la mesa y se levantó. — Necesito conseguir a eso.

Un joven se acercó y se detuvo en el umbral. Se movía con un completo silencio, como un fantasma. Aún delgado, pero en el camino de engordar, tenía el pelo castaño y corto y el tipo de rostro que te hizo parar en seco. No hace mucho tiempo, las personas se detuvieron a mirar porque él era hermoso. Ahora se detuvieron porque no estaban seguros lo que un hombre con una cara así haría después.

Antes, cuando él era bonito, Jim lo había utilizado para trabajo encubierto. La gente había descontado a Derek Gaunt como un chico juguete, pero él extrañaba nada. Él no tenía exactamente una infancia feliz. Eso le hizo despiadado, duro y disciplinado, y él se dedicó a la tarea por completo.

Entonces sucedieron cosas malas y la cara de Derek pagó el precio. Su buena estructura ósea todavía estaba allí, pero el trauma había engrosado sus líneas limpias y despojado cualquier resto de suavidad de sus rasgos. Sus ojos cafés se habían vuelto duros y distantes, y cuando él decidió ser desagradable, ellos fueron completamente planos. Yo había visto ese tipo de mirada de los combatientes veteranos del pozo. Eso decía que  tú no eras un ser humano. Eras un objeto para ser eliminado.

La mirada me preocupó. Derek era un amigo. Incluso si toda la Manada se volvía contra mí, él se quedaría en mi esquina. Pero el humor, la chispa que solía hacer a Derek quién era, estaba creciendo más oscura y más oscura. Si eso desapareciera, Derek estaría en un mal lugar. Yo había estado allí y era difícil escarbar tu camino fuera de ese agujero.

Curran fingió no verlo. Derek no dijo nada. Él simplemente permaneció de pie.

— Sí, — dijo Curran sin volverse.

Derek asintió y se alejó sin decir palabra. Ahora teníamos cinco: Barabas, George, Mahon, Derek, y tentativamente Keira. El contrato había especificado que los Cárpatos esperaban que llevemos no más de quince personas. Curran y yo decidímos por diez, excluyendonos nosotros mismos. Era un número bonito y demostraba que no teníamos miedo.

Jim estaba sentado allí con la mirada un poco más acristalada en sus ojos que por lo general significa que tres cuartas partes de su cerebro estaba comprometido en otro lugar.

— ¿Estás bien? — Le pregunté.

Él me miró. — ¿Dónde diablos voy a encontrar un barco. . .?

Un guardia se acercó a la puerta.

— Sí, — Pregunté.

— Tía B está aquí para hablar con la Consorte.

Reunirse con la alfa del Clan Bouda era como meter tu mano en un triturador de basura. El interruptor puede resultar encendió en cualquier momento.

Curran se levantó. — Me tengo que ir.

— Cobarde, — le dije.

Él me sonrió abiertamente. — Más tarde, nena. Vamos, Jim, tienes que irte, también.

Ellos salieron por el pasillo.

Miré a Barrabás. — Sólo hay una salida. ¿Cómo planean ellos pasar por ella?

— Ellos se ocultarán en la sala de guardias hasta que ella viene a través. Debo mostrar a la tía B adentro — preguntó Barabas.

— No hay escapatoria, ¿verdad?

— No.

Suspiré. — Está bien. Vamos a terminar con esto.

* * *

El alfa del clan Bouda llevaba un vestido blanco alegre con un patrón de superposición de grandes amapolas rojas. Su cabello estaba enrollado en una suelto, moño sin preocupaciones. Un par de gafas de sol posadas por encima de su frente. Si agregas un sombrero de paja y una cesta de picnic, ella estaría toda lista.

Tía B estaba en sus cincuenta años, pero la clase de cincuenta a los que aspira la mayoría de las mujeres. Su piel era lisa y su maquillaje discreto pero experto, su figura generosa pero atlética. Sus labios sonreían a menudo, y su voz era toda dulzura y galletas, pero cuando realmente te miraba, el pelo en la parte posterior de tu cuello se erizaba, porque comprendías que ella era inteligente, despiadada, y peligrosa como el infierno. Ella gobernaba el clan Bouda, y cualquiera capaz de contener más de tres docenas de hombres hiena bajo control nunca debe tomarse a la ligera. Yo la había visto en acción. No muchas cosas me ponían los pelos de punta, pero ella se las arregló. Por ahora tía B estaba de mi lado, pero no tenía falsas ilusiones. La nuestra era una especie de condición de amistad: si dejaba de ser útil para ella y lo suyo, ella olvidaría mi nombre.

Detrás de ella, Andrea Nash, mi mejor amiga y la actual beta femenina del Clan Bouda, entró en la habitación. Baja, rubia y letal, Andrea estaba comprometida con el hijo de tía B, Raphael. A la gente realmente le gustaba Andrea. Ella parecía agradable y accesible. También podía disparar a los puntos de dominós de grandes distancias y se convertía en un monstruo con garras del tamaño de mis meñiques.

Sonreí a la tía B y señalé a la mesa. — Por favor, únanse a mí.

Para los cambiaformas, una ofrenda de comida sostiene cierto significado. Podría ser una declaración de interés romántico, o podría ser una confirmación del estado alfa. Los que ofrecía comida se declaraban responsables de los que la tomaban. A pesar de que la tía B me había dado una pista en la costumbre antes de convertirme en la Consorte, ella había tratado de darme de comer. Desde que me levanté más alto que la tía B en la cadena alimentaria, las mesas se habían cambiado.

— No importa si lo hago. — la tía B se sentó a mi derecha. Andrea tomó posición detrás de ella, como beta.

La miré. — ¿En serio?

Andrea suspiró. — Oh bien, solo no lo digas a nadie. — Ella se dejó caer en la silla junto a mí. Le pasé un plato.

— ¿Qué te hacer subir todas estas escaleras?

— Estoy preocupada por su bienestar. — la tía B deslizó un trozo de tocino en un panqueque, lo dobló, y mordió un pequeño trozo. — Y sobre el futuro de mi clan, naturalmente.

Naturalmente. — ¿Es sobre el viaje al Mar Negro?

— Por supuesto. Curran mencionó el incidente de Desandra?

Aquí vamos. — Sí.

— ¿Él también llego a mencionar que era yo quien había escoltado a esa pobre niña de vuelta a su padre?

Vaya — No.

— Cuán olvidadizo de él. — la tía B tomó otro trozo de él panqueque. — Los dos mi difunto esposo y yo habíamos ido a ese viaje. Su familia era de la Península Ibérica. La mitad de nuestro clan proviene de África y la otra mitad de Iberia, pero estoy divagando. En pocas palabras, yo estaba allí. Conocí a Jarek Kral, el padre de Desandra. Él es un troglodita.

Me atraganté con mi café.

— Es un vándalo despiadado y violento sin ninguna pizca de conciencia.

Guau.

— El vino de la nada, así que está obsesionado con la construcción de su 'linaje real'. Él es tan obsesionado en la transmisión de sus propios genes exiguos, eso está volviéndolo loco, y él no estaba jugando con una baraja completa para empezar. Todos y cada uno de sus hijos, excepto Desandra, han ido a loup o conseguido asesinarlos, por lo que él vende y negocia con ella como si ella fuera una vaquilla preciada, y ella está de acuerdo con eso. Desandra es una esclava.

Bueno. Esto fue claramente el día de revelaciones francas del clan Bouda.

Añadí más café a mi taza. Curran tenía razón. Si Jarek era todo acerca de su dinastía, él no debería haber estado ansioso por matar a su única hija para conservar algún paso de montaña. Los cambiaformas Cárpatos estaban jugando un juego complicado, y yo tenía la sensación de que planeaban marcar goles por patear nuestras cabezas cortadas.

La tía B miró a su tasa. Barabas la llenó con café.

— Gracias, querida. Kate, tú debes comprender la forma en que serás percibida. Curran es el Señor de las Bestias, una rareza entre los alfas. La mayoría de los alfas conducen manadas que consisten en una especie, con un ocasional cambiaformas dispar o dos, y la mayoría de ellos tienen que defenderse de los desafíos de rivales de dentro y fuera de su territorio. Curran gobierna una gran manada próspera y su competencia aquí en Estados Unidos es mínima. Su territorio es seguro.

— Eso es porque aquí nadie es tan tonto como para enfrentarlo, — dijo Andrea.

— Precisamente. Pero los alfas Cárpatos no entienden completamente de lo que él es capaz, y Curran les presenta una oportunidad. Ellos quieren tanto matarlo por los derechos de fanfarronear—una propuesta peligrosa, y la mayoría de ellos no son suicidas—o se benefician de una alianza con él. El punto es, para ellos él tiene valor. Tú, en cambio, no tienes valor alguno. Ellos no te conocen y ellos no ganan nada por hacer amistad contigo. Para ellos eres el entretenimiento pasajero de Curran que se ha convertido en una obsesión. Un obstáculo que debe ser eliminado, porque el camino más fácil a Curran es a través de una mujer.

— O panacea. — Yo todavía no estaba segura de a dónde iba con esto.

— Tengo mis dudas sobre su disposición a realmente deshacerse de panacea. — La tía B hizo otra envoltura de panqueque. — Pero estoy segura de que en el momento que bajes del barco, tú vas a ser un objetivo. ¿Estamos de acuerdo en eso?

— Si quieren bailar, estaré feliz de hacerlo.

La tía B suspiró. — No tengo ninguna duda en tus habilidades marciales, querida. Creo que todos los que estamos aquí sabemos que puedes defenderte. Me preocupa encontrarte en el fondo de algún barranco de la montaña con el cráneo roto abierto mientras tropezaste fuera del camino en un accidente 'lamentable'. O el techo de una de esas encantadoras casitas de campo europeas derrumbándose sobre ti, por pura casualidad. O alguien accidentalmente te dispara en la espalda de media milla de distancia. Sería terrible. Todo el mundo expresaría sus condolencias, y después ellos enviarían una compasiva hermosa joven envuelta en una cinta bonita con un lazo a la habitación de Curran para consolarlo.

Me incliné hacia delante. — ¿De verdad crees que tomaría ese premio de consolación?

Se inclinó hacia mí. — Yo no quiero saber. También sé que Mahón está pensando en ir, y cuando el viejo oso quiere algo, por lo general se sale con la suya.

¿Cómo diablos se enteró ella? — ¿Tienes espías en el Clan Heavy?

— Tengo espías por todas partes.

Miré a Andrea, quien estaba acumulando tocino en su plato.

— Ella tuvo té con la esposa de Mahón, — dijo Andrea.

La tía B la miró. — Tú y yo tenemos que trabajar en tu aire de misterio.

Andrea se encogió de hombros. — Ella es mi mejor amiga. No voy a mentirle.

Levanté el puño y lo chocó con el suyo.

La tía B suspiró. — Mahón perdió en el último viaje. Se culpa a sí mismo por nuestro fracaso absoluto. Él consiguió quedarse en casa y controlar la manada y él casi rompió todo lo que Curran trabajó tan duro para construir. Recuérdame alguna vez, y te hablaré de lo que le hizo a los chacales. Mahon no es tu amigo. Él te apoya, porque Curran te escogió, pero en sus ojos la cambiaformas más humilde es más aceptable como compañera de Curran que tú. No es personal. Mahon tenía mucha tragedia en su vida, y eso lo hizo de mente-cerrada cuando se trata de los no-cambiaformas. Él nunca se rebajaría a hacerte daño, pero si algo desafortunado te pasó, él respirara un suspiro de alivio y esperanza que Curran se encuentra una buena chica cambiaformas.

Mahón y yo habíamos llegado a un entendimiento. No éramos los mejores amigos, pero yo dudaba que me apuñalara por la espalda. Simplemente no era quien él era. — ¿Hay una galleta al final de esta conferencia?

— Tú necesitas un amigo en ese equipo, — dijo la tía B.

— Es por eso que voy contigo. — Andrea atiborro un poco de tocino en su boca y masticó.

— ¿Que de ti siendo beastkin? — el padre de Andrea comenzó su vida como un animal que había ganado la habilidad de transformarse en un humano. Eso la hacia beastkin, y algunos cambiaformas creían que las personas como ella debían matarse apenas verlo.

— No les importa, — dijo la tía B. — En algunos aspectos los Europeos son más reaccionarios, y en otros no lo son. Hay un montón de cambiaformas en los Cárpatos, y los beastkin son raros pero no una rareza. Andrea va a estar bien.

— Y Rafael se unirá a nosotros, — dijo Andrea. — Así que tienes el doble de respaldo. Nadie va a estar matándote en nuestra vigilancia.

Así que eso era de lo que se trataba todo esto. Tengo una galleta después de todo. — Guau. No tenía ni idea de que te importaba. Estoy emocionada.

— Deberías estar. — Andrea mordió otro tira de tocino. — Estoy dispuesta a abandonar el tierno abrazo de mi futura madre-en-ley por tu bien.

— Acerca de eso, — dijo la tía B. — Yo también voy.

Querido Dios, la galleta fue envenenada.

La boca de Andrea colgaba abierta y yo conseguí una vista de tocino a medio comer deseé poder no verlo.

— ¿Supongo que esta es la primera vez que has oído hablar sobre eso?, — Le pregunté.

Ella asintió. — ¡Eso no es lo que acordamos! Estuvimos de acuerdo en que Rafael y yo vendríamos con ella.

La tía B se encogió de hombros. — Esa es la prerrogativa de los alfa. Podemos cambiar de opinión.

Andrea la miró boquiabierta. — ¿Y el clan?

— Leigh y Tybalt pueden controlarlo en nuestra ausencia. Ellos van a sobrevivir por sí mismos durante tres meses.

— Curran no se atreverá a hacerlo, — le dije. Yo no estaba segura de que yo me atrevería a hacerlo.

— Lo hará, si le preguntas, querida. Lo que digo aquí no debe salir de este cuarto. — la tía B puso el tenedor en el plato. — Cualquier Consorte que es aceptable para Mahon es mala para nosotros. Si el oso se sale con la suya, tú, Kate, nunca va a llevar al hijo de Curran. Y tú — se volvió hacia Andrea — nunca te sentarás en el Consejo de la Manada. Eres beastkin. Él no te va a matar, pero tú puedes apostar que él hará todo en su poder para echarte. Tus hijos, mis nietos crecerán sabiendo lo que se siente estar a un paso más bajo que todos.

En un instante, la divertida rubia desapareció, y una asesina fría mirando al infinito sentada en el lugar de Andrea. — Que lo intente.

— ¡No! — Rojo, brillante como rubíes a contraluz, desatado en los ojos de la tía B. — Nosotros no esperamos a que él lo intente. No hay suficientes de nosotros para ser reactivos. Nosotros pensamos un paso por delante de nuestros oponentes. Nosotros los forzamos a responder. Tú verás su espalda, Raphael vigilará a Curran, y yo voy a cuidar de nuestros intereses colectivos. Necesitarás panacea, querida. Confía en mí. Me aseguraré de que la conseguiremos.

Andrea levantó el dedo y abrió la boca.

— Eso es definitivo, Andrea.

Andrea cerró la boca.

— Habla con Curran al respecto. Hablen entre ustedes. Voy a estar empacando. Gracias por un agradable desayuno.

La tía B se levantó y salió.

Esperamos hasta que las puertas en el pasillo se cerraron detrás de ella.

— Esa mujer me vuelve loca, — gruñó Andrea.

— ¿Está ella hablando en serio?

— Ella ha estado un poco obsesionada últimamente, — dijo Andrea. — Desde que me convertí en una beta y luego Raphael se propuso, todo lo que ella ha estado hablando es cómo va a retirarse y pasar sus años abrazando nietos. Estos son nietos teóricos. Raphael y yo no tenemos prisa. Ella dice que está cansada.

— ¿Te parece cansada?

— Ella me sobrevivirá. Voy a ser una anciana, y ella estará todavía prometiendo retirarse. Conozco esa mirada. Va a venir en este viaje, nos guste o no.

Suspiré.

Andrea negó con la cabeza. — El Mar Negro, ¿no? ¿Ese es el lugar donde el Golden Fleece estaba y Jason adiestró un ejército de dientes de dragón?

— Ese es.

— ¿Qué pasó con Jason después?

— Él se casó con Medea, una princesa-bruja que era de Colchis.

— ¿Vivieron felices para siempre?

— Él la dejó por otra mujer, por lo que ella mató a sus hijos, les cortó en estofado, y se lo dio a él.

Andrea puso una salchicha a medio comer en el plato y lo apartó. — Bueno, al menos yo estaré allí para vigila tu espalda.

Y eso ya me hizo respirar mejor. — Gracias.

Andrea hizo una mueca. — No hay de qué. Tengo que ir a decirle a Rafael que su querida madre viene. Él solo amará este nuevo acontecimiento.

* * *

Fui a buscar a Curran. Conociéndolo, probablemente estaba escondido en algún lugar con Jim tratando de ultimar la lista de cambiaformas que estaríamos tomando con nosotros. Apuesto a que "en algún lugar", era la guarida no tan secreta de Jim dos plantas por debajo del nivel superior de la Fortaleza.

Jim realmente amaba su trabajo, y de alguna manera siempre encontraba gente que lo amaba tanto como él lo hacía. Se llevaron todo el asunto de espionaje al siguiente nivel. De alguna manera simplemente caminando por el pasillo hacia la sala de descanso no parecía suficiente. Debería haber conseguido una capa negra y escabullirme dramáticamente, mostrando mis cuchillos.

Yo estaba a unos cinco metros de la sala de descanso, cuando oí la voz de Mahon y me detuve. —. . . no cuestiono su habilidad. Ella es orgullosa, indisciplinada, y ella no tiene nada de nadie. Vamos a entrar en una tormenta de mierda. Ellos atacan a su apariencia, su relación y su condición humana, y me pregunto qué tan bien se mantendrá ella bajo estrés.

Mahon y yo nunca nos veíamos cara a cara. Para no hacer el cuento largo. Yo había decidido que no quería o necesitaba su aprobación, por lo que deje de intentarlo.

— Kate va a estar bien, — dijo Curran.

— Es una mala idea.

— Te oí la primera vez, — dijo Curran. — Kate viene con nosotros. Te preocupas demasiado.

Entré en la habitación. Curran, Jim, y Mahon estaban alrededor de una pequeña mesa de cocina. Jim Curran y ambos tenían tazas, que probablemente contenían café patentado por Jim: negro como el alquitrán y así como viscoso. Un trozo de papel estaba sobre la mesa—la lista de los diez nombres. Curran y Jim habían discutido a fondo la lista de quiénes iban a venir, y yo estaba a punto de cambiarlo.

— Ya me iba, — Mahon rugió, y salió de la habitación.

— ¿Café? — Jim preguntó.

— No, gracias. — Sabía exactamente como sabía el café. — A tía B, Rafael y Andrea les gustaría ser incluidos.

Curran enarcó las cejas. — ¿Por qué?

— Tía B dice que está preocupada por mi bienestar.

— Ella está mayormente preocupada por conseguir sus patas en la panacea, — dijo Jim.

— Sí, ella lo mencionó. — Miré a Curran. — El modo en que yo lo veo, estamos tomando diez personas. Tú consigues cinco y yo consigo cinco. Si yo tomo a tía B, Rafael, Andrea, Barrabás, y Derek, eso se hará cargo de mi parte.

— Me parece justo, — dijo Curran. — Puedo contar a Derek como uno de los míos. Esto le dará un punto extra.

— No, está bien. Tú debes tomar el punto extra.

— Francamente, no me importa, — dijo Curran.

— No me importa tampoco. Me estás dando a tía B. Probablemente te debo un lugar por eso.

— Maldita sea, — dijo Jim, su rostro disgustado. — Son como un viejo matrimonio que encontró veinte dólares en un estacionamiento. — Tómalo tú. —No, tómalo tú. — No puedo soportarlo. — Puso el café sobre la mesa y sacudió la cabeza.

— Bien, — dijo Curran. — Si quieres a Derek, es tuyo. Eso llena la lista.

— Eso significa que estamos cortando a Paola de la lista. Las ratas estarán cabreados, — dijo Jim.

— Yo me encargo de las ratas, — dijo Curran.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Mar Ago 27, 2013 11:33 am

Muchas gracias ranguitos :2:
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Shuemi14 el Miér Ago 28, 2013 6:23 am

Gracias!!  verdaderamente me encanta esta serie gracias por hacernos el favor de traducirlo  
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Ebekah el Miér Ago 28, 2013 7:09 am

Gran trabajo chicas!!! muchas gracias!!!!     
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por lulila el Jue Ago 29, 2013 6:07 am

Gracias chicas, que ganitas tenia de comenzar a leer este libro.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por VampiroBell el Jue Ago 29, 2013 8:55 pm

Ahhh no sabia que ya lo habian empezado!! mil gracias por hacer la traduccion. Acabo de terminar el libro 5 y estaba desesperada xq no sabia si iban a traducirlo o no. 
Muchas gracias!!
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Merry el Lun Sep 09, 2013 12:39 pm

Adoro esta serie, así que puedes imaginarte el subidón drunken que me ha dado leer estos capítulos. Bendito sea tu loco proyecto y todas las que te ayudan.   Very Happy
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Nisdita el Mar Sep 10, 2013 4:00 am

muchísimas gracias!!!!!!!!
sois las mejores
ya tenía mono de seguir leyendo esta serie
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Jue Sep 19, 2013 11:38 am

Chicas les dejo el 4.

Traducido por Eli25 asi que ranguitos para ella



Capitulo 4


Estaba de pies en la colina cubierta de hierba. Delante de mí un estridente anochecer ardía con violenta intensidad, las nubes escarlata y el carmesí flotaban como vendajes en la herida abierta del cielo sanguíneo. Contra el anochecer, en el plano de más abajo, la gente estaba construyendo una torre. La magia se agitaba y giraba a su alrededor cuando los bloques de piedras duramente tallados se alzaban en el aire, alzado por poder y voluntad humana. Lejos en la distancia, otra torre se estiraba hacia el cielo.

Quería detenerlo. Cada instinto que tenía gritaba que esto estaba mal. Era peligroso e injusto, y todos nosotros sufriríamos al final. Algo terrible ocurriría si era completado. Quería bajar allí y dispersar las piedras.


No podía moverme.


El sudor frío me empapaba. No podía apartar la mirada. Solo observé cuando la torre se alzaba bloque a bloque, un monumento al aumento de poder de mi padre y a su ambición. Seguí avanzando, imparable, como una antigua legión, como un tanque aplastando todo lo que estaba de pie ante eso.


Alguien se movió a mi derecha. Me retorcí, intentando arrancarme de la escena, girarme, y vi a Julie. El viento revolvía su pelo rubio. Ella me devolvió la mirada, sus ojos aterrados. Las lágrimas descendiendo por sus mejillas.


¡Julie!


Me senté en mi cama. La oscuridad reinaba, disuelta pero no conquistada por la luz de la luna que llegaba a través de la ventana abierta. Mi cara se sentía mojada. Froté con mis dedos mi línea de pelo. Alejaron la humedad. Sudor. Genial. Solía tener pesadillas sobre Roland y ser encontrado, pero paraban cuando Curran comenzaba a sujetarme por la noche. Nunca eran tan vividas.


Quizás Roland estaba intentando encontrarme. Tuve una visión de él sentado a varios estados de distancia, comunicándose con sueños de mierda como una torre de TV. Necesitaba examinar mi cabeza, excepto que todos los que actualmente lo intentaran huirían gritando.


Las mantas cerca de mí estaban arrugadas. Curran debía haberse deslizado fuera de nuestra cama en medio de la noche. Bueno, eso lo explicaría. Él se había ido, y observar a Maddie pasar a lobo me había agitado. Eventualmente mi querido padre me encontraría, pero hoy no.


Tenía que comprobar a Julie. No sería capaz de dormir si no lo hacía. Me deslicé fuera de la cama, me puse unos pantalones de chándal, y salí, bajando las escaleras. La puerta de Julie estaba ligeramente entreabierta. Extraño. Golpeé mis nudillos en una señal con cráneo-y-huesos-cruzados NO ENTRAR que ocupaba la mayoría de la puerta. Sin respuesta.


Janice, una cambiante en sus treinta y tantos, sacó su cabeza rubia de la sala de guardia a mi derecha.


—Tomó su manta y su almohada y bajó las escaleras.


—¿Cuándo?


—Hará dos horas.


Eso habría sido a la una de la mañana. Solo había un lugar al que Julie podría haber ido.


Cinco minutos después caminaba en la tenue sala, moviéndome tranquilamente de puntillas. La única iluminación venía de la urna de cristal delante de mí. En ella, sumergida en el líquido verde de la solución curativa de Doolittle, flotaba Maddie. Varios tubos intravenosos corrían desde sus brazos al pie de metal con bolsas de fluidos. Julie estaba sentada cerca de ella en el suelo, tumbada sobre su manta, sus codos tirados sobre sus rodillas, su cara escondida en sus manos.


Oh, Julie. Crucé la sala y me senté a su lado. Ella no dio indicaciones de que me había oído.


Los huesos de Maddie sobresalían en extraños ángulos, la carne se estiraba sobre el esqueleto distorsionado como goma medio derretida. Aquí y allí los parches de pelo la moteaban, derretida de vuelta en piel humana. El lado izquierdo de su mandíbula sobresalía, los labios demasiado cortos para esconder el hueso, y a través del hueco podía ver sus dientes humanos. Su brazo derecho, casi completamente humano, parecía demasiado delgado, demasiado frágil, poco más que hueso enfundado en piel.

Cuando me senté allí y la observé, mi corazón se apretó en una dura y dolorosa roca. No era solo Maddie. Era la poseída desesperación en su madre y hermana. Era el pánico en la cara de Jennifer. Era el miedo enmascarado en Andrea, quién había venido a ver a Maddie la pasada noche. Había observado a mi mejor amiga cuando cruzó sus brazos sobre su pecho intentando convencerse de que esto no era su futuro. Ella amaba a Raphael. Quería hijos y una familia, y los hermanos de Raphael pasaron a lobo en la pubertad y tuvieron que ser asesinados. Cuando Tía B dijo que necesitaban una cura universal, ella se refería a eso.


Fue el irritante hielo del miedo dentro de mí lo que dijo:


Este podría ser tu hijo.


Maddie, la mona niña divertida, a quién todos conocíamos y tomamos para asumir. Teníamos que salvarla. Tenía que salvarla. Si hubiera algo que pudiera conseguir, sería devolverla la vida.

Julie se estiró. Sus ojos estaban rojos, la piel a su alrededor hinchada. Deseé poder hacer algo.

—Ella no está herida.

—Lo sé. —Olfateó Julie.

—Leo para ella. Su madre también lo hace, y las enfermeras de Doolittle. No está sola.

—No es eso.

—¿Entonces qué es?

—Estoy intentando comprender por qué. —Su voz se rompió. —¿Por qué? — Se giró y me miró, las lágrimas llenaban sus ojos y rebosaban con dolor. —Ella era mi mejor amiga. Solo tengo una. ¿Por qué tuvo que ser ella?

La pregunta del millón.

—¿Preferirías que hubiera sido Margo?

—No. —Julie sacudió su cabeza. —No. Ella se siente horrible, porque está bien y Maddie no. La abracé y la dijo que me alegraba que así fuera.

—Estoy orgullosa de ti.

—No es culpa de Margo que la medicina no funcionara. Yo solo que no quiero que fuera Maddie. Quiero que esté bien. Es como si esto fuera el coste.

—¿El coste de qué?

—De la magia. De ser un cambiante. Como son fuertes y rápidos y alguien tiene que pagar el precio por eso. ¿Pero por qué ella?

Deseaba saberlo. Me había hecho exactamente la misma pregunta cuando encontré a Voron muerto, cuando vi la ruina del cuerpo de Greg Feldman, y cuando Julie estaba tumbada en la cama del hospital, tan sedada que su corazón apenas latía. Quería tanto evitar eso a Julie. Me mataba no poder hacerlo. No sabía por qué algunas personas tenían tragedia tras tragedia tiradas hacia ellas, como si la vida les pusiera a prueba, y otros vivían felizmente, intocables por la pena.

La dije la verdad.

—No lo sé. Creo que es porque un niño es lo más preciado que tenemos. Hay un precio por todo, y nunca es algo que puedas afrontar rendirte. Siempre es alguien a quién amas.

Julie me miró.

—¿Por qué?

—No lo sé. Es la manera en la que siempre ha sido.

Julie volvió a retroceder.

—No lo quiero. Si esa es la manera que tiene que ser, no quiero tener ningún bebé.

La vida finalmente había marcado a Julie bastante profundo. Ahora mi niña había decidido no tener hijos, no porque no quisiera ser madre, sino porque estaba demasiado asustada del mundo en el cual ella traería a sus hijos. Eso era una mierda. Quería apuñalar algo.

Julie me estaba mirando, esperando por algo.

—Tener hijos o no tenerlos es tu elección, Julie. Si lo haces o no, Curran y yo te amaremos de todas formas. Nunca tendrás que preocuparte de que dejemos de hacerlo.

—Bien, porque no quiero hijos.

Nos quedamos en silencio.

—Te vas, —dijo ella.

—Sí. ¿Tienes miedo?

Julie se encogió de hombros.

—Eres el alfa y tienes que ir.

—Eso es cierto.

—Y si alguien consigue la medicina, eres tú. Lo comprendo. —Su voz era diminuta. —No mueras. Solo no mueras, ¿vale?

—No tengo planes para morir. Volveré con la cura universal y conseguiremos sacar a Maddie fuera del tanque de curación.

—Oí a Jim hablando, —dijo Julie tranquilamente.

Oh chico.

—Dijo que era una trampa y que podrías no volver.

Gracias, Mr. Pedazo de Positivismo, apreciamos tu voto de confianza.

—¿El maestro espía sabe que le estabas espiando?

—No. Soy muy cuidadosa y él no levanta la mirada muy a menudo.

Eventualmente tendría que averiguar qué significaba eso.

Es una trampa. La gente quienes se la pasan tumbados creen que somos débiles y estúpidos. Te prometo que si intentan herirnos cuando lleguemos allí, se arrepentirán profundamente. Navegarán lejos con la cura, y aún tendrán que averiguar por qué están sentados en un charco de su propia sangre intentando sujetar sus intestinos. Me has visto hacer cosas peligrosas antes.

—Saliste herida, Kate. Mucho.

—Pero sobreviví y ellos no. —La abracé con un brazo. —No te preocupes. Lo haremos.

—Vale, —dijo ella. —Yo solo...

Ella apretó sus manos juntas, mirando directamente hacia delante.

—¿Sí?

—Tengo malos sueños.

Y yo.

—¿De qué tratan tus sueños?

Ella se giró hacia mí, sus ojos poseídos.

—Torres. Las veo siendo construidas en la hierba. Son torres terribles. Las miro y lloro. Y te veo, y tú me estás mirando, y me estás llamando...

Oh no. Unas garras frías se clavan en mi columna.

¿Por qué teníamos el mismo sueño? Tenía que ser magia. Si mi sueño era el resultado de mi magia o el resultado de la búsqueda de Roland, no debería afectar a Julie. Posiblemente él no podía saber de Julie.

El ritual. Esa era la explicación más probable. Cuando curé a Julie, había mezclado mi sangre con la suya. Algo de mi magia la había corrompido. Ahora compartíamos sueños. Si teníamos suerte, entonces Roland estaba intentando encontrarme por emisión de visiones en mi cabeza, y Julie estaba recogiendo la señal.

Maldición.

Se debió mostrar en mi cara, porque Julie se enfocó en mí.

—Eso significa algo, ¿verdad? ¿Qué significa, Kate? Te vi. Estabas en mi sueño. ¿Me viste, también?

No quería tener esta conversación. No aquí ni ahora. De hecho, no quería tenerla después de todo.

—¡Dímelo, por favor! Tengo que saberlo.

No estaba planeando ir a mi funeral, pero uno nunca planea morir. Si algo me ocurría, Julie sería dejada sin respuestas. Tenía que saber algo al menos. En su lugar, yo querría saberlo.

—Kate, por favor...

—Silencio, por favor.

La necesidad de esconderme había sido golpeada en mí desde que podía comprender las palabras. El número de personas que conocían mi secreto había aumentado de uno a cinco en los pasados años, y pensar en ello me disparó enseguida a golpear el camino a un lugar irracional dónde meditaba matar a esos que lo sabían. No podía matarlos —eran mis amigos y mi familia elegida— pero romper una vida de condicionamiento era una putada.

Si no se lo contaba y moría, ella cometería errores. Roland la encontraría y la usaría. No se daba cuenta aún, pero era un arma. Como yo. Yo la había creado, y tenía una responsabilidad para mantenerla a salvo y mantener a los otros a salvo de ella.

—Lo que te voy a contar no puede ser repetido. Ni escrito en tu diario, ni se lo puedes contar a tu mejor amiga, ni reaccionar si oyes decir algo. ¿Lo comprendes?

—Sí.

—Hay personas que te matarían si supiera de ti. Lo digo muy en serio, Julie. Esta es una conversación de vida-o-muerte.

—Lo comprendo, —dijo Julie.

—¿Has aprendido en la escuela la teoría del Primer Cambio?

—Seguro. —Asintió Julie. —Hace miles de años la magia y la tecnología existieron en un equilibro. Entonces la gente comenzó a trabajar la magia, haciéndola más y más fuerte, hasta que el desequilibrio se hizo demasiado grande y la tecnología fluyó en el mundo en ondas, lo cual era el Primer Cambio. La civilizaciones mágicas cayeron. Ahora está ocurriendo lo mismo, pero conseguimos olas de magia en lugar de las de tecnología. Algunas personas creen que es un círculo y que sigue ocurriendo una y otra vez.

Bien. Ella sabía lo básico, así que esto sería más fácil.

—Me has oído hablar sobre Voron.

—Tu padre, —dijo Julie.

—Voron no era mi padre biológico. Mi padre, mi verdadero padre, caminó por el planeta hace miles de años, cuando la magia fluía llena de fuerza. En aquella época él era un rey, un conquistador, y un mago. Era muy poderoso y tenía algunas ideas radicales sobre cómo una sociedad debería estar estructurada, así que él y algunos de sus hermanos construyeron un enorme ejército y devastaron una y otra vez a través de los que ahora se conocer como Arabia Saudí, Turquía, Irán, y Egipto oriental. El mundo era un lugar diferente entonces geológicamente, y mi padre, el rey-mago, tenía una larga área fértil en la cual construyeron su reino. Su magia le mantuvo vivo durante cientos de años, y tuvo éxito en aumentar un imperio tan avanzado como nuestra civilización. Y a dónde iba, construía torres.

Julie parpadeó.

—Pero...

—Espera hasta que termine, por favor. —Las palabras golpearon en mi garganta y tuve que esforzarme por expulsarlas. —Cuando el Primer Cambio llegó, la tecnología comenzó a arrinconar a la magia. Las ciudades mágicas se desmoronaron. Mi padre vio los escritos en la pared y decidió que era el momento para una larga siesta. Se selló lejos, cómo o dónde nadie lo sabe, y cayó dormido. Un diminuto goteo de magia aún permanece en el mundo, y fue suficiente para mantenerle vivo. Durmió hasta el Cambio, nuestro Apocalipsis, le despertó. Se levantó, los ojos brillantes y cola peluda, e inmediatamente comenzó a reconstruir su imperio. No puede parar, Julie. Eso es lo que da un significado a su existencia. Esta vez él comenzó con los no muertos.

—La Gente, —dijo Julie, la comprensión en sus ojos.

—Exactamente. Mi padre eligió llamarse Roland y comenzó a reunir individuales con la habilidad para dirigir a los vampiros. Les organizó en la Gente.

La Gente era un cruce entre una corporación y un instituto de búsqueda. Profesional y brutalmente eficiente, mantenían bastante estables a los vampiros y tenían una división en cada gran ciudad.


—Nadie nunca habla sobre Roland, —la dije. —Mucha gente no sabe que él existe. Y casi nadie, ni siquiera los navegantes, sabe que pronto después de despertar. Roland se enamoró. Su nombre era Kalina y también tenía una magia poderosa. Ella podía hacer que todos la amaran. Kalina quería un bebé, así que Roland decidió darle uno. Yo fui ese bebé.


Julie abrió su boca. Yo levanté mi mano. Si me interrumpía, no podría pasar a través de esto.


—Mi padre siempre tuvo problemas con sus hijos. Se volvían poderosos e inteligentes, y tan pronto como maduraban, intentaban destruirle. Roland cambió de opinión y decidió que sería mejor deshacerse del no nacido. Mi madre supo eso para salvarme y tuvo que huir. Necesitaba un protector, y el mago de Roland, Voron, parecía la mejor elección. Voron estaba vinculado a Roland por un ritual de sangre, y mi madre tuvo que usar cada trozos de su poder para hacer que Voron la amara, así que ella hizo que Voron ligeramente enloqueciera.


—Así que básicamente le usó, —dijo Julie.


—Lo comprendiste. Juntos huyeron. Mi madre me dio a luz, pero Roland se acercaba a ellos. Ella sabía que Voron era el más adecuado para mantener al bebé vivo y Roland nunca dejaría de perseguirla, así que ella se quedó atrás para comprar tiempo a Voron. Roland la alcanzó y la mató. Voron corrió conmigo y luego pasó cada momento de su vida entrenándome para que un día pudiera matar a mi propio padre.


Julie se puso pálida.


Esperé a que ella digiriera todo eso.


—¿Quieres matarle?


Era una pregunta complicada.


—Lo haré si tengo que hacerlo, pero no saldré a buscarle. Os tengo a Curran y a ti. Todo lo que quiero hacer ahora mismo es manteneros a ambos a salvo. Pero si Roland me encuentra, me confrontará, Julie, y no estoy segura de que sobreviva. ¿Recuerdas la pintura de un hombre que te mostré? ¿Hugh d’Ambray?


Se la había mostrado hacía unas pocas semanas y la dije que él era el enemigo. En ese momento no estaba lista para largas explicaciones.


—Sí.


—Hugh es el reemplazo de Voron. Es el nuevo mago de Roland. No mucha gente sabe lo del bebé perdido, pero él sí. Tropezó conmigo y ahora está muy interesado.


Ahora venía la parte dura.


—Cuando que convertiste en lobo, no pude curarte. Nadie podía curarte. Así que yo... — Te robé tu libre albedrío. —...limpié tu sangre con la mía para quemar el Lyc-V. Era la única manera. Sin eso, tendría que haberte matado.


Julie me miró.


—Estamos vinculadas ahora. Algo de mi magia es tuya. Mi sangre te contamina. Soñé esta noche. Vi un valle, un anochecer, y torres. Y te vi y te llamé.


—¿Qué significa eso? —susurró Julie. —¿Eso significa que Roland está en nuestra cabeza?


—No lo sé. No sé si estamos viendo el pasado juntas o el futuro o si es mi padre enviando mensajes a nuestras cabezas desde varios estados de distancia. Lo que demonios sea, no es bueno. Tienes que tomar precauciones. No dejes tu sangre dónde pueda ser encontrada. Si sangras, quema los vendajes. Si sangras mucho, deja la escena en llamas o vierte lejía sobre ella. Esconde tu magia tanto como puedas. No estoy planeando morir. Volveré y te ayudaré a salir de esto. Pero si algo nos ocurre, Jim lo sabe. Puedes confiar en él.


Una puerta se abrió detrás nuestra. Doolittle entró en la sala.


—Doolittle lo sabe, también, —la dije. —Hay algunos libros en mi habitación. Te haré una lista de lo que necesitas leer...


Maddie se revolvió. Un bulto giró a través de su pecho, como una pelota de tenis deslizándose justo debajo de su piel.


—Movimientos involuntarios, —dijo Doolittle. —Nada por lo que preocuparse.


Me di cuenta que mi mano estaba sujetando la empuñadura de Slayer y la solté. Si Maddie se volvía lobo y envestida fuera del tanque a Julie, la cortaría sin dudarlo. Ese pensamiento hizo que mis interiores se revolvieran.


Los ojos de Julie estaban enormes en su cara.


—Estará bien, —la dije.


—No sé si lo estará, —dijo Julie. —Nada está bien. Nada estará bien.


Se puso de pies.


—Julie...


La observé irse. La puerta se cerró con un sonido metálico. Esto no iba de la manera que ella había querido. Yo quería una oportunidad, pero en la vida raramente lo consigues.


Doolittle me estaba mirando.


—Es bueno que se lo dijeras.


No se sentía bien. Se sentía completamente desagradable.


—Necesito un favor.


—Si está en mi poder, —dijo él.


—Curran y yo hemos escrito nuestras voluntades. Si no vuelvo, Meredith se encargará de Julie. Ya he hablado con ella. Pero si no vuelvo, en algún momento, Julie podría venir a ti por respuestas. Me gustaría que tuvieras mi sangre. Estudiarla podría ayudar. —Él ya había hecho algunos análisis una vez. Él sería la mejor persona para estudiar más.


Doolittle frotó su cara, dudando —como si decidiera— y finalmente dijo:


—Este viaje es un esfuerzo estúpido.


—Hay una oportunidad en la que tendremos éxito.


—Una oportunidad muy pequeña. No podemos confiar en esas personas. Ellos no intentan honrar sus promesas.


—Les forzaré a honrarlas, si tengo que hacerlo. No puedo sentarme aquí y ver como Maddie muere un poco cada día. Eso no está en mí, Doc.


—Tampoco está en mí, —dijo él. —Tengo miedo de que no lo consigamos. Retrasar lo inevitable solo guía a más sufrimiento. Ese es el porqué la muerte debe ser rápida y sin dolor.


—Una vez me dijiste que no tenemos elección en lo que somos. Tenemos una elección en quién somos. Yo soy la persona que debe tirar de ese barco o no seré capaz de ni siquiera mirar a la madre de Maddie a los ojos. ¿Sacarás mi sangre por favor?


Doolittle suspiró.


—Por supuesto que lo haré.
—¿Kate?

La voz de Curran se deslizó a través de mi sueño. Mmm... Sonreí y abrí mis ojos, aún medio dormida. Curran se inclinó sobre mí. Mi apuesto psico. Cuando volví de hablar con Julie, gateé a la cama. Me desperté un par de horas después cuando él se deslizó en la cama a mi lado. Me puso cerca, su cuerpo tan caliente contra el mío. Hicimos el amor y me quedé dormida en su pecho.


—¿Kate? —repitió Curran. —¿Bebé?


Levanté la mano y toqué su mejilla solo para asegurarme que él estaba allí de verdad.


—Deberías quedarte en la cama conmigo.


—Me encantaría, —dijo él. —Pero acabo de hablar con Barabas.


—Mm-hmm. —Realmente era ridículamente apuesto en una manera hosca de matar-todo-lo-que-se-mueva. Exactamente como me gustaba. —¿Qué dijo?


—Saiman nos está esperando en una sala de reuniones. Dice que te debe un favor y Barabas le llamó para invitarle a la Guarida en tu nombre. —El dorado llameó en los ojos de Curran. —¿Te importaría explicar esto, porque soy todo oídos?


Diez minutos después Curran y yo marchamos por el pasillo hacia la sala de reuniones. Cuando vives en un edificio con excelente población acústica por gente con oído sobrenatural, aprender a discutir bajo tu respiración, lo cual precisamente era lo que habíamos estado haciendo.


Hacía un mes había conseguido una llamada tardía del Gremio de Mercenarios informándome de que Saiman había sido secuestrado. Un corredor de información y un experto mágico, Saiman era un arpía hombre de negocios que tenía dedos en todo tipo de tartas, desde combates de gladiadores ilegales a un turbio negocio de importación/exportación. Cargaba precios exorbitantes para sus servicios, pero porque le divertía, me había ofrecido un descuento en el pasado. Le había consultado unas pocas veces, pero él seguí intentando atraerme a su cama para probar un punto filosófico. Yo lo había tolerado hasta que él tuvo la estupidez de exhibir nuestra conexión delante de Curran. El Señor de las Bestias y yo habíamos estado en un punto duro en nuestra relación, y Curran no se tomó esa exhibición bien, lo cual expresó volviendo un almacén lleno de coches de lujo que Saiman había pasado por la aduana en latas de Coke machacadas. Desde entonces, Saiman, quien tenía miedo del dolor físico sobre todo lo demás, vivía con un miedo mortal hacia Curran.


Saiman pertenecía a una cuenta VIP del Gremio de Mercenarios durante momentos cuando necesitaba usar la fuerza bruta, así que cuando algunos matones decidieron que sería una buena idea secuestrarle para un rescate, su contable pasó la llamada al Gremio, el cual me la pasó a mí. Yo había tratado con los secuestradores y el rescate de Saiman. De vuelta él me debía un favor. Ayer le había llamado y le había dicho que me gustaría cobrármelo.


Exitosamente me las había arreglado para esconder el incidente de Curran precisamente porque sabía que él se volvería un basilisco. Explicar todo esto ahora demostraba una pequeña complicación.


—El empleado llamó y dijo que Saiman fue secuestrado. ¿Qué demonios se suponía que debía hacer, dejarle allí?


—Déjame pensar... ¡Sí!


—Bueno, no lo hice.


—Él no se preocupa por ti. Si hubieras muerto salvándole, él no habría conseguido una mierda. Nadie sabía a dónde fuiste.


—Jim sabía a dónde fui. —Yyyyy no debería haber dicho eso.


Curran paró y me miró.


—Llevé apoyo, —le dije.


—¿Cómo quién?


—Grendel y Derek.


Las cejas de Curran se juntaron. Se dio cuenta que Derek lo sabía y no se chivó. No debería haber dicho eso tampoco.


La mejor defensa es una vigorosa ofensa.


—Estás sobrereaccionando.


—Te fuiste en medio de la noche para rescatar a un hombre sin una pizca de conciencia para preocuparse algo por tu seguridad, quién urdió y manipuló para seducirte, y cuando encontró que no podía, actuó como un cobarde y te puso en peligro. ¿Cómo se supone que debo reaccionar?


—La última vez que lo comprobé, era una chica grande, toda crecida y capaz de ponerme los zapatos y balancear mi espada por mí misma. No tiene que gustarte.


—¡Kate!


—Nos debe un favor. Un gran favor.


—No necesito ningún favor de él, —dijo bruscamente Curran.


—Sí, lo haces. ¿Recuerdas el almacén de coches de lujo que demoliste?


Curran solo me miró.


—¿Cómo esos caros coches extranjeros consiguieron pasar al país?


La comprensión golpeó a Curran como una tonelada de ladrillos. Su frunce desapareció.


—Él los envió dentro. —Él avanzó por el pasillo, acelerando.


—Exactamente. — Le alcancé.


—Y evitó las aduanas porque vinieron en su barco. Es dueño de una flota.


—Bingo.


Giramos en la esquina. Un cambiaformas se dirigía en nuestra dirección y al ver nuestras caras intentó abruptamente dar marcha atrás en su curso. Curran la señaló.


—Tráeme a Jim, por favor.


Ella rompió a correr.


—Ni siquiera sabemos si sus barcos van al Mediterráneo, —dijo Curran.


—Sí, lo hacen. Durante los Juegos de Medianoche él trajo a un minotauro de Grecia.


Alcanzamos la puerta y la abrí.


Una maravillosa mujer asiática nos esperaba en la Sala de Reuniones Norte. Estaba en la cúspide de los treinta, altura media y perfecta constitución, con una delgada y delicadamente curvada cintura y piernas largas. Una sudadera verde oscuro, completo con una capucha con gasa y faja, abrazando su cintura, exhibiendo su maravilloso pelo negro.


Un macho cambiaformas la estaba observando de la manera que uno observaría a un perro rabioso acorralado en un callejón.


Curran no se alteró ni un poco.


—Saiman, te ves adorable. Gracias por arreglarte.


La mujer levantó la mirada y vi el aire familiar de desdén en sus ojos.


—¿Viniste como una mujer para que Curran no te golpeé?


La mujer hizo una mueca. Extraños bultos se deslizaron sobre su cara y brazos, como si alguien hubiera metido bolas de billar debajo de su piel con una entrada y girasen, girasen en todas direcciones. Deseaba que mi estómago se mantuviera quieto.


—No, —dijo la mujer, cuando su carne crujió, estirándose, retorciéndose, y se remodeló en un desorden asqueroso. —Simplemente tuve una cita anterior.


Su pelo suelto, sus pechos disueltos en un plano pechos masculino, sus caderas estrechadas, todo moviéndose simultáneamente en un proceso grotescamente coordinado. El ácido ardió en mi lengua. El cambiaformas cambia en una explosión, un rápido ardor de movimiento en un par de segundos. El cambio de Saiman era un ajuste controlado metódicamente, y al observarlo nunca fallaba que mi estómago se aterrara e intentara vaciarse de cualquier comida necesaria. Cerré mis ojos durante un largo momento, los abrí, y vi a un hombre calvo y delgado cruzado en sus nuevos brazos. En una forma neutral, Saiman era un lienzo en blanco: ni feo ni apuesto, altura media, gestos medios, color de piel media, constitución escasa. La sudadera le hacía pareces completamente ridículo. Tuve la repentina urgencia de reír y tomar medidas drásticas.


—He traído algunos cambios. —Saiman señaló a la maleta cerca de él. —Creo que la entrada estándar del Gremio para rescatar a una víctima de secuestro es el diez por ciento del rescate. Siéntete libre de contarlo.


Por supuesto. El dinero era la respuesta estándar de Saiman. Pagarnos sería la manera más fácil de librarse de su deuda.


Curran le ofreció una silla con un barrido de su mano.


—No estamos interesados en el dinero. ¿Quieres algo de beber?


—¿Está envenenado?


—Es sábado, —dije. —Solo servimos venenos durante la semana.


—Sí, no somos completos salvajes. —Curran se sentó. —Shawn, ¿podrías por favor traernos algo de agua para mí y Kate, y un wisky para nuestro invitado?


El macho cambiaformas asintió y se fue.


—¿Te sientes mejor?


Saiman no me miró.


—Lo siento, me encantaría responder a eso, pero ya ves, si intento una conversación, tu peludo amante me golpeará en trozos.


Oh, tu mimado bebé.

—No del todo, —dijo Curran. —No tengo planes de golpear a nadie esta mañana.


Shawn entró en la habitación, llevando una fuente con una jarra de agua, un decantador lleno con wisky de color ámbar, y tres vasos. Curran lo tomó de sus manos y lo dejó en la mesa.


—Gracias.


Shawn se fue, y Curran vertió el agua en dos de los vasos y el wisky en el tercero.


—No ha razón para que no podamos ser civilizados.


Su tono era ligero, su cara relajada y amistosa. El señor de las Bestias estaba en una rara forma. Realmente necesitábamos el barco.


Saiman sorbió el líquido ámbar y lo dejó en su boca durante un largo momento.


—Así que. Rechazas mi dinero, me sirves un wisky Highland Park de treinta años, y hemos estado aproximadamente cinco minutos en la misma sala, aún ninguno de mis huesos está roto. Esto me guía a creer que tu espalda está contra la pared y me necesitas desesperadamente para algo. Me estoy muriendo por saber qué es.


En su lugar yo tendría cuidado con mi elección de palabras.


—Tengo una proposición de negocios para ti, —dijo Curran. —Me gustaría contratar uno de tus barcos para transportarnos a nosotros dos y a diez de mi gente. Te pagaremos un razonable precio.


—¿Mi razonable o el tuyo? —Saiman estudió su bebida.


—Nuestro. De vuelta, ya no estarás en deuda con la Manada y haremos tu vida menos inadecuada. Por ejemplo, dejaremos de bloquear tu estado real de compras.


—¿Estás bloqueando sus compras? —Miré a Curran.


—Yo no personalmente.


—La Manada y sus representantes. —Saiman drenó su vaso y se vertió más. —Si elijo mover un proyecto, la Manada inevitablemente ofertará contra mí, subiendo el precio, y luego abandonará la oferta, dejándome la cartera golpeada. Esos son muchos inconvenientes.


Apostaba por ello.


—Siempre me has golpeado como a un hombre que disfruta de atención, —dijo Curran.


—Eso es completamente injusto. —Saiman señaló su dedo índice hacia él mientras aún sujetaba el vaso. —Corta la caza. Sé que una delegación de cambiaformas desembarcó en Charleston, sé que Desandra Kral, anteriormente de la manada Obluda, está teniendo gemelos, y sé que has sido invitado a actuar como su guardaespaldas y mediador de la disputa de la herencia y que pagará con la cura universal para hacerlo.


Resumió Saiman. No tenía ni idea de cómo sabía todo eso, pero lo hacía.


—Necesitas un barco. Este navío tendrá que valido en el océano, necesitará una tripulación experimentada, y requerirá camarotes con espacio para al menos quince personas. ¿Cuál es el destino?


—Gagra en la costa norte de la República de Georgia.


Saiman parpadeó.


—¿Quieres decir el Mar Negro? ¿Realmente quieres ir al Mar Negro?


—Sí, —dijo Curran.


Asentí.


—Queremos.


Decir cosas como Creemos que esto es una trampa Preferiríamos cortarnos nuestro pie izquierdo antes de ir arriesgaría nuestro barco adquirido y nuestra jodida imagen.


Saiman se vertió más wisky.


—No puedo evitar señalar que las tres manadas involucradas podrían haber encontrado a alguien en la vecindad inmediata para actuar como una cuarta fiesta neutral.


—Tu opinión es anotada, —dijo Curran.


—¿Si quiera has intentando invertir la técnica de la cura universal? —pregunté.


—Sí, por cierto lo he hecho, —dijo Saiman. —Puedo darte la lista exacta de ingredientes y cualidades. El secreto no está en la composición química; está en el proceso de preparación, el cual soy incapaz de replicar. Poniéndolo claramente, ellos lo cocinan con magia y no sé las especificaciones. También estoy razonablemente seguro que la cura universal está manufacturada por una sola entidad o una organización y luego la distribuyen a través de Europa.


—¿Por qué? —pregunté.


—Es un secreto bien conocido que hace cinco años tu compañero ofreció trescientos mil dólares y la protección de la Manada a todos los que estuvieran de acuerdo en venderla la receta y la demostración de su preparación. Si la cura universal fuera manufacturada por cada manada individualmente, alguien estaría bastante desesperado para tomar su oferta.


Curran hizo una mueca.


—Son quinientos mil ahora.


—¿Aún no hay nadie? —Saiman arqueó sus cejas.


—No.


Saiman giró el wisky en su vaso.


—Supongamos que preparo un navío. Cruzar el Atlántico es una ventura peligrosa. Entre los huracanes, los piratas, y el mar de monstruos, hay una verdadera posibilidad de que tu barco se hunda y no todo en un sentido metafórico. He estado navegando durante una década y aún pierdo dos de cuatro barcos por año. Si fueras a encontrar su prematura defunción, tus matones me culparían.


—Muy probable, —dijo Curran.


—Si mueres —aunque no sea culpa mía, por supuesto— la probabilidad de mi supervivencia gotea más drásticamente. Esperaba arriesgar mi barco, mi tripulación, y mis finanzas para alguna tediosa promesa de posible benevolencia. Estoy buscando un forro de plata y no encuentro ninguno.


—Arriesgas tu barco, tripulación, y dinero, mientras que nosotros arriesgaremos nuestras vidas, —dijo Curran. —Y desde que estamos en el tema, garantizo que si otro navío de tu flota sale a continuación para terminar con nuestro navío en medio de la noche y su tripulación intenta asesinarnos y escapan de nuestro navío para esconder la prueba, no sobrevivirás.


Saiman se apoyó en el respaldo y rió.


—¿Qué quieres? —Le pregunté.


—Estados de amigo de la Manada, —dijo Saiman. —Previa concesión para partir.


Amigo de la Manada le haría un aliado. Eso garantizaba que los cambiaformas se quedarían fuera de sus negocios y le protegerían si uno de ellos observaba a Saiman en un peligro inminente. También le garantizaría la habilidad de visitar las oficinas de los cambiantes sin ser inmediatamente detenido.


—No, —dijo Curran. —No te daré tanto acceso.


—No solo eso, sino que si te conviertes en Amigo de la Manada y luego hundes tu barco con nosotros a bordo, los cambiantes no pueden ir detrás de ti, —dije.


—¿Realmente crees que te ahogaría, Kate?


—En un latido, —le dije. —Aún me lo debes, Saiman.


—Y estoy intentando trabajar contigo, pero debes encontrarme a medio camino.


—No, —dije. —No serás puesto en el estado de Amigo de la Manada hasta que volvamos.


Saiman sonrió.


—Entonces estamos en un punto muerto.


Nos miramos mutuamente.


—¿Y si voy con vosotros?


—¿Qué? —Debía oír mal.


—Me uniré a vosotros en vuestra maravillosa aventura, Kate. De esa manera, si nuestro navío se hunde, no puedo ser culpado, porque estaré a bordo.


—¿Por qué harías eso? —preguntó Curran.


—Estoy atrasado para un viaje al Mediterráneo. Tengo negocios interesantes allí.


—No, —dije.


Los dos hombres me miraron.


—No es una mala idea, —dijo Curran.


—¿Los dos os habéis vuelto locos? Esta es una idea horrible. Primero, los dos os odiáis mutuamente.


—Yo no le odio. —Saiman se encogió de hombros. —Es una palabra demasiado fuerte.


—Si le odiara, estaría muerto, —dijo Curran.


Eran idiotas.


—¿Cuánto tiempo lleva cruzar el Atlántico?


Saiman frunció el ceño.


—Depende de la olas mágicas, pero generalmente entre doce y dieciocho días.


Me giré hacia Curran.


—Estaremos juntos en un pequeño barco durante al menos dos semanas. ¿Qué ocurrirá cuando un días los dos os aburráis?


—Estará bien, —dijo Curran. —Podemos manejarlo. Si se zafa de las manos, le ataremos al mástil.


Saiman le dio una mirada burlona.


—Tomaremos el Rush. Corre sobre agua encantada, vapor, y combustible. No tiene mástil lo bastante fuerte para sujetarme.


Curran exhaló.

—Entones le encerraremos en una celda.


—Mazmorra, —corrigió Saiman.


—Lo que sea. —Curran lo descartó con una ola de su mano.


—Redactad el contrato formal, —dije. Saiman era egoísta y algunas veces cobarde, pero tenía un ridículamente fuerte trabajo épico. Si podíamos encerrarle con un contrato, él no lo rompería.


—Oh, lo haremos, —me aseguró Curran. —Hablemos de números.


Quince minutos después un satisfecho Saiman se fue, escoltado por Shawn. Llevaba su maleta y la nuestra. Estaba feliz, el Señor de las Bestias estaba feliz, así que ¿por qué yo estaba tan incómoda?


—Te arrepentirás de esto, —le dije a Curran.


—Lo sé. No tenemos elección. Tenemos que conseguir la cura universal. —Él se inclinó y me besó. —Te quiero. Gracias por el barco. Gracias por hacer esto conmigo.


Una pequeña excitación corrió a través de mí.


—Yo también te quiero.


Conseguir la cura universal significaba que cada bebé nacido en la Manada tendría un cuarenta por ciento de oportunidad para sobrevivir. Eso significaba que Maddie podía ser ella misma otra vez. Para hacer que esto ocurra, Curran se tragaría su orgullo. Haría un trato con Saiman, regatearía con Carpatianos que le habían humillado, cruzaría el Atlántico y medio continente. Y yo le apoyaría en cada paso del camino. Curran era responsable del bienestar de la Manada, y también yo.


—Tenemos que conseguir la cura universal, —estuve de acuerdo. Eso era todo lo que había.


Fin del capitulo


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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Vie Sep 20, 2013 1:09 pm

Les dejo el 5


Ranguitos para Cara


Capítulo 5
Traducido por Cara


La caravana de vehículos de la manada rugió y resonó camino abajo. La magia estaba en pleno vigor y motores de agua encantada eructaban mucho ruido, todas las ventanas estaban cerradas. Curran conducía. En el asiento trasero Barabas y Derek estaban sentados uno junto a otro.
Dejamos a Julie en la Torre del Homenaje. Quería venir y luego no quería. Nos dijimos adiós. Ella me abrazó y lloró, tan desesperada y triste que casi lloré con ella. Me senté con ella durante veinte minutos, hasta que al final no pudimos retrasarnos por más tiempo. Ella seguía llorando cuando salí. Tenía la esperanza de que este no fuera mi último recuerdo de ella.
De alguna manera siempre me las arreglaba para estropear las cosas con Julie.
La carretera serpenteaba su camino a través de un pantano liso de sal. Las cañas y las hierbas se mecían suavemente, dándonos una vista de barro húmedo expuesto como una marea baja que aspira el agua del pantano. Un cartel encendió como un diamante amarillo con una tortuga en él, seguido inmediatamente por otro cartel, un triángulo bordeado en rojo.  Una tortuga en el centro del triángulo tenía un cono oscuro tocando su boca.

-¿Qué significa eso? - Barabas preguntó desde el asiento trasero.
- Tortuga mágica cruzando.
-Comprendo ese, pero ¿qué pasa con el segundo?
-Cuidado con las tortugas mágicas.
-¿Por qué?
-Porque escupen fuego.
Curran se rio para sus adentros.
El camino giro. Rodamos sobre un puente de madera, los tableros emitieron un pequeño ruido sordo bajo la presión de los neumáticos. Otra media milla y atravesaríamos las puertas de hierro macizas del puerto.

-¿Qué muelle dijo Saiman? - preguntó Curran.

Miré el papel. 

-Amarradero dos. Justo debajo del puente.

Las ruinas del puente Eugene Talmadge Memorial  oscilaban a la vista como si fuera una señal, sus soportes de hormigón como una burla asomando tristemente fuera del agua, los cables de acero colgando sobre ellos, como una telaraña rota. Pasamos junto a los restos del puente y Curran se detuvo ante un muelle. Un gran buque esperaba en el agua, sus dos mástiles negros elevándose por encima de la cubierta que tenía que medir cerca de cuatrocientos metros de largo. No sabía casi nada sobre barcos, pero incluso yo podría decir que esto no era carguero mercante. Se parecía más a un buque de la armada, y la enorme arma montada en la cubierta, por delante del puente sólo hacía que fuera más evidente.
Curran estudió la nave.

 -Esa es un Guarda costas guillotina de alta resistencia.
-¿Cómo lo sabes?
-Compramos  un  arma de un buque fuera de servicio. Eso es lo que está montado delante de la torre junto a las puertas. 
-¿Crees que Saiman compró un guardacostas? ¿Cuánto dinero. . . 
-Millones. - dijo Barabas, con voz seca.
Contemplamos la guillotina.
Un hombre caminaba por la pasarela. Grande, ancho de hombros, que vestía un suéter y unos sencillos pantalones vaqueros. Una corta barba de color castaño trazaba su mandíbula. Su imagen era la de alguien que ha tenido que trabajar para ganarse la vida.
Salimos afuera.

El hombre se acercó a nosotros. Le miré a los ojos y vi esa superioridad familiar. Él era consciente de que su mundo estaba poblado de gente con poca inteligencia, y sus ojos me dijeron que estaba lamentablemente resignado a los barrios bajos. Saiman.

-¿Puedo presentaros a  The Rush? - Dijo Saiman.-Una vez USCGC Rush, ahora solamente Rush. Trescientos setenta y ocho pies de largo, cuarenta y tres metros de altura, un desplazamiento de tres mil doscientas cincuenta toneladas. Dos turbinas de gas, cuatro generadores de agua encantadas, velocidad máxima en veinte nudos mágicos, en tecnología veintinueve nudos. Otobreda setenta y seis milímetros arma super-rápida de artillería, tres ballestas, y un buen número de otras campanas y silbatos, que la convierten en la mejor embarcación en mi flota. Mi insignia.
-¿No reparó en gastos? - Le dije.
Saiman sonrió, mostrando incluso, sus dientes blancos. "Prefiero viajar con seguridad o no hacerlo."
***
Me puse de pie en la cubierta de The Rush, oliendo el aire salado del océano saturado, y observé nuestros suministros que estaban siendo cargados. Los marineros en el barco en el muelle  de al lado miraban también.
 Tenían una grúa. Teníamos a Eduardo Ortego, que recogió los contenedores de quinientas libras y  casualmente los arrojó a la cubierta, donde Mahón y Curran los agarraron y los bajaron a la bodega de carga.
Los marineros humanos parecían estar un poco enfermos. Me alegré de que Eduardo viniera con nosotros. Mahon había elegido el enorme werebuffalo como reserva  y nadie se opuso.
Los miembros de la familia y varios cambiaformas pululaban sobre el Rush. Jim merodeaba alrededor, murmurando cosas en voz baja. George estaba mostrándole los camarotes a su madre. El viento tiró de la aureola rebelde de sus rizos largos y oscuros, que ella había tratado dominar sin éxito con una banda elástica. La esposa de Mahon, una mujer afro -americana africana,  gorda y feliz, siguió a su hija con una sonrisa orgullosa en su rostro. George estaba constituido como su padre, más alto, más robusto, más ancho de hombros que su madre, pero su sonrisa era la misma: brillante y contagiosa. Yo no era de las que sonríen, pero cuando uno de ellos te sonreía, era difícil no sonreír de nuevo.
La cubierta se movía bajo mis pies. En el momento en que incliné mi cuerpo  para equilibrarme, el barco trató de romperlo. La última vez que había tomado un barco, hacía casi tres años. Sin duda, esto no era para nada como montar en bicicleta.
Andrea, por otra parte, parecía no llevarlo peor. Se apoyó en la barandilla a mi derecha, sonriendo. Raphael estaba a su lado. Mientras que Andrea era baja y rubia, Raphael era alto, delgado y moreno, con una ola de pelo casi negro cayendo sobre sus hombros. Estaba buenísimo. Algunos hombres tienen esa cualidad indescriptible, una especie de aire sensual masculino. Ellos te miran y tú sabes que tener sexo con ellos sería una experiencia memorable. Raphael no sólo tenía ese aire, sino que él mismo era un tornado seductor. También era uno de los combatientes a cuchillo más letales que me he encontrado. Raphael amaba Andrea más que el pescado ama el mar. Ella lo quería del mismo modo y mostraba sus armas cuando las mujeres solteras se acercaban demasiado.
Barabas estaba a mi otro lado, mirando como si se fuera a lanzar en cualquier momento. 

-¿Siempre se mueve esto tanto?
-Se puede poner peor. - le dijo Raphael.
-Ya te acostumbrarás a ello. - prometió Andrea.

Una mujer vino por el muelle, en dirección al barco. Caminaba con una tranquilidad, y  perezosa gracia que rayaba la fuerza y el equilibrio perfectos, a pesar de los tacones peligrosamente altos de las botas de cuero negro. La cambiaformas caminaba. Siempre como una perdona vidas.
Jeans negros abrazaban sus caderas, y una blusa de color rojo óxido con una chaqueta vaquera encima mostraban sus curvas. Su cabello, peinado en una melena de apretados rizos oscuros, se movía al caminar, lo que subrayaba su paso suave. Se dio la vuelta y vi su cara. Ella era sorprendente: una cara en forma de corazón, la piel de color café, con ojos oscuros inteligentes y una boca completamente sensual.
Eduardo cogió el siguiente contenedor y vio a la mujer. Su rostro se ensombreció.

 -Hola, Keira.
Ha! Así que así era como lucía la hermana de Jim.
Keira hizo un guiño a Eduardo.
-Hola, precioso.
Toda la sangre abandonó el rostro de Eduardo. El contenedor silbó en el aire, saltando por encima de la cubierta, y se hundió en el agua al otro lado.
Keira soltó una risita baja de contralto, y siguió su camino.

-Oops. - Eduardo gritó.
-¿Qué demonios? - Gruñó Curran.
-Lo siento, ese era más ligero.
-Tú lo lanzaste, tú lo pescas.

Si ese contenedor era el que tenía mis suministros a base de hierbas y armas, estaría realmente fuera.
Keira caminó sobre el tablón. 

-Hey, Barrabás. - Ella me ofreció su mano. -Keira. La hermana de Jim.
-Kate.  Amiga de Jim. –Estreché su mano. Buen agarre.
-Hola, Rafael. Y tú debes ser Andrea. De la Orden, ¿verdad?  -Preguntó Keira.
-Sí. - dijo Andrea.
-Encantada de conocerte.
-¿Qué pasa contigo y Eduardo? - preguntó Barabas.

Keira sonrió.

 -Es una historia divertida. Cuando Eduardo llegó por primera vez a la ciudad, decidió que nuestras leyes no se aplicaban a él y él no pudo venir y decir hola. Jim me envió a buscarlo. Yo lo cacé un poco. Por diversión.
-¿Cazado? - preguntó Barabas.
-Mm-hm. - Ella sonrió, separando con perezosa lentitud sus labios. -También podría haber dado a entender que me parece un búfalo delicioso.
Un Jeep de la manada se detuvo en el muelle. Las puertas se abrieron y el Jeep desembuchó a  Doolittle y  a dos de sus ayudantes. El médico de la manada inspeccionó el barco, asintió con la cabeza, sacó una bolsa de la parte trasera del jeep y se dirigió a la pasarela. Los asistentes lo siguieron, llevando bolsas y maletas.

Ummm. -¿Qué está pasando?
-No tengo idea. - Barabas examinó a Doolittle. --Sea lo que sea, no es mi culpa.
-Hola. - Doolittle subió a bordo. -Por favor, oriéntenme hacia los camarotes.
-¿Por qué necesitan los camarotes? ¿Vienen con nosotros? 
Se irguió en toda su estatura. 
-Sí. Sí, así es.
-¿Cuando se decidió eso? - Curran no me había dicho nada al respecto. Tampoco Doolittle lo había mencionado cuando vine a verlo.
-Se decidió esta mañana. ¿Los camarotes, señora?
Hmmm. Quizás Curran con su típico buen tono no me lo dijo. Señalé las escaleras.
-Hacia abajo.
-Por aquí. - Doolittle bajó las escaleras. Los asistentes lo siguieron.
Barabas se inclinó sobre la borda y vomitó en el viento.
-¿Te das cuenta de que ni siquiera estamos en el mar? - Saiman  le preguntó detrás de nosotros.
Barabas se giró sin mirar.
Saiman negó con la cabeza.
Algo se me ocurrió. 
-¿Saiman, como de fuertes son los generadores de magia?
 Viajar en un vehículo propulsado por agua encantada llamaba toda mi atención. Un generador era probablemente mucho más grande.
-La sala de máquinas es significativamente mayor que el espacio bajo el capó de coche normal, - dijo Saiman - Los generadores de la nave se suspenden en agua en lugar de encerrarlos, como hacen con los motores de los automóviles, y la sala de máquinas en sí está insonorizada. Tú puedes escuchar un zumbido agradable, nada más. De lo contrario, los marineros andarían locos por el ruido constante.
Él continuó.
Media hora más tarde, la última caja fue cargada y asegurada. Los ayudantes de Doolittle se marcharon. La tripulación de la nave se movía en una especie de danza compleja, a punto de zarpar. Andrea y Rafael se marcharon. Los últimos familiares dejaron el barco.
Barabas inspeccionó a la multitud reunida en el muelle. Su labio superior temblaba con el comienzo de una sonrisa burlona.
-¡A la mierda!
Se dio la vuelta, apenas evitando chocar con Curran, y bajó las escaleras.
Se apoyó en la barandilla junto a mí. 
-¿Qué le pasa?
Le hablé en voz baja. 
- Ethan no ha venido a despedirse. Hace unos días, Ethan le dijo Barabas que no estaba seguro de que ellos tuvieran un futuro juntos. Es por eso que tuve que hablar con Jezabel sobre romperle las piernas de Ethan.
Curran negó con la cabeza. 
-Supongo que él está seguro ahora.
-Sí.
Los marineros arrojaron fuera las líneas.
-Él dijo que cuatro generadores de agua encantadas, ¿no? - Le pregunté.
-Sí.
-La norma es que cuanto más grande es el motor de la magia, más tarda. ¿Cuatro generadores gigantes, y la tripulación formada por dos docenas de personas? Me pregunto cuánto tiempo tomará para que podamos arrancar.
 -Podríamos estar sentados en el puerto durante una hora más.
-¿Por qué huelo a Doolittle? - preguntó Curran.
-Pasó por aquí de camino a su camarote.
-Ah. Espera, ¿qué?
-Me dijo que va a venir con nosotros. Yo creía que era idea tuya.
-¿Qué?
-Él dijo que estaba decidido.
-Lo está. - Doolittle subió la escalera. – Yo lo decidí.
La cubierta de nuestro alrededor de pronto quedó en silencio. Todos miraron a Curran. Me decidí a mirarle también, así no me sentiría excluida.
-¿Por qué? – Le preguntó Curran en voz baja.
-¿Sabes lo que hay en la panacea?
- La conozco cuando la huelo. - dijo Curran.
-Pero no sabes si es potente.  No sabes si va a hacer realmente lo que dicen que hará. No sabes cómo probarla.
-¿Qué pasa con la manada?
-Por favor. Estoy dejando la manada al cuidado de cinco médicos mágicos en un centro base de tecnología de vanguardia. Sólo me tendrás  a mí. - Doolittle nos contempló.
- He sanado a la mitad de la gente de aquí cuando estaban al borde de la muerte. Deja tus dispositivos, tú pierdes el poco sentido común que tienes y haces cosas como correr a través del fuego, rompiendo tus huesos, y enfrentándote a  criaturas de tamaño mucho mayor. Si persistes en esta locura, yo debería estar allí para estar seguro de que al menos algunos de vosotros lleguéis a casa con vida.
Doolittle no paraba de desnudar sus dientes, pero si tuviera  piel, hubiera estado al límite.
Curran sonrió.
-Apreciamos tenerle a bordo, doctor.
Doolittle parpadeó. Había esperado una gran pelea, y ahora Curran  lo había aceptado sin discusión.
 -Está bien. - por fin lo había conseguido, se dio la vuelta y se marchó.
Saiman se dirigió a la cubierta y se detuvo cerca del morro de la nave. 
-¡Atención, por favor!
Todo el mundo lo miró.
-Estamos a punto de zarpar. Les pido que por favor permanezcan en silencio para que la tripulación pueda comenzar.
Todo el mundo se calló.
Saiman se echó hacia atrás. Un cambio sutil se apoderó de él. Parecía pertenecer a la cubierta del barco. Abrió la boca y cantó con una voz áspera pero clara.
-¡El viejo Storm Along ha muerto y se ha marchado!
La tripulación entonó la melodía y cantaban a coro. -¡Ay, ay, ay, Sr. Storm Along!
-¡El viejo Storm Along ha muerto y se ha marchado! - Saiman gritó más fuerte.
-¡Ay, ay, ay, Sr. Storm Along!
Algo se movió debajo de la nave como un gigante dormido que despierta lentamente de un sueño profundo.
-"Es una canción de marineros," - Curran me susurró.
 La magia fue transmitiéndose desde Saiman y la tripulación, fundiéndose juntos, se filtraba en los huesos de acero de la nave, como si juntos fueran a la vez despertándola y haciéndola suya  en el proceso.
“Cuando Storm murió, yo cavé su tumba,
¡Ay, ay, ay, Sr. Storm Along!
Busqué su tumba con una pala de plata,
¡Ay, ay, ay, Sr. Storm Along!”
Algo ronroneó profundamente dentro de la nave. Magia despertó en sus profundidades. Se erizó el pelo de mi nuca. La canción y la magia se trenzaron juntas y tiraron de mí. Yo quería participar,  a pesar de que no sabía la letra y mi canto podría asustar a los peces del océano. La tripulación completa cantaba ahora, mezclándose la voz de Saiman con las otras,  formando parte del potente coro, su ritmo era como el latido de un corazón.
“Yo lo levanté con una grúa hierro,
¡Ay, ay, ay, Sr. Storm Along!
Y lo bajé con una cadena de oro,
¡Ay, ay, ay, Sr. Storm Along!”
Los generadores de agua encantada se encendieron, expulsando magia en una cascada emocionante. The Rush se estremeció y se alejó del muelle.
El viento nos bañaba, removiendo mi pelo. Otro temblor sacudió el barco. The Rush se movió hacia delante, hacia el océano. La tripulación aplaudió. Saiman hizo una reverencia, sonriendo. No tenía ni idea que había en él.
-Nos vamos. -  dijo Curran.
-Sí, es cierto. – Nosotros iríamos allí, pelearíamos, y volveríamos.
***
Alcanzamos nuestra primera tormenta un día después. El mar se agitaba y hervía, sus aguas eran gris plomizo y lanzaban espuma. Enormes olas ondeaban, cada una tan grande como una casa, y nuestra gran corte se balanceaba arriba y abajo, zarandeados como en un barco de papel. El agua golpeaba en el casco, y el buque se inclinaba hasta que pensaba que iba a volcar y que muchos de nosotros nos ahogaríamos, y entonces volvía a girar hacia el otro lado.
Saiman se había atado a sí mismo fuera. Cuando le pregunté a la tripulación para ver cómo estaba, me aseguraron que el barco necesita alguien afuera en el puesto de observación y que este era su pasatiempo favorito. Me metí en el puente y pude ver el exterior. El mundo parecía una pesadilla, con el viento y el agua enfrentados en un combate furioso  y primal. Saiman miraba hacia el viento con una gran sonrisa en su rostro salpicado de lluvia, mientras que el océano parecía que era una cadena de montañas en movimiento. Las olas se encrespaban y empapaban la cubierta, y desaparecerían de la vista detrás de una cortina de agua.
Mientras Saiman estaba llevando a cabo su locura  en el exterior, el resto de nosotros se acurrucó bajo cubierta. Uno a uno, todos nos reunimos en el comedor. Era o seguridad entre la multitud o la ansiedad en agradable compañía, o lo que uno hiciera. Eduardo y Barabas parecían estar teniendo el peor momento de todos. Eduardo estaba pálido y rezaba en silencio, mientras Barabas  se abrazaba a su cubo, y estaba verde. Finalmente Barabas nos informó que era probable que él muriera allí después de ser un vertedero y que  sentía que tuviéramos que compartirlo. Eduardo le dijo que se callara y se ofreció a lanzarlo en un bote salvavidas, y luego Barabas demostró que los weremongooses pasan de cero a cien en menos de un segundo y se ofreció a para entretenerse jugando con las agallas de Eduardo. Tuvieron que decirles que se sentaran en las esquinas separadas del comedor. Me acurruqué junto a Curran y me dormí. Si la nave decidía hundirse, no había mucho que pudiera hacer al respecto.
La magia de la tecnología se ahogó poco después de la medianoche. Por la mañana el mar se había suavizado y el barco había dejado de tratar de hacerse pasar por un marinero borracho al final de su primera noche de libertad.
Nos dieron el desayuno y me  escapé del comedor y subí a la cubierta. El mar estaba en perfecta calma, como un cristal translúcido e infinito, pulido con la suavidad del satén. Los motores de magia no hacían casi nada de ruido y el barco se deslizaba sobre las azules profundidades insondables. El océano y el cielo parecían interminables.
Observé el mar durante unos largos minutos y después me fui a explorar la cubierta. En la parte de atrás me encontré con un gran espacio libre marcado por la H. Un helipuerto. No había helicóptero a la vista.  Salí a la pista de aterrizaje. Un agradable espacio libre. Me sentía un poco apagada después de dormir en el suelo. Un poco de ejercicio me haría bien. Me estiré,  me giré y di una patada al aire. Y luego lo hice otra vez. Lancé una combinación rápida, salté y estrellé el pie en la barbilla de un oponente invisible.

-Un golpe de gracia. - dijo Curran detrás de mí.
Di un salto en el aire sobre un pie y logré aterrizar con cierta apariencia de dignidad. Se las había arreglado para sorprenderme otra vez. Era hora de salvar la cara.
-Nah. Eso no fue un golpe de gracia. Sólo le tambaleé un poco.
-No estaba hablando de la patada, nena.

Oh.
-Tranquilo,  pilosidad.
Yo retrocedí y  él extendí los brazos.
-¿Quieres jugar?
Se quitó los zapatos.
Cinco minutos más tarde, estábamos rodando por la pista de aterrizaje, mientras trataba de  sacar sus músculos de mi llave maestra, después golpeandome en el helipuerto.
-Finalmente me doy cuenta de vuestra mutua atracción, - dijo Saiman,  con su voz seca.
Miré hacia arriba. Estaba de pie a unos metros de distancia.
-Ilumínanos. - Curran trató de retorcerse para romper la llave. - Oh no, no lo hagas.
- Ambos pensáis que la violencia es un juego preliminar.
Me eché a reír.
Derek se acercó, moviéndose con ese paso de lobo lánguido, se quitó las botas y los calcetines, y se dejó caer sosteniéndose en un solo brazo. Seguía haciéndolo quince minutos después, cuando Barabas y Keira aparecieron en el helipuerto y comenzaron  a combatir. Barabas fue sorprendentemente rápido, pero Keira y Jim compartían claramente una reserva genética, porque ella seguía alcanzándolo.
Andrea y Rafael fueron los siguientes, y luego Eduardo, Jorge y Mahon también encontraron el helipuerto. Viendo a Eduardo y Mahón entrenarse era como ver a dos rinocerontes tratando de luchar. Chocaban uno contra el otro y luego permanecían hinchados y tensos durante diez minutos sin moverse un centímetro. Por último, con la cara roja, se separaron y se sacudieron.
-Gracias. - dijo Eduardo.
-Buen partido. - dijo Mahon.
Raphael se despojó de su camisa. Llevaba una camiseta sin mangas negra debajo que dejaba sus hombros al aire. Andrea levantó las cejas, apreciando claramente la vista. Raphael salió a la pista de aterrizaje con un cuchillo normal de seis pulgadas en la mano. Era la única arma permitida durante los desafíos de la manada, y durante el maratón de ataques con cambiaformas me gané mi lugar en la manada como "Señora Bestia",  había conseguido una buena demostración de mí misma. Barabas  se unió a Rafael. Se enfrentaron, a la velocidad del rayo, y bailaron en la pista de aterrizaje. La diferencia principal entre un espadachín y un combatiente a cuchillo no era la velocidad o la fuerza. Cuando un maestro de esgrima sacaba su espada, el desenlace no siempre era seguro. Ello podría suponer herir a su oponente o desarmarlo. Pero cuando un combatiente a cuchillo sacaba un cuchillo, tenía la intención de matar.
Tía B salió a la pista de aterrizaje con pantalones de yoga sueltos. 
-Estoy aquí para estirarme. Kate, ¿quieres ayudarme? 
- Por supuesto.
Treinta segundos más tarde, cuando estaba volando por el aire, decidí que no había sido la mejor idea.
-Ten cuidado. - dijo Doolittle. Se sentó en el borde, con un libro.
-¿Va a unirse a nosotros, Doc? -Preguntó Raphael.
-Estoy tomando el sol. - le dijo Doolittle. -Y disfrutando de mi libro. No me molestes con tus tonterías.
Barabas levantó una carpeta.
-Mientras estamos aquí, tengo que informaos sobre nuestra situación.
-¿Por qué no más tarde? - Dijo Keira. - Tengo planes.
-¿Qué planes? - Barabas la miró.
-Iba a ir a tener pensamientos profundos, al sol en alguna parte.
-¿Con los ojos cerrados? - preguntó George.
-Es posible.
- Que alguien se siente sobre ella antes de que  se escape.
 Barabas levantó la carpeta. 
-Es mi trabajo asegurarme de que no vayamos a ciegas  a esta aventura. Sois lo más importante, por lo que tendréis que pasar por esto, os guste o no.
-Pero. . .  – comenzó a decir Keira.
Curran la miró.
-Oh, está bien. - Se estiró en la cubierta. -Estoy escuchando.
-Todos habeis oído hablar de Desandra y los gemelos por ahora. - comenzó Barabas. -Sin embargo, esta lucha no es realmente acerca de los bebés. Se trata de territorio. Los Cárpatos forman una cadena montañosa en forma de C que se extiende hacia atrás a través de muchos países diferentes, entre ellos Polonia, Eslovaquia, Hungría, Rumania, Ucrania y Serbia. Estas montañas constituyen el área boscosa más grande de Europa y que contienen más de un tercio de todas las especies de plantas europeas.
Keira bostezó.
Barabas rodó sus ojos.
 -Aquí está el frente. Es un paraíso cambiaformas. Kilómetros y kilómetros de montañas boscosas, lagos, ríos, y un buen suministro de agua potable y caza. El terreno es escabroso y la población humana es escasa. Vosotros podríais deshaceros de un batallón de Rangers del ejército en los Cárpatos, y andarían vagando por años, disparando contra las sombras.
-Suena bien. - tronó Mahon.
-Lo es. El país de origen. Entonces este tipo, Jarek Kral, se ha figurado esto desde el principio. Él se abrió camino hacia la cima de una pequeña manada de lobos y pasó los siguientes veinte años asesinando, la negociación, y maquinando para obtener más tierras. Ahora controla una gran parte en el noreste. Es un poderoso hijo de puta, y tiene graves problemas para controlar su ira. Guarda rencor y nunca olvida un insulto. Había un Werebear quien dijo algo que a Jarek no le gustó. Tres años más tarde Jarek lo vio en una cena, se acercó, lo apuñaló con un cuchillo, le arrancó el corazón, lo tiró al suelo y lo pisó hasta hacerlo papilla. Y luego regresó a terminar su comida. Es famoso por ello. 
-Parece un hombre encantador. - dijo George.
-Aquí tengo una foto. - Barabas pasó una fotografía  a Eduardo a su izquierda.
-Jarek es un hombre poderoso, pero tiene un problema. En treinta años tuvo once hijos. Siete fueron lobos, dos fueron asesionados con su madre cuando una manada rival les tendió una emboscada, uno desafió a Jarek y perdió, y eso le deja con Desandra. Jarek es como nuestro Mahon. Para él todo lo que importa son dinastías y alianzas. Lo está matando el no tener un hijo.
Mahon suspiró.
-Esperad hasta que viváis el tiempo que yo. Y tengo un hijo. Yo no era su primer padre, eso es todo. 
Curran sonrió.
La fotografía de Jarek finalmente llegó hasta mí. Un hombre a su lado de unos cincuenta años tenía una expresión de burla e incredulidad en su rostro, como si hubiera pisado un gusano y estuviera asombrado de que la criatura se las hubiera arreglado para pegarse a la suela del zapato. Su cabello castaño ondulado caía alrededor de su cara, le llegaba hasta sus anchos hombros, pero no suavizaba el efecto de su cara. Las facciones de  Jarek estaban compuestas por grandes rasgos: grandes ojos bajo cejas espesas e inclinadas, nariz grande, boca grande, mentón firme y una mandíbula cuadrada. Era un rostro poderoso, masculino y fuerte, pero le faltaba refinamiento. No se veía como un matón, sino más bien como un hombre sin conciencia, que mataba porque le convenía.
No era el tipo de hombre con el que me gustaría cruzarme.
Curran miró por encima del hombro. 
-Sí. Es él.
Me apoyé en él y pasé la foto a Raphael.
-Así que volvemos a Desandra, - dijo Barabas. 
-Nadie quería aliarse con Jarek, porque no es precisamente un hombre de palabra. Así que negoció con su hija. Desandra es pobre. Sin embargo, su primer hijo heredará Prislop Pass. Es un paso en el norte de Rumania, en el límite de su territorio, y tiene una línea de ley que lo atraviesa. Si vas a Rusia, Ucrania o Moldavia a Hungría y Rumania, tienes que ir por ese paso. Lo que nos lleva a las otras dos manadas.

Levantó una foto. Mostraba una familia sentada alrededor de la mesa. Tres hombres jóvenes, una mujer de edad avanzada, y tres mujeres. 
-Volkodavi. Una manada mixta, parte polaca, parte de Ucrania, parte cualquiera. Están puliéndose los Cárpatos del este, en Ucrania, y el control de los cerros orientales. Aquí está Radomil, el primer marido de Desandra.

Barabas entregó la fotografía a Eduardo, quien la pasó a George. George parpadeó y se enderezó.
-Whoa.
-Lo sé, ¿verdad? - Sonrió Barabas.
Andrea se inclinó. 
-Déjame ver. No es mi tipo. - Ella se inclinó para mostrarla a tía B. B enarcó las cejas.
La imagen pasó de mano en mano hasta que finalmente la vi. Radomil era guapo. No había otra palabra para describirlo. Su pelo, de un rico rubio dorado, era ondulado, enmarcando un rostro perfectamente simétrico. Una generosa boca se estiraba en una sonrisa feliz mostrando los dientes blancos, un poco de barba en el mentón, los pómulos altos, y ojos verde botella, enmarcados en densas pestañas rubias oscuras.
Curran miró por encima del hombro y lo estudió con una expresión perfectamente neutral.
-El hermano mayor de  Radomil  y su bonita hermana cierran la manada, -dijo Barabas. -No sabemos mucho sobre ellos. Mirar aquí. 

Levantó otra foto. Dos padres y dos hijos mayores, ambos guapos, de pelo oscuro, ojos color avellana, con caras estrechas y pelo corto y mandíbulas cuadradas  y afeitados.

-Gerardo e Ignazio Lovari, hijos de Isabel y Cosimo Lovari. Estamos interesados en Gerardo. 
-No, querido,- dijo la tía B. -Estamos interesados en Isabella. Yo la conocía antes. Esa mujer gobierna Belve Ravennati. Todas las bestias salvajes de Ravenna responden ante ella incluidos sus dos hijos. Son una manada muy disciplinada. Mayormente lobunos y muy accesibles de mente.
-Tratad de recordar sus rostros. Todas estas personas estarán allí, - dijo Barabas. -Y eso nos lleva a nuestro amado destino. Actualmente estamos yendo a Abjasia. Es un disputado territorio en la frontera entre Rusia y Georgia, y todos los involucrados tienen que llegar a él directamente a través del Mar Negro. Una vez cada cincuenta o sesenta años, Rusia y Georgia tienen una guerra por él y cambia de manos. La manada local es una manada werechacal, no es grande, pero son suficientes para masacrar a muchos de nosotros. No sabemos nada sobre ellos. Pero sí sabemos varias cosas. -Barabas levantó un dedo.- Uno de ellos, la pareja alfa será el objetivo más probable.

Todo el mundo miró en nuestra dirección. Curran sonrió.
-Así es como yo lo haría, - dijo Mahon. -Dividir los alfas es dividir la manada. Si lo haces bien, la manada se volverá sobre sí misma.

Ser un objetivo no me emociona, pero no sería la primera vez.
Barabas levantó dos dedos. 
-Dos, que van a tratar de reducirnos.
-Sistema de compañeros, - dijo Curran. -Nadie va a ningún lado sin que alguien vaya con ellos. Elige tu compañero y sigue con ellos.
-Tres. - Barabas levantó tres dedos. -No confíes en nadie. No sé a dónde nos van a poner, pero no vamos a tener ninguna privacidad. Incluso si vuestras habitaciones están vacías, podéis estar seguros de que alguien estará escuchándoos respirar. No habléis de nada importante a menos que estéis al aire libre y se podáis ver una milla alrededor. 
-Y cuatro, - dijo Curran. -Vamos a ser provocados en todos los sentidos. En conjunto las tres manadas nos quieren allí. Individualmente, no. La única razón por la que quieren un arbitraje es que ninguno de las manadas es lo suficientemente fuerte para vencer a las otras dos. Si dos clanes combaten, el tercero va a destruir al vencedor.
-Así que incluso si ganas, pierdes, - dijo Andrea.
Curran asintió. 
-Para ellos, somos daños colaterales. Las manadas han hecho planes, y algunos de ellos dependerán de provocarnos para que respondamos con violencia. No importa lo que digan de vosotros, no dejéis que os inciten a lanzar el primer golpe. Nuestra conducta debe ser irreprochable.
-Esto va a ser muy divertido, - George murmuró con una voz generalmente reservada para lamentarse del trabajo extra apilado en tu escritorio a última hora del viernes.
-Tú lo has dicho. - Raphael sonrió. -Estas van a ser las mejores vacaciones que hayamos tenido jamás.
-Boudas. - George frunció la nariz.
* * *
Mientras que las grandes turbinas tecnológicas impulsaban a The Rush hacia adelante, el mar permanecía sin vida, pero tan pronto como el ruido desapareció, la vida se reunió alrededor de la nave. Delfines se estrellaban en el agua, lanzándose en el aire. A menudo, grandes peces irisados se unían a ellos, girando sobre el agua a medida que saltaban. Una vez una sombra enorme, en forma de pez, tan larga como el barco, se deslizó en silencio bajo nosotros y siguió su camino. Brillantes bancos de peces cremallera iban y volvían al lado de la embarcación.
A una semana de viaje vimos una serpiente de mar que nos iba a dar uso fuera de la pista de aterrizaje. El mar estaba liso como un espejo y de pronto una cabeza de dragón del tamaño de un coche se elevó por encima del agua sobre un elegante cuello. Las escamas plateadas brillaban al sol. La serpiente nos miró con ojos de color turquesa, tan grandes como neumáticos, y se sumergió bajo el agua. Saiman dijo que era sólo un bebé, o las cosas hubieran sido considerablemente mucho más difíciles.
En la mañana del día diecisiete, pasamos a través del Estrecho de Gibraltar. Era menos impresionante de lo esperado. La costa verde se extendió a un lado por un tiempo y luego se desvaneció en la nada. La falta de dramatismo fue totalmente decepcionante.
Apretamos. Tres días más tarde, me subí a  cubierta un hermoso día. Agua azul cristalina se extendía tan lejos como el ojo podía ver. Aquí y allá se distinguían los débiles contornos de los acantilados, indicios de islas lejanas, interrumpían el azul. Un diáfano velo de nubes emplumadas cruzaba el cielo como lanzas delgadas de hielo a través de una ventana de invierno. La magia había terminado, y The Rush se deslizaba por el agua,  como un ágil pájaro de acero.
Me senté con mi café. El viento agitó el pelo. Saiman vino y se paró a mi lado.
-Nunca te imaginé siendo un marinero", le dije.
"Nunca lo hice bien. Tenía diecisiete años cuando se me ocurrió subir a un barco de pesca del cangrejo por motivos completamente ajenos a la pesca. Olí la sal húmeda en el viento, sentí que la cubierta se movía, y no lo dejé durante tres años.  Era realmente feliz allí.  Prefiero los mares fríos. Me gusta el hielo. Es la llamada de la sangre, supongo. Aesir o Jotun, tú eliges.
-¿Por qué te fuiste?
Saiman negó con la cabeza.
 -No es algo de lo que me guste hablar. Basta con decir que hay momentos en los que pienso que debería haberme quedado.
Se inclinó hacia delante, oteando el horizonte, y por primera vez desde que salimos del puerto, su rostro era sombrío.
-¿Problemas?
Saiman asintió con la cabeza hacia el agua sin fin.
- Hemos cruzado el Egeo.
-¿Te preocupa  que la tercera edad comience a  bucear en los acantilados porque nuestro buque enarbola las velas equivocados?
Barabas deambulaba por la terraza y se paró a nuestro lado.
-Nunca entendí la leyenda de Teseo, - dijo Saiman. -O mejor dicho, entiendo su motivación para matar al minotauro en un esfuerzo por establecerse como un líder. Pero no puedo entender la lógica de tirarse al mar Egeo después.
-Él pensó que su hijo no había podido matar al minotauro y había muerto.  - le dije.
-¿Así que decidió desestabilizar el país y rendir tributo a una potencia extranjera aún más matándose a sí mismo y destruyendo la dinastía real establecida?  - Saiman negó con la cabeza. -Creo que está claro lo que realmente ocurrió. Teseo dirigió la invasión de Creta, destruyó su súper arma en forma de minotauro, regresó a su casa, e hizo su apuesta por el poder, empujando a su viejo y querido padre por un precipicio. Todo el mundo supuso que fue un suicidio, y Teseo llegó a fundar Atenas y Attica unificándolas bajo su bandera.
Barabas soltó una breve carcajada.
-Él está probablemente en lo correcto.
-Prefiero la otra versión.  - le dije.
Saiman se encogió de hombros.
-El romanticismo será su perdición, Kate. Y respondiendo a tu pregunta, yo no estoy preocupado por los griegos suicidas, sino por sus compatriotas más violentos. El mar Egeo es un refugio para los piratas.
Romanticismo será su perdición, bla, bla. 
-¿No es por eso por lo que tiene el arma montada en el frente? ¿O es por otras razones? Porque yo pensaba que un hombre con sus poderes estaría más allá de la necesidad de compensar.
Barabas sonrió.
-Me había olvidado de que hablar con usted es como tratar de acariciar a un cactus. - dijo Saiman secamente. -Gracias por recordármelo.
-Me alegro de hacerlo.
-No estoy compensando nada. Los piratas son de dos tipos. La mayoría de ellos son oportunistas, circunstancialmente homicidas, y conducidos por el lucro. Matan como medio para un fin. Evalúan un barco de este tamaño y se dan cuenta de que una batalla naval sería demasiado costosa y sus posibilidades de ganar, escasas. Desafortunadamente, hay un segundo tipo: los temerarios, los estúpidos y los locos. The Rush no les resultaría un impedimento, por el contrario, ellos lo verían como un gran premio. Capturarlo sería a la vez obtener un buque insignia con una decente capacidad armamentística y permitirles hacerse con una reputación. No se puede razonar con…

Un pequeño barco de vela giró alrededor del borde occidental de la isla más cercana. Saiman miró. Otro barco se unió al primero, y luego un tercero, un cuarto. . .
Saiman dio un largo suspiro. 
-Bien. Por favor, vaya y encuentre a su bestia, Kate. Estamos a punto de ser abordados. 
-Yo voy.  - Barabas salió corriendo.
Más de una docena de botes se acercaban a toda velocidad hacia nosotros. Con la magia agotada, el arma gigante era inútil.
Una campana sonó: tres llamadas, pausa, tres llamadas, pausa. Una mujer gritó, con voz profunda,
  -¡Alarma general! ¡Todos a sus puestos de combate! ¡Alarma general!
-¿No deberías estar en el puente? - Le pregunté.
-El barco debe tener un solo capitán. - dijo Saiman. -Russell es suficientemente competente para atender cualquier emergencia, y yo no quiero desacreditarlo con mi presencia.
Los cambiaformas se extendieron sobre la cubierta, Curran a la delantera. Andrea blandió una ballesta. Rafael se acercó a su lado, llevando cuchillos. Los barcos se dirigían directamente hacia nosotros. El Señor de las Bestias frenó a mi lado.
-¿Está pensando en aplastarlos?
-Eso sería inútil. Sus barcos son más maniobrables. Ellos sencillamente se dispersarían.
Una persona del barco principal se zambulló en el océano. Eso debía ser una señal, porque los piratas comenzaron a caer por la borda al tiempo que sus barcos comenzaban a arder.
-¿Qué demonios? - Murmuró Eduardo.
-Como he dicho, estamos a punto de ser abordados.  - dijo Saiman con afligida paciencia.
Por encima de nosotros en la parte superior del bergantín, dos marineros tripulaban un polybolos, una máquina de asedio que se parecía a una ballesta con esteroides. Un arma antipersonal, un polybolos disparaba grandes saetas con precisión mortal, simplemente por diversión, y se auto-cargaba y repetía, como una ametralladora.
Figuras elegantes se desvanecieron en el agua hacia nosotros.
-¿Han entrenado a los delfines? - preguntó George.
-No exactamente. - Saiman retrocedió hacia el centro de la cubierta.
Los delfines se dispararon hacia The Rush prácticamente volando bajo las olas.
Yo desenvainé a Slayer.
-Formar un perímetro. - gritó Curran. –Dejémosles llegar a la cubierta, donde se está bien y seco. No dejéis que os tiren al agua.
Hicimos un círculo en el centro de la cubierta.
-Esto es ridículo. - dijo la tía B.
Keira se extendió. -Fun, fun, fun. . . 
Algo se estrelló contra el costado del casco. Una mano gris y deforme agarró el borde superior de la cubierta y una criatura saltó por encima de la barandilla y cayó, chorreando agua. Desnuda excepto por un arnés de cuero, se puso de pie sobre unas patas musculosas y cortas, encorvado, pero en posición vertical, el sol brillaba en su gruesa piel brillante. Su cuerpo era todo pecho liso, con un amplio tronco hasta la cintura. Sus anchos hombros sostenían dos enormes brazos con unas manos sorprendentemente pequeñas. Su cuello desproporcionadamente grueso, con una joroba en la espalda, sujetaba una cabeza armada con largas y estrechas mandíbulas de delfín llenas de dientes afilados. Dos ojos humanos nos miraban desde la gruesa cara materializada. Un gran hijo de puta. De al menos 400 libras.
Un weredolphin. Que me pellizque alguien.
Leyendas griegas hablaban de unos piratas que habían capturado  al dios Dioniso. Habían planeado violarlo y venderlo como esclavo. Furioso, él los transformó en delfines. Al parecer, sus descendientes estaban vivos y bien y todavía en el negocio familiar.
El pirata nos fulminaba con la mirada. Infierno de cuello. Atacar a la garganta estaba descartado.
Otros piratas saltaron por la borda. Uno, dos. . . siete. . . trece. Una docena de Baker. Esperad, quince. Dieciocho. . . Veintiuno. Las probabilidades no estaban a nuestro favor.
"
-Tal vez sólo vinieron a pedir prestada una taza de azúcar. - dije.
Andrea soltó una breve carcajada. Curran puso su mano en mi hombro.
 -Esa es una gran cantidad de azúcar. Debe ser un gran pastel.
El que dirigía a los weredolphin abrió sus mandíbulas, mostrando unos dientes diseñados para perforar a su presa durante la lucha y no dejarla ir. Comenzó a hablar en inglés, a media voz, destrozando el acento. 
-Danos tu nave y su carga se puede ir.
-Miente. - dijo Saiman. -Perdí dos buques gracias  a ellos en los últimos seis meses. Ellos hicieron una carnicería con nosotros como si fuésemos ganado por el bien de la carga.
- ¿Hablas griego? - Preguntó Curran.
Saiman se encogió de hombros. 
-Por supuesto.
-Pregúntale si él pensaba en esto.
Un lenguaje melodioso salió de Saiman.
El weredolphin miró  a Saiman como si le hubiera crecido una segunda cabeza.
-Deja el barco, - dijo Curran, profundizando su voz. Estaba a punto de explotar. -Y sobrevivirás. Esta es la única advertencia.
Saiman tradujo.
El delfín se echó hacia atrás y señaló a Curran.
 -Primero, te mataré. Y entonces violaré a tu mujer.
El oro ahogó los ojos de Curran. He visto a la gente que mete la pata por bocazas. Esa fue la primera vez que lo vi con una aleta.
El cuerpo de Curran explotó. El cambio fue tan rápido, que fue casi instantáneo. Un instante antes había un hombre a mi lado, y al siguiente un monstruo mucho más alto que yo, de siete pies y medio de altura. Piel gris cubrió los miembros musculosos, oscuras rayas fantasmagóricas se entrecruzaban como si fueran las marcas de un látigo. La boca de león colosal se abría, mostrando los colmillos cimitarra, y un gran rugido brotó, peligroso, brutal, áspero, primal en su furia y poder absoluto, como un desafío de batalla liberado por un tornado. Algo que te golpeaba de lleno en el estómago, sin pasar por la lógica y el pensamiento, en el conjunto de nervios que hacían que te congelaras. Lo había escuchado decenas de veces y todavía me impactó.
Los weredolphins nunca lo habían oído antes, y por eso hicieron exactamente lo que la mayoría de la gente cuando se enfrenta a un león enfurecido. Se encogieron, paralizados.
Me lancé hacia adelante, aprovechando la impresión. El jefe pirata me vio y levantó el brazo para evitar el golpe. La espada de Slayer, cortó a través de la carne y el hueso de la estrecha muñeca como un cuchillo en mantequilla caliente. La mano cayó sobre la cubierta. El pirata agarró el muñón de su brazo y gritó, un agudo chillido estridente. Enterré mi espada en su estómago y le destripé desgarrándolo.
Los piratas me rodearon. Detrás de mí, los cambiaformas gruñían, en un coro aterrador: el profundo rugido de los Kodiaks padre e hija se mezclaba con los aullidos de los lobos y el gruñido cabreado de un jaguar, mezclado con la psicótica carcajada de las hienas.
Trinché el pecho del atacante más cercano, a continuación, le acuchillé el lado del segundo y le reduje con un corte en el cuello. El olor de la sangre llenaba el aire. Detrás de mí, Derek se movió, rompiendo el cuello y las extremidades de los piratas que estaban sangrando antes de que tuvieran la oportunidad de recuperarse.
Rebané una boca abierta a través de la ingle de una weredolphin. Se dejó caer, chasqueando los dientes hacia mí, y a través de la brecha en los cuerpos, vi a Curran recoger a uno de los piratas en la cubierta y romperle la espalda sobre su rodilla. Arrojó el cuerpo inerte a un lado. La boca de león gigante se abrió. Seguidamente mordió el hombro de alguien. Los huesos crujieron, seguidos de un grito desesperado que helaba la sangre.
A la izquierda una gran weredolphin cargó hacia adelante, empujando cambiaformas fuera de su camino. La ballesta se quejó, cortando el aire, y brotó en sus ojos. El weredolphin se giró y la pesadilla de rayas de dos metros de alto que era la tía B se abalanzó sobre él, cortando el vientre abierto. Hundió la mano profundamente en la herida y arrancó un puñado de agallas pálidas. Seguí moviendome, rebanando mi camino a través de los cuerpos brillantes de color gris.
Unos dientes mordieron mi  brazo, rasgando en el músculo.  Invertí mi espada y clavé a Slayer profundamente en el cuello del weredolphin. Él balbuceó. La sangre manaba entre sus dientes, quemando mí herida como la magia en mi sangre reaccionó a la Lyc-V en la suya. Giré la hoja, rasgando a través de su garganta. El pirata se hundió. A mi izquierda, dos weredolphins chocaron con Eduardo a toda velocidad y cayeron fuera de la cubierta.
Mierda. En el agua tenían ventaja. Cambié de dirección, tratando de hacerme camino a un lado.
Otro pirata me cerró el camino. Lancé una estocada. Se giró cuando lancé mi golpe, y la hoja atravesó la gruesa protuberancia del cuello. El delfín gritó y se estrelló contra mí. El impacto me hizo caer. Volé un poco y golpeé la cabina de espaldas con un ruido seco. ¡Auh!.
El delfín se lanzó a por mí, demasiado rápido para evitarlo, demasiado pesado para empalarlo. Levanté la pierna izquierda. El cuerpo me golpeó, el peso entero aterrizó sobre my pierna. Los dientes curvados del delfín rompieron mi cara. Hijo de puta pesado. Gruñí, doblando la rodilla más, y lo deslicé a la derecha sobre la punta de mi espada. Agradable y fácil.
Se sacudió, agitándose en la hoja, como si hubiese impactado con un cable de alta tensión, su peso inmovilizaba mis piernas. Saqué mi cuchillo de lanzar con la mano izquierda y se lo clavé en el costado, convirtiendo sus entrañas en papilla. El delfín se convulsionó. Sus dientes rasgaron mi ropa, arañando mi costado. Le apuñalé una y otra vez. La sangre mojó mi mano, rociándome en la cara como una niebla caliente. El pirata gritó, un grito desesperado de tono alto que se convirtió en un murmullo, y se dejó caer encima de mí. Los cuatrocientos y tantos kilos inmovilizándome. Forcejeé. El cuerpo no se movió. Maldición.
De repente, el peso desapareció. El delfín flotaba a un metro por encima de mí y fue lanzado sin miramientos a un lado. Un monstruo gris manchado de sangre se agachó a mi lado.
Curran.
-¿Estás tomando una siesta? Vamos, Kate, te necesito para esta pelea. Deja de fingir.

Usted hijo de puta. Me di la vuelta sobre mis pies y cogí mi espada.
-Te crees muy gracioso.
A weredolphin se lanzó a por nosotros desde la derecha. Curran le puso la zancadilla y le agarró por el hombro, tirando de él hacia atrás, cortó la garganta del pirata y le perforó el corazón con dos rápidos golpes.
-Simplemente digo, que tienes que aguantar tu propio peso. Un cuerpo ardiente y coquetear sólo te va a llegar más lejos.
Cuerpo ardiente y coquetear, eh. Cuando estoy  matando gente. . . 
-Todo lo que hago, lo aprendí de ti, chico juguete.
Otro pirata se lanzó sobre nosotros. Me dejé caer, cortando los tendones de detrás de su rodilla, mientras que Curran le dio un cabezazo y le arrancó la garganta. El pirata cayó.
-¿Chico juguete?, preguntó Curran.
-¿Preferirías hombre caramelo?
La cubierta estaba repentinamente vacía. La sangre untaba el barco. Cadáveres grises yacían aquí y allá, desgarrados y atacados salvajemente por las garras y los dientes. Un gran oso peludo Kodiak merodeaba por la cubierta, su boca chorreaba sangre. El último pirata seguía en pie y corría hacia Andrea y Rafael, cerca de la proa. Andrea levantó la ballesta. Ella todavía estaba en forma humana. Raphael estaba junto a ella, ligeramente sobre sus pies, sus cuchillos goteaban rojo. Un rastro de cadáveres llegaba hasta ellos, erizados de flechas de ballesta. El pirata se lanzó sobre ella. Le hundió dos piezas en la garganta. Él balbuceó, su impulso lo llevaba hacia delante. Raphael le agarró a tres metros y lo mató en una furia de golpes precisos.
Junto a ellos una pantera negra del tamaño de un pony golpeó un weredolphin con una enorme pata. Dividió el cráneo del cambiaformas, aplastándolo como un huevo bajo un martillo.
A la izquierda, una criatura humanoide se arrastraba sobre la cubierta, delgado, peludo, con una cabeza redonda y orejas redondas cortas. Desproporcionadamente largo, garras afiladas marrones sobresalían de sus dedos de gran tamaño. Se estiró y se arrastró otra vez, el cuerpo mucho más grande sobre la cubierta. Aterrizó en un poco de agua y un enmarañado montón de piel marrón, se dio la vuelta, y vomitó agua salada de un medio humano - medio bisonte. Eduardo.
La bestia rojiza se arrodilló a su lado, dejando al descubierto los dientes blancos y afilados. Sus ojos de color rojo brillante, el color de una fresa madura, tenían una pupila horizontal, como la de una cabra. Estos le daban un aspecto demoníaco. Yo solo conocía un cambiaformas con ojos así-Barabas.
-¿Por qué no sabes nadar? - Su dicción era casi perfecta.
Eduardo descargó más agua en la cubierta. 
-Nunca lo necesité.
-Estamos cruzando un océano. ¿No se te ocurrió aprender? 
-Mira, lo he intentado. Entro en una piscina, muevo mucho las piernas, y luego me hundo.
Por el frente la flotilla de barcos huyó detrás de la isla. Cuerpos cubrían la cubierta. Conté. Catorce. Ninguno de ellos nuestro. Estábamos sangrando, heridos, pero vivos. Los piratas no.
¡Qué desperdicio de vida!
Y me encantó. Me encantó cada segundo de ello: la sangre, la prisa, la satisfacción embriagadora de golpear y ver el corte o la estocada encontrar su objetivo. . . Voron había tenido éxito. Fui criada y entrenada para ser una asesina, y nada, ni siquiera las felices semanas pacíficas en la Torre del Homenaje, con el hombre que amaba, podría cambiar eso.  Había aceptado lo que era hacía mucho tiempo, pero a veces, como en aquel momento, mirando por encima de la cubierta sembrada de cadáveres, sentía una pena en silencio por la persona que podría haber sido.
Curran, desnudo y cubierto de sangre, envolvió su brazo ahora-humano a mi alrededor. 
-¿Estás bien? –Me preguntó en voz baja.
Asentí con la cabeza.
-¿Y tú?
Él sonrió y me apretó contra él. Mis huesos crujieron.
-Felicidades. – apreté hacia fuera. -He sobrevivído a la pelea, pero tu abrazo me está matando.
Él sonrió y me soltó. Ambos lo hicimos.
-Tenemos uno vivo. –Gritó Raphael.
Cruzamos la cubierta hasta donde él estaba en cuclillas. Había un joven, tal vez de veinte años, con una masa de rizos oscuros, que caían por su espalda, su pierna derecha retorcida en un ángulo extraño, con el rostro contraído por el dolor. Raphael tenía la punta de su cuchillo sobre el hígado del hombre.
La mirada del hombre estaba fija en Saiman. Él levantó la mano y le dijo algo, sus palabras salieron a borbotones rápidamente.
Saiman le preguntó algo. El hombre le contestó.
Saiman se volvió hacia Curran. 
-Tiene información que podría ser de especial interés para ti. Él te dirá que si le pones en libertad, etcétera, etcétera…
-Bien. - dijo Curran.
Saiman asintió con la cabeza al hombre. El pirata le dijo algo vacilante y me miró. Saiman me miró también.
-¿Qué?
Saiman se volvió hacia Curran. 
-Parece que esto es sólo para sus oídos. Creo que sería mejor para ti tener esta conversación en privado.
-Dadnos un poco de espacio. - dijo Curran.
La gente se movió hacia atrás.
-¿Quieres que me quede? - Le pregunté.
Él extendió la mano y me apretó la mía. 
-No.
Me marché con los demás. Saiman se inclinó y le susurró algo a Curran. Hablaban en voz baja. Saiman preguntó al hombre algo. El hombre contestó. Saiman lo retransmitió de nuevo.
Curran se volvió, su cara estaba oscura. Todo rastro de humor huyó de su expresión. Se encontró con mi mirada y no dijo nada. Eso no era bueno.
-¿Cómo puedes soportarlo? - Andrea murmuró a mi lado. 
-No me molesta.
-Yo no le conté a él lo del rescate de Saiman.
 - murmuré de nuevo. -Si él tiene que mantener algo en privado, lo acepto. Cuando esté listo, él me lo dirá.
-Encerrad a este hombre. - gritó Saiman.
Dos marineros llegaron, recogieron al pirata, y se lo llevaron.
-Vamos a limpiar este lugar. -gritó Curran.
La gente se extendió. Se acercó a mí.
-¿Malas noticias? - le pregunté.
-Nada que no podamos afrontar.
Asentí con la cabeza hacia él y nos fuimos a ayudar a fregar la sangre derramada de la cubierta.


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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por lulila el Sáb Sep 21, 2013 2:50 pm

Gracias
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Merry el Lun Sep 23, 2013 3:29 pm

mmmmm...  Una delicia leer dos capítulos seguidos: peleas, secretos y un montón de personajes interesantes  Laughing   Gracias.
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Sean SIMPATICOS soy nueva :)

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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por KuroNeko el Miér Sep 25, 2013 4:05 pm

Aquí va:

Traducido por su servidora.



Capítulo 6
Traducido por KuroNeko



Llegamos al puerto de Gagra al atardecer. Primero vimos las montañas, picos bajos triangulares enfundados en vibrantes colores verde esmeralda, como si fuese un manto de musgo denso. La puesta de sol detrás de nosotros se desplazó a la derecha cuando el barco se fue a un puerto protegido. Las aguas profundas, casi púrpuras del Mar Negro se aligeraron en azul.
Doce de nosotros estábamos allí, en la cubierta. Los cambiaformas parecían inquietos. Incluso George, que por lo general siempre tenía una sonrisa, parecía sombría. SeSe paró junto a su padre, abrazándose a sí misma, mientras el viento agitaba las espirales oscuras de su cabello.
-¿Estás bien galletita? -dijo Mahon.
-Tengo un mal presentimiento sobre esto- murmuró. -Eso es todo.
-¿Debo izar la bandera?- preguntó Saiman.
-Sí- dijo Curran.
La bandera de rayas gris y negras de la manada con una pata de león negra en ella se levantaba en el mástil.
La orilla se acercaba. Las montañas entraban y salían del mar en suaves curvas, tomando sus raíces en el agua. La playa era una estrecha franja de tierra pedregosa. Pilares de piedra se extendía hacia las olas, como si nos hiciesen señas, y detrás de ellos, los edificios de piedra blanca se asentaban en la ladera de las montañas; sus columnatas frente al mar. Parecían griegas para mí, pero la mayoría de lo que sabía de Grecia vinía de libros.
El agua se volvió de color turquesa. La Rush se enlenteció, luego se detuvo.
-¿Qué estamos esperando?- pregunté.
-Una señal desde el puerto- dijo Saiman. -Yo sugeriría reunir sus pertenencias.
Ya las llevábamos. Todo lo que tenía la intención de llevar conmigo estaba en una mochila, que Barrabás confiscó inmediatamente. Al parecer, como una alfa, no se me permitía llevar mi propio equipaje.

Veinte minutos más tarde, una llamarada azul desde el muelle.

-Tenemos paso a la tierra- dijo Saiman.-Una vez que desembarque, me marcharé. Tengo negocios en Tuapse, Odessa y Estambul. Volveré dentro de una semana o algo así.
Eso me vino muy bien. Saiman le encantaba divertirse, y ya tendríamos las manos llenas sin tratar de contenerlo.
Quince minutos más tarde, la tripulación estaba atando las amarras en el muelle. Me puse de pie en la cubierta llena de gente, Curran a mi lado. La ansiedad de George me afectó. Yo quería salir del barco. Quería ver a Desandra y ponerme a trabajar. Desafortunadamente, si empezaba a dar vueltas como un tigre enjaulado, tendría inmediatamente a nueve personas diciéndome que no era adecuado.

-Un comité de bienvenida- anunció Rafael.
Me volví. Catorce personas corrian hacia nosotros a lo largo del muelle. Seis pares de hombres con abrigos oscuros, ceñidos a la cintura. La mayoría eran de pelo oscuro, castaño y fino. Unos pocos tenían barbas cortas. Cada uno llevaba un fusil al hombro y una daga en su cinturón. Se veían como una bandada de cuervos negros volando en dos líneas.
Dos mujeres caminaban delante de ellos. La primers llevaba una blusa de color azul oscuro y pantalones vaqueros. Era de mi edad, de pelo oscuro, la piel de un bronce claro, su pelo recogido en una trenza. Su rostro era interesante, con grandes rasgos audaces: ojos grandes, boca grande, nariz fuertemente afilada. La chica a su lado parecía estar en la cúspide de sus veinte años. Más baja, más pálida, con una cintura delgada; llevaba un vestido blanco. El viento movía de la cascada de su pelo marrón chocolate y su ropa, y la tela diáfana flameaba, haciéndola parecer etérea y ligera. Ella casi flotaba sobre el duro hormigón.
La muchacha hizo un gesto. -¡Curran!

Ella lo conocía.
Curran maldijo entre dientes. -Maldición. La arrastraron a esto.
Al parecer, la conocía también.
-Curran- Ella agitó de nuevo, parada de puntillas sobre sus pies, y se apresuró hacia nosotros.
-¿Lorelei?- Curran llamó.
La chica sonrió. Guau. La noche acaba de volverse un poco más brillante.

Los marineros bajaron la pasarela y Curran empezó a bajar en el momento en que sonó contra el muelle. Al parecer, no podía esperar para reunirse con ella.
-¿Quién es Lorelei?- le pregunté en voz baja.
-Lorelei Wilson- dijo Mahon. -La hija del alfa de la Furia de Hielo.
El padre de Lorelei encabezaba la manada de Alaska, la manada de cambiaformas más grande de los Estados Unidos. La que se había ido con su madre cuando Wilson y su esposa europea se divorciaron. Bueno, si no era divino.
-¿Cómo te tentarías al Señor de las bestias?- murmuró Barrabás. -Sencillo. Ofrécele una princesa cambiaformas.

Tía B se acercó suavemente a la parte posterior de su cabeza.
-Ya la odio.- Andrea me dijo. -George la odia también ¿verdad George?
-Creo que ella es adorable.- George se puso a mi lado. -Hay que darle leche y galletas, y si ella promete estar tranquila, se puede sentar en la mesa de con los grandes.
-Muestra un poco de respeto- dijo Mahon. -Ella es la heredera de la Furia de Hielo.
George arqueó las cejas hacia él. -¿De verdad papá?
En el muelle, Curran alcanzó la procesión. La mujer de azul se inclinó. Lorelei dio un paso adelante con los brazos levantados para un abrazo, luego se detuvo bruscamente, como si se detuviera a si misma, y también se inclinó. Curran dijo algo. Ella sonrió de nuevo. Toqué la empuñadura de Asesina sólo para asegurarme de que estaba allí.
-Diplomática, Kate- Barrabás sugirió en voz baja. -Diplomática.
Me acerqué a él. -Averigua quién la invitó, quienes son sus adeptos, y quién tira sus cuerdas.
Él asintió con la cabeza.
Fui por la pasarela. El hormigón bruto estaba seco bajo mis pies. Logré una lenta marcha deliberadamente y el muelle parecía durar para siempre. ¡Necesitaban hacerla tan larga? ¿Iban a estacionar un vehículo en ella?
Finalmente llegué dentro del rango de audición.
-Has crecido- Curran estaba diciendo.

-Ya han pasado diez años.- La voz de Lorelei tenía un pequeño acento. No era francés, no era italiano. -Acabo de cumplir los veintiún años.
Me acerqué a ellos. Lorelei tenía unos ojos azules impresionantes, grandes y pálidos, enmarcados con pestañas densas. Pómulos altos, suavizadas por piel suave y un toque de redondez que venía de ser joven, un estrecha pequeña nariz, una boca rosa llena. Su cabello, de un color marrón rico, caía sobre sus hombros en ondas relajadas. Ella irradiaba juventud, belleza y la salud. Se veía. . . fresca. Yo era sólo cinco años mayor que ella, pero de pie junto a ella, de repente me sentí vieja.
Curran la estaba mirando. No de la misma forma en que me miraba, pero él estaba observando. Una extraña sensación se encendió en mí, caliente y enojada; picor garganta, sentí dentro unas afiladas agujas calientes, y me di cuenta de que era envidia. Creo que había una primera vez para todo.
-¿Has visto a mi padre?- preguntó Lorelei. -¿Cómo está?
-Yo lo vi el año pasado- dijo Curran. -El es el mismo de siempre: duro e intratable.
Llegué a estar junto a él.
Lorelei enarcó las cejas. Sus ojos se abrieron, y un brillo de color verde pálido rodeó sus iris. 
-Tú debes ser la consorte humana.
Sí, soy yo, la enferma humana. -Mi nombre es Kate.
-Kate- repitió, como si saboreara la palabra. -Es un honor conocerte.

Curran le sonreía, la sonrisa caliente guapa que solía hacer mejor mi día. Empujar a Lorelei al el océano no sería diplomático, aunque tenía muchas ganas de hacerlo. –Lo mismo digo.
-He oído hablar mucho de ti. Pero, ¿dónde están mis modales? Debes estar hambriento y cansado.
La mujer de azul dio un paso adelante, moviéndose con la gracia de un cambiaformas. Sus ojos brillaron verdes, reflejando la luz del barco. Así que estos eranlos mencionados por Barrabás cambiaformaschakales locales. Sus ojos me dijeron que había estado allí y había hecho eso, y no daba una sangrienta camiseta por tu problema.
La mujer de azul se inclinó. -Mi nombre es Hibla. Estoy aquí para ser su guía. 
Señaló a los hombres a su lado. –Somos los Djigits de Gagra.
Yo había leído sobre Abjasia. "Djigit" quería decir jinete experto o un feroz guerrero. Los djigits se volvieron hacia mí, la luz del sol de la tarde se capturó en sus ojos. Sí, todo el mundo era un cambiaformas excepto yo.
-Nosotros le acompañaremos a sus aposentos cuando esté listo- dijo Hibla.
Curran saludó al barco. Nuestro pequeña manada comenzó su descenso hasta el muelle. Unos momentos y ellos estaban detrás de nosotros.
Lorelei se inclinó ante Mahón. -Saludos al Kodiak de Atlanta.
Mahon sonrió en su barba. -¿Qué pasó? La última vez que te vi, estabas así de grande.-Extendió el brazo al nivel de su cintura.
Lorelei sonrió. -Yo no era tan baja.
Mahon rió.
La Tía B estaba al lado, sonriendo tan brillantemente, que necesitaba cortinas. Su voz era lo suficientemente dulce como para untar tostadas. -Así que tú eres la hija de Mike Wilson. Debe estar muy orgulloso. ¡Qué hermosa eres. 
-Gracias.- Lorelei casi brillaba.

Oh, ingenua. Cuando un bouda te sonríe, eso no es una buena señal. Sobre todo una bouda en particular.
-En nombre de Gagra, estoy aquí para ampliar la hospitalidad de mi hermosa ciudad para ti.
- dijo Hibla. -Gagra le da la bienvenida con todo su calor, sus lagos y cascadas, sus playas y huertas. Pero ser prevenidos, si usted viene aquí con intenciones violentas, vamos a dejar sus cadáveres para los cuervos. No tenemos ningún problema en asesinarlos a todos y a cada uno de ustedes.
-Un discurso impresionante- le dijo Keira. La hermana de Jim estaba sonriendo, y no se veía agradable.
-Gracias. He trabajado duro en él. Por favor, síganme.
Nosotros bajamos por el muelle y en la carretera pavimentada con piedra. Hibla mantenía un ritmo acelerado, recitando con voz gutural y un ligero acento. -Bienvenido a Abjasia. La ciudad de Gagra es el lugar más caliente en el Mar Negro. Tenemos un microclima maravilloso con inviernos templados y veranos agradables. Va a encontrar los más exquisitos monumentos aquí.
Era como si estuviera leyendo una guía de viajes invisible.
Curran estaba mirando a Lorelei mientras caminábamos.
-Cultivamos una variedad de frutas: melocotones, nísperos, albaricoques, granadas, mandarinas, limones y uvas. Nuestra región es famosa por sus vinos. 
Eso está bien. Tal vez podría encontrar una botella de vino lo suficientemente grande como para golpear a Curran en la cabeza y meter algo de sentido en él.
-¿A qué manada sirves?- Preguntó Barrabás.

-Los Djigits de Gagra no están afiliados con ninguno de nuestros huéspedes. Nuestra lealtad es para la manada local y para el señor del castillo.
Era como si hubiera entrado en un mundo diferente. Al otro lado del océano había rascacielos derruidos. Aquí había castillos y señores. Bueno, técnicamente La Fortaleza era una especie de castillo y el pueblo llamaba señor a Curran, pero los cambiaformas de casa dirían que era una simple eficiencia, la forma en que uno diría señor. Aquí se decía con una reverencia solemne.
-¿Es el señor del castillo un cambiaformas?- preguntó Curran.
-No, él es un ser humano- dijo Lorelei.

-El Señor Megobari es un amigo- dijo Hibla. -Nuestra economía siempre fue impulsada por el turismo. Después del Cambio, la región se derrumbó. Habíamos sido maltratados por los desastres naturales y la guerra. Nuestra ciudad y nuestras vidas estaban en ruinas. La familia Megobari nos ayudó. Construyeron hospitales, restauraron las carreteras, y trajeron negocios para nosotros. No piden nada a cambio, excepto nuestra protección, que es dada libremente y con mucho gusto.
Okay. La familia Megobari eran claramente santos, y la manada de los chacales locales moriría para mantenerlos respirando. Teniendo en cuenta cómo los hombres nos miraban, teníamos que asegurarnos de no ofender al anfitrión, ya que estos cambiaformas Djigit tomaron sus funciones mortales en serio.
Todos seguimos a Hibla a través de la ciudad. Las lámparas feéricas en Gagra brillaban de color lavanda pálido, convirtiendo la sólida piedra de los edificios en un débil espejismo. Magia fluía por las carreteras estrechas y curvadas. Pequeñas calles aseadas, algunas empedradas, algunos pavimentadas ruinas todavía fértiles, corrian a lo largo de la montaña, todo a lo largo de  la pendiente, bordeado por casas de todas las formas y tamaños. Arquitectura persa, griega y moderna chocaban, como estelas de tres naves diferentes.
Pasamos junto a una mansión señorial que podría haber sido construida para un príncipe árabe. Se levantaba, flanqueada por palmeras, tres historias de estrechas ventanas con arcos, parapetos texturados, y la pared tenía esculturas de piedra que parecían tan ligeras y delicadas como el encaje. En un momento debe haber sido de un blanco que brillaba intensamente, pero ahora se había despojado de su pintura, y las paredes verdes se veían a través. Un edificio griego de columnas dóricas del color de la arena siguía, e inmediatamente después, las ruinas de un moderno edificio de apartamentos se hallaban esparcidas por la ladera de la montaña. El resto del mundo parecía a un millar de kilómetros de distancia. Si alguna vez nos cansamos de la manada o de vivir a la espera de ser descubierta por Roland, podríamos encontrar algo como esto, un tranquilo rincón aislado del mundo. Nadie jamás nos encontraría aquí.
Bueno, nadie excepto Lorelei.
-¿Cuando viste a mi padre, no me mencionó?

-No- le dijo Curran. -No fue una reunión social. Estoy seguro de que piensa en ti a menudo. 
Otro edificio una vez bella y ahora-eviscerado. Contaba las historias. Siete. Demasiado alto. La Magia odiaba los altos edificios modernos y los atacaba con prejuicio extremo. Este edificio estaba definitivamente abandonado, los agujeros negros de sus ventanas vacías mostraban un interior carbonizado. Cuando las ondas mágicas tiraban una estructura, mordían elpolvo primero. Éste no mostraba signos de daño post-cambio.
-¿Qué pasó aquí?- pregunté.

-La guerra- dijo Hibla.
-¿Con quién se peleaban?- preguntó George.
-Nosotros mismos. Abjasia está en la frontera entre Rusia y Georgia. Hace cincuenta años lucharon. Los vecinos se volvieron contra sus vecinos. Familias divididas. Rusia ganó. La ciudad quedó limpia.- Escupió la palabra como si estuviera salpicada de cristales rotos. -Todo el que era georgiano fue asesinado o exiliado.- Ella asintió con la cabeza en otro edificio con ventanas tapiadas. -La ciudad fue marcada para siempre. La magia ha destruido los otros edificios, pero las ruinas de la guerra permanecen.
-Es una vergüenza- dijo la tía B. -Tu ciudad era hermosa.
-Ella va a ser hermosa otra vez- dijo Hibla.
Seguimos subiendo, cada vez más alto. La carretera de la ciudad se reducía. Árboles densos en ambos lados bloqueaban la vista, sus ramas trenzadas con lianas. Diminutas luciérnagas flotaban en la brisa. De repente los árboles terminaron y salimos a una plaza. A la izquierda, muy por debajo, el mar infinito lamió la estrecha franja de la costa. Hacia adelante, las montañas curvadas suavemente por las olas.
-El castillo.- Hibla señaló a la derecha, detrás de nosotros. Me volví. Un enorme castillo de piedra coronaba la cima de la montaña, sus paredes de piedra subían como la extensión natural de la roca viva. Torres rectangulares anchas se disparaban bajo techos de color azul pálido. Las banderas largas y estrechas que vuelan en las agujas finas en el enorme edificio de la torre principal siguen atrapanado los últimos rayos del sol poniente y brillaban como si fueran de fuego.
-¿Qué edad tiene el castillo?- Preguntó Mahon.
-Hemos celebrado su vigésimo aniversario el pasado otoño.
Guau. Post-cambio. La cantidad de trabajo que esta estructura debío haber tomado era asombroso. ¿Cómo diablos incluso consiguieron subir grandes piedras por la montaña?
-Por favor.- Hibla nos invitó con un gesto de la mano. -Por este camino.
Subimos la montaña a un ritmo acelerado. Más rápido y había tenido que empezar a correr. El camino era empinado y la luz se estaba muriendo rápidamente. Diez minutos después, rompí a sudar. Los cambiaformas a mi alrededor parecían frescos como una lechuga.
-Debe ser muy agotador para la Consorte.- dijo Lorelei junto a mí.
Eso fue un poco inesperado. ¿Estaba realmente preocupada?
-El camino es empinado y ella no tiene el beneficio de la visión nocturna.
Ella estaba mirando a Curran. No, ella no estaba comprobando si estaba bien. Ella estaba hablando de mí como si yo no estuviera ahí. La forma en que se podría decir, ¿Está su perrito sediento? ¿Necesita un recipiente con agua?
-¿Tal vez podría ser llevada. . . ?-  sugirió Lorelei.

Por el rabillo de mi ojo vi a Barrabás y a George congelarse. Sí, ya sé que he sido insultada. Cálmense. -Gracias por tu preocupación. Yo puedo manejarlo.
-Por favor, no es ningún problema en absoluto. Podrías hacerse daño. Sé que incluso algo menor, como un tobillo torcido presentaría un gran problema para un ser humano. . . -
No golpear a la princesa de la manada, no golpear a la princesa de la manada. . .
-No queremos que luches para mantener el ritmo.
Bueno, ella fue demasiado lejos. Le di una grande y bonita sonrisa.
El rostro de Curran se encajó en una expresión neutral. -Acabamos de llegar, bebé. Es demasiado pronto para empezar a matar gente.
Los ojos de Lorelei se agrandaron. -No quise hacer ninguna ofensa.
Sí, quisiste.
-Lo siento mucho. Yo sólo estaba preocupada. Por favor, perdóname.
Y ahora lo que dijera con cualquier atisbo de hostilidad me haría quedar como el culo. Me habría más hábil. Bien. Siempre habría una próxima vez. -No te preocupes por eso.
Doblamos la esquina. El castillo se alzaba delante de nosotros, sorprendentemente enorme. Tú podrías meter al menos dos Fortalezas entre sus paredes. Las paredes eran gruesas, también. Tenía que ser algo más que un par de metros de profundidad.
Hibla levantó la cabeza y aulló, un aullido de chacal fantasmal, agudo. El sonido rodó por delante de nosotros, fluyendo hacia el cielo. Otros respondieron con aullidos. Metal sonó y las enormes puertas se abrió.
Hibla se inclinó. -Mi señor y mi señora. Bienvenidos al Castillo de Megobari.
Tomé una respiración profunda y caminé junto a Curran dentro  del castillo.
***
Yo tenía razón. Las paredes eran de dos metros de espesor. Conté seis catapultas y cuatro cañones antipersonas de alto calibre en las paredes, y eso era sólo lo que pude ver. Este castillo fue construido para resistir un asalto de atacantes sobrenaturales. La familia Megobari tenía algo de efectivo serio para repartir, y lo había usado para armarse hasta los dientes.
Le di un codazo a Curran. -Su castillo es grande.
Me guiñó un ojo. -El mío es más alto. No es el tamaño del castillo. Es lo que haces con él.
No había guardias obvios vigilando la puerta, pero al pasar por debajo de la reja, me sentí observada. Yo estaba un cien por ciento segura de que si hacía un movimiento brusco, alguien me tiraría un flechazo. La pregunta era, ¿se molestarían con un disparo de advertencia? Yo no quería tener que probar esa teoría.
Cruzamos el patio interior y seguimos a Hibla en el edificio principal. Después de la ciudad, que tenía media tallas y molduras se espera, pero el interior del castillo era tan carente de ornamentación como el exterior. Piedra marrón, pasillos rectos como una flecha, ventanas en arco. No había puertas, pero sí algunos nichos, colocados de tal manera que si el castillo era violado, un par de luchadores con poder de fuego a distancia podría mantener a raya a una inundación de atacantes. Todo era funcional, sólido, y meticulosamente limpio.
Pasamos a un par de hombres cambiaformas en el pasillo, ambos rubios. Ellos nos miraban con hostilidad evidente. Miré hacia atrás. Mirar es gratuito. Tocar le costaría un brazo o una pierna. Su elección.

-Sus habitaciones están en el tercer piso- dijo Hibla. -La cena se servirá a las diez.
-Tarde para un ser humano- le dije. En la Fortaleza normalmente cenamos alrededor de las nueve. Los cambiaformas no eran madrugadores, ya que tienden a quedarse levantados hasta la mitad de la noche.
-La familia Megobari respeta las costumbres de sus huéspedes- dijo Hibla.
-Voy a verlos a todos en la cena.-dijo Lorelei, mirando directamente a Curran.
-Trasmitido sin miramientos- dijo Curran.
Sentí el impulso de apuñalar  algo y aplastarla. Lorelei se retiró por el pasillo.
-¿Dónde está Desandra?- preguntó Curran.
-Ella está en su habitación, en el tercer piso también- dijo Hibla.
Curran se volvió. -Hibla, necesitamos ver Desandra. Ahora.
Andrea pasó la bolsa a Rafael y se paró a mi lado. Derek se paró con Curran.
-Muy bien.- Hibla dijo algo en un idioma cantarín.
Los doce daggered se dividieron: ocho se fueron con el resto del grupo, liderado por un hombre mayor, y cuatro vinieron con nosotros. Subimos por las mismas escaleras, y luego Hibla giró a la derecha, mientras que el resto de los cambiaformas giraban a la izquierda. La seguimos a una puerta de metal, custodiada por un hombre y una mujer con las mismas capas oscuras de los Djigit. Se movieron a un lado cuando Hibla abrió la puerta.
El hedor a cítricos podridos se apoderó de mí. No era bueno.
Entramos en una habitación enorme. Era del tamaño de todo mi primer apartamento si eliminaramos todas las paredes. El basto rosetón íntegro tendría unos diez metros de altura, y la oscuridad ocultaba las enormes vigas de madera corriendo por encima. Ropa yacía esparcida por el suelo, alguna rota, un poco manchada, salpicada de papeles arrugados, platos manchados de comida, y fragmentos de vidrio roto. Una gran cama de madera con una pila de almohadas y mantas enredadas estaba contra la pared. Una mujer embarazada estaba sentada en ella, su largo pelo enredado y colgando sobre su vestido púrpura. Ella levantó la vista. Sus iris brillaban con fluorescencia cambiaformas naranja.
Miré a Andrea. Ella me miró. Vi exactamente el mismo pensamiento en su cara: este trabajo va a apestar.
-Hola, Desandra- dijo Curran.
-Vete a la mierda.
-Eso está bien- dijo Curran. -Huele a comida podrida aquí.
Desandra se encogió de hombros. -¿Por qué estás aquí?
No había rastro de acento. Hablaba como si hubiera nacido en los Estados Unidos.
-Estamos aquí para cuidar de ti.
-Eso es mentira y lo sabes.- Ella le enseñó los dientes. -Tú vas a hacer trato con cualquier clan que te paga más y vender a estos pequeños parásitos en mi barriga. Así que vete, haz tus ofertas. Nada va a cambiar para mí. Nada cambia para mí.
-¿Ya terminaste?- preguntó Curran.
-Podrías haberme sacado de todo esto- le espetó.

-Tú no durarías una semana en Atlanta- dijo.
Ella clavó su dedo en mi dirección. -¿Y es ella mejor? Después de toda tu grandilocuencia, y ¡oh!, yo soy el Señor de las Bestias y nadie es lo suficientemente bueno para mí, ¿Te apareaste con un ser humano? ¿Un ser humano? Eres igual que ellos. -Ella agitó su brazo hacia Hibla y los djigits. -No te importa un carajo lo que le pase a tu esposa humana si es cuestionada. ¿Por qué no te vas? 
Músculos se contrajeron en la mandíbula de Curran. -Piensa lo que quieras, pero yo me quedaré aquí y te protegeré.
-¿De verdad crees que te van a dar panacea para ello? Vamos, ni siquiera tú eres tan estúpido.
Oro brilló en los iris de Curran. Tuve que pisar fuerte y rápido antes de que se saliera de control.
Le puse la mano en el hombro a Curran. -Creo que lo mejor sería que nos dieras un poco de espacio.
Él me miró.
-Y si no te importa, te lo agradecería que enviaras a Doolittle aquí.
Curran negó con la cabeza y miró a Derek. -Cerca de la habitación. Nadie entra a menos que Kate lo diga.
-Sí, mi señor- dijo Derek.
Curran salió de la habitación.
-¡Eso es!- Desandra gritó. -¡Aléjate!
Derek se estacionó a sí mismo en la puerta.
Analicé el dormitorio. Yo había visto este tipo de desastre antes en la habitación de Julie, cuando ella pasó por una etapa de "no quiero ir a la escuela". -Hibla, ¿por qué está esta habitación tan sucia?
-La señora no permite  limpiar- dijo Hibla. -Su padre ordenó limpiar una vez, y lo hicimos. La mujer volvió a su estado anterior en una semana.
Como había pensado. Me volví hacia Desandra. -¿Puedo ir más cerca?
Ella me miró fijamente.

Esperé.
-Por supuesto.- Ella se encogió de hombros.
Crucé la habitación, pisando la ropa, no había otra opción. Algo crujió bajo mis pies. Me senté a su lado en la cama.
-Entiendo lo que estás haciendo. Tú sientes que no tienes el control de tu vida, pero esta habitación es tu espacio y puede hacer lo que quieras aquí. Aquí tienes el control. Por desgracia, tener comida en el suelo no es saludable. Se pudre. El moho crece en él y entra tus pulmones. -Y el desastre hacía mucho más difícil protegerla.
Ella se burló de mí. -Soy una cambiaformas.
-Los cambiaformas son resistentes a la enfermedad, pero no inmunes. La comida descompuesta también da un mal lugar para criar, y huele mal. Los vidrios rotos no son seguros para cualquiera que pueda caminar. Las personas que te traen la comida no siempre son cambiaformas. Podrían herirse, y sólo están haciendo su trabajo.
-No me importa.
-El tener una habitación sucia no ayuda a recuperar el control sobre tu vida. Esa pelea es por ahí.- Señalé la puerta abierta. -El desastre sólo te hace parecer loca, lo que le dice a la gente que está bien que te tratan como si no fueras una una persona.
Desandra clavó las manos en su pelo enmarañado. -¿Qué quieres de mí?
-¿Puedo tener tu permiso para limpiar esta habitación?
-¿Por qué te importa?
-Porque me enorgullezco de mi trabajo. Ahora mi trabajo es cuidar de ti y mantenerte a salvo. Esta habitación es segura para ti y tus hijos en el futuro. El desastre también hace que sea difícil para protegerte.
Desandra me miró fijamente. -¿Y si me arranco la garganta?
Busqué en mi memoria mis peleas con Julie. -¿Por qué harías eso? Yo no te he hecho nada.
-¿Qué pasa si digo que no?
Andrea se encogió de hombros. -Si dices que no, entonces no vamos a limpiar la habitación. Pero yo tengo que decir que la habitación huele mal, y ese olor se ha instalado en tu ropa y tu pelo.
Por lo menos en los Estados Unidos, decirle una cambiaformas que olía mal era el peor insulto. Si eso no la motivaba, nada lo haría.
Desandra gruñó en mi cara.
-Yo estoy de tu lado- le dije. -Si quieres demostrar que estás en control de tí misma, es posible que desee tomarlo en consideración.
-No quiero que limpie cualquier cosa.
-Muy bien.- Me levanté.
Di diez pasos hacia la puerta antes de que ella dijera: -Está bien. Limpien.
-Gracias.- Me volví a Hibla. –Por favor trae los contenedores de basura, productos de limpieza, y los cestos.
Desandra gruñó. -¿Siempre es como un felpudo?

-Sí.

-¿Así que siempre pides permiso para todo?
-Ella es la alfa de la manada de Atlanta- dijo Derek sin volverse. -Ella mató a veintidós cambiaformas en once días para ser una, y tiene el mismo poder que el Señor de las Bestias. Ella no tiene que pedirle permiso a nadie para hacer nada.
Eso no era exactamente útil. -Estoy aquí con un solo propósito: para mantenerte a salvo. Actúo en tu mejor interés. No me importa que cuál nace primero, y yo no voy a aceptar ningún soborno. Haré todo lo posible para complacerte, pero cuando tu seguridad esté en peligro, voy a hacer lo que tenga que hacer para mantenerte a salvo. Si eso significa que tengo que agarrarte y meterte en una bañera, lo haré, sin preocuparme acerca de tus sentimientos.
Desandra suspiró.
Hibla reapareció con bolsas y un carro lleno de productos de limpieza, incluidos guantes de jardinería. Me los puse y empecé a recoger la basura. Andrea se unió a mí. Desandra nos observó durante unos cinco minutos, tratando de ignorar el hecho de que estábamos allí, luego se levantó de la cama y comenzó a pisar fuerte y recoger su ropa.
Así fue como nos encontró Doolittle, en nuestras manos y rodillas, recogiendo basura.
-¿Qué está pasando?
Me enderecé. -Este es el Dr. Doolittle. Es medimago de la manada.
-¿Doolittle?- Desandra lo miró. -¿En serio?
-Es como elegí llamarme a mi mismo.- Doolittle la miró, luego miró alrededor de la habitación. -Oh mi. Ahora bien, señorita, ¿por qué estás sucio?
Desandra sentó en el suelo y lo miró con una expresión indefensa en su rostro. 
-Porque me gusta.
-Me doy cuenta de que esto es un castillo- dijo Doolittle en esa voz suave paciente que hacía imposible decirle que no. -Sin embargo, he utilizado el baño y parece que la plomería moderna se ha instalado correctamente.
-No puedes obligarme a limpiarme a mí misma- declaró Desandra.
-Mi señora, no tienes dos años. De hecho, usted parece haber alcanzado la madurez, y estoy bastante seguro de que nadie puede obligarte a hacer algo que no quieres hacer. Vamos a la cama, por favor. 
Yo contuve la respiración. Desandra suspiró de nuevo, se levantó del suelo, y se sentó en la cama. Exhalé en silencio. Doolittle metió sus dedos en la muñeca, tomando su pulso.
-Entrante- dijo Derek.
-¿Quién es?
-Jarek Kral.
Me reuní con él en la puerta. Andrea se movió al centro de la sala, entre nosotros y Desandra, y comprobó su ballesta.
El hombre al que había visto en la fotografía durante la sesión informativa de Barrabás caminó por el pasillo hacia nosotros. Él parecía más grande en persona, más alto, más ancho, con el tipo de fuerza bruta que generalmente significaba una lucha desagradable.
Me volví hacia Desandra. -¿Quieres ver a tu padre?
-¿Importa?- preguntó ella, derrotar liso en su cara.
-A mí me importa.
-Entonces no. Yo no quiero volver a verlo.
Jarek Kral llegó a la puerta. Esto mostró que la fotografía realmente le hacía justicia: el mismo pelo castaño ondulado, misma cara grande y tosca. Sus características podrían haber sido más refinadas, si no las tiñera la crueldad. Conocía el tipo. Era el tipo de hombre que podía explotar en las cosas más pequeñas y la explosión sería violenta.
La burla era más grande en persona también.
Llegué a la puerta. –Muévete.- dijo con una voz con acento.
-Tu hija no quiere visitas ahora- dije.
Me miró con ojos oscuros bajo los pesados párpados, como si ahora se diera cuenta de que estaba bloqueando su camino. -¿Quién es usted?
-Usted me puede llamar a Kate. Yo soy la consorte del Señor de las Bestias.
-Hazte a un lado.- Sus ojos brillaron verdes.
-No.
Detrás de mí, alguien se quedó sin aliento.
Su voz retumbó. -¿Quién te ha dicho que puedes hacer esto?
Y aquí vamos, directamente en el escenario sin tener nuestra ropa primero. –Tú lo hiciste.- Saqué el contrato de mi bolsillo. -Este documento dice que debo servir a los mejores intereses de su hija. Ella determinó que es su mejor interés no hablar con usted ahora. Esta es su firma. Me da toda la autoridad que necesito. 
Me arrebató el papel de la mano y lo rompió.
-Tengo otra copia- le dije.
-¡Voy a arrancarte el cuello!- gruñó.
De tal palo, tal astilla. -Si lo intentas, no vivirá para ver a sus nietos y mi trabajo no se llevará a cabo. Me voy a ir a casa antes. Así que por favor inténtelo. Echo de menos mi casa ya.
Sus cejas se juntaron. Su labio superior temblaba.
-Un asalto a la consorte será tratado como un acto de guerra- dijo Derek.
Un rasgado gruñido gutural salió de Jarek. Claramente, él no se había molestado en mirar en el diccionario "privación de libertad".
Llegué detrás de mí y puse la mano en la empuñadura de Asesina. -Esta es la última advertencia. No trate de entrar.
-¿Qué está pasando?- Un hombre subió corriendo las escaleras. Era rubio, alto y musculoso, características que hacían del primer marido de Desandra un ángel orgulloso, Radomil, de la manada Volkodavi. Una mujer lo siguió, un poco mayor que yo, delgada, con una gran cantidad de pelo dorado trenzado atrás de su rostro.
-¡No te metas en esto!- gruñó Jarek. -Ya has hecho bastante.
Radomil replicó algo en un idioma que no entendí. Un torrente de palabras se derramó de Jarek.
-¡Eres un cerdo!- Radomil gruñó en Inglés. -¡Un cerdo asqueroso. Deja a Desandra en paz!
-¡Fuera de mi camino!-rugió Jarek.
-Si Kral no cumple con el acuerdo ¿por qué tenemos que hacelo nosotros?- dijo la rubia.
Dejé que se gritaran el uno al otro. No me afectaba a menos que uno de ellos tratara de entrar en la sala.
Un hombre alto, de cabello oscuro se acercaba a nosotros. Si la cara de Radomil tenía un resplandor saludable, bronceado, este hombre irradiaba inteligencia y una conciencia cansada. Vio a Jarek y Radomil. Sus oscuras cejas se juntaron. Sus labios se estrecharon en una línea dura. Luz amarilla rodó sus iris. Uh-oh.
El hombre aceleró. Tenía que ser uno de los hermanos Belve Ravennati, pero no podía decir cuál.
Sin disminuir la velocidad, el italiano levantó el puño y le dió a Jarek. El gran hombre se movió a un lado y el italiano golpeó a Radomil en su lugar. Radomil gruñó como un animal y se abalanzó sobre el italiano.
Más personas inundaron el pasillo de la izquierda, una mujer de pelo oscuro a la cabeza.
Jarek escupió algo. Radomil y el italiano peleabanh, gruñendo.
-Si ellos cambian de forma, cierra la puerta- murmuré.
Derek asintió.
Radomil empujó a su oponente hacia adelante, disparando al italiano. El hombre de pelo oscuro cayó al suelo con un gruñido lupino. En cualquier momento que se iría a peludo, y entonces las cosas serían infinitamente peores.
Un misteriosa carcajada de hiena rodó por el pasillo, un tono alto, una risa loca que me hizo temblar.
De repente todo el mundo se detuvo. Tía B estaba en el pasillo.
-Así que a esto es lo que nuestros hermanos y hermanas de Europa se han reducido- dijo ella, su voz llegaba a través del castillo. -Peleas en los pasillos, como escolares malcriados. No es de extrañar que necesiten a nuestra ayuda.
¡Vamos, tía B!
La alfa del clan Bouda miró a la mujer de cabello oscuro. -Hola, Isabella. Ha pasado mucho tiempo.
-Hola, Beatriz- la mujer de cabello oscuro apretó entre sus dientes.
-¿Es tu hijo el que está en el suelo?
Isabella dió una breve orden. El hombre de pelo oscuro se puso en pie y se acercó a ella. Isabella le dio una bofetada. El sonido resonó en el pasillo. Los italianos se volvieron y se fueron sin decir una palabra.
Miré a Jarek Kral. Me señaló con el dedo, abrió la boca, la cerró, se volvió y se alejó.
La rubia le dijo algo a Radomil. Se apartó de ella y se marchó.
-Tienes que perdonar a mi hermano- dijo la rubia. -Él es un hombre muy amable. Él no entiende la política.- Sus cejas se juntaron. Señaló por encima de mi hombro. -¿Quién es ese hombre?
-Él es un médico- respondió Andrea.
-¿Un médico? ¿Hay algún problema? 
-No- dije. -Él es simplemente va a realizar un examen físico de rutina.
Ella realmente parecía preocupada. -¿Va a sacar sangre? Desandra, puedo tomar tu mano, si me necesitas.
-Está bien- dijo Desandra.
Saqué mi voz oficial de la caja de mental donde la mantuve escondida durante meses, desde que dejé la Orden de los Caballeros de la Ayuda Misericordiosa. -Lo siento, tengo que pedirle que se vaya.
-Bien, bien. Sólo. . . No la torturen. Ella ha pasado por mucho.
La mujer se volvió y corrió por las escaleras después de Radomil. Miré por encima del hombro. Doolittle tenía una gran jeringa llena de líquido rosáceo. Desandra acarició su estómago.
-¿Qué es eso?- le pregunté.
-Amniocentesis- dijo Doolittle. -Es una pantalla habitual de líquido amniótico. Queremos asegurarnos de que todo está procediendo como se supone que debe.
Tía B se acercó a nosotros. -Bueno, eso salió bien.
-Le dijo a mi padre que no- dijo Desandra para mí.
-Por supuesto.
-Él te va a matar por eso- dijo Desandra.
-La puede encontrar mucho más dura de lo que parece, querida- le dijo la tía B. -La cena está casi lista. Kate, es posible que desees cambiarte. Hueles como el mar. Vayan ustedes. Derek y yo vamos cuidar a Desandra mientras se está cambiando.
Me volví hacia Derek. –Enviaré a Eduardo. Cuando Desandra esté listo para ir, los dos la seguirán. Nadie entra en la habitación si ella no quiere verlos.
-Lo tengo- dijo Derek.
-Las habitaciones están al final del pasillo- dijo la tía B. -He aquí, voy a caminar hasta la mitad con ustedes, entonces volveré.
Caminamos a grandes zancadas por el pasillo.
-Te lo dije- dijo la tía B en voz baja.
-¿Me dijiste qué?
-Por favor, Kate. ¿La cosa fresca y joven en el muelle? Incluso se vestía de blanco.
-¿Y?
-Nada en lo absoluto, querida. Sólo lo que refleja el color. Cómo virginal y nupcial.
Sí. Me di cuenta. Si ellos estaban tratando de influir en Curran empujando a Lorelei debajo de su nariz, no era muy sutil.
-La tuya es la primera puerta a la derecha. Andrea: tú y Rafael están frente a ellos. El resto de nosotros estamos al final del pasillo- dijo la tía B. -El sonido realmente viaja por aquí. Tú puedes escuchar casi todo, así que si nos llamas vendremos corriendo.
Lo tengo. Nada de lo dicho en las habitaciones sería privado, y nuestros anfitriones estaban probablemente escuchando muy duro. -Es bueno saberlo.
-He comprobado y la cena es un asunto formal. Ponte un vestido, Kate.
Maté un gruñido, y Andrea y yo fui por el pasillo.
-Hemos tenido peores trabajos- dijo Andrea.
-Mmm. Este lugar no se siente bien para mí. 
-Yo estoy contigo- dijo.
Llegamos a la puerta. Esperé hasta que Andrea abriera la suya a través del pasillo y entré en el cuarto, y luego entré en la habitación y cerré la puerta detrás de mí.
Una habitación de buen tamaño, por lo que tenía dormitorios, con tapices y alfombras en las paredes de piedra. Una puerta abierta ofrecía acceso al cuarto de baño a la izquierda. Una gran cama con dosel de madera esperó en el centro, completada con cojines de seda y cortinas de gasa color púrpura. Se veía como algo de los romances históricos que a Andrea le gusta leer.
Curran salió del cuarto de baño.
Asentí con la cabeza hacia la cama. -Alguien la robó de un antiguo vídeo músical.
-Lo sé. Cruje como una hija de puta, también. 

-Muy bien. Si decidimos hacer el amor, puede ser que también llegue al pasillo. La mitad del castillo lo sabrá de todos modos.
Curran acortó la distancia entre nosotros. Su voz era un susurro tranquilo en mi oído. -No hay mirillas que pueda ver, pero alguien nos está escuchando. Le oí respirar a través de la pared.
Así que nos quedamos atrapados en esta jaula de piedra, con una manada de cambiaformas inestables, tratando de proteger a una mujer en con necesidad de ayuda psicológica urgente y espías escuchando hasta nuestro aliento.
Puse mis brazos alrededor de Curran y apoyé mi cabeza en su hombro. -¿Alguna vez te he dicho lo mucho que me gusta la Fortaleza?
-No.

-Me encanta.
Sonrió. -¿Incluso las escaleras?
-Sobre todo las escaleras.
 Las escaleras separaban el piso superior de todo los demás, y las paredes estaban insonorizadas.
Él me besó. Sus labios sellaron mi boca y el mundo se detuvo por un largo momento. Cuando nos detuvimos a tomar aire, no me importaba si alguien nos escuchaba. Unas chispas de oro bailaba en los ojos de Curran. No le importaba tanto.
-¿Tenemos tiempo?- preguntó.
Miré el reloj. Veinte antes de las diez. –No, vamos a llegar tarde.
-Esta noche, entonces.
Le sonreí. -Es una cita.
Proteger a Desandra, obtener la panacea, irse casa. Un plan simple. Todo lo que teníamos que hacer era sobrevivir a través de él.
***
La cena tuvo lugar en una sala colosal, y entré en ella con la mano en el brazo de Curran. El Señor de las Bestias llevaba un traje negro y una camisa gris. Curran siempre me detenía en seco, ya que siempre llevaba unos vaqueros y una camiseta, pantalones de chándal, o nada en absoluto, pero esto era nuevo. Corte tradicional, el traje le favorecía al tiempo que le permitía la libertad de movimiento, y si tuviera que cambiar de forma, las costuras débiles aseguraban que el traje se rompería con el mínimo esfuerzo.
En todo nuestro tiempo juntos, yo lo había visto en un traje formal, exactamente dos veces, contando hoy. Curran se puede describir de muchas maneras: peligroso, poderoso. . . insufrible. "Elegante" por lo general no era uno de los adjetivos, y mientras caminaba a mi lado, me hubiera gustado tener una cámara para poder perpetuar el momento. Y luego chantajearlo con ella.
Él se encogió de hombros.
-Segui haciendo eso, y el traje se vendrá abajo.
-Debería haber traido vaqueros gastados.
-Entonces me vería ridícula a tu lado.- Debería haber llevado pantalones vaqueros, también.
-Bebé, tu nunca te ves ridícula.
-Hombre inteligente- La Tía B apareció detrás de nosotros.
Yo llevaba un vestido negro. Al igual que el traje de Curran, era hecho a mi medida por los los sastres de la manada específicamente para el viaje. El tejido elástico me abrazaba como un guante, dando una impresión engañosa de que estaba limitanda. La falda ingeniosamente cubierta caía en línea recta, ocultando el hecho de que se abría lo suficiente para dejarme patear a un atacante más alto que yo en la cabeza, y la correa diagonal por encima de mi hombro derecho aseguraba que el vestido no se caería si tuviera que actuar con rapidez. El vestido también tenía que estar haciendo maravillas con mi culo, porque Curran había logrado pasar la mano por mi espalda dos veces desde que salimos de nuestras habitaciones.
Pero incluso el mejor vestido ofrecía ninguna manera de ocultar a Asesina, así que no me molesté. El vestido viene con una funda de tela incorporada, forrado en cuero, y mi espada descansaba firmemente contra mi espalda. Me dejé el pelo trenzado. Zapatos negros lisos con un tacón bajo en mis pies como zapatillas. Me he sentido mejor en mis botas, pero las botas no iban con el vestido. Incluso yo tenía normas.
Tuve que entregar mis cuchillos, pero yo llevaba un brazalete en cada muñeca y un collar largo, todo trenzado de plata. Parecían tiras de cota de malla y no pesaban tanto. Curran insistió en mi nueva joyería de fantasía. Teniendo en cuenta que estábamos atrapados en un castillo lleno de cambiaformas hostiles no discutí con él.
Detrás de nosotros Desandra entró, intercalada entre Barrabás y Derek. Tía B, Mahón, y George los siguian, a continuación, Andrea y Rafael. Rafael era una imagen de urbana elegancia en negro, mientras que Andrea un profundo color rojo óxido. Parecía sangre y que ella había dado el golpe de gracia.
Doolittle se negó a ir a cenar y se quedó en su habitación, y le pidí a Eduardo y Keira que se quedaran con él. Este lugar me estaba poniendo paranoica. Ellos cerraron a cal y canto la puerta antes de irnos. Esperemos que Keira no decidiera explorar sus fantasías de carne de búfalo.
Amplia, con paredes altas, el gran salón parecía cavernoso. Cuatro grandes mesas, cada una lo suficientemente grande como para acomodar al menos veinte personas, estaban en dos líneas largas, dejando un gran espacio entre ellas. Hacia el extremo opuesto de la sala, una mesa principal, con forma de herradura rectangular, esperaba en una plataforma elevada.
Recorrí la habitación, en busca de problemas. Tres salidas: la que acabamos de venir, la de la izquierda y la de la derecha, cada una vigilada por un par de djigits. No importa donde yo estuviera sentada, a menos que fuera en la mesa principal, mi espalda daría a una de las puertas. Ugh.
A la izquierda una escalera discreta llevaba a una galería de trovadores, un balcón interior que se extendía por toda la longitud de la pared izquierda. Sombras envueltas en la galería. No vi ningún movimiento, pero si quisiera matar a alguien, me gustaría poner un francotirador allí.
Nada de esto me hacía sentir cálido y difusa.
Una cincuentena personas se arremolinaban en la sala, algunos hablando en pequeños grupos, otros por sí mismos. Los hombres vestían trajes y tuxedos. Las mujeres llevaban vestidos. La mayoría de los ojos brillaban con resplandor cambiaformas. La gente se volvía y nos miraban, miraban a Curran, miraban la empuñadura de mi espada que sobresalía por encima de mi hombro. Unos pocos hombres miraron mi pecho. Eran cambiaformas y notoriamente difíciles de matar, mientras que yo era un ser humano. El hecho de que yo llevaba una tira afilada de metal en la espalda no les preocupaba nada. Yo era una rareza, la pareja humana. Ellos me aprecian como un caballo en un mercado de ganado, y mis pechos estaban haciendo claramente una impresión más grande que mi espada.
Curran chocó los dientes.
-Acabamos de llegar- le susurré. -Es demasiado pronto para empezar a matar a la gente.
-Nunca es demasiado pronto para mí- dijo.
-¿Diferentes criterios?
Hibla nos recibió al otro lado del pasillo y nos llevó a nuestros asientos. Curran y yo nos sentamos en la mesa principal en el lado derecho de una silla de madera de gran tamaño que tenía muchas ganas de ser un trono y tuvo que pertenecer a la cabecera de la mesa. Lugar de honor. Guau, guau. Por lo menos mi espalda daba a una pared sólida.
Curran se sentó, me senté junto a él, Desandra se sentó a mi lado, y Andrea se estacionó a sí misma al otro lado de Desandra y miraba al balcón. Rafael se sentó junto a ella, y Mahon y la tía B se sentaron junto a él. George estaba detrás de su padre. Barrabás estaba detrás de mí.
-Estás flotando- le dije.
-Se supone que debo a flotar.
Me acomodé en el sillón. La galería del trovador se alzaba por encima de nosotros hacia la derecha. Me molestaba. Yo no podía ver por ella. Si alguien nos disparaba, no lo sabría hasta que fuera demasiado tarde. Puede ser también que fijaran un objetivo en la cabeza de Desandra.
-¿Hibla?
Nuestro guía se inclinó hacia mí. -¿Sí señora?
-¿Podrías decirme quién elegió nuestras sillas?
-El Señor Megobari.
Genial. Cambiar de asientos probablemente lo ofendería de muerte y, además, todos los asientos en esta mesa que ofrecían un gran objetivo a la galería.
Curran se inclinó hacia mí: -¿Qué te pasa?
-No me gusta la galería. No es segura.
La gente se volvía hacia la entrada directamente a través de nosotros.
-Alguien viene- murmuró Barrabás.
Curran inhaló. -Kral.
Jarek Kral entró en la habitación. Vestía un traje negro y se veía como si todo el mundo en la sala le debíera lealtad. Unas cuantas personas miraron hacia atrás, mientras que otros trataron de desvanecerse en la nada. Cuatro hombres caminaban detrás de él, moviéndose al unísono, una unidad bien afinada. La forma en que escaneaban la habitación en busca de amenazas telegrafió experiencia. No era de extrañar. Jarek no me parecía del tipo que hace amigos.
Jarek caminó en línea recta hacia la mesa y se sentó en el otro lado del trono. Dos de sus hombres se sentaron a su lado, los otros dos se pusieron detrás de él. Barrabás nos había dado un resumen básico sobre la gente de Kral. Este era su círculo íntimo: dos hermanos con el apellido Guba, un hombre calvo de mediana edad que parecía que podía correr a través de paredes sólidas y Renok, segundo al mando de Kral, un cambiaformas alto en sus treinta y tantos años con la quijada de un boxeador contorneada por una barba corta y oscura.
Jarek miró Curran. -Veo que creciste, muchacho.

¿Acaba de llamar muchacho a Curran? Sí, lo hizo.
-Veo que has envejecido- dijo Curran. -Te ves más pequeño de lo que recuerdo.
-Todavía soy lo suficientemente grande para ti.
-Nunca lo fuiste, y ahora que nunca lo serás. Te estás poniendo viejo Jarek.
-La última vez te quería matar, pero tenías a Wilson contigo. Ahora estás solo. Te voy a matar esta vez.- Jarek sonrió, dejando al descubierto un poco de los dientes.
Curran le devolvió la sonrisa. -Me gustaría que juntaras suficientes bolas para probar. Yo ya estoy aburrido.
Si Jarek logró provocar a  Curran en la violencia física, la culpa sería de Curran. Aunque Curran ganara, tendríamos que volver a casa con las manos vacías y Desandra probablemente no viviría lo suficiente para dar a luz.
Los Belve Ravennati entraron en la habitación y tomaron su asiento en el lado izquierdo de la herradura. Tía B saludó a Isabella. Isabella estudiadamente le ignoró. Sus dos hijos se sentaron a su lado. Los hermanos italianos eran muy similares: ambos de cabello oscuro, ambos con los ojos afilados, inteligentes y con una pizca de cuidada barba en sus mandíbulas. El más delgado y más alto tenía ojos llamativos, color avellana claro y enmarcados con pestañas oscuras. Se quedaban en claro contraste con el pelo casi negro. El otro era más bajo, más compacto, con ojos oscuros. Uno de ellos era Gerardo y el otro Ignazio, pero no podía recordar cuál era cuál. No podía recordar con cuál se había casado Desandra, pero yo estaba segura de que el menor de los hermanos era el que consiguió una bofetada.
Me incliné para Desandra. -¿Cuál es el padre?
-El guapo- dijo, con la voz llena de luto.
Gracias, eso ayuda mucho. -¿Ojos avellana o marrones?
-Avellana. Gerardo.
Así que en cuanto al más bajo, el de la bofetada, era Ignazio.
Un momento después, el Volkodavi llegó a través de la salida de la derecha y tomó su asiento en el lado derecho de la herradura. Buena idea. Minimiza las posibilidades de que se lancen encima de la mesa hacia los Belve Ravennati y traten de asesinar a los demás con sus tenedores.
La gente estaba tomando sus asientos. La cena estaba a punto de comenzar.
-No estás en condiciones de sentarte en esta mesa- dijo Jarek.
Round dos.
-Muéveme- dijo Curran.
-No eres nada. Siempre serás nada- dijo Jarek. -Débil como tu padre.
Hijo de puta. Estiré la mano debajo de la mesa y le toqué la mano a Curran. Me apretó los dedos.
-Mi padre tuvo un hijo que gobierna la manada más grande en el sureste de los Estados Unidos- dijo Curran. -¿Qué tan grande es el territorio de Budek? Oh, espera. Tu hijo no tiene un territorio, porque lo asesinaste.
Una serie de sirvientes entraron, rodando enormes barriles.
-¿Hay cerveza en los barriles?
-Se llaman barricas, Kate- dijo Barrabás en silencio detrás de mí. -Y creo que están llenas de vino.
El Lyc-V, el virus cambia formas, trataba al alcohol como un veneno y trataba de deshacerse de él en el momento que entraba al torrente sanguíneo. Pero si un cambiaformas bebía lo suficientemente rápido y en grandes cantidades, se las arreglaban para emborracharse. Además, había algunas personas en la sala. Este lugar ya era una olla a presión: una palabra mala e iba a explotar. ¿Por qué demonios alguien querría añadir alcohol a esta mezcla?
-La única razón en absoluto por la que gobiernas es porque tu país está lleno de perros cobardes- dijo Jarek. -Aquí no estás en forma para raspar mierda de mis botas. Ven aquí y te voy a enseñar lo que es un alfa real.
El no podía malditamente callarse.
-Has estado tramando y planeando desde hace treinta años, y tu territorio cabe en el mio diez veces- dijo Curran, su tono ligeramente aburrido. -Podría darte la misma distancia y no te perderías.
Gerardo a la izquierda estaba mirando a Radomil por encima de la mesa. Los barriles de vino siguían llegando lentamente ¿Podría ser peor?
-Tuviste la oportunidad de unirte a mí- dijo Jarek. -Escupiste sobre ella. ¿Y crees que puedes venir aquí y decirme qué hacer con mi hija?
-Abran paso al señor del castillo- un hombre gritó. Los djigits en la entrada enfrente nos llamaron la atención.
-Tu hija es una mujer adulta- dijo Curran. -Ella puede hablar por sí misma.
-Hasta que ella pertenezca a otro hombre, ella es mía para hacer lo que me dé la gana- dijo Jarek.
Eso fue suficiente. Me incliné hacia delante. -Hey, tú. Puedes poner tus garras en tu boca o cerrarla. Nadie quiere escuchar tu cháchara.
Los ojos de Jarek se agrandaron. Verde se encendió en las profundidades de sus iris, una llama loca y caliente. Abrió la boca, pero no salió nada.
-Sí, así de fácil- le dije. -Menos hablar, más tranquilidad.

Me di cuenta de que Curran estaba sentado completamente inmóvil, mirando al frente con una intensidad concentrada.
-Señor Megobari- anunció un hombre.
Me volví. A la entrada de sala, entre dos djigits, Hugh d'Ambray entraba en la sala.
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por lulila el Jue Sep 26, 2013 1:22 pm

Gracias!!!!! Se ha quedado interesante el capitulo con la aparición de Hugh
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Shuemi14 el Jue Sep 26, 2013 10:33 pm

 gracias por el capitulo !!
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

Mensaje por Ebekah el Vie Sep 27, 2013 8:22 am

Muchisismas gracias por traducir este libro genial para las que somos negadas con el ingles jejejeje. 
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Re: Kate Daniels Libro 6 Magic Rises

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